Alberto Salcedo Ramos: «Sigue vigente porque es una novela que descifró el alma de nuestros pueblos»

Por NodalCultura

Alberto Salcedo Ramos es sin dudas uno de los periodistas más reconocidos de América Latina. Cronista intenso y comprometido con aquello que se puede contar, es maestro de periodistas en toda la región y en particular de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, fundada justamente por Gabriel García Márquez.

Ha escrito una importante cantidad de libros de crónicas, género en el que se destaca como pocos. Sus historias reales recorren los límites de lo ficcional de un modo que dibujan fintas, se corren de la mira del lector, lo engañan. Como aquel eximio boxeador que retratara increíblemente en su libro «El oro y la oscuridad: la vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé», publicado en 2005.

Salcedo Ramos ha ganado, entre otras distinciones, el Premio Internacional de Periodismo Rey de España, el Premio Ortega y Gasset de Periodismo.

Salcedo Ramos conversó con Nodal Cultura mientras participaba en Nicaragua del encuentro de narradores Centroamérica Cuenta, en el cual participó de encuentros que rescataron la obra de Gabriel García Márques. A él le preguntamos sobre los sentidos presentes de esta gran novela y de su importancia en la literatura colombiana.

¿Cuál es el sentido presente de Cien años de soledad y por qué  revistarla en este aniversario?
Cien años de soledad es una de las obras cumbres de la literatura hispanoamericana, y aún de la literatura mundial. Festejar un aniversario redondo sirve como pretexto para hablar de un escritor que dejó una impronta imborrable en nuestras letras. Es una obra hermosamente escrita que influyó el destino de la literatura latinoamericana desde el momento mismo en que salió al mercado.
La novela propone una visión metafórica de nuestra propia realidad. Puede entenderse como una suerte de parábola. Tiene incluso un tono bíblico. El primer capítulo puede asimilarse al génesis, donde todo está por hacerse, por construirse. Sobre el final, cuando el pueblo es borrado de la faz de la tierra porque la estirpe es condenada a 100 años de soledad sin una segunda oportunidad, aparece el apocalipsis.
El libro está escrito con un gran preciosismo estético y tiene una inventiva desbordada. Como Macondo es un territorio mítico en el que todo está por hacer, el modo de hacerlo es la imaginación, porque allí no ha llegado la ciencia. Y como no ha llegado la ciencia a ese territorio tan inhóspito y tan apartado, los hombres tienen que darse mañas para inventar lo que de otro modo no podrán tener.

¿Cómo se entrama Cien años de soledad con la construcción simbólica de la modernidad colombiana?
Colombia siempre ha sido un país de escritores. Nosotros tenemos un dicho que dice que en Colombia hay más poetas que gente. También decimos que un soneto no se le niega a nadie. Pero Cien años de soledad es la novela que le dio el pasaporte de ingreso a Colombia en el terreno de la modernidad.
Antes en Colombia, los escritores ambientaban sus novelas en Francia, en el río Sena o en cualquier lugar europeo, porque no eran capaces de nombrar un territorio colombiano. Eso les parecía que condenaba a sus novelas al fracaso. En Colombia hay una importante comunidad indígena llamada chibcha. Nosotros decíamos que la literatura antes de García Márquez había sido greco-chibcha. Tenía el tono de los chibchas, pero los escritores la ambientaban en Europa.
Gabo empezó a aplicar aquello que decía Tolstoi, “Pinta bien tu aldea y serás universal”. Él narró sin complejos el universo al que pertenecía. Lo supo fabular, lo supo descifrar y lo supo contar con un lenguaje poético y delirante que dejó una huella en nosotros. Una huella de la cual muchos escritores no se han podido recuperar, porque después de Gabo vinieron un montón de imitadores de baja categoría, que convertían en artificio lo que en él era una joya.

¿Cuál ha sido tu propia lectura de Cien años de soledad? ¿Cómo crees que la leen los jóvenes en el presente?
Yo confieso que cuando tomé por primera vez ese libro lo abandoné porque no lo entendí. Me extravié en esa fronda de nombres repetidos y en ese lenguaje barroco que no estaba al alcance de un muchacho tan chico. Pero años después lo retomé y me sentí embrujado.
Hace poco hablaba con un escritor joven que me dijo entre risas que a su generación le había tocado fácil porque no le tocó matar a García Márquez. En el fondo todo lector que quiere escribir alberga en sí sentimientos parricidas. Yo creo que la figura de Gabo sigue allí, es una suerte de Dios tutelar, pero la literatura que se hace hoy en Colombia tiene otras búsquedas, tiene otros códigos estéticos, es una literatura distinta. El mundo se ha vuelto más urbano y Gabo como Rulfo, y muchos otros escritores del “boom latinoamericano” de los sesenta, tenían un mundo esencialmente rural.
La novela sigue vigente, aunque no sé cómo lo leen hoy en día. Es un libro que subyuga a estudiantes de literatura, a escritores, pero no sé si pueda producir hoy en día el mismo efecto entre el público global que produjo hace 50 años. Aspiraría a que si lo haga. Sigue vigente porque es una novela que descifró el alma de nuestros pueblos. Es una novela que propone una forma de vernos a través de una parábola literaria. Es además una hermosa adivinanza.
Yo no propondría leerla como un clásico, para que nadie huya corriendo de aquí. Alguien dijo alguna vez que un clásico es un libro que todo el mundo cita, pero nadie lee. Yo prefiero citarla como una novela vigente, a ver si logro antojarlos de que la vuelvan a leer.

 

También podría gustarte