Colombia: Nueva ley de fomento y desarrollo de los sectores culturales

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Luego se ser conciliada en las plenarias de la Cámara y el Senado, la llamada ‘ley naranja’ fue aprobada y pasó a sanción presidencial.

El proyecto, que fue liderado por el senador del Centro Democrático Iván Duque, tiene como objetivo “desarrollar, fomentar, incentivar y proteger las industrias creativas en el país”.

Según el texto, “impulsa aquellas industrias que generan valor en razón de sus bienes y servicios, así como en la creatividad y la cultura, los cuales se fundamentan en la propiedad intelectual”.

Tras la aprobación, Duque destacó el hecho de que el proyecto unió a los diferentes partidos alrededor de lo que él considera que debe ser un mejor tratamiento a la cultura.

El senador agregó que para la iniciativa se acogieron propuestas de diversos sectores, como el Ministerio de Cultura, la Asociación Nacional de Industriales (Andi),
Cámaras de Comercio y movimientos de creadores y artistas de Medellín, Bogotá, entre otras.

Según datos del Ministerio de Cultura, la economía naranja representa el 1,5 por ciento de la economía del país.

“La ley da un fortalecimiento institucional para que el Ministerio de Cultura pueda coordinar a los demás ministerios que inciden en la planificación del país para que este sector aumente su peso y su importancia en el futuro de Colombia”, expresó Duque cuando la ley se aprobó en último debate.

Entre las contemplaciones de la ley está que el Gobierno otorgue incentivos para personas naturales y jurídicas que ejerzan mecenazgo, patrocinio y auspicio de actividades definidas dentro de los sectores de la economía creativa.

Busca además que, con la Financiera del Desarrollo Territorial (Findeter), se creen líneas de crédito y cooperación técnica para el impulso a la construcción de infraestructura cultural y creativa en los entes territoriales.

Además, para una adecuada financiación, el Banco de Desarrollo Empresarial y Comercio Exterior (Bancoldex) abrirá líneas de crédito para emprendimientos creativos, a través de la Unidad de Desarrollo e Innovación (iNNpulsa Colombia) y el Fondo Emprender del Sena.

El impulso a la ‘ley naranja’ coincide con la presentación del informe ‘Diversidad de las Expresiones Culturales’ que presentó el Ministerio de Cultura ante la Unesco –a cuyo convenio se suscribió en 2013–, en el que se evidencia la importancia que ha cobrado el sector en la economía nacional.

Por ejemplo, tan solo entre 2013 y 2014, los sectores de las artes escénicas y las audiovisuales crecieron en más del 50 por ciento, lo que representó que en 2016 se estrenaran 41 largometrajes colombianos.

Además, según cifras del 2014, el sector cultural aportó ese año ganancias por 6,5 billones de pesos y generó 199.698 empleos.

Para Adriana González, coordinadora del Grupo de Emprendimiento Cultural del Ministerio de Cultura, los beneficios de poner la cultura en la discusión de la economía nacional están en “valorizar la estructura de las políticas culturales y ser estratégicos en cómo proyectar estas políticas”.

Maquinaria cultural

La ‘ley naranja’ se une al entorno legal en materia de políticas públicas como la ley de cine del 2003 y 2012, la política de emprendimiento e industrias culturales (2009) y la ley de espectáculos públicos (2011), entre otras herramientas. El próximo 17 de mayo, el Ministerio de Cultura entregará ante la Unesco el primer informe cuatrienial sobre las políticas de protección de la diversidad de las expresiones culturales.

Publicado en El Tiempo

«La cultura aporta más al PIB que la minería o el café»

¿Qué es, en resumidas cuentas, la economía naranja?

También conocida como economía creativa, la Economía Naranja está compuesta de cuatro sectores básicos. En primer lugar está Patrimonio Ancestral que incluye festivales, carnavales, gastronomía, museos, bibliotecas, centros arqueológicos, etc. En segundo lugar las artes visuales (fotografía, pintura, escultura, videoarte) y las artes escénicas (teatro, danza, zarzuela, ópera, títeres y así), en tercer lugar los medios como T.V, cine, radio, revistas, periódicos, digitales; y en cuarto lugar las creaciones funcionales como arquitectura, publicidad, diseño, animación digital, joyería, diseño de juguetes, y videojuegos. Es una economía que combina talento con cultura y propiedad intelectual.

¿Por qué creció tanto esta industria después de la crisis financiera de 2008?

Porque el mundo ha pasado a consumir más intangibles y porque desde el 2007, con el lanzamiento del iPhone, el mundo ha visto exponencialmente una gran revolución de contenidos que se mueven mediante teléfonos inteligentes en todo el planeta. Los contenidos se han convertido en un producto de primera necesidad en la era de la interacción acelerada de cultura.

El escritor Charles Leadbeater asegura que “a diferencia de los demás sectores de la economía, [la economía naranja] tiene la ventaja de que puede crear valor de la nada”. ¿A qué se refiere?

Hoy estamos ante una revolución de contenidos que sumado a la tecnología cambia la sociedad. Fotos en Instagram, YouTubers, videos virales, artistas que pasan del anonimato a la fama por un video, son casos de generación de valor, exaltación de la propiedad intelectual y fama cultural que dan herramientas a cualquiera para crear consumidores.

Usted es de los que más ha trabajado por avanzar la economía naranja en el país. ¿Por qué?

Llevo años analizando y escribiendo sobre el sector. Con Felipe Buitrago escribimos La Economía Naranja desde el BID, luego publiqué con Editorial Planeta Efecto Naranja y soy el autor del proyecto de ley naranja que se discute en el Congreso. Estoy convencido que este sector debe ser parte central de la agenda de desarrollo en nuestro país.

Muchos creadores y gestores culturales no están al tanto de su propio potencial económico. ¿Qué les diría para que se involucren más con la economía naranja?

Este sector aporta más al PIB que la minería o que el café según los datos de la OMPI y eso muestra que si le damos el papel protagónico estamos ante un sector que cada día tomará más fuerza.

¿Cuánto genera hoy en Colombia y cuánto podría llegar a generar? ¿Cuál es el potencial del país?

Hoy es cerca del 3% del PIB según la OMPI y la meta es duplicarlo en una década o menos. La economía naranja emplea cientos de miles de personas directa e indirectamente, es una economía limpia y con gran impacto social además de ser una avenida a la sociedad del conocimiento.

¿Cuáles son hoy los principales retos de la economía naranja hoy en el país?

Articulación institucional, mejorar la información para toma de decisiones, contar con una política de talento de la mano con la educación, tener más herramientas para la incubación de empresas y aumentar nuestras exportaciones del sector.

Cuéntenos de las 7i, la propuesta para estimular el sector creativo…

Es una idea sencilla y vinculada a un número cultural: 7 colores primarios, 7 notas musicales, 7 maravillas del mundo, 7 días de la semana, etc.

Puntualmente, las ideas son:

  1. Información: mejorar la base de información del sector en cabeza del Dane y MINCULTURA. Con esto podemos tomar mejores decisiones.
  1. Instituciones: fortalecer las instituciones públicas, privadas y público privadas que intervienen. Fortalecer la institucionalidad de propiedad intelectual en el país.
  1. Infraestructura: crear líneas para brindar financiamiento y cooperación técnica  a municipios y departamentos con el fin de construir infraestructura cultural y creativa.
  1. Industria: promover políticas de talento para ser identificados y promovidos desde edad temprana. Darle a la formación cultural y creativa un papel estratégico en la jornada única, disponer recursos de los fondos de promoción empresarial y ampliar la oferta de becas en los sectores naranja.
  1. Integración: promover mercados de contenidos originales que consoliden la co-creación, la co-producción, la co-comercialización y la co-protección.
  1. Inclusión: hacer de la economía Naranja un factor de inclusión social.
  1. Inspiración: premiar, dignificar y exaltar al artista. También darle vida al sello Creado en Colombia.
Publicado en Revista Arcadia

La Ley Naranja: ¿la privatización de la economía de la cultura?

El 24 de mayo se conoció que fue elevada a categoría de Ley de la República la “Ley Naranja”, norma que promete fomentar la economía creativa, aquel sector que comprende la generación de ideas y conocimiento.

Si bien, en algunos países ha servido para estimular y fomentar algunos sectores de la economía de la cultura, tengo algunas reservas con los alcances de la ley en la versión que ha sido aprobada en el Congreso y que he manifestado públicamente en varios foros sobre el tema.

Indudablemente, la economía relacionada con la cultura es, desde hace varias décadas, uno de los temas más estudiados en la actividad económica en varios lugares del mundo. Recordemos que Tony Blair logró llegar al poder con una campaña que utilizaba como parte de su programa de ‘La tercera vía’ lo que sus asesores llamaron las “industrias creativas”. A partir de ese momento, los mercados financieros lanzaron su ávida y muy voraz mirada hacia la “creatividad individual capaz de generar una propiedad intelectual convertible en riqueza y en instrumento de la creación de empleo y exportación”.

Hace dos décadas, García Canclini, en su texto Industrias culturales y globalización, señalaba que tres tendencias caracterizaban la situación latinoamericana: la predominancia de las industrias culturales como actores en la comunicación y formación de la esfera pública, las cuales ya habían tomado un lugar más significativo que las manifestaciones artísticas y culturales tradicionales para las altas inversiones y que, contrario a las promesas que hace ahora el discurso de la ley naranja, en varios sectores de esa industria la producción latinoamericana se había reducido dramáticamente, como es el caso de la industria editorial, así como la del cine, producto de un proceso de transnacionalización y concentración de la propiedad de los medios de producción, a favor de empresas españolas.

La economía de la cultura no será ajena a las tendencias globales de la macroeconomía: la creciente concentración del capital a través de fusiones de empresas, las corporaciones cada día más poderosas y capaces de acaparar mercados y consumidores, la pérdida de empleos. Todo ello en desmedro de los derechos de los trabajadores, en este caso, de las artes y la cultura.

Otro aspecto que preocupa de la “Ley Naranja” es la marcada tendencia a la privatización de las industrias culturales, es decir que con esta norma se ha abierto la puerta a un preocupante proceso de enajenación del Estado con respecto a aquellos sectores de la cultura y el arte que requieren, por su naturaleza, de la inversión de los recursos públicos.

Es también preocupante que quienes fueron impulsores de esta ley en el Congreso pertenecen al partido de Uribe, quien, siendo presidente de la República, acabó de un plumazo con la Sinfónica Nacional de Colombia, el Coro y la Banda nacionales, las agrupaciones de mayor tradición musical del país. El hecho de que la ley fue elaborada a espaldas de los artistas y gestores culturales no da buena señal acerca de la suerte que estos correrán.

No todo es privatizable. Una orquesta como la Filarmónica de Bogotá requiere de un presupuesto anual de aproximadamente 35.000 millones de pesos. Si hacemos cuentas, cada concierto de los 97 que hace al año cuesta 360 millones de pesos. Lo máximo que se puede recaudar de “ganancia” por boletería asciende a cerca de 7 millones. Eso demuestra que nunca la Filarmónica será una industria rentable. No es tampoco su papel. La orquesta tiene una función artística y social, irremplazable, que no puede tratarse como si fuese una mercancía. Todo aquel que conozca el modelo de financiamiento de la ópera de Viena puede dar constancia que tampoco allí donde existe un público formado durante siglos, con capacidad adquisitiva, puede financiar los costos reales de la diaria actividad operística. Los honorarios de uno sólo de los cantantes famosos que allí se presentan es de 50.000 a 100.000 euros por concierto. Si a estos costos se suman los de los demás cantantes, coro, orquesta, escenógrafo, técnicos, etc, se llega al meollo del asunto: no es rentable. Su existencia se da por vía de la inversión estatal y, por supuesto, patrocinadores -que en Colombia son poco conocedores y, por ello, bastante esquivos.

Esta nueva ley significa, indudablemente, un replanteo de la política cultural pública que podría definirse en la crudeza de “cada quien defiéndase como pueda”. Con un agravante. No será el emprendimiento individual el que salga avante en esa guerra del centavo, sino aquellos grupos económicos, en una primera etapa, y las transnacionales de la industria cultural, a la postre, quienes tengan mayores oportunidades y monopolicen el mercado. A ellos llegarán las verdaderas ganancias.

Es necesario hacer una discusión nacional sobre la política cultural pública, con el fin de fortalecer al Estado y que el aporte del 3 por ciento al producto interno bruto de las industrias creativas se refleje en la inversión que actualmente es de un insignificativo 0,16 por ciento del presupuesto anual.

Publicado en Revista Arcadia

¿De qué se trata la Ley Naranja?

Algunas pistas de los beneficios que esta busca traer al sector de la cultura.

La semana pasada el congreso aprobó la Ley Naranja propuesta por el senador del Centro Democrático Iván Duque. Esta busca «desarrollar, fomentar, incentivar y proteger las industrias creativas, entendidas como aquellas que generan valor en razón de sus bienes y servicios, los cuales se fundamentan en la propiedad intelectual». En pocas palabras va detrás del fortalecimiento institucional para que este sector incida de manera más contundente en el futuro de Colombia.

La ley fue aprobada con 80 votos a favor y 5 en contra, con un respaldo desde los diferentes sectores políticos. Y aunque realmente aún quedan muchos aspectos en el aire en cuanto a la ejecución de esta iniciativa, aquí les desmenuzamos el asunto.

¿Qué es?

Una ley con la que se quiere desarrollar, fomentar, incentivar y proteger a las industrias creativas en Colombia.

¿A qué industrias va a beneficiar la Economía Naranja?

La economía Naranja se refiere a las industrias creativas como el cine, la música, la arquitectura, el diseño, los festivales y carnavales. Todo enmarcado dentro de cuatro sectores: el patrimonio ancestral, las artes visuales y escénicas, la televisión y la radio, y la arquitectura y el diseño.

¿Qué efectos busca tener esta ley?

  • En términos generales busca promover la adecuada financiación que permita desarrollar la Economía Creativa.
  • Que los emprendedores culturales puedan acceder a crédito de largo plazo y en mejores condiciones.
  • También impulsar, a través de la Financiera del Desarrollo Territorial (Findeter), la construcción de infraestructura cultural y creativa para que los departamentos y municipios la posibilidad puedan contar con espacios que tengan esta finalidad.
  • Generar empleos, entre 700.000 y 1.300.000. La Economía Naranja permite transformar las ideas creativas en bienes y servicios y generan ingresos de más de 177.000 millones de dólares anuales a la región.
  • Triplicar las exportaciones de bienes y servicios creativos, y creará un reconocimiento a las empresas que generan las mayores exportaciones en estos sectores.

¿Cuál es la estrategia de la Ley Naranja para incentivar este sector?

  • A través de las 7i (Información, Instituciones, Industria, Infraestructura, Integración, Inclusión, Inspiración) la ley buscará identificar y promover actores que fortalezcan este campo.
  • El Estado trabajará con el sector privado para proteger los derechos de los creadores.
  • Habrá incentivos fiscales para personas naturales y jurídicas que promuevan, patrocinen y auspicien las actividades de la Economía Creativa.
  • Para el caso de festivales y carnavales se contemplará las opción de dar zonas francas temporales para facilitar la gestión de estos eventos.
  • Los entes territoriales deberán mapear sectores como el editorial, el audiovisual, el fonográfico, las artes visuales, las artes escénicas y de espectáculos, el turismo y el patrimonio cultural material e inmaterial, la educación artística y la cultural, entre muchos otros, con el objetivo de tener un contexto claro de la situación actual de estos.
  • El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) entregará estadísticas cada cierto tiempo para llevar el proceso y las acciones con base en datos precisos.

¿Por qué es tan importante el sector creativo para la economía del país?

Según la Organización Mundial de Propiedad Intelectual, el sector cultural y creativo representa más del 3% del PIB (Producto Interno Bruto), siendo incluso mayor al del café y la minería, sin exponerse además a las grandes variaciones del mercado. Es además una manera de explotar un potencial en un país cuyo promedio de edad no supera los 30 años. Esto en en marco de un país con una incipientes políticas culturales.

Publicado en Vice

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