Adiós a Martínez Heredia

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Esta mañana hemos recibido la noticia del fallecimiento, en la madrugada de este lunes, del destacado profesor, ensayista e historiador, Fernando Martínez Heredia, a la edad de 78 años.

Martínez Heredia Nació el 21 de enero de 1939 en Yaguajay, provincia de Sancti Spíritus, Cuba.

Como profesor de enseñanza postgraduada impartió cursos y conferencias sobre temas sociales en diversas instituciones del país y de otras diecinueve naciones, en las cuales trabajó como profesor o investigador invitado.

Permanente investigador de la realidad cubana y latinoamericana, participó de las investigaciones sociales de la Universidad de La Habana, del Centro de Estudios sobre Europa Occidental, del Centro de Estudios sobre América y del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades y de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Fue colaborador científico del Programa de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales en Cuba; miembro de la Cátedra “Ernesto Che Guevara” y del Seminario Problemas del Mundo Actual del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Trabajó en el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello y allí fue presidente de la cátedra de estudios “Antonio Gramsci”.

Publicado en CubaDebate

FERNANDO MARTÍNEZ HEREDIA: “FIDEL FUE UN GRAN EDUCADOR POPULAR”

Fernando Martínez Heredia formó parte del Movimiento 26 de Julio desde antes del triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959 y dirigió la emblemática Revista Pensamiento Crítico (1967-1971), que supo ser una referencia teórica y política para la renovación del marxismo, tanto en Cuba como en América Latina. También coordinó el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana entre 1963 y 1971, además de escribir numerosos libros, entre ellos El Che y el socialismo, por el que obtuvo el Premio Extraordinario Casa de las Américas en 1989. Desde el Enredando las Mañanas conversamos en exclusiva con él sobre el fallecimiento de Fidel Castro y la vigencia de su pensamiento y acción para nuestro presente. “La revolución cubana dio un nuevo impulso a los pueblos de América Latina, pero fue también una bomba contra los dogmas. El pueblo no se puso a aplaudir, se puso a participar”, recordó emocionado.

-¿Cómo vives la partida de Fidel a nivel político y afectivo, y también cómo lo está viviendo el pueblo cubano?

 Ante todo quiero agradecerles mucho esta posibilidad de comunicarme con ustedes, y a través de ustedes con el pueblo argentino, que es nuestro hermano. Aquí estamos ante una situación de un gran dolor, pero no hay que confundirse, es el gran dolor de un pueblo, no sólo de una persona ni de una familia. Y sí tiene objeto, por lo que no es solo dolor. Estamos acá llevando a Fidel por toda Cuba, en el sentido opuesto a como vino él en enero de 1959. Primero hubo una masiva demostración de todo el pueblo aquí en La Habana. Más de un millón de personas pasaron frente al lugar de honor, en la base del monumento Martí, y después en el acto que se hizo en la noche del martes. Desde ahí él ha salido también para el recorrido, ya está llegando a las provincias orientales, y en todas partes hay miles de personas, incluso los que viven lejos caminan hasta las carreteras para saludar a su paso. En todas las capitales de provincia se hacen actos. Fidel está ganando su primera batalla póstuma, que van a ser muchas sin duda. Se está multiplicando. Cuando tú ves tantos jóvenes que se han escrito en el brazo, o traen en la frente la frase “yo soy Fidel”, quiere decir que se esta multiplicando; ya lo estaba en el fondo de la gente, pero ahora esta visible y entonces esta consigna tan hermosa es también sumamente profunda. Es decir, somos lo mismo que es él porque queremos amurar con él. Eso es una cosa que nos hace sobreponernos completamente y lo va a ser mañana en el acto finalmente en Santiago de Cuba, que será un acto de masas, porque ya no será sólo con los jefes de Estado, sino también con el pueblo cubano, en oriente, donde finalmente se depositarán sus cenizas en el cementerio de Santa Ifigenia. Para mí en lo personal tiene una enorme significación, porque yo comencé a seguirlo cuando el empezó, porque toda mi vida he sido fidelista. Nos decían así: “los fidelistas”, y al principio no era un elogio. El demostró que era un visionario, pero además demostró que podía ser el conductor de todos a través del ejemplo, y no solo mediante la jefatura. Era el primero, entonces era muy amado además de ser seguido. Por eso a mí me da lo mismo que me digan comunista que me digan fidelista, porque aquí quiere decir lo mismo. Alguna vez a mí me preguntaron: “¿y su vida privada?”. Y yo les dije: la idea de la privada yo la respeto, pero en mi caso no la comparto, porque en millones de cubanos la vida que llaman “privada” se ha ido construyendo junto con la pública. Fidel ha estado en la mesa de la gente, en la cocina de la casa y en el medio de la calle, y no solo en las grandes concentraciones. Imagínate tu entonces como podrá ser. 

-Mencionaste que tus comienzos en la militancia coincidieron con la irrupción de Fidel Castro. Queríamos preguntarte por esos momentos del proceso revolucionario cubano, donde tuviste la posibilidad de participar en 1959 y en los años sucesivos. ¿Qué implicó para la juventud ese proceso encabezado por los “barbudos”, como se los llamaba en aquel entonces?

Cuando yo era un muchachito, tuve la posibilidad por casualidad de estar desde el inicio y ser fundador del Movimiento 26 de Julio. Y nosotros, aquellos muchachitos, gritábamos cositas frente a la policía, y ahora la policía es nuestra. Después vino la guerra y se multiplicó poco a poco la fuerza no solo de los revolucionarios, sino la fuerza del pueblo, porque el pueblo se fue sumando. Claro que los jóvenes siempre fueron decisivos, eso es lo que sucede también en las revoluciones. A partir del triunfo del ‘59 nos encontramos con una tremenda multiplicación de los actores revolucionarios, porque entonces sí el pueblo no se puso a aplaudir, se puso a participar. Y miles y miles de jóvenes querían ser como los barbudos, como los mártires -hubo muchos mártires en las poblaciones también- y de ahí salió primero la consigna de “estudio, trabajo y fusil”. Ya no era solo el fusil: había que trabajar y había que estudiar. Había una cantidad inmensa de analfabetos, la mitad de los niños no tenían escuela donde ir. Aparecieron una cantidad inmensa de tareas para los jóvenes, y los jóvenes entonces demostraron que valían tanto como el que más valiera, y como el más antiguo. Imagínate que muchachos de 11, 12, 13 o 14 años, 100.000 muchachos en total, fueron alfabetizadores, y alfabetizaron a casi la mitad de la gente, para producir un aumento brusco de la fuerza de la revolución, porque ya la revolución no podía ser solamente con una población semi analfabeta, tenía que ser con gente que cada vez tuviera más cualidades y que las convirtiera en más realidades. Aquellos muchachos que se hicieron alfabetizadores adquirieron un orgullo tremendo, esa fue su Sierra Maestra, y así sucesivamente en tantas cosas, como el trabajo voluntario masivo para enfrentar la realidad de la falta de tecnología, y para enfrentar también sobre todo la guerra de EE.UU. contra Cuba, la guerra del imperialismo norteamericano, que empezó desde hace mas de un siglo, que nos dominaron 60 años y que nunca se han conformado hasta el día de hoy. Los jóvenes han estado en la primera trinchera siempre, por eso empecé hablando de los muchachos y muchachitas que se escriben “Yo soy Fidel”.

-Algunos medios de comunicación de derecha hablan mal de la revolución cubana y de Fidel, planteando además que son algo del pasado, como si se cerrara para siempre una etapa con la muerte de Fidel, a quien definen como un líder “del siglo XX”. ¿Qué implicó en su momento la revolución cubana, y qué vigencia tiene hoy para Cuba, América Latina y el mundo?

Para esos medios lo único que puedo aconsejar es que no les hagan el más mínimo caso, además siempre han dicho que ya nos acabábamos, hace 25 años por ejemplo dijeron que nos acabábamos y acá estamos. Aquí el momento en que triunfó la revolución marcó el inicio de una nueva época en América Latina. La gente lo sintió así a lo largo del continente y fue un colombiano el que inventó “qué tiene Fidel, qué tiene Fidel que los imperialistas no pueden con él”. Resultó un aliento muy grande para un conjunto inmenso de resistencias y rebeldías latinoamericanas, que existían muchísimo antes de la revolución cubana, no es que no existieran, pero Cuba era como un faro en esa nueva etapa en que EE.UU. aparecía como el controlador verdadero de América Latina, y las burguesías que llamaban en aquella época “nacionales” demostraban que no eran nada nacionales, más bien eran cómplices y subalternas, empapándose de sangre de la cabeza a los pies y de corrupción, siguiendo la represión más terrible que en algunos lugares llegó hasta el genocidio. Entonces escuchar aquella la locutora que decía “desde Cuba, primer territorio libre de América”, era ante todo una esperanza, pero también un llamado, como decía la Segunda Declaración de La Habana, ya que “no se trata de esperar a ver pasar por la puerta el cadáver del enemigo, el deber de cada revolucionario es hacer la revolución”. Desde punto de vista de la práctica, la revolución cubana dio un nuevo impulso a los pueblos de América Latina, pero también creo que fue una bomba sobre las ideas. Quizás recuerdan ustedes que el Che Guevara el 26 de Julio de 1967 escribió en su diario de Bolivia “asalto al Moncada: asalto contra los oligarquías y contra los dogmas revolucionarios”. Es decir, todo lo que parecía que era eterno y absolutamente cierto, fue puesto en duda, y muchas cosas se negaron y con razón. La revolución cubana tuvo un papel entonces de fomentar la libertad verdadera del pensamiento, del pensamiento crítico, pero critico no solo porque es capaz de serlo, sino porque a la vez tiene que serlo, y es creador. En ese sentido yo creo que el aporte ha sido muy grande, sobretodo también que nos mantuviéramos, que es posible que un pueblo pequeñito, pegado mismo a EE.UU., se mantenga libre, en su proyecto de vida, y vaya creando una nueva sociedad. Hoy la situación naturalmente tiene todas las características únicas de la coyuntura histórica. No puede ser igual a las anteriores, nunca ha sido, hoy parece sumamente difícil. Pero yo he vivido algunas más difíciles que ésta. Y los más jóvenes están dispuestos a vivir una más difícil que la actual. Estamos frente a un imperialismo que parece peor, frente una burguesía anti-nacional -que es el verdadero nombre que se le debe dar- que parece peor, y ¿por qué parecen peores los dos? Porque son capaces de todo. Entonces los pueblos tienen que ser también capaces de todo. Pienso que América Latina otra vez va a marchar hacia adelante, y nosotros también, ya no con la fuerza del ejemplo que tuvimos, porque ya el ejemplo fue, pero sí con la fuerza de la constancia que mantenemos, de la hermandad que tenemos con todos los pueblos de América Latina. El comandante Raúl lo puso bien claro, cuando parecía que nos iban a dar a nosotros zanahoria y garrote a Venezuela; él dijo “nosotros sabemos lo que es la zanahoria y el garrote y estamos con Venezuela hasta el último aliento”. Así es y tiene que ser, por eso esperamos el protagonismo de los pueblos de América Latina. 

-Uno de tus últimos libros, A la mitad del camino, contiene un breve texto que se llama “Fidel en quince líneas”, donde defines a Fidel como un educador popular. ¿Podrías desarrollar por qué lo caracterizas de esa manera?

Yo creo que todo gran revolucionario está obligado a ser un educador, pero él lo logró de una manera maravillosa. Fidel estaba preparado por su procedencia social y sus estudios a ser un hombre de élites, estaba por su actitud destinado a ser un jefe, y estas características que son buenas, contienen como toda cualidad sus errores, su capacidad de llevar a la gente también hacia algunos callejones sin salida, pero sin embargo él no entró en ninguno. Fidel se sintió un educador porque él lo que quería era que el pueblo se desarrollara, y yo creo que la principal victoria que ha tenido ha sido precisamente ese pueblo que ves ahora en las honras fúnebres, como lo podías ver hace quince días en el bastión, que es un ejercicio militar que hacemos sobre la base de la guerra de todo el pueblo, donde participan juntos las fuerzas armadas, los milicianos y la población civil. Ese Fidel educador se dio cuenta, y por eso es que los discursos de él son tan largos, porque primero le hablaba a una población analfabeta que ni siquiera se había molestado en oír los discursos de los políticos que les decían las mismas mentiras siempre, y entonces él conversaba con la gente, le preguntaba y la gente le gritaba que sí o que no, y alguno le lanzaba una pregunta, y él le decía “¿cómo dijiste?” y le respondía. A la manera de entonces, fue el primer líder del mundo que utilizó la televisión para una faena de este tipo de educación popular. Como teníamos por suerte la televisión en Cuba ya, la utilizó de una manera maravillosa. Luego, cuando comenzó la campaña de alfabetización, a nosotros nos hacen “buena propaganda” en los medios del mundo y es muy natural, pero sería bueno que vieran que antiautoritaria era la cartilla de los alfabetizadores del ‘61, cómo explicaba la actitud que debía tener el alfabetizador, ante todo porque debía compartir el trabajo físico con las familias  y trabajar con ellos durante el día, y ser el maestro luego de la jornada; después porque debía ser fraterno con ellos, porque debía no ser autoritario al enseñar. Esa cartilla se llama Alfabeticemos,y es que tenían un ejemplo maravilloso en Fidel, el hombre sencillo, el hombre que iba por todo el país una y otra vez -ahora lo llevan a él-, se la pasó siempre conversando con la gente común, y es asombroso cómo un persona dice “me preguntó cómo está tu mama” y era que seis meses antes el otro le había contado que su mama estaba enferma. Es decir, el educador popular ante todo tiene una ideología política que quiere que sea compartida, no transmitirla sino que sea compartida, y después es capaz entonces de vivir la vida del pueblo, no para que el pueblo siga igual, sino que para que juntos se levanten y cambien, sobre todo que se cambien a sí mismos, y él fue maestro de todos. 

-Imaginamos que hay infinidad de anécdotas y recuerdos que remiten a Fidel. Si tuvieras que compartir uno que te venga a la cabeza, pero también al corazón, que remita a su figura y su ejemplo, ¿qué nos podrías compartir?

Es una vida entera, pero me puedo por ejemplo acordar de la noche del 22 de octubre de 1962, cuando el presidente de EE.UU. John F. Kennedy, que era un tipo mucho más culto que el que eligieron ahora pero tenía la misma idea, anunció al mundo entero que la armada norteamericana estaba bloqueando a Cuba y estaban dispuestos a todo contra nuestro país; le llamaron por ahí “la crisis de los misiles”, pero nosotros le llamamos la crisis de octubre. Entonces yo salí como tantos miles a cumplir mi deber militar, y fui dar a la costa del Mariel -donde ahora hay un polo de desarrollo económico importantísimo, pero entonces no había nada-, estábamos ahí esperando al desembarco norteamericano que habían preparado 500.000 hombres. Ahí durante 32 días nadie podía encender un cigarro, el primer día no había comida tampoco, pero todo el mundo trabajó haciendo trincheras. El segundo día dijeron “Fidel va a hablar”, y tendieron cables y altavoces en la oscuridad, entonces en la oscuridad se oyó todo el discurso del 23 de octubre de Fidel, que explicaba lo que había pasado, la situación, los enormes peligros, que explicaba la actitud que había que tener de no negociar con el imperialismo nada nada nada, y había que disponerse a la guerra nuclear, a todo, entonces todos íbamos oyendo en la oscuridad, era que estaba hablándonos al corazón, y estábamos todos dispuestos a todo, escuchándolo. Y él tuvo una expresión que me parece una guía, él dijo: “todos somos uno, y de todos sera la victoria”. Yo no lo he olvidado hasta el día de hoy. 

-A modo de cierre, algo adicional que también acompañó a Fidel y a la revolución ha sido ese horizonte del socialismo, que en estos días por lo general se ha dejado de lado, sobre todo desde los medios hegemónicos. ¿Qué puedes decirnos respecto del socialismo hoy, y en qué medida resulta actual para combatir esta realidad tan injusta y soñar con un mundo distinto?

El socialismo para ellos claro que es una mala palabra, y es natural que así sea. Sin embargo, yo pienso que ahora, que se menciona lo menos posible, es la única salida que tiene incluso el planeta para seguir existiendo. Para los capitalistas el planeta y la ecología no valen nada, el planeta es solamente el lugar donde ellos realizan sus ganancias: lo mismo haciendo explosiones para obtener recursos energéticos, que arrojando basura por todas partes de lo que a ellos les sobra, y que a cientos de millones de personas les falta para comer inclusive. Pasa que la naturaleza del capitalismo ya se ha vuelto tan extraordinariamente centralizada y parasitaria, que no deja lugar ni para capas medias, ni para situaciones intermedias, entonces nos está haciendo un favor, tenemos que darnos mucha cuenta, nos está diciendo: “o ustedes lo pierden todo obedeciéndome a mí, o ustedes se vuelven socialistas”. Es decir, la idea misma del socialismo está asociada a que es la única solución posible; en la actualidad hay una cultura política acumulada en los pueblos de América Latina inmensa. De lo que se trata para el capitalismo es de que no nos demos cuenta, lograr no un pensamiento único como dicen algunos compañeros de izquierda -que yo los respeto pero están equivocados-, no hay un pensamiento único, actualmente se trata de lograr que nadie piense, de hacer un proceso de idiotización de masas. ¿Por qué? Por el temor que ellos con razón tienen de que la gente que piensa se haga socialista, pues la gente que piensa quiere poner el socialismo en práctica. Yo pienso que nosotros vamos a tener afortunadamente unas cuantas sorpresas. Fidel fue un mago de esto, parecía un iluso, porque él dijo, cuando estaba en la prisión solitaria a inicios de diciembre de 1953, cuando peor no podía estar -estaban presos, habían asesinado a muchos compañeros, no tenían apoyo político alguno- y él escribió una carta que empieza diciendo: “con la sangre de mis hermanos muertos escribo esta carta. Las masas están listas, solo necesitan que se les muestre el camino verdadero”. Imagínate, cuando un visionario que parece un iluso, te puede demostrar cómo después fue ese el camino verdadero, el imposible se convirtió en realidad, la gente se cambió, o sea los cubanos nos hicimos socialistas. Después Fidel dijo que éramos socialistas, “ah qué bien, qué bueno, así que eso se llama socialismo, ¡qué maravilla!”. Por eso yo decía al comienzo que a mí me daba lo mismo que me digan fidelista o comunista. Entonces el socialismo va a tener que ser en cada parte de ahí, de ese lugar, y sin embargo solo se va a poder desarrollar si tiene muy en cuenta que el socialismo es internacionalista. El capitalismo ha demostrado que es capaz de centralizarlo todo; el socialismo nos tiene que demostrar a todos también que la fuerza nos va a venir del internacionalismo, de ser con cualidades cada vez mayores, porque sabemos que hay que darlo todo por el hermano, que hay que darlo todo porque así somos fuertes. Se trata de una posibilidad maravillosa que está al alcance nuestro, lo que hay es que ponerse en movimiento.

-Te agradecemos muchísimo por tus palabras y tus reflexiones tan emotivas.

Yo les agradezco mucho a ustedes porque esta comunicación nos quiere decir que el pueblo argentino está con nosotros también; aparte de que nos hicieron el regalo más grande que le ha hecho un pueblo a otro, que es Ernesto Che Guevara. Un abrazo y un saludo para todos los oyentes.

Publicado en FM La Caterva

 

Conferencia inaugural en el XXII Encuentro Nacional de Solidaridad con Cuba, del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba. Universidad Obrera de México, San Ildefonso no. 72, Ciudad de México, 18 de marzo de 2017.

Agradezco esta oportunidad a las mexicanas y los mexicanos tan abnegados y generosos que realizan y mantienen estos encuentros.

Comienzo mi intervención por el primer indicador de la vigencia de Fidel. El homenaje que recibió, en los nueve días que siguieron a su partida, fue una consigna de hoy, una invención de jóvenes que hizo suya todo el pueblo de Cuba: “yo soy Fidel”. Así se demostró que Fidel es del siglo XXI, y no solo del XX, y también que cuando el pueblo entero se moviliza con conciencia revolucionaria es invencible. En esos días del duelo, Fidel libró su primera batalla póstuma y la ganó; al mismo tiempo, volvió a mostrarles a todos el camino verdadero, como vino haciendo desde 1953.

Entiendo que ha sido muy atinado el tema que me han fijado los organizadores, porque en la compleja y difícil situación que estamos viviendo en nuestro continente los orígenes, los rasgos fundamentales y la vigencia del pensamiento político de Fidel pueden constituir una ayuda inapreciable. Hoy podemos avanzar mejor con esa ayuda de Fidel, pero a condición de emular con sus ideas y sus actos, para sacarles provecho en lo decisivo, que serán nuestras actuaciones. No imitando simplemente a Fidel, que nunca imitó a nadie, sino traduciéndolo a nuestras necesidades, situaciones y acciones.

Fidel brinda un gran caudal de enseñanzas, tanto para el individuo como para las luchas políticas y sociales. Puede aportarnos mucho conocer mejor sus creaciones y sus ideas, las razones que lo condujeron a sus victorias, cómo enfrentó Fidel las dificultades y los reveses, su capacidad de identificar lo esencial de cada situación y los problemas principales, plantear bien la estrategia y la táctica, tomar decisiones y actuar con determinación y firmeza. Si lo hacemos, será más grande su legado.

En el transcurso de la vida de Fidel pueden distinguirse tres aspectos: el joven revolucionario; el líder de la Revolución cubana; y el líder latinoamericano, del Tercer Mundo y mundial. El segundo y el tercer aspecto suceden simultáneamente. Vamos a asomarnos a la extraordinaria riqueza del pensamiento político del joven que se rebelaba contra todo el orden de la dominación, y no contra una parte de él, del combatiente revolucionario, del artífice de la victoria de la insurrección cubana y del despliegue y la defensa del nuevo poder revolucionario, y del conductor supremo de la creación de una nueva sociedad latinoamericana liberada, socialista, internacionalista y antimperialista.

Fidel fue hijo de una tradición que es fundamental dentro de la historia del pensamiento revolucionario cubano: la corriente radical, que ha tenido puntos en común y ha establecido una trayectoria singular. Esos radicales se fueron por encima de las respuestas políticas que parecían posibles frente a los conflictos de su tiempo y su circunstancia, y las propuestas que ellos hicieron eran llamados a violentar la reproducción esperable de la vida social. Enumero solamente a hitos dentro de esa pléyade, como son Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Julio Antonio Mella y Antonio Guiteras.

Si exceptuamos al pensador original y colosal que fue José Martí, las prácticas revolucionarias fueron lo predominante en la historia de las posiciones y propuestas de los radicales entre 1868 y 1959. Pero, en su conjunto, ellos elaboraron un cuerpo de pensamiento que constituye una acumulación cultural de un valor inapreciable, que siempre es necesario rescatar y asumir conscientemente. Fidel partió también de la práctica, pero al mismo tiempo fue presentando y elaborando un pensamiento radical excepcional, que lo fue llevando a ocupar un lugar cimero en toda esta historia cubana, junto a su maestro José Martí.

Para el radicalismo de las revoluciones por la independencia, la república fue al mismo tiempo un gran logro y una gran frustración. La tremenda guerra revolucionaria de 1895 y el sacrificio en masa del pueblo cubano en ella constituían un legado que exigía liberar al país del dominio neocolonialista impuesto por la invasión norteamericana, y liberarlo del dominio de los ricos explotadores del trabajador y los políticos corruptos, tan voraces como sometidos al imperialismo. Mella y Guiteras habían sido las figuras máximas del gran aporte que trajeron las luchas del siglo XX: un socialismo cubano, que no era calco ni copia del socialismo europeo y que se propuso ir al asalto del cielo desde el suelo insular y latinoamericano, desde el mundo que fue colonizado. El joven Fidel Castro, dirigente estudiantil y abogado de reclamos populares, encontró y asumió muy pronto todo aquel legado de su patria y de los combates y las ideas por la libertad, la justicia social y la liberación nacional.

Fidel aprendió a ser, a la vez, patriota y socialista. A alimentarse del magisterio de Martí y a estudiar a Marx y Lenin, para poder plantearse bien la época en que vivía, sus conflictos fundamentales y las vías y métodos de la lucha por la liberación. A mi juicio, esta es una lección invaluable que nos ha brindado a la mayoría de los seres humanos del planeta, que hemos sufrido durante medio milenio la gigantesca empresa criminal de la universalización del capitalismo, genocida, ecocida y destructora sistemática de las vidas, las cualidades y las esperanzas de miles de millones de personas. De cinco siglos de colonialismo, que sigue vivo en sus formas actuales, tanto mediante sus poderosos medios económicos, culturales, de agresiones violentas y rapiña de todo tipo, como convertido en un cáncer dentro del corazón y el cerebro de los colonizados.

Fidel comprendió muy temprano que la lucha tendría que librarse al mismo tiempo contra el conjunto de las dominaciones, contra lo viejo, lo moderno y lo reciente. Pero, ¿cómo llevar esa comprensión a la práctica y volverla capaz de atraer a la mayoría oprimida, cómo crear instrumentos capaces de organizar y concientizar, de crecer en fuerzas reales y de ir ganando preeminencia, de obtener la victoria? Porque mientras no caen en crisis, los que dominan basan el ejercicio cotidiano de su poder en la hegemonía que tienen sobre la sociedad, en su capacidad de imponer su cultura, obtener consensos, engañar, ilusionar y dividir a la mayoría dominada.

El joven Fidel participó en el movimiento político cubano que fue más lejos en los intentos de utilizar la acción ciudadana, el democratismo y el sistema electoral y representativo avanzado que existía durante la segunda república, para lograr cambios realmente positivos para el país. El líder de masas Eduardo Chibás y el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) concitaron el entusiasmo y la esperanza de la mayoría del pueblo, y el miedo a su triunfo fue una causa del golpe militar del 10 de marzo de 1952. La burguesía y el imperialismo demostraban que las reglas del juego de su sistema son las de un juego sucio, y que cuando es necesario son sacrificadas al valor supremo del sistema, que es mantener su poder.

Y precisamente una de las convicciones principales del joven estudioso y activista político, desde algunos años antes de 1952, era que tomar el poder resultaba un requisito indispensable para cambiar a Cuba. La nueva situación, en la que todo parecía estar mucho más lejos y había un bajo nivel de protestas, fue sin embargo entendida por Fidel como una coyuntura en la que las formas radicales de lucha podían ser viables, porque el sistema político en el que se basaba la hegemonía había sido totalmente deslegitimado. Fidel no descuidó referirse a la evidencia de que el régimen violaba la legalidad y no admitía recursos en su contra, pero se dedicó por entero a la vertebración y preparación para pelear de un movimiento clandestino, con gente sencilla del pueblo que tuviera ideales y decisión personal, y asumiera la férrea disciplina y las ideas revolucionarias como suelo común. Ninguno de sus miembros era una personalidad conocida, y muchos pertenecían a los sectores más humildes de la sociedad.

El asalto al Moncada tomó por sorpresa al país. La audacia, la valentía y el sacrificio de los participantes les granjeó la admiración popular, pero ninguna fuerza política los apoyó. Fidel lanzó La historia me absolverá, manifiesto deslumbrante que contenía hasta medidas de gobierno, pero él y sus compañeros quedaron prácticamente solos. La segunda lección que nos aportó fue el hecho mismo del Moncada, rebelión contra las oligarquías y contra los dogmas revolucionarios, como lo definió el Che, el motor pequeño que debería poner en movimiento al motor grande. La tercera lección fue asumir la etapa de prisión como el lugar de la firmeza inquebrantable, y proponerle al país una gran revolución, aunque su realización pareciera tan lejana.

Al salir de cárcel fundó y dirigió el Movimiento 26 de Julio, de honda raíz martiana: los fines públicos, los medios secretos; la convocatoria a todo el pueblo sin exclusiones, pero en una organización férreamente unida en sus ideales, su estructura y su disciplina, decidida y con vocación de poder. Y el carácter radical de la revolución, ajeno a las discusiones bizantinas acerca de los sujetos históricos abstractos: de los humildes, por los humildes y para los humildes.

Al desatar la guerra revolucionaria en diciembre de 1956, Fidel abrió la brecha para que lo imposible dejara de serlo y el pueblo se levantara, y le brindó un lugar donde pelear a todo el que quisiera convertir sus ideales en actuación. En la cárcel había sido un visionario, ahora comenzaba a ser el líder del pueblo que iba pasando de la simpatía al compromiso y a la participación en la insurrección. Aunque sus fuerzas eran pequeñas todavía, ya era uno de los dos polos de la contradicción principal de un país que a través de prácticas tremendas comenzaba a adquirir una conciencia política revolucionaria.

En El Coco, Sierra Maestra, Fidel Castro y Juan Almeida Bosque, en octubre de 1957. Fuente: Libro "La Victoria Estratégica"/ Sitio Fidel Soldado de las Ideas.

Todo era sumamente difícil, y cada paso lo fue. Crear el órgano político militar capaz de combatir, crecer y llegar a vencer, y fundar y desarrollar la escuela de la guerra revolucionaria que debía producir individuos nuevos, compañerismo a toda prueba, cuadros capaces para esa etapa y para las que vendrían después de la victoria. Concebir y poner en práctica la estrategia y las tácticas acertadas, cuidar los métodos para mantener limpios los fines, no hacer concesiones que comprometieran la naturaleza de la revolución e ir consumando su liderazgo. Sumar cada vez más fuerzas del pueblo, y generalizar la convicción y la decisión de que no bastaría derrocar la dictadura, que la causa y la lucha eran para transformar a fondo la patria, y hacer realidad aquella consigna de “independencia económica, libertad política y justicia social”.

Y en todos esos terrenos y en todas las tareas que conllevaban Fidel fue el maestro, el jefe, el ser humano superior y el que veía más lejos. El 6 de junio de 1958, cuando la gran ofensiva enemiga cernía un riesgo de muerte sobre el bastión de la Sierra Maestra, le escribió a Celia Sánchez que luchar contra el imperialismo norteamericano iba a convertirse en su destino verdadero. Ahora que ya era muy difícil considerarlo un iluso, Fidel avizoraba un enfrentamiento que no parecía inminente, pero que él sabía ineluctable. Pero ahora vislumbraba el futuro con un arma en la mano y una revolución en marcha.

El segundo hecho decisivo fue consecuente con el primero, pero muy diferente a él. La resistencia y la guerra popular ganaron fuerza suficiente, derrotaron y desmoralizaron al enemigo y desembocaron en una victoria completa. En enero de 1959 la Revolución venció a la dictadura y, al mismo tiempo, destruyó los aparatos militar, represivo y político del Estado burgués.

Se hizo realidad aquella frase suya de 1955 sobre la única opción cubana: la tiranía descabezada. Pero en medio de la inmensa alegría, Fidel no se confundió. El día 8 lo dijo, al llegar a La Habana: lo más difícil comienza ahora. Porque el proceso cubano podía transcurrir, como otros, con la restauración de instituciones civiles, estado de derecho y modos democráticos, pero en un progresivo desmontaje de las fuerzas y las iniciativas de la revolución, y de la movilización y la conciencia populares. Y corromperse, dividirse y retroceder, cada vez más parecido al funcionamiento “normal” de los sistemas de dominación, hasta ser uno más entre ellos, en el mejor de los casos con una dominación modernizada.

Entonces sobrevinieron un alud de acontecimientos y un proceso vertiginoso que transformaron muy profundamente a Cuba y a los cubanos, desarmaron, vencieron y les quitaron a sus enemigos toda esperanza de recuperación, y concitaron el entusiasmo y la admiración en nuestra América y en el mundo. Fidel completó durante esta etapa su estatura de líder, fue el principal protagonista de la generación y conducción de los hechos y fue el mayor productor de las nuevas ideas revolucionarias que hasta hacía muy poco habían sido impensables.

Este es el lugar de un aporte supremo en el arte más difícil, el de la revolución verdadera. En Cuba se logró unir en una sola revolución al socialismo y la liberación nacional. Contra el capitalismo industrial europeo y su criminal expansión mundial mediante su colonialismo y su mercado, Carlos Marx y sus seguidores consecuentes desarrollaron una propuesta radical de transformación humana y social, el socialismo, y un nuevo pensamiento, el marxismo. Esta teoría social es la más capaz de proveer la comprensión de todo el capitalismo y brindar ideas acerca de la revolución contra todas las dominaciones, un alcance totalizador que se ha convertido en el requisito obligado para los que pretendan crear sociedades nuevas, liberadas. Pero en el mundo que fue colonizado había que asumir el marxismo en sus cualidades y su propuesta creadora, como un instrumento, no como un dogma, y sin actitudes de colonizado de izquierda, para enfrentar la extrema diversidad de situaciones y de culturas. La historia real de las asunciones del marxismo en el mundo que fue colonizado está llena de dificultades y desencuentros entre la cuestión social y la cuestión nacional, que más de una vez han llegado a ser trágicos.

Para vencer frente al nuevo reto, la revolución cubana fue socialista de liberación nacional. La victoria de la insurrección fue convertida en liberación nacional y social por la unión de una vanguardia que supo utilizar de manera óptima el poder revolucionario y darse cuenta de que la opción más radical era la única viable, y de un pueblo que multiplicó una y otra vez sus acciones y su conciencia, y se volvió capaz de transformarse a sí mismo y a la sociedad. La Cuba revolucionaria logró, por primera vez en este continente, fundir en una sola entidad los más altos valores de la lucha patriótica con los más altos valores de las luchas de clases, un logro trascendental de las ideas revolucionarias conseguido en la práctica de un gigantesco laboratorio social. La trascendencia de esa victoria se apreció enseguida a lo largo de América Latina, y hoy sigue vigente en la cultura de liberación latinoamericana.

La Revolución cubana provocó un avance extraordinario del pensamiento de izquierda, porque lo puso ante la opción de luchar por los ideales de cambio total de la vida y no solo por reformas, de confiar en las capacidades del pueblo y no en los intereses de determinados sectores de las clases dominantes. Probó que tenía razón y que su conducta era factible mediante sus prácticas, pero también supo exponer sus nuevas ideas y recuperó otras de la mejor tradición revolucionaria. Fidel y el Che pusieron el socialismo y el marxismo en español desde la América Latina, y lo hicieron decididamente antimperialista e internacionalista. Rescataron y asumieron la profunda propuesta revolucionaria de José Martí, crítico radical de todos los colonialismos al mismo tiempo que de la modernidad civilizadora, y promotor de una república nueva y una segunda independencia continental. Y rescataron y asumieron el socialismo cubano, que habían fundado Mella, Guiteras y las experiencias radicales de la Revolución del 30. La nueva época revolucionaria convirtió en un hecho natural que los problemas sociales principales fueran los problemas fundamentales para el pensamiento.

Fidel, un hombre muy culto y un gran lector del pensamiento europeo, se transformó entonces en un educador popular, que supo utilizar la más reciente tecnología como instrumento. Incansable, fue el primer dirigente político en el mundo que usó la televisión para llevar a cabo una campaña colosal de concientización revolucionaria de un pueblo entero. Se comenta con sonrisas la extensión de sus discursos, pero es que se trataba de la comunicación del conductor con la masa más humilde de la nación y con los que habían considerado que la política era oficio de demagogos y delincuentes. Fidel es el jefe máximo, pero conversa con todos y su comunicación es horizontal. Por eso se le escucha siempre con emoción, no solo con la razón, y nadie lo llama por sus cargos, sino solamente por su nombre de pila, Fidel. Es demasiado grande para necesitar títulos.

Fidel Castro en la Mesa Redonda. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

El Che ha descrito con acierto singular al maestro Fidel en un párrafo de El socialismo y el hombre en Cuba que invito a leer, en el que dice que su “particular modo de integración con el pueblo solo puede apreciarse viéndolo actuar”.

En menos de dos años, la vanguardia se fue multiplicando y la mayoría del pueblo abrazó la Revolución, y la explotación del trabajo ajeno, las humillaciones, las discriminaciones y los desprecios dejaron de ser hechos naturales para convertirse en crímenes. Fidel fue el principal protagonista de la gran revolución socialista, que cambió las vidas, las relaciones sociales, los sueños de la gente y de las familias, las comunidades y la nación. Para lograrlo se convirtió, como para todo lo importante, en el conductor, el líder amado, la pieza maestra del tablero intrincado de la unidad de los revolucionarios y del pueblo.

En aquel tiempo la actuación tuvo que consistir, para todos y al mismo tiempo, en estudio, trabajo y fusil. Ahora los individuos de vanguardia se elegían en asambleas y el trabajo realizado era el mayor timbre de honor. En las grandes jornadas nos unimos todos. Fidel fue –como cantara el poeta—la mira del fusil, y el pueblo todo –como dijera el Che—se volvió un Maceo. La nueva y mayor victoria de Fidel fue que el pueblo entero se cambiara a sí mismo y se armara con nuevas cualidades, valores y capacidades, y la conciencia social confundiera sin temor los nombres de comunista y fidelista. A la sombra de aquel árbol tan frondoso, las conquistas se convirtieron en leyes, y las leyes en costumbres. Y a diferencia de los vehículos corrientes, el carro de la Revolución no tiene marcha atrás. Fidel dijo de manera tajante, hace más de veinte años, que en Cuba no volverá a mandar nunca una nueva clase de ricos.

El antimperialismo ha sido uno de los rasgos principales de la Revolución cubana, desde el designio que le expresara José Martí a Manuel Mercado en mayo de 1895, porque Estados Unidos ha sido siempre enemigo de la existencia de Cuba como país soberano y libre. Los revolucionarios radicales del siglo XX fueron antimperialistas, y Fidel heredó la comprensión de ese requisito básico de todo proyecto de liberación verdadera del país y de imperio de la justicia social. No emplearé tiempo en referirme aquí a la sistemática, ilegal, inmoral y criminal política de agresión permanente contra Cuba que mantiene Estados Unidos desde 1959 hasta hoy, que incluye una supuesta ofensiva de paz desde hace poco más de dos años. El antimperialismo es una constante permanente de la política revolucionaria cubana.

De Fidel hay que decir que durante toda la vida combatió al imperialismo norteamericano, y supo vencerlo, mantenerlo a raya, obligarlo a reconocer el poder y la grandeza moral de la patria cubana. Pero, sobre todo, enseñó a todos los cubanos a ser antimperialistas, a saber que esa es una condición necesaria para ser cubano, que contra el imperialismo la orden de combatir siempre está dada, que como dijo un día el Che –su compañero del alma—, al imperialismo no se le puede conceder ni un tantito así. La soberanía nacional es intangible, nos enseñó Fidel, y no se negocia.

El legado de Fidel es muy valioso para combatir confusiones y debilidades que resultarían suicidas, y para denunciar complicidades. Nos ayuda a comprender que Estados Unidos hace víctima a este continente tanto de su poderío como de sus debilidades, como una sobredeterminación en contra de la autonomía de los Estados, el crecimiento sano de las economías nacionales y los intentos de liberación de los pueblos. La explotación y el dominio sobre América Latina es un aspecto necesario de su sistema imperialista, y siempre actúa para impedir que esa situación cambie. Por tanto, es imprescindible que el antimperialismo forme parte inalienable de todas las políticas del campo popular y de todos los procesos sociales de cambio.

Desde 1959 en adelante, Fidel fue el mayor impulsor y dirigente del internacionalismo, ese brusco y hermoso crecimiento de las cualidades humanas que le brinda más a quien lo presta que a quien lo recibe. Cuba ha aportado apoyo solidario sin exigencias. Combatientes, médicos, maestros, técnicos, el ejemplo impar de quienes jamás dieron lo que les sobraba, un paradigma revolucionario, con Fidel siempre al frente, audaz y fraterno.

Fidel amplió y desarrolló en muy alto grado el contenido y el alcance de las prácticas y las ideas revolucionarias mundiales mediante el internacionalismo cubano. Sería una iniciativa fecunda recoger y publicar una amplia selección de sus criterios y consideraciones acerca de este tema, cuya importancia es estratégica en la coyuntura mundial que estamos viviendo.

El internacionalismo es, además, la antítesis del bloqueo. Sometiendo a Cuba a esa prueba terrible solamente lograron hacerla más unida y más fuerte en su decisión, más socialista a su sociedad y a su poder revolucionario, más humana a su gente en la capacidad de ser solidaria y volverse un haz de trabajo, voluntad y amor compartidos, más consciente políticamente frente a todas las circunstancias, hechos, desafíos y necesidades, y también frente a las maniobras más hábiles de nuestros enemigos. La conciencia desarrollada es el escudo y el arma de un pueblo culto, y permite a las personas ser muy superiores a lo que parece posible.

El internacionalismo practicado durante más de medio siglo por cientos de miles de cubanas y cubanos, sostenidos por el amor y la admiración de sus familias y sus paisanos, ha sido y sigue siendo una rotunda victoria sobre el bloqueo. Creyeron que podían acorralarnos y aislarnos, rumiando miserias, y Cuba se ha multiplicado entre los pueblos del planeta, ha sabido darse al acudir a colaborar y a hermanarse con tantos pueblos que no conocíamos, contribuyendo así al desarrollo de una cultura muy superior y ajena a la del egoísmo y el afán de lucro capitalistas. Al mismo tiempo, el internacionalismo nos ha dado mucho más que lo que hemos aportado, en términos de desarrollo humano y social.

Fotografía del 19 de mayo de 1998 que muestra al presidente cubano, Fidel Castro, junto al presidente sudafricano, Nelson Mandela, durante una ceremonia celebrada con motivo del 50 aniversario del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) durante una conferencia ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) celebrada en Ginebra (Suiza). PATRICK AVIOLAT EFE

No debo extenderme mucho más, para no quitarle tiempo al intercambio, que siempre es tan valioso. Permítanme comentar, o enumerar al menos, otros aspectos de sus ideas y su trayectoria que me parecen muy importantes a la hora de referirnos a su legado.

1-Partir de lo imposible y de lo impensable, para convertirlos en posibilidades mediante la práctica consciente y organizada y el pensamiento crítico, conducir esas posibilidades actuantes hacia la victoria, a la vez que se forman y educan factores humanos y sociales suficientes para poder enfrentar situaciones futuras. Mediante las luchas, los triunfos y las consolidaciones, convertir las posibilidades en nuevas realidades.

2- No aceptar jamás la derrota. Fidel nunca se quedó conviviendo con la derrota, sino que peleó sin cesar contra ella. Me detengo en cinco casos importantes en su vida en que esto sucedió: 1953, 1956, 1970, el proceso de rectificación y la batalla de ideas. En 1953, respondió a la derrota del Moncada con un análisis acertado de la situación para guiar la acción y un apego a los fines mediatos para mantener la moral de combate. Cuando todos creían que era un iluso, se reveló como un verdadero visionario. En 1956, frente al desastre del Granma, respondió con una formidable determinación personal y una fe inextinguible en mantener siempre la lucha elegida, porque él sabía que era la vía acertada.

En 1970, comprobó que lograr el despegue económico del país era extremadamente difícil y tardaría mucho más de lo pensado, pero entonces apeló a los protagonistas, mediante una consigna revolucionaria: “el poder del pueblo, ese sí es poder”. En1985, fue prácticamente el primero que se dio cuenta de lo que iba a suceder en la URSS, que le traería a Cuba un gran desastre económico y una agravación del peligro de ser víctima del imperialismo, pero su respuesta fue ratificar que el socialismo es la única solución para los pueblos, la única vía eficaz y la única bandera popular, que lo necesario es asumirlo bien y profundizarlo. Entonces movilizó al pueblo y acendró su conciencia, y sostuvo firmemente el poder revolucionario. En el 2000, ante la ofensiva mundial capitalista y los retrocesos internos de la Revolución cubana en su lucha para sobrevivir, lanzó y protagonizó la batalla de ideas, con sus acciones en defensa de la justicia social, su movilización popular permanente y su exaltación del papel de la conciencia.

3- La determinación de mantener la lucha en todas las situaciones, cualesquiera que fuesen. Al estudiar a los revolucionarios, a aquellos que se lanzan a pelear por transformaciones sociales profundas, sería muy conveniente considerar como concepto a la determinación personal.

4- Organizar. Esa fue una constante, una verdadera fiebre de Fidel. Ojalá que ese aspecto primordial dentro de su legado no sea descuidado, y sea comprendida su importancia vital.

5- La comunicación siempre, con cada ser humano y con las masas, en lo cotidiano y en lo trascendente. Esta es una de las dimensiones fundamentales de la grandeza de Fidel, y es uno de los rasgos básicos del liderazgo.

6- Utilizar tácticas muy creativas y estrategias impensables, que eran, sin embargo, factibles.

7- Luchar por el poder y conquistarlo. Mantener, defender y expandir el poder, que es un instrumento fundamental para los cambios humanos y sociales. En términos abstractos se puede discutir casi eternamente acerca del poder, pero solo las prácticas revolucionarias logran convertir al poder en problemas que puedan plantearse bien, y resolverse.

8- Crear los instrumentos revolucionarios y formar a los protagonistas. Tomar las instituciones para ponerlas a nuestro servicio, no para ponernos nosotros al servicio de ellas.

9- Ser más decidido, más consciente y organizado, y más agresivo, que los enemigos.

10- Enseñar y aprender al mismo tiempo, con los compañeros y con la gente del pueblo con la que se comparte, y en cuanto sea posible, con todo el pueblo. Recuerdo que el Che tituló “Lo que aprendimos y lo que enseñamos” a un texto breve que escribió un mes antes del triunfo, para la prensa revolucionaria. Es una pieza de análisis profundo y previsor, testimonio de la gran escuela que estaban pasando.

11- Ser siempre un educador. Fidel considera que la educación es un elemento fundamental para que el ser humano se levante por encima de sus necesidades y sus propensiones más inmediatas, y se vuelva capaz de actuar con propósitos cada vez más elevados y de albergar motivaciones y valores correspondientes a ellos. Solo de ese modo crecerán los seres humanos y la sociedad socialista, violentando la escasez material y la multitud de obstáculos de todo tipo que se levantan contra ella, y se crearán cada vez más fuerzas y capacidades que desarrollen la nueva sociedad.

En la medida en que el pueblo se levante espiritualmente y moralmente, será participante consciente del proceso liberador y será capaz de todo, complejizará sus ideas y sus sentimientos y enriquecerá su vida.

12- Que la concientización y la movilización estén en el centro del trabajo político, no solo para que se cumplan los fines de este, sino para que la política llegue a convertirse en una propiedad de todos.

13- Avanzar hacia formas de poder popular. En un buen número de aspectos de la gran aventura de la creación de la nueva sociedad y la participación en la revolución mundial de los oprimidos, Fidel vivió los afanes y las vicisitudes de los límites que les ponen a la actuación las limitaciones del medio, los obstáculos y los enemigos. La transición efectiva del capitalismo al comunismo, había escrito el joven Marx, no será tan fácil como ganar una discusión conceptual, tendrá que suceder en una etapa histórica a la que el gran pensador alemán calificó de prolongada y angustiosa. Fidel fue el mayor promotor y el abanderado del desarrollo de un sistema de poder popular que gobernara en grado creciente la transición socialista. Desde los inicios de la Revolución estuvo creando y defendiendo experiencias prácticas e instituciones, y exponiendo ideas en ese terreno que constituyen una herencia inapreciable.

Ese legado también resulta muy necesario hoy, cuando el capitalismo enarbola su democracia desprestigiada, corrupta y controlada directamente por oligarquías, y les exige a los gobernantes tímidos y a los opositores respetuosos que se atengan a sus reglas como a artículos de fe, una actitud que sería suicida, porque esas reglas están hechas para conservar el sistema de dominación capitalista.

Sería interminable la exposición de la inmensa riqueza del pensamiento político de Fidel. Señalo solo como ilustración su planteamiento en 1969 de que, a diferencia de lo que estimaba el marxismo originario, que el socialismo sería consecuencia del desarrollo del modo de producción que llamamos desarrollado, en la gran mayoría del planeta que fue colonizada el desarrollo tendrá que ser consecuencia de la existencia de poderes socialistas.

Pero debo detenerme. Hay que aprovechar la cantidad enorme de maravillosas historias humanas de Fidel, ese es un regalo invaluable. Pero no podemos quedarnos ahí: hay que rescatar a Fidel completo, todo su caudal inagotable de cultura política y de línea política revolucionaria práctica, de maestría en la conducción, de cuidar siempre al pueblo por sobre todas las cosas, de mantener firmemente el poder en todas las situaciones y crear y cuidar los instrumentos del poder, combinar la ética y la política, entender la educación como palanca eficaz para lograr tanto las transformaciones que hacen crecer y ser mejor al ser humano como las que permiten crear el socialismo, defender la soberanía nacional y practicar el internacionalismo. Y muchos aspectos más.

Quisiera, sin embargo, reclamar que no nos quedemos solamente con el legado de su pensamiento, ni con la impresionante suma de su actuación pública. No olvidemos nunca al ser humano altruista que no aceptó gozar de triunfos personales y lo compartió todo con su pueblo y con los pueblos, al individuo preocupado por cada persona con la que hablaba o le planteaba un problema, por los compañeros que colaboraban directamente con él, sin guiarse por los cargos ni los niveles de cada uno. Lo que se publicó en diciembre pasado acerca de este ser humano Fidel es solo la punta del iceberg de su personalidad.

Mil facetas podrían ser evocadas. El austero, ajeno a la ostentación y el oropel, el comandante de abrumadora sencillez para todos los que le conocieron. El individuo infatigable, ejemplo con su actuación que sin palabras de reproche estimulaba a los que se cansaban. El cautivador, presto a gastar su tiempo en cada tarea de enseñar, mostrar o convencer. El dirigente que sabía escuchar, que no temía oír, y era un temible preguntador. El que recordaba los nombres de la gente común, y les preguntaba por sus familiares. El que era siempre el centro, donde quiera que se presentaba, y nunca era el autócrata ante el que hay que bajar la cabeza y obedecer.

Baste añadir que la vida de Fidel es imposible de encuadrar. Y que su última voluntad, retorno después de una vida en el proscenio al magisterio de José Martí, el que dijo que todas las glorias del mundo caben en un grano de maíz, es una lección para que aprendamos a identificar bien la verdadera grandeza.

Publicado en CubaDebate
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