Pablo Routín: «Ser murguista es cool»

Por FABIÁN MURO

Una fiesta a lo grande, con decenas de músicos que participarán de la celebración e invitados como Dino, Liliana Herrero y uno de sus compañeros de ruta, Edú “Pitufo” Lombardo. En esta entrevista repasa pasado y también presente.

—¿Cómo llegás a este espectáculo tan particular, que celebra 35 años de trayectoria?

—Para mí, este camino empezó en la adolescencia y como algo más recreativo, de vincularme, más allá de que también había un interés por el escenario y la música. Creo también que conté con la suerte extra de cruzarme con grandes artistas cuando me estaba iniciando. Fue, además de una oportunidad, una instancia de formación. Estando solo un poco atento, ya era mucho lo que podía absorber. La madurez y el paso de los años te da otra perspectiva y sentís que podrías haber aprovechado más algún momento… Pero es difícil darse cuenta de eso. Qué sé yo, uno cuando es joven es un poco menos atento y más vehemente. Y no maneja bien las variables fuera del escenario, porque abrirse un camino en esto va más allá de lo que sucede arriba del escenario.

—¿Cómo se está armando este espectáculo? ¿Sos un artista muy meticuloso?

—Si bien dejo espacios para la espontaneidad, siento que estos son cada vez menores. Me gusta pensar el espectáculo desde una idea que abarca tanto lo musical como lo escénico, no lo puramente musical. Siempre digo que soy «actuador», no actor. Me gusta interactuar con el público, me gusta generar humor, presentar las canciones, dialogar con el público más allá de la música. Hay un guión, pero siempre surge algo nuevo.

—¿Qué invitados vas a tener?

—Entre varios, Liliana Herrero, Dino, la banda Peligro De Murga, Pitufo Lombardo…

—Con quien hiciste durante años el espectáculo Murga Madre

—Sí, con él tenemos un largo camino recorrido. Ese espectáculo, que arrancamos en 2002, lo hicimos mucho en Uruguay, pero también nos llevó a muchos otros países.

—Y con Peligro De Murga hiciste una experiencia de fusión de murga con otras cosas.

—Sí, era una banda enchufada que llevamos adelante entre Carlos Quintana y yo, y donde estaba gente como Gustavo Montemurro, Andrés Ibarburu, Freddy Bessio… Era una mezcla que dio murga-canción.

—¿Era una intención nueva?

—Sí, pero en un campo que ya estaba sembrado por lo ya habían hecho otros como Rada, Roos, Galemire, tantos.

—¿Qué es el Carnaval para vos?

—Es el lugar del cual vengo. Es también un lugar donde confluyen varias cosas, como la creatividad, lo descontracturado, lo que no es académico, la comunión, la necesidad de estar en grupos. También es algo que me ha ido modificando como persona.

—¿En qué sentido?

—Que tiene cosas que antes me atrapaban y ahora me alejan. Hay toda una rutina carnavalera que la disfruté mucho en su momento y que ahora es lo que a más le saco el cuerpo. Hay otras cosas que me interesan más, como lo que sucede arriba del escenario.

—¿Ha cambiado eso que se ve arriba del escenario desde que arrancaste?

—Ha cambiado sí. Ha perdido ingenuidad, que para mí es un ingrediente vital de la murga. Un cupletero es un vecino disfrazado con intenciones artísticas. Cuando era niño, la gente del barrio se reía porque veía al vecino con una peluca. El Carnaval también ha ganado en otras cosas, pero corre peligro de perder esa cosa ingenua y liviana.

—¿Se ha comercializado mucho el Carnaval?

—Hay un fenómeno for export que ha movido la estantería. La murga es muy bien recibida en Argentina, ni hablar, pero también en Chile, por ejemplo. He visto agrupaciones que dicen que hacen «murga uruguaya» y la hacen a su manera, con canciones tradicionales de ellos.

—¿Qué impresión te causa eso?

—Me encanta. Me parece que honra a la murga y sobre todo al que hacía murga cuando era difícil. Porque hoy ser murguista es bastante cool.

—¿Eso no te beneficia?

—No, creo que es otra etapa. Pero no dejo de pensar en la gente que empujó al género hasta acá. Antes, ser murguista te dejaba afuera. Esas personas fueron las que empujaron para que la murga llegara a los jóvenes. Y cuando entran muchos jóvenes a un género lo fortifican. Murga Joven ha sido muy importante. Es lo que hace que hoy haya más de 70 murgas en Montevideo funcionando, más todas las del interior.

—¿Eso no molesta a la «vieja guardia»?

—A mí al menos no. Me obliga a estar más atento y a crear de otra manera. Sacude para bien, sacude la modorra.

—Recién decías que ahora es cool ser murguero. Pero eso también conlleva mayores exigencias, ¿no? Se discute mucho sobre si se le pega o no se le pega al gobierno, por ejemplo.

—La murga no es una propuesta oficialista, tiene que estar bien lejos de eso. Luego está la trampa de lo popular. Porque creemos a veces que la murga es realmente popular. Y lo es: para nosotros. Pero la música realmente popular en Montevideo es la tropical. Y en el interior es el folclore. Cuando se dice que la música popular uruguaya es la murga y el candombe… Yo no tengo mediciones, pero hace años que estoy en la música y lo que veo es que lo realmente popular es eso que te decía.

—Cuando mirás hacia atrás, ¿qué cosas te dan más satisfacción?

—El último Carnaval con Don Timoteo me gustó mucho. Sentí que hicimos algo que nos dejó muy contentos. Por supuesto recuerdo años con Falta y Resto, con A Contramano, con Curtidores de Hongos, entre otros… Esos son mojones para mí. Ahí sentí que aproveché la oportunidad. Y que fue un privilegio.

Publicado en El País
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