Argentina: Universo sumergible – Nadadoras, de Lucía Asurey

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El Excéntrico de la 18 huele a cloro. Mientras el público aguarda el comienzo de la función, pasea sus ojos por la escenografía que se despliega ante sus ojos: es un vestuario de club, sin dudas, el olor lo recuerda. Aunque nadie puso allí cloro, ni estuvo la intención de hacer tal cosa, el teatro repone aquello que la imagen construye: estamos sentados en un espacio cerrado que provoca cosas a nuestros sentidos, de repente todo es celeste y, mientras nos sumergimos en aquel universo, se escucha un alarido y comienza la función.

 

Nadadoras, de Lucía Asurey, es un momento en la vida de cuatro adolescentes que compiten en natación. Es un momento de espera, una pausa, un encierro. Una convergencia de horror, ternura e impaciencia. Las actrices y los personajes que portan van diagramando una historia que da cuenta de una red: son mujeres, son adolescentes, son competidoras, son hijas, son consumidoras y son amigas y enemigas entre sí. Y su momento vital las encuentra en aquel umbral poco nítido que convierte el terror en decisión, la espera en oportunidad y el conflicto en aprendizaje.

Conversamos con Lucía Asurey, dramaturga y directora de la pieza, a propósito de la obra. La misma se presenta todo los domingos a las 18 hs en El Excéntrico de la 18, Lerma 420, Palermo.

-¿Cómo fue el proceso de creación del mundo de Nadadoras? ¿Qué lo inspiró, si fue algo en particular? 

 Nadadoras surgió del deseo de trabajar con las actrices de la obra. Primero estuvo el grupo y luego el texto. Entonces el primer disparador fuimos nosotras mismas, cuatro mujeres. Todo lo demás se fue dando. El mundo de la competencia deportiva siempre me interesó mucho y para mi integrar eso a lo femenino sólo puede estallar de posibilidades un universo en composición. Principalmente me enfoqué en desarrollar un sistema que contenga el deporte, la competencia y la adolescencia. Escribir dentro de esos círculos es muy interesante porque no se agota. 

-La obra trabaja sobre una tensión permanente entre la violencia del «afuera» y la violencia que se construye en el espacio en el que las chicas esperan. ¿Qué implicó, en el proceso de trabajo, la noción de esta violencia?  

 La peligrosidad de la obra es inmanente. Te queda pegada a penas terminas de verla. Lo interesante, para mi, es que en Nadadoras todo puede ser catástrofe. Creo que un poco es por la adolescencia que las enmarca, no hay nada más definido que un adolescente y nada menos acabado que un adolescente. Esa ambivalencia constante es peligrosa. El “afuera” y el “adentro” también está en ellas. Ellas son quietud en acción, reaccionan de manera desmedida, se calman de manera repentina.  Durante la puesta sólo pretendimos mantener esta presencia violenta latiendo, ahí, pulsando. No nos interesa enunciarla, sino vivirla. Como si la puesta fuese un constante “¡Ay, se van a hacer daño!” 

-Últimamente cobró mucho lugar la lucha de las mujeres artistas en torno a reclamos por igualdad en la escena teatral. El núcleo de Nadadoras está compuesto por seis mujeres. ¿Esto les implicó algún desafío en particular? ¿Cual?  

La escena teatral es un ámbito que tiene un gran número de trabajadoras. Hace unos años que estamos organizadas, vivimos un contexto de lucha, estamos atentas a los movimientos y a los núcleos políticos que nos reúnen.  No es casual que seamos un grupo de mujeres, que cabe aclarar se extiende en el equipo técnico formado por grandes mujeres que viven del mundo artístico, música (Flor Braier), escenógrafa y vestuarista (Pía Drugueri), productora (Rosalía Celentano), fotógrafa (Manuela González Mendiondo) y una coreógrafa (Mica Ghioldi). También forma parte de nuestro grupo Fernando Chacoma. Todo el equipo técnico es impecable e hizo crecer la obra hasta el lugar que se encuentra hoy día. Trabajar con cada una de ellas (esta vez me voy a permitir que el pronombre que engloba a todes sea femenino) fue gratificante y muy enriquecedor.

Me encanta trabajar con mujeres y me parece que ante todo necesitamos muchísima sororidad. Trabajo en equipo y darnos trabajo. No creo que haya implicado ningún desafío en sí. De este trabajo me llevo como aprendizaje que cuándo un grupo se comprende el producto final sólo puede crecer al nutrirse de cada ámbito con lo mejor de si mismo. 

 -Si bien son todas actrices jóvenes, representan a mujeres adolescentes con quienes guardan una diferencia generacional notable. ¿Cómo fue el proceso de exploración de ese mundo adolescente, tanto en la dramaturgia como en los ensayos? 

La primer búsqueda fue desde la dramaturgia. Plasmar en el texto el universo adolescente. Todo el proceso dramatúrgico estuvo en el marco de un de taller con Andrea Garrote, un seminario interesante y personalizado en la Universidad Nacional de Arte. Una vez que estuvo escrito empezaron las pruebas en el ensayo. El proceso atacó todos los frentes, el cuerpo, el habla, el gesto, la opinión, el dolor y el humor. Creo que la investigación no sólo quería lograr contar a las adolescentes sino a estas adolescentes. El mundo del deporte en la adolescencia es muy duro, más si sos joven, más si sos mujer.

Durante la investigación con las actrices el texto tomo varias formas, mutó y creció según lo que la puesta necesitaba. En los ensayos fuimos logrando ese universo pretendido, sin conformarnos con la generalidad de la adolescencia. Creemos que pudimos lograr cuatro adolescentes distintas, particulares, vivas y opinantes.

 -La estética general, desde el vestuario hasta la escenografía, tiene una composición muy trabajada y armónica. ¿Qué se buscó ilustrar y de qué manera construye el mundo que se representa en la obra?

 Nos interesaba generar un recorte de la historia. Nadadoras es relato, son este rato en la vida de ellas. Es lo que pasa en ese vestuario durante esas horas. Es tal vez la última vez que se ven, la última vez que nadan, la última vez que pisen ese lugar. Pero también es un pedazo de su vida. Como si pudiésemos recortar una fracción de su historia y mostrarla.

La luz y la escenografía generan el dispositivo de recorte. Solo vamos a poder ver un poco en la vida de ellas. Esto que nos cuentan. Una sola toma. Una historia de instagram. La vida de los deportistas en general está atravesada por el orden. Nos gustaba mostrar todo el caos del mundo de estas adolescentes en un marco completamente armónico, simétrico, perfecto.


 

Ficha técnico artística
Texto: Lucía Asurey
Actúan: Anita Balduini, Keila Fainstein, Sofia Nemirovsky, Camila Peralta
Vestuario: Pia Drugueri
Escenografía: Pia Drugueri
Iluminación: Fernando Chacoma
Diseño sonoro: Flor Braier
Música original: Flor Braier
Diseño gráfico: Fernando Lendoiro
Entrenamiento corporal: Micaela Ghioldi
Asistencia de dirección: Julia Morgado
Producción ejecutiva: Rosalía Celentano
Dirección: Lucía Asurey

 Reservas por Alternativa Teatral

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