Paulette Jonguitud, novelista: «Ya no sabemos si México está vivo»

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Por Marcos Daniel Aguilar* 

Una madre anciana es cuidada por su hijo. En un diálogo íntimo, entre ambos y las presencias que habitan los recuerdos de éstos, la  figura femenina raya en el desprecio y la violencia, lo cual, en el seno familiar, ha sido normalizado. La escritora Paulette Jonguitud es la autora de esta historia, una novela que trata de México, lugar en que por el número de desapariciones de personas, pero en particular, de mujeres, lo han convertido en un país de fantasmas. Revista Desocupado charló con la también autora de Moho (FETA, 2011) sobre su libro editado por el sello Caballo de Troya.

¿Qué es lo mexicano para ti el día de hoy?

Esta idea de la mexicanidad, en este momento, es una idea dolorosa, la identifico con el dolor, las ausencias, la gente que no está y tendría que estar y no hay cómo explicarlo. Y esta idea la tengo muy contrapuesta, porque tengo una hija pequeña, que va a la escuela y le dicen sobre el ser “mexicano” y llega emocionada a decírmelo y yo estoy en el polo opuesto de la mexicanidad en ese sentido. Para mi generación esa mexicanidad representa dolor.

Hay lugares en el país sitiados por la violencia, en donde se están matando entre ellos mismos. Una especie de tragedia griega, ¿qué piensas al respecto? 

Estamos llenos de ausencias, de fantasmas que no son como la idea anterior del fantasma decimonónico y que estamos cubiertos de estos fantasmas que son cuerpos que no regresan y que los familiares no saben qué hacer con ese dolor ni saben dónde depositarlo. Por ejemplo, en las desapariciones de mujeres quedan los vacíos, el espacio marcado donde estuvieron ellas, pero no se puede saber más.

¿Qué entiendes por un fantasma?

En términos clásicos decimonónicos es el rastro o huella de una persona que murió. La huella que se queda ahí y regresa de manera tangible, visible o que se puede escuchar.

¿Qué fantasmas en la literatura consideras que son un quiebre?

De los primeros fantasmas que me parecieron interesantes fue El fantasma de Canterville, es un fantasma poco común que generalmente no genera terror, sino que genera risa, es simpático, irónico, es mi fantasma favorito y Oscar Wilde es mi influencia mayor. Por eso así se llama uno de los personajes de mi novela Algunas margaritas y sus fantasmas (Caballo de Troya, 2017). El de Wilde es uno de los primeros fantasmas que se preguntan ¿quién soy? Es un fantasma que tiene personalidad, no te asusta sino que te apasiona.¿Cómo entender lo fantasmal en esto que llamamos mundo contemporáneo con las condiciones con las que vivimos hoy?

He pensado en las cualidades del fantasma. La literatura de terror y pensaba que en este país tenemos una sobrepoblación de fantasmas. Pero son fantasmas que nos preocupan, que murieron y desaparecieron en circunstancias trágicas, y además, tenemos un fantasma de país, ya no sabemos si México está vivo, qué es esa entidad que se llama México, no hablo de política sino del propio imaginario personal, ¿qué es México? Para mí es fantasmagórico, no me queda claro.

Hay fantasmas en las obras de Elena Garro o Rulfo, ¿cómo crees que veían ellos a México?

Por supuesto son escritores que admiro, que su tratamiento de fantasmas es magistral, yo lo que traté de hacer es tomarlos en cuenta, tomar la tradición y hacerla íntima. En mi caso el fantasma es miedo propio, intimidad, estar en un espacio cerrado en tu propia psique, y eso es lo que asusta y genera angustia. En mi literatura hay fantasmas de esos, de intimidad, que me atormenta a mí y no sé si atormente a los demás.

En tu novela tomas el tema de la fotografía, ese objeto que es capaz de capturar lo que fue y que tal vez hoy ya no es pero queda ahí, como dice Walter Benjamin. ¿Qué dices sobre esas presencias que quedan en la fotografía?

La fotografía ha sido una de mis pasiones y es mi ocupación frustrada. Intenté serlo, nunca pude porque era muy mala, pero mi pasión en concreto de la fotografía esto que menciona Benjamin y Bartra de la imagen latente que es una imagen fantasma. Tú capturas, con el procedimiento de foto al químico, una luz, la atrapa y la revela tiempo después, mientras es una imagen latente pero es una imagen fantasma, es una imagen que aún no lo es, pero es el recuerdo de una imagen que fue. Me resultaba interesante esa luz latente atrapada en una cámara para explorar sus posibles manifestaciones. También me interesó fotografiar a personas que no están, fotografiar ausencias, personas muertas, ¿cómo podrías hacer una foto de alguien que ya no está?

¿Por qué en un mundo tan lleno de ciencia y tecnología queremos seguir creyendo en presencias?

Hay cosas que queremos explicarnos y no podemos hacerlo. Y la fotografía se prestó mucho a la charlatanería en sus inicios, con estos aparatos tecnológicos, comprobados por la ciencia, el estudio de la luz que pasa por un orificio para capturarla, pero cuando se revelaban los resultados no siempre reflejaban la realidad, ahí daba pie para cualquier tipo de especulación.

Tus protagonistas, Oscar y su hermana, las pones a trabajar con una cámara fotográfica, ¿cómo pensaste esta historia?

Ellas dos son dos mujeres de 40 años, son gemelas, fotógrafas y trabajan en un proyecto que se llama «Mujeres en situación de México», en donde ponen la figura de una mujer desnuda en un espacio donde está en riesgo su vida por el simple de hecho de existir en ese espacio desnuda. Me interesaba explorar la vulnerabilidad de ser mujer mexicana, hoy, en estas circunstancias. Y que ellas dos retaran a este peligro, se metieran en un edificio abandonado, para fotografiarse desnudas, para invadir espacios y recuperarlos con cuerpos desnudos femeninos. Esa es la fotografía que me hubiera gustado hacer y que no pude.

Hablando de los casos actuales de feminicidio, ¿cuánto de ello hay en tu libro? 

Mucho. Lo que hay en ese tema es el dolor mío. Es la rabia por la situación por la que atravesamos las mujeres en México. Entonces más que una aproximación política a casos concretos, el libro es una queja, un grito de rabia ¿por qué está ocurriendo esto y sin embargo no nos detenemos? No estamos gritando “basta”.

Cómo lo político y social rebazan sus límites y llegan a un poemario, una novela. ¿En México hemos llegado a crear productos culturales basados en la violencia?

No sé si esto es inevitable, pero sé que es difícil obviarlo. Es difícil escribir otra cosa, aunque hay libros que no toman el tema de la violencia, en mi caso decidí acercarme porque soy madre de una niña, y me preocupa mucho. Me di cuenta de qué concesiones debes hacer para mantener a salvo a una niña. Desde que te subes al metrobus y debes decirle a tu hija que tienes que subir hasta adelante para ir seguras. Es grave. Y no quisiera comunicarle a otra generación que debe cuidarse. Esta fue mi manera de tratar de entender esta situación en la que va a crecer.

¿Qué es ser mujer y escritora «En situación de México»?

Es un buen momento porque hay mayor visibilidad para las escritoras, para las mujeres, mayores espacios, pero no dejo de recibir comentarios como “escribes como hombre”, como cumplido, entonces no sé qué decir: ¿“gracias”? O cuando me dicen que no escribo como mujer. Hay que detenernos a reflexionar en esos comentarios. O como cuando vas a presentación, y los presentadores te dicen “aquí está la guapa y talentosa”. Es más importante eso que tu libro. Jamás he visto que presenten a Emiliano Monge como “el guapo y talentoso”. Y eso nos pasa a todas y lo hemos hablado todas, siempre presentan a “la guapa y talentosa Paula Abramo”, por ejemplo. Aún existe ese ser escritora En situación de México que es un buen momento porque se está revisitando la figura y te señalan menos.

*Marcos Daniel Aguilar (Ciudad de México, 1982). Es editor de la revista Desocupado. Estudia una maestría en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

Publicado en RevistaDesocupado
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