Caer a golpes

Juan Francisco Moretti: “Este poemario no necesita mi voz ni la prefiere”

Por Federico González y Pierre Froidevaux

Son 29 los poemas que componen “Caer a golpes”. Moretti, también autor de la novela “Desvío” -publicada por Milena Caserola en 2015- presenta aquí un trabajo sobre sus textos que, hasta ahora, había compartido únicamente en la escena oral porteña. Al leerlos impresos resuena, sin embargo, su extenso recorrido por aquella escena y se oye propia su voz,  sobrevolando el libro al acecho.

El poemario de Moretti ante todo despierta una rara forma de la curiosidad. En toda la primera parte del libro, aparecen y desaparecen los personajes de sus propias mitologías, de otro lugar y de otro tiempo que ya no existe. Una primera forma de la curiosidad: darle un nombre a los seres y a las cosas de aquel mundo. Caer a golpes se puede interpretar también como una alegoría de la caída del hombre absoluto y la exploración del devenir de las masculinidades. De alguna manera, la génesis de la primera mujer mediante la invocación de la voz de Pandora es abordada como principio constructivo y como localización de una voz propia. Entonces la obra pendula entre dos tensiones: por un lado la instancia tan transversal a las mitologías como inherente a la poeisis en tanto construcción, como es la génesis; y por el otro la voluntad de situar a la voz lírica en una zona que propicie una evolución interna, personal

Pero pronto ese juego se revela violento. Se vuelve una pregunta terrible por el dolor de lo que ya no es: “hay algo que ya no pasa”. Y así la mitología personal se deshace, en su lugar, por contraste: el placer de “doler por heridas concretas” se vuelve el personaje principal. Toda la segunda parte del poemario parece girar alrededor de una herida abierta. El tejido, la sutura incompleta y constante, aparece la voz del poeta que se sorprende a sí mismo y se detiene frente a la pregunta por su propio oficio: “-un hombre solo vio a otro para asimilarlo en versos requebrados-”. “Versos requebrados”: el poemario se va formando en esa deliciosa miasma que aparece justo entre el nombre y aquello nombrado. Es el poema, “como quien cose para  afuera(…) “como quien escribe para afuera”. El juego violento parece ser la imagen de una herida: la curiosidad es la invitación a ver la cirugía infinita sobre ella. Se juega con la carne, se juega el uso de los materiales, como el contraste de tintas que resulta muy productivo y le ofrece otra dimensión más a la materialidad del texto. Moretti ilumina la herida y arrastra los ojos y las manos hasta los rebordes de la carne abierta. Infinitamente cose la herida. Los poemas son la bruta sutura del ciego enfermero, la forma que deja la hilacha de un sastre nervioso. Versos acelerados chocan con una métrica extensa, las frases se yuxtaponen, se desplazan los versos en el papel.

En el tejido las cosas se hacen cosas.

-Es tu primer poemario publicado, sin embargo, participás del circuito oral de la poesía hace años, ¿cómo se trabaja el desplazamiento de la oralidad a la materialidad del libro?

La poesía oral es un género con muchas virtudes, pero lamentablemente la mayoría de los textos que escribí para recitar no sobreviven bien el paso a papel. La intención en este libro no era reunir una antología, sino formar un poemario con sentido propio y cierta unidad, como los que más disfruto leer. Con ese horizonte escribí y editamos durante meses, y creo que el trabajo fue pagador. Caer a golpes no necesita mi voz ni la prefiere.

-En el libro hay un juego curioso no solo con la puntuación y la sintaxis, sino también con la disposición tipográfica, los tamaños de fuente y la tinta. ¿Es, para vos, una forma de establecer una continuidad entre lo oral y lo impreso? ¿Son para vos expresiones que se pueden pensar como un par complementario?

Totalmente, los juegos de impresión tienen la misma intención que los de oralidad. En lo oral se dispone de todos los recursos no verbales propios de lo escénico: el tono de voz, el ritmo, el movimiento, los sonidos, todo al servicio de la riqueza del texto. En los poemas orales que más me gustan, las palabras no dicen todo, porque una parte del significado está en el cómo se lo recita. La forma de decir es más ambigua que la palabra dicha, y eso permite (idealmente) que la interpretación se complete en cada persona que lo escucha/ve.

Con Clara Inés, de Elemento Disruptivo, trabajamos mucho interpretando el poemario: tal palabra es un susurro, en este poema reaparece la voz de uno anterior para dialogar, tal personaje anticipa un momento posterior, así. Algunas de esas interpretaciones se tradujeron en marcas de imprenta, no como instrucciones para una lectura única, sino como invitación a jugar con la lectura propia.

-¿Cómo fue la experiencia de editar y publicar con Elemento Disruptivo?

Extraordinaria. Clara recibió un bodoque de poemas junto a mi entera disposición a cambiar todos y escribir otros, y su lectura de la obra modificó totalmente el curso del trabajo. Las críticas, las propuestas y el seguimiento del proceso fueron realmente una clínica de obra. En cuanto supimos que lo habíamos terminado, trabajaron en el diseño de tapa e interiores, la publicación, la difusión y la presentación. El poemario es tanto de ellas como mío, por lo menos. Ahora me parece algo obvio: un libro publicado es de su autor/a y también de su editorial. Con Clara, María y Agostina eso queda bastante evidenciado.

-¿Qué representa, de Juan Francisco Moretti, este poemario?

No puedo saberlo. Caer a golpes está lejos de ser autobiográfico o confesional, pero claro, lo que se elige mostrar dice mucho de uno. Recibí interpretaciones personales de algunos poemas, muy distantes de la intención que tuve al escribirlos, y al mismo tiempo perfectamente coherentes, verosímiles y probablemente ciertas.

-¿Tenés algún proyecto literario a futuro?

Medios cuentos, un décimo de novela, hilachas de guiones, fragmentos de poemarios. Algo quedará, me imagino.

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