Adiós a Lucho Gatica

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Por Andrés del Real

El rey del bolero y el nombre más universal de la música chilena falleció a los 90 años en México, dejando uno de los patrimonios artísticos más importantes del cancionero en español e influencia para artistas de los más diversos rincones del planeta.

Leyenda de la música romántica, Rey del bolero, el más universal de los artistas nacionales. Todo adjetivo vale e incluso queda corto para sintetizar la carrera y el legado de Lucho Gatica, la mayor figura que ha tenido la música popular chilena, quien a las 18.00 de este martes horas falleció en su casa en Ciudad de México. “Sólo puedo decir por ahora que ya esta descansando con Diosito”, dice Juanita Gatica, una de las hijas del artista de 90 años, quien murió acompañado de su familia y a causa de un deterioro generalizado producto de su avanzada edad.

Fue la misma Juanita quien hace casi exactos tres meses vino a Chile en representación de su padre, para las celebraciones que Rancagua, a la distancia, le dedicó en su cumpleaños 90, incluyendo la presentación de una estatua de bronce de dos metros de altura. Fue el último homenaje que el cantante recibió en vida, y para las autoridades de la ciudad, saldar una deuda con el más ilustre de sus hijos.

El hombre que conquistó al mundo con su característica voz, y que expandió el alcance del bolero durante la edad de oro del género, nació el 11 de agosto de 1928 en una familia que incentivó su afición por la música. Si bien su padre murió cuando el futuro intérprete tenía solo cuatro años, tanto su madre como su hermano Arturo acostumbraban a cantar y tocar guitarra en la casa de la calle Maruri, en el centro de Rancagua. Fue precisamente éste último, diez años mayor, con quien Lucho Gatica dio sus primeros pasos artísticos, cantando a dúo en la radio de su ciudad natal. Allí además grabó su primer disco -con versiones para tres tonadas- en 1943.

Dos años después, instalado en Santiago para continuar sus estudios de enseñanza media en el colegio Alonso de Ercilla, registró para el sello Odeon su primer álbum profesional de cuatro canciones, secundado por el Dúo Rey-Silva. Su hermano Arturo, con quien pronto empezaría a ocupar portadas de revistas y listas de popularidad, nuevamente lo acompañó en las voces, mientras que la gestión de la grabación en el estudio corrió por cuenta del otro personaje clave en los inicios del solista: el locutor Raúl Matas, el mismo que poco después le presentaría al trío Los Peregrinos, músicos de la entonces estrella boliviana del bolero, Raúl Shaw Moreno.

Con la orquesta de Don Roy, Gatica grabó en 1951 el que terminaría siendo su primer gran éxito, “Me importas tú”. Fue además su incursión en el bolero, género que desde una década antes comenzaba a expandirse por algunos países del continente, y que el chileno terminó por consolidar e impulsar en el mundo. Fue, además, su despegue musical en solitario, que continuó luego con otras populares grabaciones como “Amor, qué malo eres” (también en 1951) y “Contigo en la distancia”, de 1952.

Ninguno de estos clásicos instantáneos, por cierto, eran obra del solista rancagüino, pero su alcance y trascendencia dieron cuenta de las otras virtudes de Lucho Gatica. Entre ellas, su buen ojo para elegir el repertorio ajeno que llevaría al estudio -siendo todavía un veinteañero con poco tiempo de instalado en la capital- pero sobre todo su inconfundible estilo vocal, afectado, suave y de frases estiradas por la pasión. Una fórmula conocida técnicamente como rubato, en la que se aceleran y desaceleran ligeramente los tiempos con fines expresivos, y con la que el chileno generó un vínculo inmediato con el público y un estilo con el que se casó de por vida.

Una vez desatado el fenómeno comercial y radial en Chile, el éxito del cantante comenzó a ser seguido con atención por productores de otros países, lo que motivó su primera gira internacional en 1953 con fechas en Colombia, Estados Unidos, España e Inglaterra.

La salida al extranjero fue un triunfo para el intérprete, en una época donde el reconocimiento continental no era corriente. Y en la capital inglesa registró nuevas piezas bajo el mando del productor escocés Roberto Inglez, entre ellas “Bésame mucho”, original de la mexicana Consuelito Velázquez pero a la que el rancagüino le dio una de sus versiones definitivas. La misma que años después grabarían Los Beatles y Luis Miguel, entre otros.

Luego vendría el otro gran hito en la carrera del artista: su llegada a México en 1955, por ese entonces, el epicentro de la industria musical (y el entretenimiento en general) de Latinoamérica. Allí, Gatica hizo quizás la más impensada y legendaria de sus hazañas artísticas: en la tierra que tomó el bolero de Cuba y volvió un orgullo patrio y un éxito comercial, el chileno se convirtió en estrella y triunfó en todos los niveles. En tierras aztecas, donde se radicó por más de dos décadas, el cantante grabó a fines de los 50 otros himnos emblemáticos de su repertorio que lo transformaron en un suceso inmediato entre el público mexicano, como “No me platiques más” —que según reportes de la época superó el millón de copias vendidas—, “Tú me acostumbraste” y “Voy a apagar la luz”, entre otras. Además, se insertó rápidamente en la pantalla, primero con su programa propio en la televisión y luego incursionando en la poderosa industria del cine mexicano -compartiendo escenas con figuras como Agustín Lara, Libertad Lamarque y Pedro Vargas- al tiempo que iniciaba su fructífera alianza con Armando Manzanero.

México fue la plataforma que llevó al solista a la gloria internacional y al reconocimiento global de su figura y catálogo. Si bien se mudó por un tiempo a Estados Unidos, regresó tiempo después al país que convirtió en su hogar definitivo. Una decisión que, a la larga, dio pie a quizás la única deuda que dejó su memorable carrera artística: su alejamiento de su tierra natal y de la escena musical chilena.

Pese a todo, con los años el cantante recibió parte del reconocimiento en su país que no tuvo en su apogeo. En 2002 llegó al Festival de Viña, donde recibió un homenaje junto a su colega Antonio Prieto, la otra gran figura romántica nacida en Chile. También obtuvo la Orden al Mérito Gabriela Mistral y la SCD lo nombró Figura Fundamental de la música en 2007, el mismo año en que recibió el Grammy a la Excelencia Musical. Reconocimientos que pese a todo no igualan la huella que dejó su legendaria carrera musical.

La Tercera

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