Lucía Garibaldi, realizadora uruguaya: “Quería hacer un personaje que resulte incómodo”

Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura

Los tiburones, ópera prima de la realizadora de Lucía Garibaldi, fue la primera película uruguaya en participar del Festival Sundance. Allí ella fue ganadora del premio a mejor dirección. La película fue considerada la mejor en la competencia del Festival Cinélatino de Toulouse.

En su recorrido por América Latina la película participó del Festival de cine de Guadalajara (México), donde recibió varios premios: Premio especial del jurado, Premio al mejor guion y el Premio a la mejor a la mejor actriz para Romina Bentancur. Actualmente participa de la competencia oficial internacional del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires –BAFICI- (Argentina).

Si la trama cuenta la historia de una adolescente de 14 años en un momento de crecimiento, el descubrimiento del deseo, los problemas familiares y la distancia con los jóvenes de quienes la separan algunos años, la película es mucho más que ese relato.

Los tiburones se convierte, por el tratamiento que le da Garibaldi a este argumento, en una historia de lo inhóspito, lo desconocido, lo extraño. Más allá de que esas sean condiciones de la edad y de las inquietudes de una adolescente lanzada a lo abismal. Las incertezas son parte de cualquier momento de la vida, lo mismo que los miedos. No en vano el temor frente al tiburón, real o imaginario, lo sufren los adultos y no Rosina.

Pero también es la historia de un pueblo costero en Uruguay, en sus espacios públicos y privados y a través de sus prácticas, de lo propio y lo ajeno, en las ausencias de los dueños y la vida no siempre contada de los pobladores.

Con mucha sutileza Garibaldi construye una atmósfera irreal: el sonido de la primera escena, una aleta furtiva, la falta de agua en un pueblo con agua, planos donde el sol ilumina de un modo impresionista, un mar teñido de rojo. Con humor siempre apuntando sobre el sentido común de lo cotidiano y una joven protagonista, Rosina, lanzada a hacer aquello que se le ocurre en el momento en que se le ocurre, incluso en horarios que parecen por momento quebrar la lógica temporal.

Todo ello le ha valido el reconocimiento a Garibaldi por su trabajo. En conversación con Nodal Cultura la directora demuestra que lo que aparece en su película no es casual.

Desde la primera escena el relato está revestido de cierto absurdo o humor surreal, que modifica toda la lectura de esta historia de adolescencia ¿por qué tomaste esa decisión?

Creo que no fue consciente, pero después de todas las devoluciones uno empieza a entender su propia película. Yo me puse a pensar  ¿qué nos une en este género coming of age? Estoy intentando reflexionar en que nos une más allá de la temática. Yo traté de que todo el tiempo todo sea ambiguo y creo que el humor o ese tono irónico, juega a favor de eso. Hay algo de poca seriedad todo el tiempo. Creo que va por ahí.

Entonces volvamos al principio ¿Cómo la pensaste en el origen?

Yo quería hacer un personaje como el que hice, esa era mi fijación inicial. Pensé en la psicología del personaje. Después vino todo el resto. Desde ahí pensé en que podría hacer para estar con alguien que le gustara, como la escena del secuestro de la perra, por ejemplo. Así surgieron las escenas. Quería hacer un personaje que resulte incómodo. Una espectadora me dijo sobre Rosina: “No sé si me da culpa que me caiga bien”. Esa fue una sensación muy linda, porque ahí estaba lo que yo quería buscar desde un principio, y parece que para algunas personas resultó bien.

El padre le da un lugar particular a Rosina en la vida familiar. La lleva a trabajar físicamente con los otros jóvenes, la hacer cargar los bidones de agua, parece tener el lugar tradicional que en un pueblo le  daría un padre a un hijo varón

Nadie se dio mucha cuenta de eso, pero yo lo pensé. Para mí era importante que no tuviera los mismos intereses que se supone que cualquier jovencita tiene. Desde el momento en que la desarrollé me imaginé que le gustaba todo lo que tenía que ver con lo físico. La actriz, que es una nadadora casi profesional, tiene un estilo y un gesto que facilitaba esa actitud física. Que tuviera cierta actitud masculina, pero fundamentalmente que fuera irreverente.

Será que yo no tengo problemas en contar desde ese lugar. Yo crecí entre varones, soy la más chica de tres hermanos y siempre me sentí muy cómoda entre ellos.

Hay muchas decisiones plásticas que quiebran el relato, que marcan rupturas con cualquier tipo de realismo. Cierto trabajo hiperrealista con la luz o la escena en la cual el mar se tiñe de rojo…

Eso pasó de casualidad. Llegamos y estaba todo el mar rojo. Es más, yo dije “uhh, no voy a poder filmar lo que quería filmar”. Entonces improvisamos ahí algo y quedó esa escena como alegórica. Fue absoluta casualidad.
Yo soy muy “cuadrada”. Escribo y dibujo y voy a filmar eso. No improviso mucho. Empezaron a suceder esas cosas y tenés que tener la habilidad de ver como incorporás todo lo nuevo. La película te empieza a ganar en un momento, surgen esas cosas que no te imaginabas y tenés que ver como involucrarlas.

Hay un trabajo también importante con los espacios: los abiertos y los cerrados. Los jardines y la playa por un lado y la camioneta y la casa por el otro. En estos se producen muchas tensiones en las relaciones personales ¿ese trabajo del espacio estaba pautado desde el guion?

Eso es lo que yo quería, pero luego cuando empecé a conocer más las locaciones, me imaginé ahí esas relaciones, lo mismo que la construcción de los personajes con el equipo de arte. Las dos directoras de arte son de tener que conocer al personaje para crear el entorno.

Yo quería que la casa estuviera llena de cosas. Con muchas cosas. Como esas casas donde uno se pasa ordenando y no ordena nada. Esa era un poco la idea. No estaba tan presente en el guion, sino que se construyó con el equipo de arte.

Hacia al final de la película se hace más evidente una dualidad entre maldad y deseo que están impulsando a Rosina ¿por qué ella actúa impulsada por esas fuerzas?

Ella es como la manipulación personificada. Me parece que es por eso.

También la historia presenta una ingenuidad fresca en las relaciones y en las maneras de hablar y de encarar las situaciones

Puede ser, y mucho más si es en un pueblo de Uruguay. Hay otro tiempo y hay otro enfoque. Yo lo que quería es que en esas cosas que uno piensa y reprime, que piensa y quiere hacer, ese “a este le haría esto y esto y esto”, ella se animara. Esa era mi clave para desarrollarla. Y lo hace.
En general lo hace sin pensarlo, aunque al final tal vez parezca que está más calculado. Sobre eso tuvimos una charla con la actriz en el avión cuando íbamos a estrenar en Sundance. Ella me preguntaba porque Rosina hizo lo que hacía en el final. Ella daba una interpretación, pero me contó que su hermana interpretaba algo bastante diferente. La suya no era mi lectura. Fijate que hasta en ese punto ella y yo teníamos visiones distintas sobre que significaba ese final. Eso es bueno, eso me gusta. Que cada uno interpreta lo que sea.

En los plano de cierre y apertura se intuyen cierto trabajo de estrategia en lo formal ¿trabajás mucho ese tipo de decisiones previas al rodaje?

Si. Incluso sobre esos planos había una decisión respecto de los seguimientos. En la primera parte son todos desde atrás, y luego pasan a ser desde adelante. Trabajo mucho previamente. Sobre todo porque es mi primer película y tenía que estar muy segura en el set. Además como estoy acostumbrada al montaje, me gusta ser bastante clásica en la puesta de cámara. Me da seguridad. Clásica y austera. Además es más práctico. Voy más rápido y me parece lindo. También es importante para aprovechar los pocos recursos que teníamos para hacer la película.

En el plano formal hay un trabajo con la luz y el color muy significante. Por el ejemplo en la escena en que Ramona se escapa. Joselo está en una zona de sombra y en contraplano Rosina impactada por la luz del sol del atardecer, con colores intensos ¿cuáles fueron las decisiones que tomaron alrededor de la luz en la película?

Fueron tomadas con el fotógrafo (Germán Nocella), en conjunto. Particularmente en esa escena, él quería que se haga de noche, rápidamente. Yo por mi parte quería desfragmentar el espacio, como si entraran en un laberinto. Fue muy difícil porque lo filmamos, como todo en la película, en el mismo atardecer y en una hora toda la escena. No había plata para otra cosa. Esperábamos y filmábamos todo rápido con el buen sol y ya!
Además él es colorista. Así que estuvo pensando todo el tiempo en el color, y yo siempre tuve la intención de que la película fuera muy “pop”, así que tiré siempre a una imagen muy colorida, siempre al borde de lo terraja[i]. Me gusta eso.

Por eso elegimos esa casa, la pintamos de celeste, la pintamos de bordó, la luz muy amarilla, pero también mucha luz verde, verde casi fluorescente. Eso me daba cierta juventud, frescura. Además de cierta plasticidad a la imagen.

Los videos que suele mirar Rosina también están vinculados con esta estética

Si, esos videos que se ven los hice todos yo antes de filmar, llegamos con eso al rodaje. Es una manera de jugar. Como la música, que son básicamente sintetizadores, pero en un momento entra un charango. Creo que sintetiza un poco el pop sudamericano. La psicodelia con charango: psicodelia latinoamericana adolescente y uruguaya.

Tanto Rosina como todo el elenco son personajes muy logrados por los actores ¿Cómo fue el proceso de elección de ellos?

Ella fue la primera que vi de todos. Tenía que hacer un trabajo de casting buscando adolescentes y a la primera que vi fue a ella. Después vi a algunas chicas más, solo por ser correcta, pero ya sabía que me gustaba ella para el papel. A partir de eso se aceleró toda la producción. Por suerte la gente comprendió que ella iba a crecer y que tenía que ser ella, y entonces los fondos salieron rápido. Los jurados comprendieron eso cuando yo la filmé y presenté todo, así que facilitaron el proceso.

Desde que supe que era ella, estuvimos dos años haciéndonos amigas. La seguía con la mucho con la cámara. Ella no es actriz, apenas hacía teatro en el liceo, así fuimos haciendo un trabajo grande para entrar en confianza. Fue conociendo y haciendo amistad con Valera (Lois), Fabián (Arenillas), el fotógrafo y el resto del equipo. Creo que esa fue la clave del equipo, ser amigos.

¿El resto del elenco son actores?

No, la mitad del elenco son actores y la otra mitad no. Joselo no es actor, por ejemplo. A mí me gustan las películas que utilizan no actores. En Uruguay Manolo Nieto no trabajaba con actores, por ejemplo. Para Rosina yo necesitaba una cara, una corporalidad y una voz concreta. Me importaba su cara, sus gestos, además de que nos cayéramos bien. Después de eso actuar, actúa cualquiera (se ríe)

Como pasa en Los tiburones, en el cine uruguayo es común salir de la ciudad para filmar ¿por qué se te ocurre que es así?

Porque los uruguayos salimos mucho de Montevideo. Muchas familias tienen casa afuera, en la playa. El verano tiene una presencia muy importante en la vida de cada uno de nosotros. Por supuesto que el invierno uno también va para afuera. Lo que nos da la playa es una suerte de apertura, de escape.

En lo personal a mí Piriápolis me hipnotiza. No solo la playa, sino toda la energía que hay. Entonces quería filmar ahí.

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[i] En el lunfardo uruguayo terraja es quien tiene mal gusto para la combinación de ropas o colores. Ordinario, pichi, grasa

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