«Es importante que la música acompañe el contexto social»

Benito Cerati: “No busco contestar o llenar expectativas”

En conversación con Culto, el músico argentino desclasifica el significado de su más reciente álbum —Unisex—, se refiere a la búsqueda de una identidad propia y a sus dinámicas en redes sociales. Dice que no plantea sus proyectos según “lo que piensa el resto”. Desde la timidez, Cerati (25) confiesa que le costó dejar de sentirse como un “bicho raro”, pero hoy tiene voz propia.

Una agenda ocupada logra concretar una conversación a distancia y en diferido, pero las palabras abundan. En medio del ajetreo propio de las calles bonaerenses, a Benito Cerati se le escucha calmo y abierto a expresarse.

En diciembre de 2018, publicó su tercer disco de estudio junto a su banda Zero Kill, bajo el nombre Unisex, un álbum honesto, desprejuiciado, libre.

El camino no ha sido fácil. El recuerdo de su padre -Gustavo Cerati- parece ser un impedimento para que muchos fans del ex Soda Stereo vean a Benito con colores propios, y no dudan en manifestarlo en redes sociales.

De igual forma, el músico de 25 años no teme responder y escribir en la red del pajarito sus ideas, descargos, sueños y vivencias. El más reciente foco de polémica, fue una declaración incendiaria: “no voy a tener hijos así que la dinastía Cerati se acaba conmigo”.

Según confiesa en conversación con Culto, las continuas interrogantes en torno a su padre no le chocan, ni lo joden, más bien lo aburren. “Me aburre siempre estar husmeando en el pasado. Es algo que yo ya hago en terapia y quiero hablar de lo que estoy haciendo ahora”, dice determinado.

Benito no se vale de su apellido para hacer música, pero no por ello reniega de sus raíces. Si tuviera que destacar un aspecto de sí mismo -externo a su carrera artística- la familia es lo primero que viene a su mente.

“Soy muy familiero, muy amiguero, siempre hago juntas en mi casa, cenas con amigos, charlas hasta la madrugada, viendo videos, nada, hacemos como reunioncitas. Con mi familia siempre también pasó. Un día a la semana, por lo menos, nos juntamos todos a comer y después siempre estamos en contacto. Con mi hermana soy muy-muy-muy íntimo”, reconoce Cerati Amenábar.

Entre jugar videojuegos y escribir páginas y páginas de pensamientos en cuadernos, se describe como una persona normal. No puede evitar reír tras decir eso, y agregar salir a bailar y escuchar música como una actividad “terapéutica”.
“Estoy cambiando todo el tiempo, pero a la vez siempre hay un núcleo que es el mismo. De mis cinco años para acá, que recuerdo, siempre hay algo que se mantiene igual y es esa cosa que me gustaría conservar toda mi vida”, dice Benito.

-¿Fue, en algún momento, difícil encontrarte a ti mismo en este proyecto de Zero Kill? Digamos, ¿Fue tema para ti en algún momento el “esperamos-esto-de-ti-por-ser-hijo-de”, tipo seguir un legado?

-Fue difícil encontrarme a mí mismo, pero me parece que tiene que ver más con una cosa de haber sido una persona tímida, alguien a quien le costó un poco sentirse distinto a la gente que me rodeaba o, no sé, sentir que me gustaban cosas distintas, ser de otro palo. Me costó un poco poder decir eso en voz alta. No tiene que ver con el legado, ni nada de eso, tiene que ver con una cosa de personalidad, de decir ‘Che, esto a mí no me representa’, y hasta no encontrar algo que fuera más o menos parecido, no me animaba, porque si no, me sentía bicho raro. De a poco me fui soltando, y cada vez que logro hacer algo que, para mí, es propio; mi mundo se enriquece mucho más. Así que me acostumbré a eso, a ir hacia allá y cada día logro un poco más.

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Zero Kill es una banda que siempre está cambiando, o eso considera Benito, vocalista y fundador del grupo que hace siete años se mueve al ritmo del rock pop y la electrónica.

Con inspiraciones nacidas de su devoción por David Bowie, Portishead, Massive Attack, Siouxie and the Banshees y The Cure en las venas, para Unisex -el tercer disco de estudio- incorporó a referentes como Smashing Pumpkins, Chemical Brothers, Nirvana, con guitarras adelante.

Benito Cerati.

“No creo que nos quedemos quietos ni que sea una banda definida. Me manejo así en la vida: no soy muy de catalogar, no soy muy de etiquetar, entonces, con mi música tampoco. Es medio Unisex, justamente”.

-¿Se ha transformado de cierto modo Unisex -y bueno, todo el trabajo que llevas realizando con Zero Kill- en una respuesta para todos los que aún buscan compararte o enfrentarte, por decirlo de algún modo, a la propuesta de tu padre? “Ceratisplaining” recuerdo que le dijiste a Rolling Stone hace un tiempo.

-No busco realmente contestar o llenar expectativas, lo que quiero, lo que generalmente me gusta hacer -y esto lo leí el otro día en una entrevista a una cantante de acá que se llama Paula Maffía-, que decía “a mí no me interesa satisfacer, a mí me interesa conectar, generar un diálogo”, y me parece que yo estoy en la misma página. No estoy para hacer lo que otros piensan que puedo llegar a ser, o lo que esperan, sea mejor o peor, es quién soy y cómo soy con todas mis habilidades y mis propias cosas. Perder el tiempo en hacer algo de arte que sea una contestación a una de esas cosas, me parece un poco burdo. En Unisex sí lo que encontrás es el primer tema, que es una especie de contestación musical, que es un tema que arranca con mucha fuerza, muy rockero, muy power, y es un poco una contestación, si querés, a esta gente que dice que mi música es pop y no sé qué, blabla… Bue, ahí tenés un tema de rock -se ríe-.

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A comienzos de diciembre de 2018, los medios reportaron que Benito Cerati sufrió una caída en Buenos Aires, la cual se tradujo en un golpe en la cabeza que obligó a derivarlo de urgencia a un recinto médico.

Que una mujer escuchaba Soda Stereo y provocó una descompensación, o incluso que había consumido drogas, fueron algunos de los primeros reportes difundidos por la prensa sensacionalista. Su respuesta fue clara: “Hola” Soy epiléptico hace dos años. Ayer me agarró un ataque en la calle. Estoy bien, golpeado pero bien. Los medios son un asco, no lean las pelotudeces que dicen”, tuiteó.

Solo un par de días después del incidente publicó su tercer disco, el cual tiene como primera canción “Cuidado con la cabeza”, precisamente sobre esta enfermedad. “Tiene un foco en lo que se siente, en la impotencia que se siente cuando te despertás de todo eso, también toca mucho la primera vez que me pasó, cuando desperté y dije ‘Che, podría haberme muerto’”.

-Varias críticas -más del lado argentino- han posicionado Unisex como tu mejor lanzamiento a la fecha. ¿Lo sientes así? ¿Qué significa para ti este disco?

-En lo personal, significó mi solidificación (sic) como persona. Creo que se muestra muy bien todo lo que soy, todo lo que pienso y cómo veo el mundo, de una manera muy clara. Creo que el arte habla por sí mismo. Donde mejor me expreso es a través del arte, a través de la escritura, pero creo que Unisextiene esto de decir “esto soy yo”…, este es como mi núcleo, sin personajes, ¿no? Esto fue un trabajo en equipo, es bastante distinto a lo que fue antes, que fue más -como- yo trayendo algo al estudio y laburándolo con gente por ahí más veterana, que estaban con otros tiempos. Esto fue mucho más, generacionalmente, acorde a mí, y con gente -con la- que se fueron dando los encuentros. Eso me gusta, me da placer.

Tras Trip Tour (2013) y Alien Head (2016), esta placa es una reinvención para el músico argentino. Mientras sus dos primeros trabajos comulgaban con cierto estilo musical, el conjunto trasandino decidió tomar nuevos caminos.

“Muchos de los críticos lo tomaron como el mejor lanzamiento y creo que es porque, también, me ven más plantado, más maduro, y es verdad que es la primera vez que yo logro producir un disco entero, bajar 100% las ideas que tenía en mi cabeza a la Tierra. En ese sentido, sí, siento que es el trabajo más realizado, porque es el más propio también. Pero no me gusta desmerecer lo anterior”.

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Para Benito Cerati, Unisex significó una suerte de despertar. Mientras seguía adelante con su carrera musical, estudiaba Antropología en la UBA, circunstancias que, dice, los hicieron tomar aún más conciencia de lo que pasaba a nivel social. “Obviamente influenció mucho mis letras, influenció mucho también mi figura pública, de lo que quiero hablar. Me parecía hipócrita no hablar de eso, me parecía importante. Entonces sí: lo veo como un disco súper personal, pero súper social a la vez”, confiesa.

Y vio cómo cada entrevista, cada tuit, cada foto, historia o frase en Instagram, se convertía en semillero de comentarios -de fans y no fans-. Mientras algunos se dirigen a él para alabar su música, otro se empecinan en las comparaciones y opinar en qué debería invertir su tiempo.

“Es muy gracioso, porque me dicen que no me dedique a la música. Gente que ni escuchó, que no sabe ni lo que hago, es más de envidia que otra cosa, o de ignorancia. Pero cuando hablo de otra cosa me dicen, ‘Che, mejor dedícate a la música, no servís para opinar’. Más allá de eso, de esa cosa que es para morirse de risa, porque no hay una razón por la cual yo debería preocuparme por esas boludeces. Tengo un montón de razones para ser lo que estoy haciendo, básicamente porque soy yo, y no me considero una persona polémica para nada, me considero alguien que tiene su visión. A veces, usan la no intención a favor para generar bardo conmigo. Igual, a mí, eso mucho no me interesa porque hay mucha gente que sabe cómo soy y que no se come el pescado podrido del derechismo berreta”.

Contraria a la faceta polémica que se le suele atribuir, el músico chileno-argentino considera que la figura del “ídolo” debiera ser derribada, según dijo en entrevista con Rolling Stone. Ve aquel fanatismo devoto como un limitante del pensamiento, que es una especie de somnífero para los seguidores y, por otro lado, genera una peligrosa dinámica de poder.

“Hay muchas bandas denunciadas por abusos y acosos sexuales, que es algo que provoca esta dinámica de poder, que para mí hay que descontracturarla. Es una razón por la cual yo también soy cantante y soy músico, pero conecto con la gente y trato de mostrarme humano”.

Benito Cerati.

Por lo mismo, niega soñar con ser un rockstar o popstar. “Es por eso que yo hago música, no porque quiera ser rockstar, de hecho, todo lo contrario: soy una persona que se aleja un montón de eso. Si ahora estoy dando notas, entrevistas y todo eso es porque también estoy queriendo aportar a ciertas causas que no tienen que ver con la música, que tienen que ver también con lo social que expreso a través de la música”.

-¿Cómo ves la escena del rock en Argentina?

-Lo veo por primera vez en décadas resurgiendo, hablando de cosas que realmente se necesita hablar, y me parece que es importante que la música acompañe el contexto social. Veníamos muy banales y eso hacía que, también, las cosas se perdían el interés rápido. Las cosas que trascienden también son las cosas que comunican algo. Cada vez hay más buenos músicos dando vueltas. Hay muy buenas mujeres, creo que son las que llevan la batuta hoy en día, y me parece que es súper recomendable y valorable escucharlas, porque mujeres en el rock han habido siempre, muy talentosas y han sido siempre invisibilizadas. Es algo que yo veo en Chile que funciona mucho mejor con el pop. Hay muchas cantantes de pop mujeres, inclusive LGBT, que allá hay público y acá en Argentina todavía cuesta un montón. No existe una Javiera Mena acá, o un Álex Anwandter. Creo que si nos conectáramos más, haríamos un intercambio de cosas que en Chile pasan y acá no, y al revés.

-En esa línea, ¿cómo ves a Argentina? ¿Qué opinión tienes de esta ‘Macrisis’ de la que todos hablan? Y así mismo, cómo ves a Chile.

-Creo que lo que está pasando acá es terrible, ineludible. Es una situación muy grave, y es algo de lo que hay que hablar, ¿viste? Porque necesitamos que se abran los ojos: acá hay muy pocas voces disidentes que se las muestra. Está todo muy comprado, todo bastante corrupto, desde la justicia hasta los medios. Todo está de un lado solo. Y necesitamos voces. En Chile quizás está pasando eso, en mayor o menor medida, no sé muy bien. Creo que hay algunas medidas en Chile que hacen que la gente no se entere de las cosas que suceden. Por ejemplo, que la gente pueda no votar si quisiera. Para mí, una de las grandes ventajas que tiene Argentina, es que acá el voto es obligatorio y que acá la gente sale a la calle, la gente se mueve, es quilombera. Creo que eso hace que no se perpetúen las cosas espantosas por mucho tiempo. Siempre tengo fe en el público, en la sociedad argentina, de que en algún momento abre los ojos. Los ha abierto muchas veces y puede llegar a pasar.

La Tercera

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