Silvana Estrada, promesa del folklore

Silvana Estrada, la promesa del folclor latinoamericano

Por William Moreno Hernández

Silvana Estrada convirtió en canción una carta que nunca envió. La escribió hace algunos años, con la intención de dejar a un lado el miedo y enfrentar ante su destinatario la complejidad que le suponía el amor. Pero la guardó a último momento. Tiempo después, durante una mudanza, encontró la carta en un rincón de un cajón de su armario, resguardada entre suéteres y bufandas. Cuando la releyó, entendió de inmediato por qué nunca la envió. En realidad, la había escrito para ella misma. Ella era emisor y receptor.
“Se me hizo tan pertinente lo que decía la carta –cuenta Silvana en entrevista con EL TIEMPO–, que decidí hacerla canción para no olvidarme de afrontar al corazón con su belleza, sus riesgos y sus errores”. Así nació ‘Carta’, el primer sencillo de su primer álbum, titulado ‘Marchita’, producido por Gustavo Guerrero, exguitarrista de Natalia Lafourcade.

En este álbum, que espera lanzar en el primer semestre de 2020, Silvana, compositora y cantautora mexicana, narra la historia de un desamor. “El disco es, básicamente, el proceso de marchitarse; es un ciclo oscuro y doloroso que va contando la historia de un corazón que se va marchitando. Son canciones que me costó mucho escribir en términos emocionales porque están basadas en vivencias personales. Son fuertes, pero para eso son. Qué alegría que pude convertir todo ese dolor en música”, explica.

A sus 22 años, Silvana Estrada es una de las voces más resonantes de lo que podría llamarse una nueva ola del folclor latinoamericano. Se trata de una suerte de reinvención con la que artistas de toda la región rescatan la naturaleza mestiza de la música popular y sus ritmos tradicionales –cumbia, son cubano, bolero, ranchera, bambuco, por mencionar algunos– para darle un nuevo aire sin desdibujar su esencia. En esa línea, que en ocasiones parece un solo gran género musical, confluyen otras artistas como Natalia Lafourcade, Mon Laferte, iLe, Lila Downs y Carla Morrison.

En esa constelación, Silvana Estrada se destaca por el aire antiguo que evoca su voz, que está tan llena de tonalidades y adornada con la pujanza innata del quejío latinoamericano. Escucharla es remitirse a un universo de poesía y nostalgia; es confirmar la prolongación de la tradición sonora mexicana. Y no es para menos, su destino, al parecer, así lo dictaba.

Silvana nació en Xalapa, en el estado de Veracruz, en el seno de una familia que vive de la música. Sus padres, además de músicos, se dedican desde hace mucho a la laudería, el arte de construir instrumentos de cuerda, uno de los oficios más antiguos de México. Por eso, desde muy pequeña, supo que en su casa cualquier momento es ideal para sacar una guitarra –o cuantos instrumentos sean necesarios– y entonar una canción: a la hora de comer, en las tardes familiares, en las fiestas… Así despertó su instinto musical.

Creció acompañada de folclor latinoamericano. Su mundo era una amalgama de las voces y los géneros que retumbaban los muros de su casa y que pronto despertarían su sensibilidad: el talante de Violeta Parra, Soledad Bravo y Mercedes Sosa, el tradicional son jarocho de su Veracruz y las entrañables rancheras de José Alfredo Jiménez.

No le tomó tiempo decidir que quería dedicar su vida a la música, y lo reafirmó cuando conoció el jazz. A la par de raíz latinoamericana, Silvana creció escuchando a Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan y Billie Holiday. De niña jugaba a imitar sus voces y así, sin saberlo, empezó a entrenar la suya. En el jazz encontró una fuente inagotable de inspiración, que primero aprovechó en clases particulares y años más tarde en sesiones formales en la Universidad Veracruzana.

“A través del jazz aprendí a cantar como canto. Escuché a mucha gente de muchas épocas del jazz. Eso me inspiró, me dejó, sobre todo, un sentido de exploración, porque el jazz es música de buscar y cambiar armonías… Eso me dejó muchas tablas para pararme frente a una canción y apropiarme de ella”, cuenta.

Pero su estadía en la universidad fue corta. Un día, en el estudio de su papá, Silvana encontró un cuatro venezolano. Para ese entonces, sabía tocar el violín y el piano, pero con ninguno lograba alternar su talento como compositora. Con el cuatro venezolano fue distinto. Aprendió a dominarlo en poco tiempo, en parte por su similitud con la jarana jarocha –un descendiente de la guitarra oriundo de su natal Veracruz–, y las canciones, casi de inmediato, vinieron a bocanadas.

En el jazz, el folclor y el sonido del cuatro venezolano la joven cantautora encontró por fin la sustancia de su propuesta, entonces encaminó su proyecto artístico y se mudó a Nueva York.

En ‘La Gran Manzana’, donde en las calles aún reverbera la historia de quienes transformaron el jazz en filosofía de vida, Silvana conoció a Charlie Hunter, un importante guitarrista y compositor de jazz. Con él grabó ‘Lo Sagrado’ (2017), que en teoría es su primer disco, pero hoy, a pesar de ser un éxito entre sus seguidores, no está disponible en ninguna plataforma. “Fue un disco experimental –explica Silvana–. Lo grabé por diversión. A mucha gente le gustó, pero hace poco lo bajaron y no entiendo bien por qué. Estamos planeando cómo relanzarlo. Con ese disco tengo un apego más nostálgico que musical porque ya no me identifico mucho con él, pero quiero relanzarlo porque lo piden un motón”.

Sin embargo, el proyecto de Silvana Estrada no tomó forma sino hasta meses después, cuando decidió regresar a sus raíces y radicarse en la Ciudad de México. Allí empezó a trabajar con el productor Daniel Zepeda, vocalista de la banda ‘Daniel, me estás matando’, con quien lanzó su baraja de éxitos: ‘Te guardo’, ‘Sabré Olvidar’, ‘Al Norte’ y ‘Tenías que ser tú’, canciones que en principio se concibieron como sencillos de un disco pero que al último momento Silvana decidió reunir en un EP titulado ‘Primeras Canciones’ (2018).

“Fue un proceso de un año que me ayudó a planear cómo quería hacer las cosas y cómo quería sonar. Al final no conecté tanto con la estética y la sonoridad que estaba tomando ese disco, entonces decidimos reunir esas primeras cuatro canciones, que son maravillosas, en un solo lugar, en un EP, porque representan un momento de mucho aprendizaje en mi carrera”, comenta.

Desde entonces, Silvana no ha parado de cautivar al mundo con su voz. Hoy cuenta con más de 20 millones de reproducciones en su canal oficial de YouTube y cerca de 400 mil oyentes mensuales en el servicio de ‘streaming’ de Spotify. Y sus fronteras musicales se expanden cada vez más: este año ha lanzado ‘Universo Amor’, con la agrupación mexicana de pop y jazz Playa Limbo; ‘Dividido’, con el cantautor y ganador del Grammy Latino Álex Cuba; ‘Quisiera’, para el álbum debut del dúo ‘Daniel, me estás matando’, y ‘Barro, cemento y sal’, junto al colombiano Santiago Cruz para el disco ‘Elementales’.

Pero su éxito trasciende las cifras. Silvana lo constató a mediados de 2018, en el Teatro Metropólitan de la Ciudad de México, cuando unió su voz a las de Natalia Lafourcade y Mon Laferte para interpretar una versión acústica de ‘La Llorona’, una de las canciones más importantes de la tradición mexicana. Esa noche su voz elevó notas que estremecieron el recinto y que le valieron una ovación ensordecedora de los asistentes. La prensa especializada y miles de comentarios en redes sociales convinieron en llamarla la nueva promesa mexicana de la música.

El turno recientemente fue para Colombia. Silvana Estrada visitó por primera vez el país para ofrecer una serie de conciertos. El primero tuvo lugar en Medellín el 6 de septiembre, en el teatro de la Universidad CES. En Bogotá, ofreció otros dos espectáculos, ambos con boletería agotada: el 11 de septiembre en el Auditorio Sonia Fajardo y el 15 de septiembre en el Teatro Barajas. En su visita, además, se presentó como artista invitada en los conciertos que Vicente García ofreció en Medellín y Bogotá.

Música y literatura

Hay discos enteros inspirados en poemas y novelas inspiradas en canciones. Entre la literatura y la música existe, cuando menos, una relación simbiótica. Así lo reconoce, incluso, la Academia Sueca, que en 2016 le otorgó el Nobel de Literatura al cantautor estadounidense Bob Dylan. Para algunos, se trató de una decisión poco ortodoxa. Para otros, en cambio, fue un merecido reconocimiento. Ante la controversia, bien lo explicó en su momento la escritora y profesora Carolina Sanín en entrevista con este diario: “la canción es nuestra primera literatura”. Hoy artistas como Silvana Estrada sostienen esa premisa.

Si el folclor configuró su sonido y el jazz ajustó los matices de su voz, la literatura entonces le dio forma a sus estrofas. Es una lectora voraz, un alma que se alimenta, sobre todo, de poesía. Como lo hizo Juan Luis Guerra con ‘Rayuela’ de Cortázar para componer ‘Burbujas de Amor’ o Rosalía con ‘El román de Flamenca’ para su aclamado disco ‘El Mal Querer’, Silvana Estrada acostumbra ‘volarse la cabeza’ con sus estanterías –abarrotadas de Haruki Murakami, Alejandra Pizarnik, Idea Vilariño, Mario Benedetti, Roberto Juarroz, José Carlos Becerra, entre tantos otros– para escribir sus propias canciones.

“Es una unión natural –dice Silvana–. Lo que pasa es que cambia la manera de entender la poesía y la literatura, pero cualquier idea puesta en palabras es literatura. Y la canción es muy poética, porque la canción depende mucho de metáforas y otras figuras. Es una unión inevitable, y es bellísimo que sea así”.

En sus presentaciones convergen todos esos elementos. Suele aparecer vestida de tradición, sentada en un banco, con su inseparable cuatro venezolano en el regazo, la contundencia en sus letras y la fuerza en su voz. A veces se acompaña de sus palmas, el canto de la audiencia o un pedal con el que juega a amplificar su voz y convertirla en instrumento. Pero no necesita más. Silvana canta para detener el tiempo.

“Quiero hacer música que no envejezca, y me interesa hacerlo porque esa es la música que creo que perdura. En esa ‘música atemporal’, la que no envejece, hay una cosa que siempre apela al sentimiento, sin importar la edad, el sexo, la nacionalidad», comenta.

Algunos no temen en llamarla ‘la Chavela Vargas de este siglo’ o ‘la versión ‘centennial’ de Mercedes Sosa’. Silvana se siente halagada. “Yo vengo de ellas, de su sentimiento crudo para interpretar”, dice. Sin embargo, aunque reconoce que son referencias necesarias para entender su música, prefiere mantenerse al margen. “Al folclor hay que tenerle mucho respeto –concluye– porque es música respaldada con mucha ‘bibliografía’. Hay que ser congruente con su estética y su calidad porque el folclor pretende ser por siempre. Mi trabajo entonces es hacer lo propio”.

El Tiempo

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