«Los varones tenemos que reeducarnos y transformarnos»

“Creo que las mujeres son las que nos están marcando el camino del ya basta”: José Miguel Tomasena

Por Monica Maristain / México

El rastro de los cuerpos (Grijalbo), es narrada por José Miguel Tomasena, autor también de La caída de Cobra (Tusquets), que regresa para contar la historia de la periodista Tania Vázquez, quien decide filmar un documental sobre los desaparecidos.

“¿Quién iba a darse cuenta de que yo sobraba, si el viejo ese llevaba días suplicando que alguien le curara la mano y nadie le hacía caso? Podría seguir así por meses, hasta que se le gangrenara y terminara por caérsele. Y aquel joven faquir amarrado a la cama al que se le subían las moscas y que me miraba suplicante mientras gemía como animal herido, podría incluso morirse ahí, empezara pudrirse y excretar larvas por los ojos y nadie se daría cuenta”. Esa es la indiferencia de México, principal sentimiento que envuelve a la novela El rastro de los cuerpos (Grijalbo), que narra José Miguel Tomasena, autor también de La caída de Cobra (Tusquets), que regresa para contar la historia de la periodista Tania Vázquez, quien decide filmar un documental sobre los desaparecidos. Así conoce, entre muchas personas, a Doña Gaby, cuya hija Marilyn fue secuestrada previo pago de un rescate de cien mil pesos, y a Magdalena Chávez, que perdió a sus tres hijos y que decide embarcarse en una aventura para conocer su paradero. Estas dos madres, más todos aquellos padres que buscan a sus seres queridos en morgues, cuarteles, hospitales y fosas clandestinas, serán los personajes que iremos construyendo a través de mirar las grabaciones y de la voz del novio de Tania; sin embargo, documentar la lucha de estas mujeres tendrá consecuencias que jamás habrían podido prever…

“¿Dónde están los desaparecidos?, se preguntan los que se quedan, los sobrevivientes, pero sobre todo se atormentan pensando qué pudieron haber hecho, en qué fallaron, si es que hubo alguna posibilidad de salvación, de que la historia fuera distinta. El rastro de los cuerpos es el relato descarnado de estas pérdidas, una exploración ética y moral sobre la culpa y la responsabilidad, sobre el sentido del heroísmo y su peligrosa vecindad con la temeridad. Una magnífica novela que ojalá algún día podamos leer como un thriller, como una estupenda novela policiaca o de suspenso, en un futuro de paz, cuando hayamos superado la epidemia de violencia que asuela al país”, ha escrito Juan Pablo Villalobos.

Como si uno metiera esta hermosa y terrible novela de José Miguel Tomasena en una cápsula y dentro de 100 años los habitantes del planeta dijeran: ¡Qué terrible, así vivían y morían los mexicanos!

José Miguel Tomasena
Yo si veo una cultura de la ilegalidad, de la picaresca, muy instalada en nuestra manera de ser. Foto: Luis Ponciano / Cortesía

–Haces una mención tremenda sobre la indiferencia mexicana en El rastro de los cuerpos

–Sí, era una especie de grito de desolación. La escribí cuando vivía en México, todavía. El final fue en Barcelona, donde vivo. Yo si veo una cultura de la ilegalidad, de la picaresca, muy instalada en nuestra manera de ser. Eso, junto con altas dosis de corrupción política y de impunidad, han ido generando el monstruo en el que estamos.

–Cuando hablas de la impunidad, mientras uno se salve, los demás no importan. Hay como una cosa de supervivencia

–Es probable, hay una visión muy individualista y eso por ejemplo en lo que está pasando ahora en otros países de América Latina, explosiones de protesta, me hace preguntar cómo es que México no ha reventado. Me parece con que hemos asumido esta suerte de que si me va bien a mí, a mis amigos, está bien. Si los asesinan, los desaparecen o les hacen algo, es porque algo habrán hecho.

José Miguel Tomasena
Los varones tenemos que reeducarnos y transformarnos, pues la lucha de las mujeres implica desafíos en nuestro modo de relacionarnos. Foto: Luis Ponciano / Cortesía

–Ayer hubo una marcha de las mujeres y otra vez volvieron a pintar los monumentos, pareciera ser que en ellas algo ha estallado

–Exacto. Creo que las mujeres son las que nos están marcando el camino del ya basta. Hemos rebasado situaciones que son intolerables, no puede haber una respuesta que se articule sólo del individuo. Tiene que haber formas de asociación, formas de indignación colectiva. Los varones tenemos que reeducarnos y transformarnos, pues la lucha de las mujeres implica desafíos en nuestro modo de relacionarnos.

–Toda esta historia de los monumentos sin tocar, la ciudad tan limpia, me hace acordar incluso a Porfirio Díaz, la dictadura sin dictadura

–Es muy priísta. Tiene que haber con esta mitificación nacional y de los héroes patrios, de los que se burlaba mucho Jorge Ibargüengoitia. Esta historia de próceres de estatua y menos con la situación real de la gente, en la violencia en la que estamos.

–¿Por qué estás en Barcelona?

–Vine aquí a estudiar un doctorado, tengo hijos pequeños y he encontrado un espacio aquí para crearlos.

–¿Cómo se ve México desde allá?

–Por un lado con mucha nostalgia, es mi país. La sensación que tengo yo cuando voy a México es de una conexión casi inmediata, con la gente, con el sentido del humor, con la generosidad, con la amabilidad. Al mismo tiempo, lo veo con espanto, por haber perdido muchas cosas que no deberíamos haber perdido. Estaba en un parque con mis hijos, podía estar hablando con un amigo, sin estar paranoico detrás de mis hijos. Así crecí yo. Nuestros padres estaban pendientes de dónde estaban, pero no estaban encima mío. Pude ser niño, crecer, correr, rasparme las rodillas.

José Miguel Tomasena
La sensación que tengo yo cuando voy a México es de una conexión casi inmediata, con la gente, con el sentido del humor, con la generosidad, con la amabilidad. Foto: Luis Ponciano / Cortesía

–La madre en tu historia quiere salir a buscar sus tres hijos en cualquier condición

–Exactamente. La historia es de una periodista Tania Vázquez, que ante la crisis que hay en los medios, decide filmar un documental con los desaparecidos y con las madres de los desaparecidos. Es un personaje que me permitía tratar en algún sentido la visión ética y más heroica del periodismo. Este sueño que documentando el horror se podrá contribuir a que la sociedad sea más justa o más informada o más democrática. Es esta especie de sueño heroico se convierte en una pesadilla cuando se topa con la violencia y las amenazas que vive un periodista.

–Se enamora de alguien que es testigo, a veces la atrae a la realidad, sin tanto idealismo y la va acompañando

–Sí, ese es el drama de la pareja. En el núcleo de este enamoramiento está ese contraste, se convierte después en su condena, en su gran conflicto, que es esta impotencia.

José Miguel Tomasena
Es cierto que cada libro tiene que ir encontrando sus lectores. Foto: Luis Ponciano / Cortesía

–Me pareció una novela que podría haber tenido más atención…

–Respecto a la atención, han salido algunas reseñas y muchos compañeros periodistas me han dado espacio, algo que agradezco mucho. Es cierto que cada libro tiene que ir encontrando sus lectores y espero que esta oportunidad de conversar contigo pueda conectarme con más lectores.

–Hay historias que tienen que ver con el narco, pero nunca de las víctimas

–Lo que quería era contar este hartazgo que produce contar todos los días la misma historia. Parece ser historias escritas con un modelo que se repite y termina por insensibilizarnos. Ese es el núcleo que quería contar, esa dificultad narrativa es lo que intenté captar, la historia de la impunidad como una historia es en el fondo todas las historias. Me recuerda mucho a lo que hizo Sergio González Rodríguez en Huesos en el desierto, que después Roberto Bolaño tomó en 2666, esta sensación que al describir a un crimen y a una víctima, después su posición física, cómo fue hallada y la descripción de cómo estaba el cadáver, se va contando la historia de esa mujer pero también la historia de todas las demás mujeres. Es un procedimiento que va constituyéndose por acumulación. Son terriblemente difíciles de leer, me produce un efecto similar a los pañuelos que han bordado estos colectivos por la paz en México. Te acercas a cada pañuelo y cada uno cuenta una historia que podría ser cualquiera.

–Si pusiera este libro en una cápsula y lo abriera dentro de 100 año, diría, era esto lo que pasaba en México

–Era mi intención. Borré muchas referencias, hay otras que están insinuadas, porque me interesaba que funcionara en el corto plazo y cualquier lector de otro país lo pudiera entender, pero también los lectores del futuro puedan entenderlo. Las lecturas que tenemos ahora de la Revolución Mexicana, se parecen en el sentido de que podemos seguir leyendo la novela como el testimonio del espíritu de ese tiempo.

José Miguel Tomasena
En sus estructuras está esta ficción de que hay una batalla entre el Estado limpio y los malos que son los narcos, pero es algo totalmente falso. Foto: Luis Ponciano / Cortesía

–Dice Rita Segato que el crimen organizado es una veta más del neoliberalismo

–Yo creo eso. En sus estructuras está esta ficción de que hay una batalla entre el Estado limpio y los malos que son los narcos, pero es algo totalmente falso. Es un fenómeno en el que están mezclados poderes políticos, de control de los territorios y poderes económicos muy poderosos. Luego por otro lado en el nivel de los valores es profundamente capitalista y machista. El narco aspira a lo mismo que aspira un junior que es bróker de la Bolsa. A tener un carrazo, a vivir en un mundo de lujos y acostarse con todas las mujeres que pueda. Es una visión patriarcal y capitalista.

–La narración se centra mucho en los cuerpos

–Eso me interesa mucho, me impresiona también. Hay una novela de Cormac McCarthy, No Country for Old Men, llevada al cine por los hermanos Coen, donde el narrador, que es un sheriff viejo, que está totalmente impotente pues se ve condenado a visitar escenas del crimen sin poder deducir nada. Es como el anti Sherlock Holmes. En México estamos así, ¿quién va a creer que alguien va a investigar un crimen? Eso nunca pasa. Sólo nos queda atestiguar una y otra vez los cuerpos que aparecen de aquí por allá.

Mónica Maristain

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