Bolivia: Incertidumbre y preocupación en el sector artístico cultural por el cierre del ministerio

917

Panorama de incertidumbre en el sector artístico cultural

Tras la eliminación del Ministerio de Culturas y Turismo, medida que fue asumida para “ahorrar” el gasto estatal frente a la pandemia por la Covid-19, se generó una ola de críticas por parte de artistas y gestores culturales, quienes inmediatamente iniciaron la campaña “Soy artista, no un gasto absurdo” en sus redes sociales.

Ante la imposibilidad de realizar sus actividades, varios gremios del sector artístico y cultural del país se han estado movilizando desde hace un tiempo, a través de cartas y comunicados, demandando la atención del entonces Ministerio de Culturas para generar propuestas y planes de emergencia que ayuden a paliar la crisis por la que atraviesan.

Pocas fueron las respuestas: la sección administrativamente paralizada, víveres de ayuda social con irregularidades, reuniones virtuales con asociaciones sin resultados, fondos de fomento también paralizados. Hoy, el sector se topa con un panorama más desconcertante.

¿Qué pasará con todos estos asuntos pendientes? Entre los más demandados están las cuotas anuales de los programas Ibermedia e Iberescena, el Premio Eduardo Abaroa, y los fondos de Adecine.

Sin plazos ni fechas

La octava versión del Premio Eduardo Abaroa aún no tiene ganadores. La falta de información mantiene en vilo a cientos de postulantes de todos los sectores culturales del país. Se trata de 82 premios con retribuciones económicas de 5 mil a 20 mil bolivianos, ya adjudicados por concurso, que debieron ser entregados el pasado 23 de marzo.

El director de Promoción Cultural y Artística, Julián Cors, indicó que, como Viceministerio de Interculturalidad, han culminado con la primera fase de este evento, pero que “todo eso quedó truncado por la pandemia y se dio una pausa administrativa”.

Según la autoridad, se podría realizar un acto simbólico, pero no existe una fecha exacta porque dependen “del visto bueno de las máximas autoridades”. A pesar de las constantes peticiones, el entonces Ministerio de Culturas ni siquiera anunció pública y oficialmente a los ganadores.

El Fondo de Fomento al Cine y Arte Audiovisual Boliviano, lanzado en enero de 2020, consta de 7 millones de bolivianos destinados a recursos concursables para promocionar la producción cinematográfica nacional.

Los nombres de los ganadores debían conocerse el pasado 10 de marzo; sin embargo, el fondo no fue desembolsado. El pasado 2 de junio, el Ministerio de Culturas anunció que los recursos destinados para este fondo están asegurados, pero no se aclararon plazos ni fechas.

Según Reynaldo Lima, representante de la Coordinadora del Audiovisual Boliviano y miembro del Consejo Asesor de la Adecine, para el fondo iberoamericano de ayuda Ibermedia, Bolivia aporta 150 mil dólares, mediante la Cancillería.

“Una vez que entregamos ese monto, se eligen las películas y logramos recuperar casi 270 mil dólares de la bolsa donde se escogen los proyectos. Es el monto que cada año se ha ido recibiendo en proyectos que se han enviado. Es un presupuesto pendiente a ejecución”, explicó a la revista cultural Irreverente.

Ola de indignación

En redes sociales, artistas y gestores culturales hicieron conocer su disconformidad por la decisión asumida por la presidenta al cerrar el Ministerio de Culturas.

El representante de la Coordinadora Nacional de Músicos, Edgar Rojas, en entrevista con Los Tiempos, repudió la decisión contra los artistas nacionales y calificó como criminal la decisión de parte del Gobierno debido a que muchos dependen económicamente de sus artes y de su público.

Señaló que se estaba gestionando un fondo de desarrollo cultural que iba a beneficiar a todo el sector que sufrió consecuencias por la pandemia, pero la disgregación de esta cartera, quedaría nuevamente en proyecto.

Rodrigo Ayala, miembro de la Coordinadora Audiovisual de Bolivia (CAB), señaló que la eliminación del Ministerio de Culturas es una decisión equivocada, tanto desde el punto de vista conceptual como desde el punto de vista político e inclusive electoral.

“Es un absurdo. El dinero que se va a eliminar es realmente mínimo (…) donde sí tiene una gran significación es en el tema de prioridades, porque eliminarlo como ministerio es quitarle jerarquía a la cultura. Se le está quitando la voz a la cultura en el máximo órgano ejecutivo del Gobierno”.

Indicó además que esta decisión revela una falta de visión del país. “Los países sin cultura son como las personas sin una construcción personal sólida. En este mundo globalizado, los países que no tengan una identidad cultural sólida tienen el riesgo de anularse, de desaparecer”.

Por su parte, la cantante y exministra de Culturas Zulma Yugar indicó que los Gobiernos del pasado no supieron valorar a este sector cuando siempre dio una buena imagen para el país a los ojos internacionales. Respecto a la disgregación de la cartera, sostuvo que se podía haber visto otras alternativas.

“Quiero creer que la decisión de la Presidenta no es más que un mal asesoramiento. Porque un pueblo sin cultura es un pueblo sin alma. Creo que se olvidan que, en momentos de crisis, los artistas han elevado la moral a través de sus presentaciones mediante internet”, indicó.

Perspectivas

Mónica Barrenechea, vicepresidenta de la Asociación de Profesores de Danza de Cochabamba (Prodanza), señaló que más de 40 mil artistas que conforman el rubro de la danza se encuentran en crisis artística y económica.

“Se había comenzado a gestionar con el Gobierno, mediante el Ministerio de Culturas, políticas de reactivación para el sector. Solicitamos que mediante el nuevo ente del Ministerio de Educación, se siga atendiendo las demandas ya presentadas para una pronta reactivación, en este caso de profesores, coreógrafos y bailarines siguiendo normas y protocolos de salud indispensables, tanto para las academias de danza como espacios culturales”, dijo.

Por su parte, el actor Fernando Arze Echalar espera que el Gobierno rinda cuentas de los valores que se han prometido como el Premio Eduardo Abaroa y el Fondo Adecine, entre otros, que afectan a todos los sectores del arte. “Que se enfoquen en un buen equipo de gestores que realmente estén interesados en la cultura, que sean competentes, que le den el valor que el arte se merece, que generen propuestas de formación para futuros artistas y que entiendan que cuando la Covid-19 pase, si es que pasa, el arte también va a salvar vidas”.

Ayer, Áñez aseguró, a través de su cuenta de Twitter, que se abrirán nuevos programas para seguir apoyando al sector.

“Se impulsará arte y cultura desde el Ministerio de Educación. Además, seguiremos con los programas vigentes y abriremos nuevos para sostener arte y cultura en la Pandemia”.

SEIS MINISTROS OCUPARON EL CARGO EN 10 AÑOS
Ministerio de Culturas y Turismo

El 7 de febrero de 2009, a través del Decreto Supremo 29894 y durante el gobierno de Evo Morales, se creó el Ministerio de Culturas y Turismo. Desde la fecha, el cargo de ministro de Culturas fue ocupado por seis personalidades:

Pablo César Groux Canedo (febrero de 2009 – enero de 2010; enero de 2012 – febrero de 2015) Dirigió el Viceministerio de Culturas desde el 7 de marzo de 2007. Asumió el cargo durante el gobierno de Evo Morales. Entre sus logros más destacados se encuentran el lanzamiento de la emisora de televisión TV Culturas y la creación de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB).

Zulma Yugar (enero de 2010 – febrero de 2011) La reconocida cantante orureña Zulma Yugar, denominada “embajadora de la canción boliviana”, asumió el cargo en enero de 2010, durante el segundo mandato de Evo Morales. Su compromiso fue el formular una política cultural que beneficie al país, mediante el turismo y promover la “cultura de la paz”.

Elizabeth Salguero (febrero de 2011 – enero de 2012) Salguero fue nombrada ministra de Culturas el 16 de febrero de 2011, reemplazando a Yugar. En marzo de 2011, nominó tres festivales bolivianos a la Unesco para el reconocimiento del Patrimonio Mundial como parte del patrimonio cultural e intangible de la humanidad: la Fiesta Ichapekene de San Ignacio de Moxos, el festival Pujllay en Tarabuco y el festival Alasita de La Paz. Impulsó la creación del Premio Eduardo Abaroa, mediante el Decreto Supremo 0859 del 29 de abril de 2011, que se otorga “como incentivo al desarrollo de actividades destinadas a la reivindicación marítima”.

Marko Machicao (febrero de 2015 – enero de 2017) Asumió el cargo a sus 34 años, tras la destitución de Pablo Groux. Ocupó el cargo de viceministro de Turismo. Es economista titulado en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, México y cuenta con posgrados en cooperación internacional para el desarrollo con especialidad en turismo comunitario y rural.

Wilma Alanoca (enero de 2017 – noviembre de 2019) Asumió el cargo a sus 31 años, durante el tercer gobierno de Evo Morales. Se tituló como periodista, fue presentadora de televisión y locutora de radio. En su trayectoria política, Alanoca se desempeñó en el cargo de concejal del MAS en la ciudad de El Alto. Fue criticada por su falta de apoyo a la Feria del Libro. La exministra fue implicada, durante los conflictos después del fraude electoral del 20 de octubre de 2019, en la compra de combustible para la fabricación de bombas molotov.

Martha Yujra (noviembre de 2019 – junio 2020) Yujra fue posesionada como ministra de Culturas y Turismo por la actual presidenta Jeanine Áñez, el 14 de noviembre de 2019, tras la renuncia de Evo Morales. Es exdirigente de la Central Obrera Regional de El Alto y participó en las elecciones nacionales de octubre de 2019, como candidata al cargo de diputada plurinominal por el departamento de La Paz, en representación de la alianza política Bolivia Dice No. Fue criticada por obsequiar a los funcionarios de ese ministerio unas frazadas con su imagen como parte del canastón navideño. Yujra responsabilizó a funcionarios antiguos (de la gestión del MAS) de haber realizado las frazadas con su rostro. Fue también observada por su intervención en la reunión de la Unesco al no hablar de cultura. Su gestión coincidió con la crisis causada por la pandemia de la Covid-19.

Los Tiempos


El narcisismo artístico y la caída del Ministerio de Culturas

¿Cómo reaccionaron algunxs artistas a la eliminación del ministerio de Culturas? ¿Por qué consideran que lo cultural solo se restringe a sus prácticas o creaciones personales? ¿La cultura es de todes o solo de quienes tienen el privilegio de producirla y consumirla? El debate está on fire.

Por Mijail Miranda Zapata

No recuerdo haberla visto vestida de esta manera antes. Toda de negro: una blusa de cuello alto, un saco muy convencional y unos sutiles aros dorados cayendo sobre su pecho. La intención es clara: transmitir un mensaje de recato y austeridad. Además, reforzar esa torpe severidad «maternal» con la que le obligan a envolver cada una de sus frases. Viste un luto obligado, como queriendo demostrar que pese a la ineficacia de su gestión en la contención de la pandemia, las muertes le importan. Nadie imagina que del primer minuto de este nuevo mensaje presidencial el ministerio de Culturas dejará de existir.

Pese a que el anuncio generó un descontento general en actores culturales de distintas áreas, también hubo quienes, desde quién sabe qué rubros, en su desconocimiento, esgrimieron con arrogancia argumentos irrisiorio. En su torpeza, muchas de estas personas asumen que la interculturalidad boliviana fue inventada por el Movimiento Al Socialismo, que el gasto en culturas (menos del 1% del Presupuesto General del Estado) es un verdadero derroche o que los fenómenos culturales de toda una nación están restringidos a la producción y consumo (repito, producción y consumo) de libros y películas.

Penosamente, incluso algunxs artistas intentaron quitarle gravedad al asunto. Con frases del tipo «no necesito un ministerio para volar» o «agradezcamos que esta profesión nos abre el alma», presumieron un narcicismo naíf asumiendo que solo los artistas «crean cultura en el país». Esta presunción de que las «culturas» tienen que ver solamente con el trabajo creativo de espíritus libres, desenfadados y «empáticos», no deja de tener un velo elitista y excluyente, considerando que se asume la cultura como una elaboración exclusiva de quienes tienen las condiciones de desarrollar su creatividad y difundir ese trabajo. Pero ese es otro debate en el que también habría que discutir la validación hegemónica de lo que sí es considerado un producto artístico (repito, producto), con toda la estructura de privilegios que sostiene ese mundillo cultural oficial que copa espacios mediáticos y cada tanto se inventa alguna alfombra roja.

Hay una candidez ingenua, o un ego descolocado, en el hecho de considerar que cierto tipo de trabajo artístico, desde los escenarios, desde el espectáculo, define culturalmente un país e ignorar que se trata más bien de una compleja construcción identitaria (histórica, social, filosófica, científica, tecnológica, etc.). Aunque el arte y sus expresiones sean una pieza fundamental en el entramado de lo que se puede entender por «cultura», no representa más que eso, una pieza. Creer que lo cultural se restringe únicamente a las manifestaciones estéticas validadas desde cierta élite y bajo los estándares del buen gusto clasemediero, no deja de ser un gesto soberbio, más aún en un país como el nuestro.

El Movimiento Al Socialismo y su paupérrima administración del ministerio de Culturas y Turismo tiene mucha culpa en la asimilación de esa instancia como una empresa organizadora de eventos y festivales. El uso discrecional de sus recursos en ámbitos que tenían más que ver con el espectáculo y el entretenimiento repercutió directamente en la imagen que se creó en torno a este despacho y el resto de sus atribuciones que, entre otras cosas, también incluían programas de descolonización y despatriarcalización. Estas últimas, tareas siempre postergadas y usadas por el anterior Gobierno demagógicamente.

Está claro que la institucionalizanción de lo cultural, sus distintas manifestaciones y dimensiones, no garantiza ningún tipo de beneficio para el sector de manera directa, pero sí se constituye en un espacio de disputa continúa con una contraparte obligada a asumir ciertas responsabilidades, realizar un mínimo de gestión y operativizar agendas que de otra manera quedarían aún más escondidas en los vericuetos de la burocracia estatal.

Por otra parte, desconocer la importancia del ministerio de Culturas es omitir un elemento constitutivo de lo que se entiende por Bolivia en las últimas décadas, es volver al ostracismo de los vinos de honor en salones lujosos y exclusivos como sinónimo de cultura, donde la interculturalidad y la diversidad solo cumplen una función de ornamento «étnico».

También es olvidar la historia del propio sector artístico que, como bien explica la periodista cultural y crítica teatral Mabel Franco, fue fundamental en la conquista de una cartera de culturas dentro el Ejecutivo, luego de muchos años de esfuerzo, protestas, articulaciones y debates. No fue una invención o concesión de ningún Gobierno, fue el trabajo que surgió desde las calles y con demandas que aún hoy permanecen vigentes.

Finalmente, queda la gran interrogante de qué sucederá con todas las obligaciones postergadas e ignoradas por el exministerio de Culturas ahora que pasará a depender de una de las carteras de Estado que más ineficiencia ha demostrado, con una cabeza ultraconservadora y fiel militante del fundamentalismo cristiano, ante los retos de la crisis sanitaria. Solo por poner un ejemplo, a tres meses de la llegada de la pandemia al país, aún no se tiene ni un boceto de lo que podría ser una reglamentación sobre la formación a distancia. Solo promesas y disculpas, marcas registradas del Gobierno de transición.

¿Qué pasará con el Premio Eduardo Abaroa? ¿Los fondos del Adecine? ¿Las deudas con lxs premios nacionales de literatura? Quien sabe.

Muy waso

También podría gustarte