Mango negro

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‘Mango negro’: el nuevo viaje de Rubio

Por Paloma Navarro Nicoletti

En sus videos Rubio se define estéticamente con colores fríos, blancos y negros. Suele bailar y hacer movimientos lentos con el cuerpo. Este personaje nació en 2015 como creación de la baterista y vocalista experimental chilena Fran Straube. Rubio, dice la artista, es “un ser albino y andrógino, un ser prístino y virgen que viene de otro mundo y empieza a relacionarse con este planeta”. Su razón de ser: servir a Straube de canal para aproximarse a la música de una forma distinta.

Con Rubio, la artista lanzó Pez en 2018 y ahora presenta un segundo disco de estudio llamado Mango negro. Este es fruto de tres EP publicados durante 2020 que declaran su renacer.

En marzo Rubio anunció La pérdida, integrado por cuatro canciones. Como si se tratase del inicio de un ritual chamánico, los sonidos electrónicos experimentales que se escuchan ahí nos muestran el inicio y la búsqueda del camino, la exploración de un pez en un mundo desconocido. “Todo camino y su transformación significa la pérdida de algo, la ganancia de otra cosa”, dice Straube. “Los afectos, relaciones y emociones que dejamos en el recorrido nos llevan a un viaje personal, todo con el fin de adaptarnos a este nuevo mundo”.

En junio lanzó La existencia, un segundo EP de otras cuatro canciones que comulgan dentro del electropop y que develan un proceso de crecimiento musical de Rubio. En este trabajo Fran creó un clima donde cada instrumento toma protagonismo. Podemos recorrer con su voz el sonido de los sintetizadores y los efectos mezclados con música étnica. Ella lo define como “un corto que propone menor consciencia de sí mismo, alejándose de tendencias y estructuras. Este capítulo es una ofrenda que indaga en los existencialismos de Rubio”.

En Mango Negro, con fecha de estreno el 15 de octubre, confluyen los dos proyectos con un tercer EP llamado El fruto, que trae singles que no se habían escuchado jamás.

En entrevista para VICE, Fran Straube habla sobre el origen de Rubio y la finalización de un trabajo que lleva un recorrido de sonidos diversos.

VICE: ¿Cómo surgió Rubio?

Fran Straube: Fue a finales del 2015 y principios de 2016, yo tocaba la batería y cantaba en otro grupo, pero de a poco empecé a hacer demos y maquetas en mi casa. Fue en ese momento cuando surgió la intención de tener un proyecto solista.

Tengo una amiga que hace audiovisual, así que decidimos hacer un video de una canción propia. Recuerdo que tuve buen feedback aunque la sentía muy experimental. De todas formas agarró vuelo y empecé a tener más confianza.

No fue fácil. Cuando una persona encara algo así de repente todo es tuyo y tenés que enfrentarte sola con todas las decisiones, así que intenté vivirlo sin demasiadas expectativas, de manera orgánica. Ya cuando entré al sello Jungla Music empecé a trabajar de otra manera, comenzó la rueda.

En Mango negro se escuchan varios estilos entrecruzados. ¿Por qué elegiste la mezcla del techno con el anglo y lo latino?

Creo que escucho música variada. Desde chica he sido melómana; por mi mamá escucho música étnica y me llega al corazón, también escucho mucho techno, incluso pasando desde un estilo más lofi hasta algo más duro. Creo que no soy hater con la música, puedo valorar y variar de estilos, no puedo escuchar algo y hacer eso mismo por el resto de mi vida. Justamente eso es lo que me gusta de Rubio, sentir la libertad de hacer cualquier cosa, desde un bolero, hasta un techno, o algo superpop. No tengo un techo al que aspire musicalmente, es así como siento que nada de este disco se escucha forzado.

¿Qué historia elegiste contar en las letras de Mango negro? ¿Es una continuación de Pez?

Pez fue la búsqueda de mi voz, lo viví como un gran proceso. En ese momento me imaginaba entrando a las profundidades para luego salir a la superficie. A este disco le puse Mango negro porque me imaginé a ese pez anterior saliendo del agua para estar en el planeta tierra. Con este disco me imaginé el viaje del héroe, estaba leyendo Siddhartha por segunda vez y dije: ahora vienen las aventuras de pez.

Este disco lo dividí en tres EP: La pérdidaLa existencia y El fruto, que se engloban en Mango negro. En todo el disco hablo del viaje de la vida; de las dimensiones que transitamos; lo mundano; los celos; la avaricia; algunas cuestiones que tampoco me gustan del mundo, que hoy siento desconectadas. Muchas canciones hablan de las desconexiones de la fuente; otras hablan de la vida, de la muerte, de los mensajes invisibles con los que nos encontramos. Me gusta lo mágico, creo que la vida está llena de señales, es preciosa, está repleta de cosas muy simples a nuestro alrededor.

¿Encontraste esa magia en la naturaleza? Entiendo que  elegiste pasar la cuarentena en el campo.

Sí, ahora que vivo en la naturaleza estoy más conectada con esas magias de la vida, es otra dimensión. Creo que el ser humano tiene muchas dimensiones, hay quienes las saben captar; es personal y el disco habla de eso. No siento que el disco hable de lo tangible, de lo visual, de la materia, sino todo lo contrario: habla de lo invisible. También hay otras canciones que hablan del aprendizaje, de todo lo que una vivió hasta llegar al goce, de lo que los maestros nos enseñan. Eso también es el pez que salió de las aguas para vivir las aventuras y tiene relación con la magia de lo natural.

¿Cómo estás viviendo el lanzamiento del disco en plena pandemia?

Parece que me hubiese preparado para esto, ¿no? Como si hubiese sacado el disco bajo la manga y hubiese escapado a la montaña.

Cuando esto comenzó, hace meses, tuve un sueño sobre irme de la ciudad. Me fui y me siento bien. No soy ajena a lo que pasa, sé que hay gente que está sufriendo, hay mucha violencia, los feminicidios están aumentando, pero a mí me hace bien estar un poco aislada, en un área creativa, jugar a la música. Sin la pandemia no me hubiera atrevido a venirme a la montaña, hubiera seguido corriendo.

Este contexto me hizo soltar muchas cosas. Tenía un chip de la productividad en mi cabeza, de estar constantemente haciendo cosas, y añoraba una pausa en el mundo. Lamentablemente ha pasado de mala manera, estando en crisis, pero en mi hábitat valoré haberme detenido y ver lo esencial. Hoy sé disfrutar salir a caminar, ir al parque, antes era vivir arriba de la máquina todavía.

Vice

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