La ciudad ya no es la misma, el público se ha renovado y el tiempo ha dejado su huella, pero ellos continúan ahí. Pasan los años y las funciones se suceden todas las semanas, la marquesina las sigue destacando y el elenco continúa recibiendo los aplausos de los espectadores. Creaciones como Barro negro o RescataTE forman parte de la cartelera montevideana desde hace años, en una plaza teatral que usualmente presenta las obras en unas pocas funciones.

¿Cuál es la razón por la que algunas se mantienen en el tiempo? ¿Existe alguna fórmula? La respuesta tiene mucho que ver con el público, pero también con convicciones y elecciones particulares.

Abril marcará la vuelta a la cartelera uruguaya de una de las producciones más queridas por el público local: RescataTE. La obra, que estrenará su duodécima temporada sin interrupciones, incluso generó una “secuela”, que, pese a no continuar el argumento, mantiene su espíritu.

Este tipo de obras, que permanecen mucho tiempo representándose, no son algo nuevo en Uruguay, aunque sí algo que no se repite tan a menudo. La lógica de la programación teatral de la ciudad exige un recambio casi permanente y a lo sumo los espectáculos se reponen una vez. Este modelo ha sido desafiado en otras ocasiones por espectáculos como El herrero y la muerte, ¿Quién le teme a Italia Fausta (obra que vieron más de 300 mil personas) y Cómo rellenar un bikini salvaje.

Éxitos sobre ruedas

Cuando a Marcelino Duffau se le ocurrió adaptar la obra venezolana Fango negro en Uruguay, ya conocía lo que eran los éxitos de varios años. Él había estado detrás de la dirección de La empresa perdona un momento de locura, obra que se estrenó en 1981 y que se mantuvo en cartel por 11 años. Lo que nunca se imaginó, así como el resto del elenco original (luego cambió en varias oportunidades), fue que esta nueva obra pasaría la barrera de los 20 años y se convertiría en el espectáculo teatral con más temporadas de la historia.

“Barro negro tiene la particularidad de que se estrenó en un momento en que Montevideo había salido de la dictadura: la ciudad estaba fea, oscura, no se estaba pasando por un buen momento. Y tampoco lo estaba pasando el teatro. A nadie se le había ocurrido hacer teatro fuera de la sala”, recordó Duffau a El Observador.

Según el director, ni siquiera los actores entendían muy bien el planteo al principio: montar una obra de teatro en un ómnibus en marcha. A pesar de los contratiempos que la idea parecía acarrear, Barro negro hizo su primer viaje en 1991 y desde ese momento no ha parado de sumar funciones, espectadores y kilómetros.

“Son espectáculos que están por fuera de la lógica (…) El responsable directo de la permanencia es el espectador. El día que no venga más gente hay que bajar la obra. Ayuda mucho además que acá todos tenemos una cultura de ómnibus. Creo que eso aporta a que el espectador se sienta cercano a lo que sucede”, dijo Duffau.

“El estilo de teatro llama mucho la atención. Habla de nuestras cosas, la gente se ve reflejada en su cotidianeidad, y si bien te reís, plantea discusiones, reflexiones y debates, algo que nos parece alucinante. La gente sale de RescataTE y habla de lo que vio por horas (…) Es difícil cortarla, porque está cumpliendo incluso un objetivo social”, dijo Horacio Neves, actor que participa en la obra desde su estreno, el 10 de junio de 2006.

RecataTE debutó en el Teatro del Notariado, pero luego del segundo año continuó su camino en el Teatro La Candela, donde permanece; también allí se estrenó RescataME en setiembre del año pasado.

“Era imposible imaginar el éxito. Acá que una obra funcione significa hacer un reestreno. La misión inicial era montarla y después poder hacer un reestreno, pero lo que pasó después fue imposible de imaginar”, aseguró el actor.

Legado de otras épocas

Si bien este tipo de obras de larga data no son recurrentes, sí tienen antecedentes. En 1988 Omar Varela estrenó la obra ¿Quién le teme a Italia Fausta?, con un elenco compuesto por Petru Valensky y Luis Charamelo, y fue uno de los grandes éxitos teatrales de la historia.

Estuvo en cartel hasta 2004, año en que decidieron dejar de hacerla por la muerte de Charamelo. Años más tarde, Marcelo Galli suplantaría a Charamelo y la obra continuaría hasta el cierre de la compañía que la representaba en 2015.

Según el experimentado director, Italia Fausta logró llevar a los jóvenes al teatro y que ellos llevaran a sus padres, algo que explica el éxito de años que tuvo la obra. “Tiene que ser un espectáculo que surja en el momento justo, en el lugar justo y con la gente justa. Italia Fausta fue un fenómeno. Creo que fue el espectáculo que más espectadores tuvo en la historia”, dijo.

Graciela Rodríguez es una de las actrices uruguayas que más éxitos de largo aliento tuvieron en el teatro local. Sus obras Brujas, Cómo rellenar un bikini salvaje, No seré feliz pero tengo marido y Cómo evitar enamorarse de un boludo han estado en cartelera entre tres y siete años y, según comentó, algunas no estuvieron más tiempo por decisiones ajenas a ella, que involucraban a los calendarios de los teatros o los derechos de cada obra.

“Soy una de las pocas en Uruguay, sin agrandarme, que he estado más de tres años con cada obra. No sé si es por mí, no creo, porque en ese caso tendrían que funcionar todas las obras en las que estoy más allá de mis unipersonales. No me doy cuenta del motivo, es algo que viene del público”, dijo la actriz a El Observador.

Funciones, hasta… ¿cuándo?

El dilema que puede pasar por la cabeza de cada uno de los participantes en este tipo de obras puede ser hasta cuándo mantener una obra en cartel. ¿Se debe bajar mientras aún es un éxito o hay que esperar a que el público las olvide?

Duffau coincidió, pero además criticó duramente a sus pares. “Si la obra tiene vida, y a su vez funciona económicamente, no hay que bajarla. Nadie cierra una pizzería porque vende mucha pizza. Esto no es una pizzería, pero hay que tener mínimos cánones comerciales y de profesionalismo. Parece que en el teatro independiente es preferible putearle la madre a alguien que decir la palabra comercial”.

Contó, además, una anécdota de hace muchos años en la que una vez casi termina a golpes de puño con un colega. “Me lo encontré en el teatro y me dijo: ‘¡Bo, seguís currando con La empresa perdona un momento de locura!’. ¿Por qué me dijo eso? ¿De mala leche, de hijo de puta, de envidia? ¿Por qué no se lo dice al dueño del boliche de la esquina del teatro que vende 300 cafés por día por la obra? ¿Él no está currando pero yo sí?”.

En la vorágine del teatro local, que recambia obras con bastante frecuencia, estos espectáculos han marcado la historia por su longevidad y, por lo visto, el telón está lejos de bajar.

El herrero y la muerte

Esta obra, dirigida por Jorge Curi, se estrenó el 7 de agosto de 1981 en el teatro Circular de Montevideo y es recordada por el protagónico de Walter Reyno (foto) que quedó inmortalizado como Peralta. El elenco estaba compuesto, además, por Rosita Baffico, Carlos Frasca, Carlos Banchero, Walter Etchandy, Juan Graña y Ricardo Couto. Originalmente estuvo seis años en cartelera.
El herrero y la muerte se basó en una leyenda criolla en la que un hombre desafía a la muerte, a Dios y al Diablo gracias a su ingenio y picardía. En 2011 tuvo un esperado reestreno en el teatro Victoria para conmemorar el trigésimo aniversario de su primera función.