Por Lujan de la Torre  y Nicolás Vázquez

“Sería ocioso hablar de la poca importancia que se le otorga al trabajador cultural en nuestra patria; del total abandono de organismos, planes y establecimientos educacionales, del incontrolado avance de una economía que permite el negociado y sigue oprimiendo a las clases menos pudientes (…); de la infame clausura de imprentas y publicaciones que cumplían positivas tareas culturales; sería ocioso hablar del incremento de burócratas y desocupados (…). Sería ocioso hablar de de todo eso y de las crisis que nos suceden y de la necesidad de romper formas y cambiar estructuras y de la muerte de un orden social y el nacimiento de otro. Sería tan ocioso si no fuera tan necesario”.  

Roberto Santoro. Fragmento del Discurso para el acto de la Alianza Nacional de Intelectuales, 10 de abril de 1964

 El gesto poético y político de Roberto Santoro es inseparable de su oficio periodístico. Su pluma despojada atravesó la prolífica e inestable generación del ´60 con el objetivo  empecinado de sacar la poesía a la calle. Entendió que forma literaria y denuncia pueden no oponerse y fundó el grupo editorial y la revista El Barrilete con la determinación de demostrarlo. A mediados de los ´70, el taller continuó y su compromiso creció con la convulsión política. Roberto Santoro cultivó el artesanato editorial y la “prepotencia del trabajo” que reclamaba Arlt al rescate de voces populares relegadas. Fue secuestrado en su lugar de trabajo el 1º de junio de 1977 y continúa desaparecido.

Antes del lanzamiento de El Barrilete, Santoro había publicado el libro De tango y lo demás (1963) y la plaqueta El último tranvía (1963) y se agregaba a su historia de activista cultural el antecedente de la revista humorística La cosa.

En agosto de 1963 comenzó a delinearse lo que sería su actividad periodística y literaria sostenida, con la primera edición de la revista de la que fue fundador y director. Barrilete estaba integrada por periodistas-escritores jóvenes que se habían convertido en obreros de su propia literatura. Los poemas de Santoro, Carlos Patiño, Francisco Chiroleu, Carlos Higa (también desaparecido) y Alberto Costa (exiliado en España) eran publicados en editoriales caseras y acompañados por ilustraciones de artistas amigos. Barrilete era un colectivo de escritores que quería salir, y salió. Santoro publica poemas de Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Celedonio Flores y Evaristo Carriego, entre aquellos más cerca de ser considerados letristas que poetas. La violencia del mote corría siempre el riesgo de la exclusión y del artepurismo. Santoro tenía otras intenciones. Y urgentes.

 Los poetas de la ciudad accedieron a un espacio literario que otros grupos culturales contemporáneos jamás les habían concedido. Primer paso en la cruzada inclusiva de Roberto Santoro al que luego se le sumaría el lenguaje del fútbol, el imaginario de la hinchada y el ingenio callejero de las “frases de paragolpe”. Santoro elaboraba un muestrario de voces populares con anotaciones repentinas en la libreta y el oído atento al vivo pulso de la calle, el chiste y la denuncia. Sobre todo la denuncia, y su malestar creativo incansable. “El pelado se esforzaba por lograr la calidad de cada poema, tenía una dedicación increíble y te rompía la paciencia hasta que salía. Después venían los ajustes. Era un tipo simple, llano, un amigo”, recuerda su compañero de ruta y amigo Francisco Chiroleu que hoy sigue apostando al acto poético y publicando como entonces.

 Santoro rechazaba explícitamente la actitud abstraccionista y de quienes enrarecían el mundo editorial y creían ser los referentes culturales por definición. En este sentido, el poeta continúa su lucha sostenida a favor de las mayorías y en busca de la amalgama de la verdad y la belleza. Fue cuando propuso, sin lugar a malos entendidos ni ilusiones irrealizables, cambiar la conducción de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Santoro llamó a una decisiva militancia gremial. “La SADE viene sufriendo desde hace ya muchos años la inoperancia de sus ejecutivos y la desaprobación de sus denostadores. Pero a la SADE no se la ignora, se la gana apoyando toda actitud positiva”, declamaba el periodista frente a la Alianza Nacional de Intelectuales luego de asumir sus “limitaciones teóricas” y de autodenominarse “aprendiz de la palabra”.    

Santoro ponía la sangre en las cosas, y luego de anunciar su plan de acción entendía que era el momento de salir a lograrlo. Junto a Alberto Costa en un principio, visitaban los fines de semana a escritores consagrados por sus obras y respetados por su posición democrática. El objetivo de la Asociación Gremial de Escritores -que también integraban Haroldo Conti, Oscar Barros, Enrique Coureau y Juan Carlos Higa- se había propuesto cambiar la dirección de la SADE del único modo posible: presentándose a elecciones y ganándolas. Santoro y su grupo contó con el apoyo de Elías Castelnuovo que había sido de los primeros anarquistas del Río de La Plata y fue su candidato a presidente. Costa recuerda que en una reunión con la AGE, el escritor -de 90 años- aseguró que siempre había preferido “estar equivocado junto al pueblo, que tener la razón y enfrentarse a él”.

El alcance de la iniciativa de Santoro había sido amplio e incomodante. David Viñas con su explícita y cotidiana doctrina socialista  fue el candidato a secretario de la gremial. No ganaron las elecciones pero configuraron un grupo dispuesto a llevar, como Santoro  quería, la lucha a la palabra y las dos juntas a la calle. Salían en giras itinerantes por ciudades del interior, leían sus textos y sumaban esas experiencias a la revista. Barrilete seguía saliendo y Gente de Buenos Aires se había convertido en sello editorial de todos ellos. Santoro publicó, entre otros: Las cosas claras, Poesía en general, Desafío, No negociable y Uno más uno humanidad. Todos de alto contenido político,  contra el colonialismo cultural y la “podrida máquina social que hace que un hombre deje de ser un hombre, obligándole a tener un despertador en el culo, una boleta de Prode en la cabeza y un candado en la boca”. Nada retrata mejor a Santoro que sus definiciones precisas y violentas.

Aún con lo difícil que se presentaba el deseo de limar las disidencias de la izquierda, Roberto Santoro no claudicó. Siguió entendiendo que las palabras eran contundentes y en junio de 1976, ante la evidencia del genocidio que ya esquilmaba oficialmente a una generación lúcida que era la suya, denunció las atrocidades en el exterior. Escribió y firmó una carta presentada ante la Confederación de Escritores Latinoamericanos con sede en México (ver anexo) en la que pedía que se divulgue la lista de detenidos, las golpizas y las amenazas a escritores y periodistas. Poco más de un año después, tres hombres de civil armados irrumpieron en la Escuela Nacional Técnica Nº 25 Fray Luis Beltrán donde Santoro trabajaba como preceptor.

En 1996, una plazoleta de Colegiales (ubicada en la esquina de Forest y Teodoro García) fue bautizada como “Poeta Roberto Santoro”. Veinte años antes de ese homenaje y treinta de esta semblanza, Santoro escribió: “Si se escapa esta rabia que llamamos esperanza,/si un día se va,/yo crucifico al amor,/y después de enterrar a mis hermanos,/me voy con el tranvía de la muerte/a clausurar mi corazón en una plaza”.    

FRAGMENTO DE LA CARTA DE DENUNCIA

La carta de denuncia, escrita por Roberto Santoro el 3 de junio de 1976 y dirigida a la Confederación de Escritores Latinoamericanos, finaliza diciendo: “Hasta aquí los datos que poseo. El presidente, no obstante, habla de la libertad y la democracia. Se liberan los precios. Hay cesantías en masa. Distribuyen una cartilla para prevenir actividades subversivas en las escuelas. El presidente dice que rechaza la prensa complaciente, la planta Ford de General Pacheco, que ocupa 4800 trabajadores, cierra por cinco semanas. EEUU acepta el plan del ministro de economía, hombre ligado a los monopolios; los obispos hablan de la paz y rezan. Borges declara que la literatura  y el arte son formas de placer. (…) Lo cierto es que los compañeros siguen presos y es necesario que ustedes, a través de la Confederación de Escritores Latinoamericanos nos den una mano, la de la solidaridad, (…) y a favor de la causa popular testimonien el atropello de las burguesías sobre el proletariado. (…)

Hermanos, discúlpenme la letra, no tengo máquina donde estoy. Compréndame, compréndanos. De todas maneras somos optimistas. Esto recién ha comenzado. El presente es de lucha, el futuro es nuestro”.

Publicado en Izquierdos Humanos

ABLUCION
durante 15 segundos
y en ayunas
repítanse diariamente
las siguientes palabras
hi-jos-de-pu-ta-hi-jos-de-puta

HOY
después de ver a una mujer
dejar caer a su hijo a través de una ranura
y disparar con su miedo a la oficina

Hoy justamente
que un militar le prendió fuego a una biblioteca
y un funcionario se masturbaba al pie de una secretaria

Hoy
precisamente hoy
que el juez de turno hizo pis arriba de los libros
y un colectivo mató una mariposa

Hoy que una muchacha me vendía su sexo por un café con leche
y yo le hablaba de poesía

Hoy
exactamente hoy
tuve que tirar el corazón por la ventana

CUADRO
Cada vez que hay un problema
el juez levanta el martillo
y el país se hunde
más adentro.

 

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