Por Daniel Cholakian – NodalCultura

Uno de los grandes motivos para acercarse al Festival Internacional de Cine de Cosquín es la realización de una retrospectiva de la obra del cineasta colombiano Camilo Restrepo.

Restrepo es un creador siempre nuevo por varios motivos. Porque su obra está comenzando a ser reconocida internacionalmente; porque ya que solo ha producido cortometrajes está presente (en el campo de la crítica o la cinefilia) la innecesaria espera de un largo; porque al ser un cineasta que investiga sobre la materialidad del cine, sus películas son descubrimientos, aunque sean parte de una obra sólida. Pero además es siempre nuevo porque cada película de Camilo Restrepo desafía a pensar el cine, las técnicas, las narraciones y las tradiciones desde el presente absoluto.

Si el cine es, por definición, puro presente, el cine de Restrepo es un ahora mismo palpable y extremo. Su obra tiene una potente vitalidad.

El FICIC presentó los cuatro cortometrajes conocidos hasta el momento (solo faltó La Bouche que se presentará en los próximos días en el festival de Cannes): Tropic Pocket, La impresión de una guerra, Como crece la sombra cuando el sol declina y Cilaos.

La violencia en Colombia es el eje de su obra. Cualquiera que piense sobre la naturaleza de los 70 años de esta violencia en este país no puede simplificar la naturaleza, pontificar sobre sus actores o moralizar sobre sus causas. Este es uno de los mayores méritos de Restrepo. Aporta desde el cine a componer esa complejidad. Usa fuentes diversas, opera sobre lo físico del cine: soporte en fílmico, materiales desgastados, imágenes sin la vana perfección impoluta de lo digital, sonido (re)construido, materiales viejos siempre novedosos. La violencia que cuenta Restrepo no son las guerras, sino aquello que estuvo en los orígenes o que fluye en los intersticios de aquellas. Es lo que las prohija y que a la vez queda oculto.

La magnífica Tropic Pocket es un ejercicio dialéctico entre investigación de campo, teatralidad y recuperación de material de archivo. Si Restrepo fue al territorio selvático del Chocó con su cámara super 8 a registrar como una suerte de antropólogo que visita un territorio virgen, construyó allí mismo una teatralidad que asoma como respuesta a las visitas civilizatorias / apropiadoras. La publicidad, la máscara, el archivo antropológico, los archivos de combatientes y la voz (la voz como banda sonora es un elemento clave en estas películas) se articulan en diálogo ácido sobre el espacio, la cultura y las violencias que están en el aquí.

Este mismo aquí es patente (y uno diría que es casi un inmediato futuro) en Cilao, la más nueva de las obras vistas. Es imposible ver este cortometraje sin pensar en el universo trágico de Pasolini y en el cine de los negros en EEUU durante la década del ’70. Christine Salem canta en una canción el regreso de una mujer en busca del padre, aquel que nunca conoció y que descubrirá que ha sido padre de otros muchos y que ya nada tiene para buscar. Sin embargo, Cilao, que es una tragedia cantada de un modo maravilloso, no es otra cosa que un relato sobre lo trágico inevitable del retorno al interior profundo colombiano, donde todo muere. Es en ese profundo sentido trágico del retorno que lo violento de la historia colombiana se hace presente en este magistral cortometraje.

La obra de Camilo Restrepo se configura por los rastros de la historia, los que aparecen como tales más en lo fallido que en lo perfecto. Justamente “La impresión de una guerra” permite seguir el rastro de la violencia no ya en la noticia impresa, sino a partir de esas hojas falladas que circulan de mano en mano, envolviendo frutas y llegando hasta las historias que los titulares no cuentan.

Estos rastros de la historia se encuentran en los particulares mecanismos de trabajo de Restrepo. Él como cineasta opera con ellos, los complejiza. También hay una operación estética consciente. No hay un mero ejercicio de montaje. La operación plástica –Restrepo proviene de las artes visuales- es claramente una operación política.

Si algo permite entender la obra de Camilo Restrepo es que la duración no hace al cine. Que hay una economía del cine que condiciona al propio medio y a su presente. Una economía que supone al el deber ser cinematográfico largo, digital, HD y super dolby.

En la disputa por esa economía, que es centralmente política y presente, Restrepo es un nombre clave a tener en cuenta.