Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura

El BAFICI, uno de los dos festivales de cine más grande de Argentina, cumple 20 años. Toda edición que implica un aniversario “redondo” está cargada de ansiedades y deseos, como si ese número implicara la necesidad de un festejo, un balance, una revisión o un replanteamiento.

En las últimas dos décadas, se ganó en el calendario mundial un lugar especial, y por eso es un reconocido contesto de presentación para los/as realizadores/as del cine independiente, de autor y de vanguardia.

Comparte sólo con el Festival de Cine de Mar del Plata -el único de clase A de América Latina- el privilegio de ser uno de los dos festivales oficiales del país. Es organizado por el Ministerio de Cultura de la ciudad de Buenos Aires y cuenta con fuerte apoyo del Instituto de Cine y Artes Audiovisuales.

Logo 20 BAFICI

Javier Porta Fouz es su director artístico desde 2016, pero ha sido desde los primeros años parte del equipo de programadores, por lo tanto lo conoce desde siempre, y fue un protagonista del desarrollo de este festival.

Respecto del aniversario, según contó a Nodal Cultura, su primer pensamiento estuvo vinculado al público que no constituye el “núcleo duro” del BAFICI. “Cuando terminó la edición número 19 sabíamos que se nos acercaba esta edición marcada por el número redondo. Lo primero que pensé en ese momento fue en cómo reforzar las proyecciones durante los fines de semana, que son los momentos más concurridos del festival y que incluye al público menos planificador, menos organizado. Es ese público que se entera de todo durante los días en que se desarrolla el festival. Había que reforzar la programación durante los dos fines de semana, para facilitar el acceso al público que no es del “núcleo duro del BAFICI”, y que es realmente muy importante para mí. En un momento en el que el cine está asediado por múltiples crisis, que el BAFICI pueda ofrecer a este público la posibilidad de ver películas cuando tiene más tiempo, me parecía prioritario. Fue lo primero que me puse como premisa para esta edición”.

En esta 20ª edición, el festival presentará entre el 11 y el 22 de abril más de 80 largometrajes en las secciones competitivas, además de cerca de 400 obras entre largos y cortometrajes. Pero además, según refuerza Porta Fouz “se ha logrado que esta edición sea en la que más salas disponemos y la que más funciones gratuitas tiene. Muchas funciones y con más facilidad de acceso en la ciudad. El BAFICI que es un festival de la ciudad y hecho por el Ministerio de Cultura, por eso es fundamental pensar en cómo mejorar el acceso al público en general”.

20 años no es nada

¿Cómo pensaron desde lo artístico esta edición?
En cuanto a la idea de cómo programar la edición número 20, que por ser un número redondo tienta a revisar el pasado, pensamos con el equipo que había que hacerlo, sin por ello acudir a la nostalgia. De modo que la organizamos pensando el cine desde el presente, sus cuestiones políticas, económicas y sociales. Esto implica también revisar la caída de la preponderancia del cine en mundo del arte para mucha gente. Entendemos que por eso debíamos hacer un festival que diera que hablar, que fuera atrayente, con buenos invitados, propuestas diversas y en el que muchos cineastas quieran estrenar sus películas. En el mundo de los festivales, la competencia se da en el nivel de las premieres que tiene. Este año tenemos un record de premieres para el BAFICI y para cualquier festival que se haya hecho en Argentina. De modo que queríamos una edición que mirara su historia y desde allí se proyectara hacia el futuro.

También nos interesaba mucho tener invitados que el público quisiera tener cerca. El público del BAFICI no es igual al de muchos otros festivales. Cuando vino Peter Bogdanovich, en 2016, él mismo no entendía su rol en un festival como este. Pero cuando vio que sus charlas se hacían ante salas repletas, y mucha gente quedaba afuera de las mismas como si fuera una estrella de rock, advirtió que este público es diferente a lo que había visto en otros festivales. El año pasado tuvimos la suerte de que viniera Nanni Moretti, cuya presencia fue un sueño cumplido para el festival, ya que estuvo invitado en la primera edición y tuvo que cancelar el viaje. Así que este año empezamos a trabajar con mucho tiempo y surgió, como hace años, el nombre de John Waters. Luego de planificarlo mucho tiempo logramos que este año pueda venir. Y como pensamos en otros invitados que a los cinéfilos les guste ver, y que tengan una historia con del BAFICI, también viene Philippe Garrel, otro invitado que siempre quisimos tener. Finalmente pensamos en invitar a un actor distinto, por su calidad y también por lo que representa, que es Ewen Bremner, reconocido por su participación en Trainspotting. Él, desde su lugar de actor, estuvo viendo mucho cine argentino y tiene un nivel sorprendente de reflexión sobre el cine. Yo creo que su seminario va ser imperdible.
Pensamos en muchos invitados, variados y creemos que todos ellos representan el espíritu del festival a lo largo de estos 20 años.

El “boom” del cine brasilero

El cine latinoamericano tendrá una fuerte presencia en esta 20ª edición del BAFICI. El 40% de las películas en la competencia oficial internacional serán de la región. Habrá cine de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, México, Nicaragua, Panamá, Perú, Uruguay y Venezuela. Sin embargo será el cine brasilero el que ocupará el centro por su importante presencia y por la potencia de la producción que estará presente en el festival. 

El año pasado en la charla que tuvimos destacabas la presencia del cine caribeño, que sin dudas tuvo una presencia muy importante luego también en el circuito global de festival. Este año se advierte en la programación una presencia notable del cine brasilero ¿Qué explica este destaque del cine de Brasil?
Hay una idea de Jean Cocteau, que siendo atractiva para mí, aunque se comprueba en algunos casos y otros no tanto, que dice algo como que los países convulsionados producen mejor arte que los países que están en un momento de calma. Aunque si esto se aplicara en general a Latinoamérica, tal vez tendríamos el mejor cine del mundo (risas).
En el caso de Brasil, es obvio que en el contexto de su situación política, y con la tradición cinematográfica importante que tiene, este año se fue dando una presencia importante de películas, que fueron sumándose por su propio peso. No fue algo buscado.
Se fue dando naturalmente. Teníamos una película brasilera confirmada desde Locarno, “As boas maneiras”, que tiene una combinación de cine de género con marca personal, que la muestra como muy osada (cosa que el BAFICI reivindica para sí). Después se sumó “Gabriel e a montanha”, que tuvo un premio en la semana de la crítica en Cannes, y me gusta mucho personalmente. Esta película está en la sección oficial, fuera de competencia. Y a último momento apareció “Azougue Nazaré” y consideramos que tenía que ser parte de esa competencia. Y si hay dos películas en la competencia oficial y una en la selección oficial fuera de competencia, está bien, es merecido. Además tenemos la retrospectiva de Ozualdo Candeias, hay películas de Brasil en la sección de Vanguardia y Género, en Trasnoche.
En el ámbito de los festivales se habla bastante del cine brasilero en términos de interés, variedad y calidad a lo largo de este año. Sin embargo este año no hubo una película brasilera que haya conquistado mercados en el mundo, en términos de público. Como fue Ciudad de Dios, o Estación Central o Tropa de Elite. Es cierto que cada vez se exporta menos cine, fuera de lo considerado “mainstream” en términos estadounidenses. No parece, entonces, haber pasado esto con el cine brasilero, aunque si se percibe una estabilización del cine independiente o más personal. No sé si será una tendencia que se pueda sostener. Eso lo veremos más adelante.

El BAFICI y el cine independiente argentino

El cine independiente argentino surgido en la segunda mitad de la década del ’90 del siglo pasado le debe mucho al BAFICI como espacio y el festival le debe mucho a ese cine en su identidad y crecimiento ¿Cómo es esa relación y cómo se verá en las pantallas en esta vigésima edición?
Me gusta mucho que este año se note la diversidad que hay de cine argentino. Es algo que se puede ver a partir de la presencia nacional en la competencia internacional. Allí seleccionamos la tercera película de Mariano Llinás y la primera película de Jimena Blanco. Alguien que empezó en el BAFICI en 2002 (Llinás) y alguien nuevo (Blanco). Una película de casi 14 horas (La flor) y otra (Paisaje) de apenas 67 minutos, y ambas protagonizadas por cuatro mujeres.
De la competencia argentina me gusta mucho la combinación de nombres que acompañaron al BAFICI y a quienes el BAFICI acompañó. Albertina Carri, Raúl Perrone, José Campusano, Rosendo Ruiz son nombres que están asociados a una carrera en el cine independiente y que estuvieron presentes con sus obras en el festival. También vuelven Tokman y Mascambroni. Y luego encontramos operas primas. Creo que hay un buen equilibrio entre “nombres” y novedades. Está presente la gran diversidad que tiene el  cine argentino.
La relación del BAFICI con el cine independiente argentino está desde el inicio. Recordemos que en la primera edición se estrenó “Mundo grúa” en la competencia internacional. Y terminó ganando mejor director y mejor actor. Un director debutante y un actor no profesional. Eso define muchísimo la relación entre el BAFICI y el cine argentino. Pasaron “Silvia Prieto”, “¿Sabés nadar?” y luego el cine argentino se fue haciendo cada vez más prolífico y todos los directores nuevos fueron estrenando en el BAFICI. Esta relación es muy rica y tiene una historia muy importante. Siento que muchos cineastas confían en el Festival para estrenar sus películas. Este año hay 48 largometrajes en estreno absoluto. Me gusta mucho eso, porque habla de esa confianza. La relación del cine argentino y el Festival pasa por un muy buen momento y nosotros tratamos de responder con nuestro compromiso y nuestra presencia a esa confianza. Tenemos que darle el marco que sus películas se merecen.
En ese sentido hay que me da bastante bronca. Aquellas películas que en el BAFICI se dan a sala llena, y tienen repercusión, con el lugar y el marco que tiene que tener, después, cuando se estrenan se presentan todas amontonadas, sin el cuidado que necesitan. Hay que trabajar mucho, y ya, sobre la distribución de cine. El cine argentino tiene una tremenda potencia, pero eso después, si no se estrena como corresponde, se pierde. Esto es perder algo bueno. Hay películas que en el estreno la termina viendo menos gente que la que la vio en el BAFICI. Es absurdo. Creo que hay que defender muchísimo al cine argentino desde la distribución y la exhibición. Pero hay que hacerlo ya. Estamos desperdiciando un cine que es realmente valioso.

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Listado de películas en competencia

Competencia Internacional
La flor, de Mariano Llinás (Argentina)
Paisaje, de Jimena Blanco (Argentina)
Azougue Nazaré, de Tiago Melo (Brasil)
As boas maneiras, de Marco Dutra y Juliana Rojas (Brasil-Francia)
Les Faux Tatouages, de Pascal Plante (Canadá)
Dry Martina, de Che Sandoval (Chile-Argentina)
From Where We’ve Fallen, de Wang Feifei (China)
Virus tropical, de Santiago Caicedo (Colombia)
A Tiger in Winter, de Lee Kwang-kuk (Corea del Sur)
A Horrible Woman, de Christian Tafdrup (Dinamarca)
When She Runs, de Robert Machoian y Rodrigo Ojeda-Beck (Estados Unidos)
1048 lunes, de Charlotte Serrand (Francia)
Village Rockstars, de Rima Das (India)
Violence Voyager, de Ujicha (Japón)
Female Human Animal, de Josh Appignanesi (Reino Unido)
Blue My Mind, de Lisa Brühlmann (Suiza)

Competencia Argentina
Amor urgente, de Diego Lublinsky
Buscando a Myu, de Baltazar Tokman
Casa del Teatro, de Hernán Roselli
Casa propia, de Rosendo Ruiz
El silencio a gritos, de José Celestino Campusano
Esto no es un golpe, de Sergio Wolf
Expiación, de Raúl Perrone
Flora no es un canto a la vida, de Iair Said
Foto Estudio Luisita, de Sol Miraglia y Hugo Manso
La otra piel, de Inés de Oliveira Cézar
La película infinita, de Leandro Listorti
Las hijas del fuego, de Albertina Carri
Mochila de plomo, de Darío Mascambroni
Penélope, de Agustín Adba
Teatro de guerra, de Lola Arias

Competencia Latinoamericana
Román, de Majo Staffolani (Argentina)
Tito, de Esteban Trivisonno (Argentina)
La cuarta dimensión, de Francisco Bouzas (Argentina-Bolivia)
Algo quema, de Mauricio Alfredo Ovando (Bolivia)
Averno, de Marcos Loayza (Bolivia-Uruguay)
Os dias sem Tereza, de Thiago Taves Sobreiro (Brasil)
La directiva, de Lorena Giachino (Chile)
Robar a Rodin, de  Cristóbal Valenzuela (Chile-Francia)
Agujero negro, de Diego Araujo (Ecuador-República Dominicana)
Lima en la piel, de María José Moreno (Perú)
Un tal Eduardo, de Aldo Garay (Uruguay-Chile)

Competencia Vanguardia y Género (VyG)
Luz, de Tilman Singer (Alemania)
Wishing Well, de Sylvia Schedelbauer (Alemania)
The Disappeared, de Gilad Baram y Adam Kaplan (Alemania-Israel)
El ruido son las casas, de Luciana Foglio y Luján Montes (Argentina)
Te quiero tanto que no sé, de Lautaro García Candela (Argentina)
T.R.A.P., de Manque La Banca (Argentina)
Between Relating and Use, de Nazli Dinçel (Argentina-EE.UU.)
Inferninho, de Guto Parente y Pedro Diogenes (Brasil)
Watching the Detectives, de Chris Kennedy (Canadá)
The Widowed Witch, de Cai Chengjie (China)
Snowy Bing Bongs Across the North Star Combat Zone, de Rachel Wolther y Alex H.Fischer (Estados Unidos)
The Pain of Others, de Penny Lane (Estados Unidos)
The Rider, de Chloé Zhao (Estados Unidos) – SOFC
World of Tomorrow Episode Two: The Burden of Other People’s Thoughts, de Don Hertzfeldt (Estados Unidos)
The Drunkard’s Lament, de Jim Finn (EE.UU.-Reino Unido)
Wasteland No. 1: Ardent, Verdant, de Jodie Mack (EE.UU.-Reino Unido)
Braguino, de Clémént Cogitore (Francia-Finlandia)           
Milla, de Valerie Massadian (Francia-Portugal)
The Seen and Unseen, de Kamila Andini (Indonesia)
Pig, de Mani Haghighi (Irán)
Song of Granite, de Pat Collins (Irlanda)
The Image You Missed, de Donal Foreman (Irlanda-Francia-EE.UU.)
Una storia volatile, de Carla Vestroni (Italia)
No Song to Sing, Lukasz Gasiorowski (Japón-Reino Unido)
Gutland, de Govinda Van Maele (Luxemburgo-Alemania-Bélgica)
Electro-Pythagoras (a Portrait of Martin Bartlett), de Luke Fowler (Reino Unido-Canadá)
The Bottomless Bag, de Rustam Khamdamov (Rusia)
The Bold, the Corrupt and the Beautiful, de Yang Ya-che (Taiwán) – SOFC
The Great Buddha+, de Hsin-Yao Huang, de Huang Hsin-yao (Taiwán)

Competencia Derechos Humanos
Unas preguntas, de Kristina Konrad (Alemania-Uruguay)
El hermano de Miguel, de Mariano Minestrelli (Argentina)
El silencio es un cuerpo que cae, de Agustina Comedi (Argentina)
Mekong- Paraná: Los últimos laosianos, de Ignacio Javier Luccisano (Argentina)
Toda esta sangre en el monte, de Martín Céspedes (Argentina)
The Green Lie, de Werner Boote (Austria)
Fail to Appear, de Antoine Bourges (Canadá)
El entusiasmo, de Luis E.Herrero (España)
Heredera del viento, de Gloria Carrión Fonseca (Nicaragua)
What the Wind Took Away, de Helin Celik y Martin Klingenböck (Turquía-Austria)
Meteors, de Gürcan Keltek (Turquía-Países Bajos)

Selección Oficial Fuera de Competencia
Transit, de Christian Petzold (Alemania-Francia)
Gabriel e a montanha, de Fellipe Barbosa (Brasil-Francia)
An Elephant Sitting Still, de Bo Hu (China)