Xilaba: la maldición es el negocio

Por Carlos René García Escobar

Para este año 2018 ha aparecido una película de la 20th Century Fox, destinada a producir ciertas creencias que, por corresponder a la ciencia ficción, sus contenidos resultan ficcionalmente anticientíficos e interesados en crear una nueva visión, de por sí mexicanezca, de la civilización maya en conexión con los extraterrestres. Esto entonces raya con la inveterada apropiación que cierta cultura mexicana ha solido hacer de los estamentos identitarios guatemaltecos, ya no digamos también con elementos de la fauna y la flora nacionales, así como de partes de su territorio en las fronteras.

Ya sólo el nombre en español de la citada película se presenta como un insulto velado: XIBALBA, La maldición de los mayas. ¿Desde cuándo se concibe a Xibalbá como una maldición? Se entiende que la palabra “maldición” es un término castizo que corresponde a antiguas culturas euroasiáticas distintas en su desarrollo civilizatorio a las del continente americano. El término adquiere una específica connotación cuando es utilizado por la doctrina cristiano católica. Nada de esto es lo mismo que el concepto maya de lo oculto, lo oscuro, lo subterráneo, concebido dialécticamente frente a su opuesto, la faz del cielo: los trece cielos. La claridad.

Ya en el argumento los productores nos presentan un discurso físico cuántico de la relación de ciertos demonios antiguamente victoriosos (concepto cristiano católico) que, desde mucho tiempo atrás del descubrimiento y posterior invasión a América, (mil años antes dicen ellos), quedaron capturados eternamente en los interiores de las cuevas de Xibalbá, lugar que por supuesto, intencionalmente, es descubierto en las selvas de Yucatán. Estos demonios nunca deberán ser liberados pues, de serlo, devorarán a los humanos como alimento para continuar su eternidad.

Un grupo de arqueólogos mexicanos financiados por un estadounidense de origen colombiano, con perfecto uso de ambos idiomas inglés y español, e increíblemente sabiendo hablar también el maya yucateco, encuentra en un lugar secreto de Yucatán, la entrada a Xibalbá. Irrespetando las supersticiones locales sobre la leyenda de los nahuales de Xibalbá, perpetran el descubrimiento y entran a los subterráneos en franca disposición de apoderarse de los hallazgos mayas milenarios que allí se encuentran. Es decir, profanan un sitio sagrado ocultado durante milenios por razones de sacralización de las creencias de una civilización antigua.

¡Qué casualidad! Los protagonistas son arqueólogos mexicanos financiados por un paleontólogo estadounidense, buscando un lugar mítico que, como se sabe, pertenece a la cultura quiché guatemalteca enunciado en su libro sagrado el Popol Vuh. Esta especulación fílmica surgió de la conmemoración del Baktun en diciembre de 2012, cuando terminó y comenzó para la cultura maya la era de cinco mil años.

Si bien es cierto es una película de ciencia ficción producida con capital en dólares, se debe reconocer que sus contenidos no deben influenciar el imaginario, sustentado científicamente, de los guatemaltecos y en general internacionalmente, haciéndonos creer que Xibalbá esté en Yucatán, hoy México, y que contiene “demonios” capturados semejando un “infierno” que por lo tanto representa “la maldición de los mayas”.

A otro perro con ese hueso.

Publicado en La Hora
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