Medios y literatura

libro Mandíbula. Vida y Estilo

Los últimos cinco años de la literatura ecuatoriana

Por Clara Medina

Soy lectora de diarios y, sobre todo, he trabajado en prensa por años. De allí que en 2015, al momento de escoger qué investigación realizar para obtener mi título de magíster en Estudios de la Cultura con mención en Literatura Latinoamericana, propuse el siguiente: cómo los medios de comunicación impresos del Ecuador difunden la narrativa ecuatoriana. Esa fue mi tesis de maestría en la Universidad Andina Simón Bolívar, de Quito.

Mónica Ojeda

El objetivo de la investigación no fue saber o determinar cuál de los medios nacionales difunde más la narrativa ecuatoriana (la literatura y toda manifestación artística forman parte de la periferia en los medios; no existen suplementos ni secciones de cultura bien articulados, salvo excepciones, claro está) sino establecer qué y cómo la difunden y cuál es la visión que, mediante lo publicado, crean de esta. El periodo estudiado fue 2010-2015. Constaté, entre otras cosas, que eran los hombres, en general, los que tenían más exposición o eran citados con frecuencia, excepto, quizá, de Gabriela Alemán.

Gabriela Alemán

De 2015, año en que cerré la investigación, a la actualidad, ha habido notorios cambios. Ya no son únicamente los hombres quienes encabezan los titulares noticiosos sobre literatura. No es novedad que las mujeres escriban. Lo han hecho de manera sostenida y silenciosa desde hace años (Alicia Yánez Cossío, por ejemplo, tiene una docena de novelas, dos libros de cuentos, tres de poesía, cinco de literatura infantil y uno de teatro y podría decirse que es la más prolífica de las escritoras ecuatorianas del siglo XX. Lupe Rumazo es una consumada narradora y ensayista, y están las autoras que surgieron en las décadas de los 80, 90 y etcétera). Pero ahora han empezado a tener visibilidad, reconocimiento y exposición internacional y la prensa nacional, de algún modo, se está haciendo eco de ello.

Una de las grandes falencias de la literatura ecuatoriana, lo que se esgrimió con tristeza o preocupación siempre, fue su invisibilidad fuera de las fronteras. Es clásico ya ese personaje nacido de la imaginación de Carlos Fuentes y José Donoso. A falta de un autor ecuatoriano real que fuera parte del boom, ellos inventaron un personaje de ficción: Marcelo Chiriboga, del que, años más tarde, creadores nacionales contemporáneos han sabido apropiarse para desarrollarlo en sus obras. Podría decirse que el Marcelo Chiriboga de la realidad lo encarnan hoy las mujeres escritoras.

Sandra Araya

Veamos qué ha pasado con ellas en estos últimos cinco años. En 2015, Carla Badillo Coronado ganó en España el Premio Loewe de poesía por su poemario El color de la granada. Gabriela Alemán fue una de los cinco finalistas del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez con su libro La muerte silba un blues. Sabrina Duque se convirtió en finalista del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo, de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), en la categoría Texto por su trabajo Vasco Pimentel, el oidor; y en Cuba, se presentó la primera novela de Mónica Ojeda, La desfiguración Silva, que en 2014 había obtenido el Premio ALBA de narrativa.

Entre tanto, en Ecuador, Sandra Araya obtuvo en 2015 el Premio La Linares por su novela breve La familia del Dr. Lehmann. En 2016, Andrea Crespo ganó el Premio Aurelio Espinosa Pólit, de la Pontificia Universidad Católica de Quito, por su poemario Registro de la habitada; y María Paulina Briones se hizo acreedora del primer lugar del Concurso Nacional de Poesía Ismael Pérez Pazmiño por la obra Tratado de los bordes o cercenación del estero.

María Fernanda Ampuero

De estos premios daban cuenta los medios. Lo que no suponían, tal vez, es que de allí en más, sería habitual que estos nombres, y otros, estuvieran ofreciendo titulares de prensa. En 2017, Ojeda integró la lista Bogotá 39, una selección de los mejores 39 escritores latinoamericanos menores de 40 años, promovida por Hay Festival.La lista se realizó diez años más tarde de la primera, que fue en 2007, y en cuya ocasión estuvo incluida Gabriela Alemán.

Solange Rodríguez

En 2018, Duque obtuvo la beca Michael Jacobs de crónica viajera, que entrega la FNPI. Mandíbula, la tercera novela de Ojeda, fue considerada por el suplemento cultural Babelia de El País, como uno de los 50 mejores libros publicados ese año. Y el crítico Jorge Carrión, en un artículo para The New York Times en español, incluyó el cuentario Pelea de gallos, de María Fernanda Ampuero, como uno de los 10 mejores libros de ficción del año. El 2018 fue auspicioso también para Alemán, cuya novela Poso Wells, que salió a la luz en 2007, fue traducida al inglés, editada por City Lights y comentada por prestigiosos medios internacionales. Mientras tanto, ese mismo año en Ecuador el jurado declaró desierto el Premio de Novela Breve La Linares, pero le concedió mención de honor a Daniela Alcívar, por Siberia, obra que una vez publicada no ha hecho sino recibir elogiosos comentarios.

Alicia Yánez Cossío

Lo que va de 2019 es promisorio: el pasado febrero se anunciaron los finalistas de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, cuyo veredicto se develará en mayo próximo, y en la lista de seleccionados figura la ecuatoriana Ojeda, con su novela Mandíbula. En Madrid estaba programado realizarse el pasado 4 de marzo el panel titulado ‘Una turba de mujeres’, sobre el boom de la nueva narrativa femenina escrita en Ecuador, con la participación de Ampuero, Ojeda y Solange Rodríguez, quien se encuentra en España promocionando su libro de cuentos La primera vez que vi un fantasma, publicado por editorial Candaya.

Andrea Crespo

Este es apenas un esbozo de la vitalidad creadora ecuatoriana actual, que tiene rostro de mujer. También hay autores, por supuesto. Juan José Rodinás acaba de ganar el Premio Casa de las Américas en poesía. Raúl Vallejo obtuvo el pasado octubre el Premio de la Real Academia Española (RAE) por su novela El perpetuo exiliado. pero en este espacio el tema es la literatura de mujeres.

Pienso en mi tesis de maestría, en la que lanzaba la pregunta: ¿Cuánto se sabe de las escritoras ecuatorianas? ¿Cómo se valora su literatura en los medios? ¿Se la considera, quizá, menos importante? Lo cierto es que ellas (novelistas, cuentistas, poetas, ensayistas, periodistas) están produciendo en cantidad y con gran calidad. Quizá no sería exagerado decir que hay un antes y un después en la literatura ecuatoriana con la irrupción de esta ‘turba’. Y no es un fenómeno aislado. Lo que sucede en Ecuador se sintoniza con lo que se vive en Latinoamérica y el mundo. En estos últimos cinco años la sociedad global ha dado un vuelco, con la emergencia de nuevos feminismos, el surgimiento del movimiento Me Too, con las voces de mujeres que le plantan el rostro a las inequidades, reclaman el derecho a decidir sobre sus cuerpos, denuncian y rechazan con valentía los secretos a voces que ha consentido desde siempre la sociedad patriarcal.

El Universo

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