«La literatura argentina siempre gozó de buena salud»

Rodrigo Fresán: «La textura de la realidad siempre fue irreal»

El escritor argentino —residente en Barcelona hace veinte años— cierra su ambicioso tríptico novelesco con La parte recordada. En la siguiente entrevista habla de eso, de su verano leyendo a Marcel Proust, los finales alternativos de 2666 y de las protestas en Chile y España. «Chile para los chilenos y Barcelona para los barceloneses», dice. «Yo no soy ni uno ni otro. Yo soy de Tralfamadore».

El año era 1999 y Rodrigo Fresán (de 36 años) llegaba a Barcelona para vivir. Su desembarco sucedía poco antes del corralito y que Argentina, como dice uno de sus personajes, pasara a ser, de alguna forma, una suerte de “inexistente país de origen” para el autor argentino.

Así, pese a que su país de origen cambió, y a que ahora estaba en la capital hispana del mundo editorial, Rodrigo Fresán siguió más o menos en lo mismo que antes: publicó libros (para quien escribe, sus mejores: Mantra y Jardines de Kensington), siguió firmando artículos en Página 12, Letras Libres y otros medios como Gatopardo (donde escribió sobre la vez en que se subió al escenario en medio de un concierto de Bob Dylan), se hizo parte de la escena de escritores hispanohablantes afincados en Cataluña (incluyendo a Bolaño, así como a Enrique Vila-Matas, Javier Cercas), y de a poco se fue acostumbrando a su nueva geografía española.

“Cuando llegué, Barcelona era como una película de Woody Allen. Ahora es como una de los Hermanos Max —pienso, puntualmente, en Duck Soup— pero sin los hermanos Marx. Es decir: no tiene ni me hace mucha gracia”, dice vía email Rodrigo Fresán. “Pero, por el momento, no deja de proyectarse con cierto éxito de público y la condena de buena parte de la crítica”.

Por estos días Fresán no solo presenta en el mundo hispanohablante su nuevo libro (La parte recordada), sino también traducciones de los libros anteriores, La parte inventada y La parte soñada, en otras latitudes e idiomas: “Ahora estoy con la prensa de Recordada en España y Latinoamérica, de Inventata en Italia y de Dreamed en USA. All together now”.

Empecemos por el final: sé que estás escribiendo un libro sobre tus encuentros y recuerdos con escritores y rockstars. Y sé que es un libro que Claudio López Lamadrid, tu editor, te pidió, ¿no?, ¿en qué va ese libro?

El libro es un proyecto en trámite. Y no incluye sólo a rockstars y escritores. También hay actores, políticos, etc. Gente con la que me he ido cruzando o esquivando. Llamémoslas celebridades para/por bien o por/para mal. Al morir Claudio a principios de año —a quien se lo había prometido; se reía mucho cuando contaba esta o aquella anécdota— una parte un poco miserable mía se dijo: “Ah, bueno, quedo liberado del compromiso”. Pero otra —la más fuerte, quiero pensar— enseguida retrucó: “No. Ahora estoy más obligado que nunca”. Así que —sin prisa ni pausa— allí iremos. En lo que hace al terreno práctico y funcional, pienso que no será una mala manera de desintoxicarme de diez años de trabajo y más de 2000 páginas de adicción a las tres Partes.

Las “Partes”, como le dice Fresán, son libros memorísticos.

Es un tríptico llamado La parte contada y compuesto por La parte inventadaLa parte soñada y La parte recordada.

Y en el cual no hay una sola trama. Ni dos. Ni tres.

Sino varias historias que se cruzan y reproducen y muerden la cola.

O mejor ponerlo de esta manera: la trama es la escritura y la memoria y la invención; es decir, la trama es la literatura. Por eso uno de los tantos personajes literarios que entra y sale volando por estas casi dos mil páginas es la aburguesada silueta de Marcel Proust. No por nada es posible exprimir el ethos de La parte recordada en la siguiente frase: “Inventar era recordar hacia delante. Soñar era recordar hacia arriba o hacia abajo. Recordar era inventar hacia atrás”.

Y al igual que en libros anteriores, el autor argentino aprovecha de meter todas las referencias literarias y musicales que siempre lo han acompañado y obsesionado: A Space Odyssey y Blade Runner y los Beatles y Francis Scott Fitzgerald y Vladimir Nabokov (entre muchos, varios, más).

Por ahí, también, pasan varios personajes. La mayoría con nombres divertidos e ingeniosos, como el Excritor y el Nextcritor. O IKEA: el escritor latinoamericano típico, complejo de montar y fácil de desarmar.

“El nexcritor es quien será escritor y el excritor es quien ya no lo es”, aclara Fresán. “Por el momento, quisiera pensar que yo soy escritor”.

¿Y cuál es el escritor o la escritora IKEA?

Ninguno y demasiadas. IKEA es una muestra gratis del (mal) estado de ciertas cosas en el mundillo literario. IKEA es un desarmable modelo para armar. Un envase a llenar por el lector porque, estoy seguro, casi todos tendrán un IKEA en sus vidas que no necesariamente tiene que ser escritor. Y lo cierto es que en cada país por donde circula IKEA en los tres libros siempre me dicen que está basado en algún espécimen nacional.

Todos tus libros son —un poco más o un poco menos— proustianos. Pero creo que este lo es todavía más. Hubo un verano en que leíste En busca del tiempo perdido entero. ¿Entras y vuelves a ese libro cuando necesitas inspiración para escribir?, ¿sucedió así con La parte recordada?

Fue tal como lo cuento en el libro: una inmersión total en Proust. Los siete volúmenes más la biografía de George Painter en algo así como diez días, en el hotel del sindicato de actores, en la argentina sierra de Córdoba. No había allí ni teléfono ni televisor. Y recién cuando salí de allí —cuando volví a la incivilización— me enteré que el hijo del entonces presidente había muerto en un accidente de helicóptero. Y tenía las pilas tan cargada que escribí toda una novela que no estaba en mis planes —Esperanto— en apenas una semana. Mi exposición a las radiaciones de Proust ha sido y será, seguro, mi experiencia más potente como lector.

“¿Cómo recuerda un escritor?” es la pregunta que recorre estas páginas. ¿Cómo recuerdas tú?, ¿tomas notas en tu teléfono, agenda, computador, en los márgenes de los libros?

Tomo notas en una libreta y/o cuaderno: intento mantener no más sea un mínimo contacto con la vida unplugged. Conservo un cuaderno por cada uno de mis libros publicados. A veces los hojeo/ojeo y, en muchos casos, entiendo poco y nada de todas esas notas. Supongo que lo mismo pasa con la memoria difusa de los sueños más vívidos y, por unos segundos, más despiertos.

En esos días varias compatriotas tuyas han ganado premios: Mariana Enríquez, Selva Almada, Leila Guerriero y María Gainza. ¿Buen momento para la literatura argentina?

La literatura argentina siempre gozó de buena salud. Tal vez por esa condición de fuga y escapismo hacia lo fantástico y extraño. Tiene mucha más y mejor salud que ese “gran pueblo argentino, salud” al que le canta nuestro himno nacional tan complicado y espasmódico y casi más cambiante —aunque bastante menos inspirado— que ese medley al final de Abbey Road. Eso sí, como cantan allí The Beatles, vamos a carry that weight for a long time.

Protestas en Barcelona, Haití, Hong Kong, Líbano, y acá en Santiago, mientras paso las páginas de tu nueva novela, la realidad se vuelve ficticia. ¿Qué hacer cuando la textura de la realidad se vuelve incluso más ficticia que la ficción misma?

La textura de la realidad siempre fue irreal en el sentido en que hay tantas realidades como personas. No lo digo yo, lo dijo Nabokov: la realidad está sobrevalorada y es una palabra que siempre debería escribirse entre comillas. En cuanto escritor, la realidad me interesa para poder irrealizarla y volverla no más real pero sí más auténtica de lo que suele ser. En resumen: intentar escribirla mejor de lo que suele estarlo.

¿Cómo se ve, desde Barcelona, lo que sucede por estos días en Chile? Igual me imagino que los barceloneses están centrados en lo suyo, claro.

Chile para los chilenos y Barcelona para los barceloneses. Yo no soy ni uno ni otro. Yo soy de Tralfamadore.

Hablando de Barcelona, ¿te acuerdas de alguno de los finales (alternativos) que te contó Roberto Bolaño sobre 2666?

Sí. En realidad no fueron varios sino uno. Y me pareció muy bueno y habría alterado por completo la lectura y naturaleza de 2666. Pero considero que corresponde preguntárselo a él. Lo cierto es que a mí nunca me interesó ser médium de Roberto. Suficiente tengo ya con mis propios fantasmas.

Culto

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