«Cuando uno es sincero consigo mismo expresa lo que siente, lo que vive»

Salió en la Navidad del 85, y en tres días todo el Uruguay estaba escuchando esa canción. Sonaba por todos lados, en las AM y las FM. Todo el mundo se preguntaba quién era el Canario Luna, ese tipo de 50 años de edad que la clase media no conocía, pero que en Carnaval era un ídolo. Por esa época el Carnaval era muy marginal. Cambió muchísimo al día de hoy».
La canción, que fue grabada en 1985 para el sello Orfeo, tiene un estilo que a la vez define la historia de muchas de sus obras más emblemáticas. A pesar de su argot murguero y sus referencias explícitamente uruguayas, la canción se convirtió en un himno de las dos orillas por igual. «Cuando salió la canción, la mayoría de los uruguayos no sabía de qué se trataban todos esos personajes porque eran del mundo de la noche y la bohemia.
Por supuesto que para la gente del Carnaval o del mostrador eran todos puntos de referencia. La canción arranca con: No lo vieron a Molina, que no pisa más el bar. Todos cantaban eso y nadie sabía quién era Molina. Pero Molina era el Pelé del Carnaval, el ídolo del Canario Luna. Por otra parte, esta canción tiene una serie de frases que se van colando —se van, como se han ido tantos, esta noche no tengo ni tumba, sin embargo el que canta soy yo— y en los estribillos de la canción se filosofa. Entonces efectivamente lo que envuelve a una persona, incluso porteña, es la atmósfera de la canción. Siempre pensé que de la misma manera que yo escucho determinadas chacareras santiagueñas y entiendo sin entender, o de la misma manera cuando Chico Buarque hace referencia a tantos sobreentendidos brasileños e igual lo entiendo por ósmosis; me parece que en canciones como Brindis por Pierrot comprendés exactamente lo que se quiere decir, aunque desconocés a los fulanos que se mencionan, pero sabés que por algo están ahí».

—¿Cómo la escribiste?
—»Brindis por Pierrot» fue la canción que me llevó más tiempo escribir: 22 meses. Me di cuenta de que no podía errarle. Que tenía que tener un rigor con respecto a la figura que estaba manejando, a los códigos de la noche… entonces se fue haciendo con el tiempo. Nació cuando recién había vuelto del exilio de Holanda, en 1984. Haciendo tablado con Falta y Resto tuve una especie de baño esencial carnavalero. Esa noche recorrimos siete tablados y fue una noche eufórica. Cuando llegué a mi casa me salió una estrofa que enseguida grabé en un casete: «Dónde está Don Timoteo que no pisa más el bar… laralailaralaila laraila laraila», y me salió toda la música del principio, que no había sonado en mi cabeza hasta ahí. Cuando pensé en Don Timoteo era una murga tradicional que no salía más en Carnaval. Esto fue en el 84, pero en el 85, cuando todavía seguía escribiendo la canción, Don Timoteo sale en Carnaval y se me arruina la primera frase.
—¿Y cómo seguiste?
—De una larga charla de esas de codo pegado al estaño hasta las 3 de la mañana junto al Canario Luna, el «Picho» López, el boxeador Omar Benítez y un par de muchachos en el Club Fénix (la mayoría aparecen en el videoclip del tema), se pusieron a hablar de Molina y de otras historias. Sin pretenderlo, de ahí saqué la clave para el Mincho Martín Corena, para los porteños del Iberaij que aparecen en el libro Plata quemada, y después sentí que esas historias se repetían en otros boliches y en otros barrios. Esa noche apareció Molina. Y te cuento algo que poca gente sabe. El que tuvo que haber entrado en la canción, y que realmente al final fue descartado, fue Ringo Bonavena, que era muy querido en la noche montevideana. Ya tenía una copla escrita para él. De chico yo lo había visto entrenarse en el club de mi barrio antes de una pelea en el Palacio Peñarol. Me acuerdo de que apareció con una camisa color rojo sangre, unos vaqueros ajustados y botas de cowboy. Por eso escribí algo para él, pero quedó afuera porque no había más líneas en la canción.
—Siendo un tema decisivo en tu popularidad, ¿no te preguntaste si podrías escribir hoy otro tema como «Brindis por Pierrot»?
—Nunca me lo planteé. Con respecto a la temática, hoy no lo podría escribir, porque en ese momento y en ese lugar mi vida era ahí. Mejor dicho, mi vida estaba allí. Cuando uno es sincero consigo mismo expresa lo que siente, lo que vive, dependiendo de la curva de la vida en donde uno esté. No podría haber escrito «Tema del hombre solo» cuando tenía 35 años, y hoy por hoy no me imagino zambulléndome en el ambiente de Carnaval. Me da, viste, cierto resquemor. Fueron épocas explosivas, muy duras, y hay que cuidar la salud. Pero bueno, las cosas pasan cuando tienen que pasar.

El País

 

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