Galeano en América Latina y el Caribe: miradas que se multiplican

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Argentina

Murió Eduardo Galeano, escritor clave de la literatura latinoamericana

Una nena chiquita, nacida en Tacuarembó, una localidad del interior uruguayo, llega por primera vez al mar. Se encuentra con esa bestia de agua que la enmudece, y cuando logra articular palabra, le pide al padre: “Papá, por favor ayudame a mirar”. La anécdota la contó Eduardo Galeano en el Teatro San Martín, en 1986. La contó para decir algo más: “Yo creo que la función del escritor consiste en ayudar a mirar. Que el escritor es alguien que quizás puede tener la alegría de ayudar a mirar a los demás”.

Ser escritor no fue el primer destino de Eduardo Hughes Galeano, nacido en Montevideo el 3 de septiembre de 1940, y fallecido hoy, a los 74 años, a causa de un cáncer de pulmón. Su primera aspiración fue el “fútbol-fiesta” –así describía a esa gran pasión a la que le dedicó dos libros y miles de minutos de su vida-, pero pronto se supo un “patadura”. Después vendrían las ganas de ser pintor, dibujante, “de ser Picasso”, decía. De hecho, su primera publicación no fue un artículo periodístico ni un cuento, sino una caricatura política a sus catorce años en el semanario El sol del Partido Socialista. Las Letras llegarían unos (pocos) años más tarde, de la mano de la prensa gráfica: primero como editor en el semanario Marcha, más tarde a cargo de la dirección del diario Epoca, cuando tenía 24 años.

Para Galeano, el periodismo no tenía en ese entonces –ni tuvo nunca- nada que envidiarle a la literatura. Sus artículos de opinión se publicaron durante décadas, en la Argentina especialmente en el diario Página/12, del que fue asiduo encargado de las contratapas. Sin embargo, la vocación por la ficción apareció enseguida: en 1963 publicó Los días siguientes, una novela corta a la que más tarde juzgaría como “bastante mala” pero que sirvió de puntapié inicial para su camino literario, que luego contaría con títulos entre los cuales se destacaron, por sobre todos, Las venas abiertas de América Latina, de 1971 y la trilogía Memoria del fuego, publicada entre 1982 y 1986.

La historia de Latinoamérica, que intentó narrar sobre todo en esas dos ocasiones, fue una de sus obsesiones: “Probablemente no haya región en el mundo que contenga tantas maravillas escondidas como América Latina”, sostenía. Sobre Las venas…, que recorrió el continente en la espalda de miles de mochileros y que el presidente venezolano Hugo Chávez le regaló a su par estadounidense Barack Obama en 2009 haciéndola subir 60.275 lugares en el ranking de los libros más vendidos de Europa hasta llegar al quinto puesto, Osvaldo Bayer dijo: “Muy pocos autores latinoamericanos entraron tanto, en cuanto a política, historia y sociología, como entró Galeano; si en Europa se conocen los problemas de la región entre la intelectualidad y el estudiantado es por su libro”.

Galeano escribió la obra entre los 27 y los 31 años, y se convirtió a través de ella en un referente de la izquierda regional, aunque prefirió nunca identificarse directamente con un partido, sino con el socialismo. Su libro, del que en 2011 se manifestaría “muy orgulloso” pero diría también “me pesa como un ancla porque marca un estándar que me siento obligado a alcanzar una y otra vez” le valdría la lamentable censura por parte de las dictaduras uruguaya, chilena y argentina durante los años setenta. Llegaría al mismo tiempo el exilio de su país, al que definió habitado por “tres millones de anarquistas conservadores: no nos gusta que nadie nos mande, y nos cuesta cambiar”.

Buenos Aires fue entonces su primer destino, y allí dirigió durante 1973 la revista cultural Crisis, que apostó a la difusión de cultura popular: “La revista recogió las voces de los locos del manicomio, los niños de las escuelas, los obreros de las fábricas, los enfermos de los hospitales; queríamos difundir a los que venían de abajo”, sostenía. Para él, en ese entonces “Buenos Aires era el centro del renacimiento cultural latinoamericano”. Pero la dictadura le puso fin a ese impulso, y se llevó, entre tantos, a Haroldo Conti, a quien Galeano definió como “un hermano”. Su siguiente destino fue España, donde en Puerta de Hierro ya había conocido a Juan Domingo Perón durante un viaje. El General había sugerido, durante su exilio en España, que quería conocer al escritor, y cuando Galeano le preguntó por qué no se mostraba en público más seguido, Perón le contestó, según el propio uruguayo relataba, que “el prestigio de Dios está en que se hace ver muy poco”.

La estadía en España fue clave para seguir viendo Latinoamérica desde lejos, y construir así Memorias del fuego, el libro que más orgullo le generaba: “Fueron tres tomos, mil páginas, toda la historia de las Américas de norte a sur. Había que estar muy loco para emprender semejante aventura. Muy loco o muy exiliado”, dijo en 2012. Recién en 1985 volvió a su Montevideo natal, donde muchos decían que era habitual encontrarlo caminando por la costanera.

La ecología, la política internacional, la historia, el fútbol, el lugar de la mujer, los derechos humanos y el amor fueron tema para su pluma, que le valió el premio Casa de las Américas en 1975 y 1978 y el premio Stig Dagerman en 2010, entre otros reconocimientos. Escribir también le valió amigos: uno de ellos fue el también uruguayo Juan Carlos Onetti, a quien definió como un “falso puescorpín”. “Conmigo, siempre fue cariñoso, quizá porque yo, que era muy chiquilín, era capaz de compartir con él jornadas de largos silencios”. De él aprendió una de las únicas rutinas que guiaron su escritura: “Las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio”, le dijo el autor de El astillero, y Galeano tomó nota. Su otra rutina era “escribir cuando le picaba, sin horarios ni obligación”.

El libro de los abrazos, El fútbol a sol y a sombra, Bocas del tiempo, Espejos y Voces de nuestro tiempo son algunos de los títulos de un autor que fue traducido a más de veinte idiomas y que sacudió la escena latinoamericana extendiendo su influencia a las generaciones que lo siguieron: alcanza con recordar su visita a la Feria del Libro de Buenos Aires en 2012 para presentar su último libro, Los hijos de los días. Llenó las dos salas más grandes de La Rural –una con su presencia, la otra con pantallas en vivo-, y la mayoría allí era sub 30, con uno, dos, varios de sus libros suyos en una mochila lista para recorrer las venas del continente que Galeano narró.

Hace casi treinta años, Galeano dijo que “la idea de la muerte individual deja de tener importancia, si uno adquiere la certeza de sobrevivir en los demás, sobrevivir en las cosas que quedan”. Los libros que escribió, los artículos periodísticos que publicó, las conferencias que brindó durante más de cincuenta años ayudaron a mirar a miles. En esas miradas, atravesadas y ampliadas por su obra, sobrevive el patadura, dibujante y escritor uruguayo.

Clarín


 

Brasil

Cinco libros esenciales para conocer su obra

“O mundo está feito de histórias. São as histórias que contamos, escutamos, multiplicamos, que permitem converter o passado em presente e o distante em próximo, o que está longe em algo próximo, possível e visível”. (Eduardo Galeano, 1940 – 2015).

Do microcosmo, Eduardo Galeano, que morreu nesta segunda-feira (13/04), pretendia alcançar toda a humanidade. Com os pequenos fatos cotidianos, recriar a história oficial, contada para que os pequenos, os pobres, as mulheres, os negros, os indígenas não tivessem voz. Trabalhou toda a vida para inverter a perversa ordem.

De “As Veias Abertas da América Latina”, obra histórica visceral, símbolo da esquerda latino-americana, Galeano passou ao relato poético e breve, mas não menos essenciais. Classificar suas obras nas categorias existentes é uma difícil e às vezes impossível missão já que mistura poesia, história, análise, relatos.

1. As Veias Abertas da América Latina (1971)

“Nós nos negamos a escutar as vozes que nos advertem: os sonhos do mercado mundial são os pesadelos dos países que se submetem aos seus caprichos. Continuamos aplaudindo o sequestro de bem naturais com que Deus, ou o Diabo, nos distinguiu, e assim trabalhamos para a nossa perdição e contribuímos para o extermínio da escassa natureza que nos resta”. O trecho consta no prefácio de Galeano à edição do livro As Veias Abertas da América Latina 

Publicado pela primeira vez em 1971, o autor passou a vida lamentando a atualidade da obra que pela transcendência, marcou a esquerda latino-americana e chegou a ser proibido na Argentina, Chile, Brasil e no Uruguai, durante as ditaduras militares nesses países.

Do período colonial até a contemporaneidade, passando pelas ditaduras do subcontinente, a obra questiona: “o subdesenvolvimento é uma etapa no caminho do desenvolvimento ou é consequência do desenvolvimento alheio?” e analisa a exploração econômica e a dominação política na América Latina.

A obra ganhou ainda mais notoriedade quando em 2009, o ex-presidente venezuelano Hugo Chávez o deu de presente ao mandatário norte-americano, Barack Obama, durante a 5ª Cúpula das Américas. Mas, Galeano considerou, no final da vida, a obra ultrapassada. Em declarações a jornalistas durante a 2ª Bienal do Livro de Brasília no ano passado, o autor afirmou: “eu não seria capaz de ler de novo. Cairia desmaiado. Para mim, essa prosa da esquerda tradicional é chatíssima. Meu físico não aguentaria. Seria internado no pronto-socorro”.

2. Memória do fogo (1982-1986)

Publicado em forma de trilogia, o livro, premiado pelo Ministério da Cultura do Uruguai e com o American Book Award, distinção fornecida pela Universidade de Washington, combina elementos de poesia, historia e conto. É composto pelos livros “Os Nascimentos” (1982), “As Caras e as Máscaras” (1984) e “O Século do Vento” (1986) (L&PM, 2010, 1584 páginas, R$69).

Os livros trazem poemas, transcrição de documentos, descrição dos fatos e interpretação de movimentos sociais e culturais, que compõem uma cronologia de acontecimentos, proporcionando uma visão de conjunto sobre a identidade latino-americana.

Como em “As Veias Abertas”, o livro propõe-se a ser uma revisão da história da região, desde o descobrimento até nossos dias, para enfrentar a “usurpação da memória” da história oficial. Com textos independentes que se encaixam e se articulam entre si, a obra traz um quadro completo dos últimos 500 anos. Apesar de manter a cronologia das histórias, o autor ignora a geografia para dar, assim, uma melhor ideia da unidade da história americana, para além das fronteiras fixadas “em função de interesses alheios às realidades nacionais”, como definiu.

3. Dias e Noites de Amor e Guerra (1975)

Vencedor do Prêmio Casa das Américas de 1978, “Dias e Noites de Amor e de Guerra” (L&PM, 2001, 200 páginas, R$ 19,90) é uma crônica novelada das ditaduras de Argentina e Uruguai, um relato autobiográfico, uma memória íntima, convertida em memória coletiva.

Junto ao horror dos amigos que desapareceram, Galeano traz o amor, os amigos, os filhos, a paisagem, tudo aquilo que ainda na escuridão de uma guerra suja e despiedada contra os mais fracos segue sendo motivo para viver, para defender as ideias e para alçar a voz contra os que atuavam impunemente para implantar o medo e a conseguinte paralização.

“Às vezes, sinto que a alegria é um delito de alta traição, que sou culpado do privilégio de seguir vivo e livre. Então me faz bem lembrar o que disse o cacique Huillca, no Peru, falando diante das ruínas: ‘aqui chegaram. Quebraram até as pedras. Queriam nos fazer desaparecer. Mas não conseguiram, porque estamos vivos’. E penso que Huilca tinha razão. Estar vivos: uma pequena vitória. Estar vivos, ou seja: capazes de alegria, apesar dos adeuses e os crimes”, como consta na contracapa do livro.

4. Os filhos dos dias (2012)

“Os Filhos dos Dias” (L&PM, 2012, 432 páginas, R$ 49) se inspira na sabedoria maia e traz 366 relatos que compõem a história, desde a Antiguidade até o presente. É baseado em uma versão do Gênesis que Galeano escutou em uma comunidade maia da Guatemala. “Se somos filhos dos dias, nada tem de estranho que cada dia tenha uma história para oferecer”. Assim, o livro, escrito em forma de calendário, traz episódios que ocorreram no México de 1585, no Brasil de 1808, na Alemanha de 1933 e em outras épocas e países.

A obra, que não pode ser definida em nenhum gênero por ser, ao mesmo tempo, todos (jornalismo, literatura, música e poesia), foi trabalhada ao longo de quatro anos. Teve 11 versões antes de ser publicada. “Sou um perfeccionista insuportável”, reconheceu Galeano. “É um livro que dói, mas também faz rir”, disse.

A mulher, o poder, os maias, as culturas originárias, o homem, a legalização das drogas são temas presentes. Com um olho no microscópio e outro no telescópio, Galeano forma um mosaico que permite contemplar o micromundo, de onde acredita que sai a grandeza do universo. “O prazer de encontrar essas histórias é descobrir o que não foi contado, ou que foi mentido pelas vozes do poder: essas contra vozes que o poder oculta porque não convém a eles que saibamos”.

Em entrevista ao site mexicano La Jornada, disse: “Vivemos presos em uma cultura universal que confunde a grandeza com o grandinho. Creio que a grandeza alenta, escondida, nas coisas pequeninas, as pequenas histórias da vida cotidiana que vão formando o colorido mosaico da história grande. Não é fácil escutar esses sussurros quando vivemos mal a vida convertida no espetáculo grande e gigantesco”.

5. Mulheres (1997)

“Mulheres” (L&PM, 1998, 176 páginas, R$ 18) é uma coletânea de textos publicados nos livros “Vagamundo e outros contos”, “Dias e Noites de Amor e de Guerra”, “Memória do Fogo” (trilogia), “O Livro dos Abraços” e “As Palavras Andantes”.

De forma lírica e poética, o autor traz relatos de mulheres célebres, anônimas que com sua vivência, deixaram marcas no dia a dia das pessoas com as quais conviveram e, por isso, devem ser lembradas.

O livro traz histórias de Charlotte Perkins Gilman (1860-1935), escritora norte-americana, cuja produção literária enfoca as relações entre mulher e homem e a opressão da sociedade em que viveu; da escrava Jacinta de Siqueira, “africana do Brasil, fundadora da Vila do Príncipe e das minas de ouro dos barrancos de Quatro Vinténs”; de Xica da Silva, escrava que virou rainha no século XVIII; da revolucionária Manuela Saénz, que junto a Simón Bolívar, seu amante, lutou pela independência das colônias sul-americanas; da compositora e cantora Violeta Parra, considerada a mais importante folclorista do Chile e ainda de Frida Khalo, Tina Modotti, Evita, Carmem Miranda, Isadora Duncan.

Forum


Bolivia

Eduardo Galeano, el autor de la desmemoria y la política

El escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano, fallecido hoy a los 74 años, era una de las voces más críticas de la literatura latinoamericana y entre sus numerosas obras destaca «Las venas abiertas de América Latina», toda una declaración de principios y su libro más leído.

Un libro que apareció en 1971 y que es por derecho propio uno de los clásicos de la literatura política en español, en el que analizaba con precisión la historia del continente hasta ese momento.

Tenía poco más de 30 años cuando lo publicó pero ya tenía una carrera consolidada, que empezó precozmente en 1963 con «Los días siguientes», que apareció cuando el autor contaba con solo 23 años.

Eduardo Germán María Hughes Galeano nació el 3 de septiembre de 1940 en Montevideo en una familia acomodada, hijo de Eduardo Hughes Roosen y de Licia Esther Galeano Muñoz, de quien tomó el apellido para su carrera literaria.

Se introdujo en el mundo del periodismo con 14 años de edad, dibujando caricaturas políticas.

Posteriormente fue redactor jefe del semanario «Marcha» (1961-1964), una publicación en la que colaboraron nombres como Mario Vargas Llosa y Mario Benedetti.

También fue director del diario «Época» (1964-1966) y director de publicaciones de la Universidad de Uruguay (1964-1973).

Ese último año se exilió en Buenos Aires, donde fundó la revista «Crisis», que también dirigió. En 1976 continuó el exilio en Barcelona (España).

Su regreso a Uruguay se produjo en 1985, una vez restaurada la democracia.

«China» (1964), «Guatemala, país ocupado» (1967); «Reportajes» (1967), «Los fantasmas del día del león y otros relatos» (1967) y «Su majestad el fútbol» (1968) fueron sus primeros libros, todos con un gran contenido político.

Una obra que los críticos literarios consideran influenciada por los italianos Cesare Pavese y Vasco Pratolini, los estadounidenses William Faulkner y John Dos Passos y españoles como Federico García Lorca, Miguel Hernández, Antonio Machado, Pedro Salinas y Luis Cernuda.

El punto de inflexión en su carrera lo marcó «Las venas abiertas de América Latina», que él describía como «una contra-historia económica y política con fines de divulgación de datos desconocidos», y por el que obtuvo el Premio Casa de las Américas de Cuba y, dos décadas más tarde (1999), el Premio a la Libertad Cultural de la Fundación Lannan de EEUU, dedicada a promocionar la literatura contemporánea y las artes visuales.

Un libro que está ligado a una anécdota: en 2009 el entonces presidente venezolano, Hugo Chávez, le regaló un ejemplar a su homólogo estadounidense, Barack Obama, durante la cumbre de UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas).

Galeano también publicó «Vagamundo» (1973); «La canción de nosotros» (1975); «Días y noches de amor y guerra» (1976); y «Los nacimientos» (1982), primer volumen de su trilogía «Memorias del fuego», formada por «Las caras y las máscaras» (1984) y «El siglo del viento» (1986).

Después llegaron su ensayo «El libro de los abrazos» (1989); la novela ilustrada por el grabador brasileño José Francisco Borges «Las palabras andantes» (1993); «El fútbol a sol y sombra» (1995); «Patas arriba» (1998); «Bocas del tiempo» (2004); y sus relatos «Espejos. Una historia casi universal» (2008), publicados al año siguiente de que el escritor superase una operación de cáncer de pulmón.

Recibió, entre otros reconocimientos, el Premio «Casa de las Américas» (1975) por su novela «La canción de nosotros»; el mismo galardón en la categoría Testimonio en 1977 por «Días y noches de amor y de guerra»; el American Book (1991) por su trilogía «Memorias del fuego»; el «Córdoba de Comunicación Social» (2006); «Ciudadano Ilustre de Montevideo» (2008); «Ciudadano Ilustre» por la organización Mercosur (2008); y la Medalla de Oro del madrileño Círculo de Bellas Artes (2009).

Fue miembro del jurado del Tribunal Permanente de los Pueblos (1988), que juzga la política del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), y uno de los promotores de la Comisión pro-referéndum de su país contra la ley de punto final (16 abril 1989).

El último acto público de importancia en el que participó fue la inauguración de la II Bienal del Libro de Brasilia, en febrero de 2014.

Desde entonces sus apariciones fueron muy pocas, aunque no dejó de escribir hasta el último momento y de mostrar sus opiniones políticas, futboleras o literarias, cuando le eran requeridas.

«Hay dolores que se dicen callando. Se dicen callando, pero duelen igual. Como nos duele la muerte del Gabo García Márquez», dijo el 18 de abril del pasado año tras la muerte del escritor colombiano.

Y pidió algo que se puede aplicar ahora con su fallecimiento: beber «mas de una copa a la salud del saludable Gabo para reírnos juntos, porque vivo seguirá mientras sus palabras vivan y rían y digan».

La Razón


Chile

Eduardo Galeano: el escritor que plasmó la opresión de América Latina

El uruguayo Eduardo Galeano (74) descubrió su vocación a temprana edad. Desde la adolescencia trabajó en el semanario socialista El Sol, dando sus primeros pasos en el periodismo.

Pasó por otros medios, entre ellos, diario Época, donde llegó a ser director. Fue por esos años que escribió una de sus obras más comentadas: Las Venas Abiertas de América Latina (1971), traducida a 18 idiomas y que retrató la opresión del continente. De ese libro salieron memorables frases como «el desarrollo desarrolla la desigualdad» y otras como «el sistema no ha previsto esta pequeña molestia: lo que sobra es gente. (…) El sistema vomita hombres. Las misiones norteamericanas en América Latina esterilizan masivamente mujeres y siembran píldoras, diafragmas, espirales, preservativos y almanaques marcados, pero cosechan niños».

Años más tarde, sin embargo, reveló que «no sería capaz de leer el libro de nuevo. Para mí esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima», indicó entrevistado por El País de Uruguay.

En 1973 se exilió en Argentina. Fue en ese país donde siguió plasmando su trabajo creando la revista Crisis. Más tarde continuó su exilio en España. De esa época salieron obras como La canción de nosotros (1975), sobre la lucha armada y Días y noches de amor (1978), basada en las dictaduras de Argentina y Uruguay.

Más tarde, la identidad latinoamericana quedó graficada en la trilogía integrada por Los nacimientos (1982), Las caras y las máscaras (1984) y El siglo del viento (1986), obra premiada por el American Book Award, entregada por la Washington University.

Aclamado como reportero, escritor y cuentista, regresó a su país natal en 1985, con la llegada de la democracia de la mano de Julio María Sanguinetti.

A pesar del cáncer al pulmón que padecía (y del que fue tratado en 2007), estaba editando un nuevo libro llamado Mujeres, considerado un experimento editorial según el Huffington Post.

El viernes, no obstante, fue internado en el Centro de Asistencia del Sindicato Médico del Uruguay al presentar algunas complicacines de salud, falleciendo este lunes.

La Tercera


Colombia

¿Por qué Eduardo Galeano fue importante para el fútbol?

El escritor uruguayo siempre fue un apasionado por este deporte. De niño siempre anheló ser jugador profesional, sin embargo, mencionó varias veces que era “un amor no correspondiente”.
El fútbol latinoamericano está de luto. El fallecimiento de Eduardo Galeano ha impactado tanto en los futboleros como el equipo que pierde a un jugador por expulsión, lesión o sanción.

Leer su obra ‘El Fútbol a sol y sombra’ debe ser pieza fundamental para toda persona que practica este deporte o que practicó, y al igual que él, nunca se pudo afianzar.

Eduardo Galeano fue un hincha ferviente por el club Nacional de Montevideo. Siempre admiró al astro argentino Diego Armando Maradona. “Ningún jugador futbolista consagrado había denunciado, sin pelos en la lengua, a los “amos” del gran negocio del fútbol, hasta que Diego Armando Maradona lo hizo. Este ídolo solidario y generoso había sido el autor de los dos goles más contradictorios de la historia del fútbol. “El gol del ladrón”, aquel que le marca a Inglaterra con la mano en la Copa del Mundo México 1986 y “el gol del malabarista”, prodigioso tanto que se dice que es una de las anotaciones más hermosas que se ha convertido en la historia de los campeonatos Mundiales. Maradona se convirtió en una suerte de “Dios” sucio; mejor dicho,el más humano de los dioses. Pero los dioses, por muy humanos que sean, no se jubilan”.

Sin embargo, a pesar de haber disfrutado en sus mejores años a Maradona, en la última década otro jugador argentino se robó su atención, Lionel Messi. En entrevista con un medio argentino, el uruguayo explicó que hizo una teoría sobre ‘La Pulga’. “Si Maradona lleva la pelota al pie, Messi lleva el balón dentro del pie, lo cual es un fenómeno físico. Inverosímil”.

A Galeano siempre le gustó asistir a los estadios, sobre todo a los pequeños, en donde la adrenalina se siente un poco más.

Estas fueron algunas de las frases más destacadas de Eduardo Galeano sobre el fútbol:

– “En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”.

– “Jugar sin hinchada es como bailar sin música”.

– “El fútbol es la única religión que no tiene ateos”.

– “Las barras bravas son al fútbol lo que el borracho es al buen vino”.

– “La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber”.

– “El gol es el orgasmo del fútbol. Como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna”.

El Heraldo


Cuba

El autor de los abrazos latinoamericanos

Un adiós que no es verdad nos dejó ayer el es­critor uruguayo Eduardo Galeano (Monte­video, 1940). La muerte, como consecuencia de un cáncer de pulmón, ha puesto fin a la existencia física de uno de los grandes de las letras del continente, a los 74 años de edad.

Tras los históricos sucesos de la VII Cumbre de las Américas, donde se alzó a una voz la palabra justa de sus pueblos, parte hacia lo inexorable el inolvidable periodista, ensayista y narrador, de­jando enlutada a una región a la que supo tomarle con tino el pulso y desde ese amantísimo gesto escuchar sus más profundos latidos.

Entre los intelectuales imprescindibles contemporáneos se alza valientemente su nombre que firmó, hace más de cuatro décadas, obras de obligada consulta en materia de justicia social y de denuncia de los flagelos de un mundo patas arriba, como Las Venas abiertas de América La­tina, escrita a finales de 1970 y con razonamientos y enfoques de raigal vigencia en nuestros días.

No olvidemos que fue esta la obra que seleccionó el eterno comandante Hugo Chávez para ofrecerle al presidente de Estados Unidos Ba­rack Obama un material actualizado sobre la vie­ja historia del continente americano.

Fueron su pluma y su pensamiento látigos que no cejaron en el empeño de enjuiciar flagelos de un mundo que se le antojó “al revés”, a juzgar por la sarta de acontecimientos irregulares que no po­dían ni podrán armonizar nunca con el planeta so­ñado del que tan lejos se halla hoy la humanidad.

A Galeano no se le escaparon ni los grandes héroes ni los menos conocidos —héroes también a los que llamó los nadie—. Por sus libros desfilan en igualdad de condiciones los pueblos originarios con sus protagonistas individuales y colectivos; los niños que han perdido su inocencia en plena edad infantil a causa de gobiernos inescrupulosos y parricidas; los explotados que solo poseen la esperanza; las mujeres marginadas; los pobres ricos y los ricos pobres, los perdedores de la historia… y junto con ellos apuntó firme hacia males sociales como la violencia, la incomunicación, el terror, el miedo, el consumismo, la carrera armamentista, la impunidad, el delito, el narcotráfico, el hambre y la guerra.

Merecedor en varias ocasiones del Premio Ca­sa de las Américas, los cubanos lo tuvimos entre nosotros en enero del 2012 para inaugurar en la institución el prestigioso concurso. Allí lo escuchamos decir que fue precisamente ese recinto la Casa que más nos ha ayudado a descubrir Amé­rica y las muchas Américas del continente, y calificó en esa ocasión a la Revolución Cubana co­mo un ejemplo de dignidad nacional.

Fue propicia esa oportunidad para verlo en la sala Che Guevara presentar su libro Espejos, una historia casi universal, un texto que recoge en unas 400 páginas, y con ese asombroso poder de síntesis que caracterizan sus escritos, la historia de la civilización desde sus orígenes hasta nuestros días.

¿Quién que lo haya conocido personalmente o escuchado su palabra vehemente y directa, po­drá olvidarlo? ¿Quién que se acerque a uno de sus textos se atreverá a negar la complicidad que se produce entre su mensaje y el lector? ¿Quién se asomará a sus anécdotas, cuentos, juicios… y con­seguirá acallar el acto de justicia a que nos convoca?

A Galeano volveremos una y otra vez, buscando en el revoltijo de la belleza artística y la palabra precisa las verdades insólitas pero omnipresentes que pueden verse en el mundo hostil de hoy con solo asomarnos a la ventana.

Las respuestas que escribió a tantos desaciertos políticos y sociales han salido de sus páginas y desandan nuestra América tomadas de las ma­nos para que nadie las pueda ignorar. Un tiempo eterno aguarda a este latinoamericano esencial que supo contarnos de nosotros mismos lo que no sabíamos y escribiendo abrazos nos dejó su obra que es, con mucho, su sobrevida.

Granma


Costa Rica

Eduardo Galeano en 10 frases para el recuerdo

Eduardo Hughes Galeano -quien falleció hoy- nació el 3 de setiembre de 1940 en Montevideo y para escribir adoptó su apellido materno.Ensayista comprometido con las causas de la izquierda exploró a lo largo de su obra en las profundidades y los contrastes de América Latina.»Las venas abiertas de América Latina» es su obra más emblemática, en la que denunció en 1971 la opresión y amargura del continente en medio de procesos dictatoriales a lo largo y ancho de la región. Traducido a una veintena de idiomas, el libro intenta -según palabras del propio Galeano- «explorar la historia para impulsar a hacerla».Pero más allá de eso también dejó una serie de frases que pasarán al inmortalidad. Desde el fútbol, la política y hasta la vida misma, acá le damos 10 de sus mejores frases:1-Si me caí, es porque estaba caminando. Y caminar vale la pena, aunque te caigas.2-El mundo se divide, sobre todo, entre indignos e indignados, y ya sabrá cada quien de qué lado quiere o puede estar…3-La palabra política se ha manoseado tanto que significa todo y no significa nada. Entonces desconfío mucho de la etiqueta política.4-El hambre desayuna miedo. El miedo al silencio aturde las calles. El miedo amenaza: Si usted ama, tendrá sida. Si fuma, tendrá cáncer. Si respira, tendrá contaminación.5-“Si Eva hubiera escrito el Génesis, ¿cómo sería la primera noche de amor del género humano? Eva hubiera empezado por aclarar que ella no nació de ninguna costilla, ni conoció a ninguna serpiente, ni ofreció manzanas a nadie, y que Dios nunca le dijo que parirás con dolor y tu marido te dominará. Que todas esas historias son puras mentiras que Adán contó a la prensa”.6-“En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”7-“No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo”.8-«¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales».9-La violencia engendra violencia, como se sabe; pero también engendra ganancias para la industria de la violencia, que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo.10-«Países en desarrollo es el nombre con que los expertos designan a los países arrollados por el desarrollo ajeno».Galeano inició su carrera periodística a los 14 años, cuando publicó su primera caricatura en el semanario El Sol, del Partido Socialista uruguayo, bajo la firma de «Gius», onomatopeya irónica de su primer apellido de origen galés.Entre 1961 y 1964 fue editor de la prestigiosa revista Marcha, que dirigía Carlos Quijano y que era reducto de intelectuales latinoamericanos, en la que también escribió Mario Benedetti. Luego fue director del diario independiente de izquierda Época (1964-1966).Con la llegada de la dictadura en 1973 a Uruguay, que duraría 12 años, Galeano, vinculado a corrientes marxistas, se exilió en Argentina, donde fundó y dirigió la revista literaria Crisis.Dos años después se trasladó a España, a Calella (al norte de Barcelona), donde escribió para publicaciones de ese país y colaboró con medios de Alemania y México.Con la restauración de la democracia en 1985, Galeano regresó a Uruguay, donde residió desde entonces y mantuvo una prolífica producción.En 1989 editó «El libro de los abrazos», que el propio autor definió como «un libro sobre los vínculos con los demás». Le siguieron recopilaciones de crónicas y artículos, e incluso un libro sobre el popular balompie, del que era un gran fanático: «El fútbol a sol y a sombra» (1995).Fiel a su postura política, tampoco faltan los relatos de los pueblos originarios, de la lucha por los recursos naturales y cuestionamientos a la guerra en Irak, a Estados Unidos, a los grandes bancos internacionales o a las multinacionales.

Telética


Ecuador

Reacciones latinoamericanas por muerte de Galeano

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, lamentó hoy la muerte del escritor uruguayo Eduardo Galeano y dijo que «las venas de América Latina están abiertas» por su fallecimiento, en alusión al título de una de sus obras más conocidas.

«Y hoy fallece un gran maestro de la Patria Grande: Eduardo Galeano, escritor uruguayo y querido amigo», escribió Correa en su cuenta de Twitter.

El mandatario agregó en otro tuit: «¡Las venas de AL (América Latina) están abiertas por tu partida, querido Eduardo!».

El escritor y periodista uruguayo falleció hoy en Montevideo a los 74 años de edad, informaron fuentes cercanas a la familia.

Lamento venezolano

El gobierno venezolano también manifestó hoy un profundo pesar por la muerte del escritor uruguayo Eduardo Galeano, cuya obra «Las venas abiertas de América Latina», recibió un sonoro impulso editorial en 2009 cuando el líder bolivariano Hugo Chávez le regaló un ejemplar al presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

La ministra Comunicación e Información, Jacqueline Faria, destacó el «honor y gloria» del escritor. «Hoy las letras de América Latina lloran por el viaje a la eternidad de un grande de la literatura.

Hasta siempre Amigo. Dejas abiertas las venas de América Latina y de la vida. Gracias por tus combatientes letras en honor a la patria grande, gran amigo de la revolución (bolivariana)», escribió en un mensaje difundido en su cuenta de Twitter.

Galeano fue un abierto partidario de la revolución bolivariana y el presidente Nicolás Maduro lo condecoró en septiembre de 2013, además de entregarle un reconocimiento del Fondo de la Cultura de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (ALBA) en nombre de los países que la integran.

Lea también: Seis libros fundamentales del fallecido Eduardo Galeano

Sus colegas

La novelista brasileña Nélida Piñón lamentó la muerte del escritor uruguayo Eduardo Galeano y valoró que fue «polémico» y mantuvo sus posiciones ideológicas «hasta el final». Dijo que Galeano es un «grande» y una «figura emblemática en América Latina», y subrayó que su literatura desprende una «gran seducción verbal».

La autora brasileña recordó que Galeano «sentía una atracción por el escenario» y dijo que desde el estrado «podía aclarar su ideología, su postura moral y explicar cómo vivía esta América Latina nuestra, moderna y arcaica».

La escritora mexicana Mónica Lavín dijo que «con Galeano se va un trozo importantísimo del siglo XX».

«Eduardo Galeano marcó a toda una generación y a todo un momento histórico», dijo Lavín en entrevista telefónica. «‘Las venas abiertas de América Latina’ es un clásico que tuvo su lugar destacadísimo en la idea de la unidad latinoamericana».

El Universo


El Salvador

Apuntes de Eduardo Galeano sobre Ayotzinapa

El escritor Eduardo Galeano hace una reflexión sobre los desaparecidos en Ayotzinapa y el presidente mexicano junto a su esposa, que “practican la sordera de lo que no les gusta escuchar y disfrutan la soledad del poder.”

Los huérfanos de la tragedia de Ayotzinapa no están solos en la porfiada búsqueda de sus queridos perdidos en el caos de los basurales incendiados y las fosas cargadas de restos humanos.

Los acompañan las voces solidarias y su cálida presencia en todo el mapa de México y más allá, incluyendo las canchas de fútbol donde hay jugadores que festejan sus goles dibujando con los dedos, en el aire, la cifra 43, que rinde homenaje a los desaparecidos.

Mientras tanto, el presidente Peña Nieto, recién regresado de China, advertía que esperaba no tener que hacer uso de la fuerza, en tono de amenaza.

Además, el presidente condenó «la violencia y otros actos abominables cometidos por los que no respetan la ley ni el orden», aunque no aclaró que esos maleducados podrían ser útiles en la fabricación de discursos amenazantes.

El presidente y su esposa, la Gaviota por su nombre artístico, practican la sordera de lo que no les gusta escuchar y disfrutan la soledad del poder.

Muy certera ha sido la sentencia del Tribunal Permanente de los Pueblos, pronunciada al cabo de tres años de sesiones y miles de testimonios: «En este reino de la impunidad hay homicidios sin asesinos, torturas sin torturadores y violencia sexual sin abusadores».

En el mismo sentido, se pronunció el manifiesto de los representantes de la cultura mexicana, que advirtieron «Los gobernantes han perdido el control del miedo; a furia que han desencadenado se está volviendo contra ellos».

Desde San Cristóbal de las Casas, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, dice lo suyo: «Es terrible y maravilloso que los pobres que aspiran a ser maestros se hayan convertido en los mejores profesores, con la fuerza de su dolor convertido en rabia digna, para que México y el mundo despierten y pregunten y cuestionen».

Contrapunto


Guatemala

Galeano y Guatemala

Hablar de la obra de Galeano sin mencionar uno de los temas de relevancia histórica para este país, sería estéril: la guerra entre el ejército y la guerrilla durante la Guatemala de los años sesenta. Periodista y testigo de una época sangrienta: crímenes. Ley fuga. 28 dirigentes revolucionarios fueron desaparecidos, etcétera; ha sabido relatar con una hermosa prosa -narraciones de la violencia- increíblemente cargadas de ternura.

Entre sus obras Días y noches de amor y de guerra, Las venas abiertas de América Latina, Guatemala, país ocupado, y otras, se aprecia una indignación desatorada, que superando la secreción biliar, alcanza la magnitud de la palabra encantada, pero reveladora.

Cuando fue electo presidente Julio César Méndez Montenegro, el escritor relató cómo el ejército de entonces impidió al nuevo gobernante que Mario Monteforte Toledo fuera embajador de Guatemala en México; además, contó como no sólo en Vietnam eran utilizadas las bombas napalm: … ahora se utilizan en Bolivia, en Colombia, en Venezuela y en Guatemala.

La hipocresía de la burguesía y de la clase media “ladina” no tiene límites. Veneran a Tecún Umán como héroe nacional y se emocionan con las hazañas que le atribuyen, pero actúan en los hechos, con una mentalidad más racista que la de Pedro de Alvarado.

Su obra no encierra ninguna verdad: su obra deja libre la verdad. la palabra, explayada por los rumbos de la ternura y de la violencia, son ataques en contra del olvido.

Lo mismo Guayasamín, Juan Rulfo, el che Guevara, César Montes o Clemente Marroquín Rojas, forman parte de esa cadena de relatos en Días y noches de amor y de guerra. Son narraciones en las que la experiencia hundida se hace palabra y crece, y se hace literatura, y la literatura crea en los hombres, que leen, conocimiento y gusto.

En la memoria histórica (y anecdótica) Guatemala, país ocupado, las narraciones de Galeano son tan fáciles de contar, que sólo requieren seis cosas: Conocimiento de la problemática, capacidad de aprehensión, memoria, prosa poética, criadillas para contarlo, y arriesgar la vida.

Periodista que conoció de cerca a los insurgentes, cuenta en Guatemala, país ocupado:

Ayer los hombres de esta patrulla han comido hojas silvestres, hervidas con sal. Mañana, quien sabe. Esta noche será necesario caminar.

La hipocresía de la burguesía y de la clase media “ladina” no tiene límites. Veneran a Tecún Umán como héroe nacional y se emocionan con las hazañas que le atribuyen, pero actúan en los hechos, con una mentalidad más racista que la de Pedro de Alvarado…

Prensa Libre


Honduras

Las letras del fútbol de luto; falleció Galeano

El escritor uruguayo Eduardo Galeano, autor de “El fútbol a sol y sombra”, una de las obras más célebres de la literatura del balompié, falleció este lunes a los 74 años en Montevideo, informaron fuentes del sanatorio en el que se encontraba internado.

Galeano, enfermo de cáncer de pulmón, estuvo internado por varios días en el sanatorio Casmu de Montevideo y falleció en la mañana de este lunes.

Suele considerarse que el mundo de la literatura está en las antípodas del universo deportivo, como si no hubiera grandes escritores que han dedicado sus letras a disciplinas como el fútbol o el atletismo. Y el uruguayo Eduardo Galeano, fallecido hoy, fue sin duda uno de los más destacados.

El fútbol “es algo tan importante que no se puede charlar solo unos minutos sobre él, sino que hay que dedicarle horas y horas”, sentenció en una ocasión en Madrid ante la petición de unas rápidas declaraciones en los momentos previos a una lectura pública de su obra “Bocas del tiempo”.

Uruguay disputaba la fase de clasificación para el Mundial de Alemania 2006 y su opinión era lo suficientemente relevante como para pedírsela en un acto literario. Pero él hizo saber a la periodista que, además de estar contrariado por otro motivo, el fundamental para rechazar esa charla era que la relevancia del balompié en su vida era tal como para dedicarle apenas minutos.

La Noticia


México

Los indignados de América Latina y el mundo han perdido a uno de sus guías

El escritor, periodista, ensayista uruguayo, colaborador de La Jornada, falleció este lunes en Montevideo debido a un cáncer de pulmon, confirmó su casa editorial. Pero su biografía no termina con su muerte. Inició, sí, el 3 de septiembre de 1940 en Montevideo, pero entre su nacimiento y su muerte hay miles de palabras, escritas en numerosos libros, dichas en múltiples discursos, retomadas por cientos de miles de jóvenes y adultos, hombres y mujeres inconformes con los gobiernos a todo lo largo y ancho de este planeta, en todas las entrevistas concedidas, en todas esas frases que rondan Internet, en todos los artículos que publicó en La Jornada, su casa, y en todos los sueños que compartió para hacer de este un mundo menos peor.

Entre su nacimiento y su muerte están su primer libro Los días siguientes y Mujeres, una antología que acaba de publicar en España Siglo XXI Editores. Entre esos dos Las venas abiertas de América Latina, ese libro que el entonces presidente venezolano Hugo Chávez regaló al su homólogo estadunidense Barak Obama durante la V Cumbre de las Américas, en abril de 2009.

Están Memoria del fuego (Los nacimientos, Las caras y las máscaras y El siglo del viento), El descubrimiento de América que todavía no fue y otros escritos, Nosotros decimos no, Palabras: antología personal y Espejos.

En 2012 visitó el país por última vez. Acababa de publicar Los hijos de los días (Siglo XXI Editores). En noviembre de ese año se presentó en la Sala Nezahualcóyotl ante miles de jóvenes que ansiaban verlo, escucharlo, conocerlo en persona, y en la clausura de la asamblea del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. En ambos casos fueron decenas de personas las que tuvieron que conformarse con escucharlo fuera de la sala o el auditorio. Eso ocurría siempre.

Entre su nacimiento y su muerte están sus varios oficios: obrero, dibujante, recaudador, pintor, mensajero, cajero de banco, mecanógrafo, editor del semanario Marcha y el diario Época, y en medio de todos ellos su pasión por el futbol.

Además de un gran escuchador, como él se definía, también fue un exiliado político. Salió de Uruguay después de haber sido encarcelado por la dictadura. Cruzó el Río de la Plata para vivir en Argentina, pero de nuevo tuvo que abandonar ese país ahora con destino a España porque su nombre estaba entre los condenados por la dictadura de Videla. Fue en Cataluña, donde además de escribir para periódicos, publicó Trilogía del fuego.

Las venas abiertas de América Latina publicado años antes, en 1971, fue prohibido por el régimen dictatorial tanto en Uruguay, como en Chile y Argentina.

En 1985 regresó a su país, donde fundó el semanario Brecha, publicación que en 2010 creo el Premio Memoria del Fuego, el primero en recibirlo fue el cantante y compositor español Joan Manuel Serrat. Ese mismo año Eduardo Galeano obtuvo el premio Stig Dagerman, y a lo largo de su vida recibió varios doctorados Honoris Causa por parte de universidades en Cuba, El Salvador, México y Argentina, además del premio medalla 1808, entregado en febrero de 2011 en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento.También en 2010 recibió el Premio Manuel Vázquez Montalbán en la categoría de Periodismo Deportivo.

Siempre habló de y para los jóvenes, de y para los indígenas, en contra de los narcoestados y el neoliberalismo, en favor de la ecología y la legalización de las drogas. Habló contra el olvido.

Hace unos días presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, dio a conocer que había recibido la firma de Galeano contra el decreto por el que Obama calificó al país sudamericano como una amenaza. En México, uno de sus últimos textos publicado por La Jornada fue Leo y comparto, dedicado a los 43 estudiantes desaparecidos.

“Los huérfanos de la tragedia de Ayotzinapa no están solos en la porfiada búsqueda de sus queridos perdidos en el caos de los basurales incendiados y las fosas cargadas de restos humanos.

“Los acompañan las voces solidarias y su cálida presencia en todo el mapa de México y más allá, incluyendo las canchas fútbol, donde hay jugadores que festejan sus goles dibujando con los dedos, en el aire, la cidra 43, que rinde homenaje a los desaparecidos”.

Siempre del lado de los pobres, de los indignados, su activismo social y compromiso con los desprotegidos lo llevó a Chiapas a conocer de cerca al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, experiencia que vertió durante varios años en diversos artículos, por ejemplo, en Una marcha universal, publicada por este diario el 10 de marzo de 2001.

“Año 1914, año 2001: Emiliano Zapata era en el DF por segunda vez. Esta segunda vez viene desde La Realidad, para cambiar la realidad: desde la selva Lacandona llega para que se profundice el cambio de la realidad de todo México. Desde que emergieron a la luz pública, los zapatistas de Chiapas, están cambiando la realidad del país entero. Gracias a ellos y a la energía creadora que han desencadenado, ya ni lo que era es como era.

“Los que hablan del problema indígena tendrán que empezar a reconocer la solución indígena. Al fin y al cabo, la respuesta zapatista a cinco siglos de enmascaramiento, el desafío de estas máscaras que desenmascaran, está despegando el espléndido arcoiris que México contiene y está devolviendo la esperanza a los condenados a espera perpetua. Los indígenas, está visto, sólo son un problema para quienes les niegan el derecho de ser lo que son, y así niegan la pluralidad nacional y niegan el derecho de los mexicanos a ser plenamente mexicanos sin las mutilaciones impuestas por la tradición racista, que enaniza el alma y corta las piernas”.

Eduardo Galeano es recuerdo de esas cosas que el poder -político y económico- quiere que se olviden.

Galeano eres memoria.

La Jornada


Nicaragua

«Que viva Eduardo» por Gioconda Belli

Galeano tomaba una duchas larguísimas. Lo sé porque Carlos, mi esposo, y yo compartimos con él un apartamento en Frankfurt durante la Feria del Libro hace ya años. Un apartamento que los dueños dejaron a disposición de Hermann Schulz, nuestro común editor, y donde él nos hospedó mientras duraba nuestra estancia en la Feria. Galeano era ya un entrañable porque mientras duró la Revolución y sus amigos fueron revolucionarios, él se afilió a esta noción de utopía marca Nicaragua, como suelen afiliarse los soñadores a sus sueños. Pasó largas temporadas entre nosotros y por eso su risa, su cabeza perfilada sin el engaño del pelo (sufría por su calvicie), sus gestos, su voz con tono de tenor, la picardía constante de su mirada, la libretita infaltable en su bolsillo donde anotaba cuanto le llamaba la atención, los cerditos que dibujaba en sus dedicatorias, esa «entidad» maravillosa que era todo él, la vitalidad de su empeño por imaginar un mundo justo y no sólo imaginarlo, sino que demandarlo, se quedará para siempre con nosotros. Difícil imaginarlo enfermo. El mismo se encargó de que pocos lo vieran sufrir. La última vez que estuve en Montevideo -un viaje de 12 horas- pregunté por él. Me dijeron que no veía a nadie. Estaba con su Elena, su esposa guapa, dulce y alegre como él. Ella que soñaba de noche y le contaba sueños que él decía le servían para escribir. Difícil imaginar que ya no está. Su voz era de las imprescindibles. Jamás después de 1990 quiso volver a este país que amó tanto. No quiso ver la metamorfosis que destruyó la ilusión en la que él creyó con fe de apasionado. Pero aquí queda el amor que le tuvimos y el amor que él nos dio a quienes lo conocimos y también a quienes sin conocerlo fueron tocados, mecidos, estremecidos por sus palabras. Que viva Eduardo. Que viva siempre. Y que se vaya tranquilo porque su huella no se borrará jamás.

Managua, 13 de Abril 2015

Confidencial


Panamá

El uruguayo que escribió dos ‘biblias’

Dicen que Eduardo Galeano escribió la biblia latinoamericana con un libro sobre el subcontinente comprendido de México a Argentina, más el Caribe. La verdad es que escribió dos biblias: Las venas abiertas de América Latina y El fútbol a sol y sombra.

Las venas abiertas recoge el trascender de este territorio desde la colonización europea hasta la década de 1970. Una reflexión concerniente a una región vista según el autor como un botín siempre a mano. El libro sirvió de inspiración a otros artistas como Óscar Niemeyer, arquitecto brasileño, y a agrupaciones musicales vigentes como Los Fabulosos Cadillac de Argentina. Quiere decir que la obra ya es un clásico.

Pero la grandeza de Galeano no está en haber escrito un ensayo valorado en múltiples países y necesario para comprender los tropiezos de América Latina. El autor se desdobló de su gloria cuando muchos años después se autoformuló duros cuestionamientos. Dijo: “Yo no sería capaz de leer el libro de nuevo. Para mí esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima”. Y con humildad señaló: “Yo no tenía la formación necesaria. No estoy arrepentido de haberlo escrito pero fue una etapa que, para mí, está superada”.

En cambio nunca se echó para atrás con El fútbol a sol y sombra, que es también un clásico porque compacta una pasión común en Latinoamérica y el mundo. Mediante relatos deliciosamente escritos, con toque poético, el uruguayo registra en relatos de unas cuantas frases la dicha y la miseria del fútbol. Si Augusto Monterroso es el maestro del relato corto, Galeano lo es del ensayo futbolero breve.

Obrero de fábrica, dibujante, pintor, mecanógrafo, cajero de banco y lector profesional, el uruguayo se dedicó a escribir y hacer periodismo desde la adolescencia. Era un hombre mundano y discreto y quizás esto explica por qué sus textos eran minimalistas pero muy profundos.

Murió hace unas horas a los 74 años de edad y dejó un boquete grande en el fútbol, la literatura y las ideologías.

Fue una pluma y una época.

La Prensa


Paraguay

«Luego van a decir para recordarme: ¡ah, sí, ese que leía E’a!»

Eduardo Galeano estuvo por Paraguay en agosto de 2008, en el marco de la asunción de Fernando Lugo a la presidencia de la república. En dicha ocasión, pudimos recoger algunas de sus palabras. Su visita coincidía con los primero pasos del E’a, que inició con ediciones impresas, además de la digital. Para recordarlo en esta fecha en que fue dada a conocer la muerte del reconocido escritor uruguayo, reeditamos esta entrevista realizada por Osvaldo Zayas:

«Luego van a decir para recordarme: ¡ah, sí, ese que leía E’a!» bromeó Eduardo Galeano luego de tomarse una fotografía con el primer número impreso de este periódico. Fue en el lobby del Hotel Chaco. Antes había brindado una entrevista para la prensa paraguaya e internacional.

Llegó al Paraguay 14 años después de su última visita. Qué forma rara de medir tiene el tiempo, que no tiene nada que ver con los relojes, reflexionó al asegurar que nunca se había ido de Asunción. En la conferencia que dio en el Teatro Municipal recordó a muchos paraguayos amigos suyos. Aquellos que conoció en el exilio. Habló mucho y de todo. Palabras bellas, simples, pero por sobre todo, reales, igual que su literatura, atada siempre a la realidad llena de problemas sociopolíticos y económicos. A esa señora que es «muy maga, muy loca».

Miedos de Comunicación

Al hablar de los medios de comunicación dominantes, el periodista y escritor dijo que más que Medios parecen Miedos de Comunicación. «Están hechos para incomunicar a la gente, no para comunicar, son medios consagrados a la obediencia al que manda, al poder dominante, sobre todo el poder económico, que es el que los compra, a veces directamente o por vía de la publicidad», indicó.

Para Galeano es muy común que se utilicen términos como «terroristas», para desautorizar luchas sociales. «Para invalidar, para demonizar los movimientos sociales y al insultarlos los elogian. Porque eso significa que producen miedo, miedo en los que tienen la sartén por el mango, en los amos del poder, que no quieren que les toquen los privilegios adquiridos de manera no muy santas. De algún modo son insultos que elogian: “terroristas”, “populistas”».

Galeano, el periodista

El autor de Las Venas Abiertas de América Latina, el Libro de los Abrazos y otras grandes obras, relató que toda su vida estuvo metido en espacios de comunicación alternativos. «Tuve la suerte de tener maestros que me enseñaron el arte del ejercicio de la palabra. Me transmitieron el sentido de responsabilidad en el uso de los medios de comunicación. Somos responsables de lo que decimos, por lo tanto lo que decimos tiene que ser dicho de la mejor manera y de la más honesta manera», remarcó.

Él trabajó durante muchos años en un semanario uruguayo llamado Marcha. Allí recibió lecciones inolvidables. «Lecciones de mi gran maestro Don Carlos Quijano. Al que llamaban Don Quijano de la Marcha y que era una especie de hidalgo caballero. Yo era jefe de redacción, tenía 19 años. Le decía: “Don Carlos, no podría pagarnos un poquito más”. Él se ponía furioso porque según él nosotros teníamos que pagar. Al revés, por el altísimo honor de poder decir lo que queríamos», señaló el escritor animado por los recuerdos.

Relató que a veces llegaba el administrador de Marcha, Hugo Alfaro, y le decía a Carlos Quijano: «¡Don Carlos, Don Carlos conseguimos avisos!. Fíjese, me acaba de llegar un aviso de una página completa». «Y Don Carlos se ponía furiosísimo y lo echaba: Te vas de acá. Andate. Dejame en paz. ¡Carajo!, una página menos para poder decir lo que pensamos y viene a decirme que es una buena noticia. Pero Don Carlos, de algo hay que vivir, yo le decía, no nos podría pagar un poquito más. No, me respondía. Es al revés, y vos tenés que escribir mucho mejor que esos que ganan diez veces más que vos, para demostrarles que no es por eso que uno hace lo que hace. Para que se sepa que no es por la plata», recordó. «Está bien Don Carlos, pero no hay porque llegar al hambre tampoco. Una cosa es un periodista honesto y otra cosa un faquir obligado», refirió.

Con sus recuerdos trajo a otro maestro suyo, Juan Carlos Onetti. Según Galeano, Onetti solía mentir para dar prestigio a sus palabras. «Inventaba que eran proverbios y decía que era un proverbio chino ese de que: las únicas palabras que merecen existir son aquellas mejores que el silencio. Yo siempre supuse que era un proverbio onettiano, por lo mentiroso, pero ahora me enteré que era un proverbio hindú. Y sea chino, onettiano o hindú dice la verdad», aseguró.

Para el creador de Patas Arriba. La escuela del mundo al revés y la trilogía de Memorias del Fuego, lo mejor que se puede recomendar a alguien que empieza a escribir, en el periodismo o en otras formas de expresión literarias es que hay que escribir mejor que el silencio. «Es un desafío imposible porque el silencio es un lenguaje perfecto pero bueno, como desafío funciona», manifestó.

Optimista sobre el cambio en Paraguay

El periodista uruguayo ve con mucho optimismo el cambio en Paraguay, que, según aclaró, no es aislado. Pero también precisó que el cambio en toda América depende de que la unidad entre los países sea real. «Que esa unidad sea de verdad y que no nos juntemos solo para pronunciar discursos que citan a Bolivar y a su linda voluntad de que América Latina sea una América unida. El riesgo está en que los que mandan, la gente electa con la misión de cambiar la realidad, se dedique más a hablarla que a hacerla. Y se discursea mucho pero se hace poco todavía, sobre todo en el camino de la unidad de veras», declaró.

Para el periodista, el camino de la unidad de verdad pasa por el reconocimiento de los desequilibrios regionales, de las injusticias que se cometen entre países latinoamericanos. «La cadena de la opresión no tiene solo dos eslabones, sino que cada eslabón humilla al que tiene abajo», explicó.

Al referirse al papel de los intelectuales en los procesos de cambios, indicó: «En primer lugar les recomendaría que se dejen de llamar intelectuales, que es una palabra horrorosa que nos reduce al puro intelecto, que los decapita: cabezas que ruedan por los caminos, desprendidas del cuerpo, sin sexo ni corazón».

Sin embardo, declaró que aquellos intelectuales que quieran asumirse como integridades, que suman la razón y el corazón, el cuerpo y el alma, «almuerpos, cuerpalmas, haciendo cosas, cada cual en su esfera, en su campo de acción, esos que tienen una visión de las cosas diferente, ellos sí tienen una responsabilidad extraordinaria porque pueden influir en los demás; y bueno, pues que usen esa influencia para que en América Latina nos conozcamos un poquito mejor entre nosotros, nos odiemos un poquito menos y aprendamos a querernos, a querernos de una buena vez. Así somos todos, un poquito más queridos y querientes, en un mundo que nos entrena para el desamor, para el desvínculo», finalizó el creador de Espejos, su último trabajo.

E’a


Perú

Galeano admiró lección de dignidad de los peruanos en Berlín 36

Intelectual uruguayo era también gran apasionado del fútbol. La muerte del escritor uruguayo Eduardo Galeano, nos trae a la memoria su admiración por lo que denominaba «una lección de dignidad» de la selección olímpica peruana en Berlín 36, cuya historia que recogió en uno de sus libros.

Galeano narra cómo un seleccionado peruano, en cuya ofesnsiva estaba el «rodillo negro» humilló al representantes de la «raza superior» (Austria, país de origen de Hitler) ante la mirada atónita del dictador, ganándole 4 a 2, pese a que el árbitro le anulara 3 goles. Asímismo, cómo el servilismo de los dirigentes hizo que horas después de acabado el partido, se anulara sin mayores argumentos.

El autor de «Las venas abiertas de América latina» destaca la lección de dignidad de los peruanos quienes se retiraron de la competencia de berlín 36. «Siempre le pregunto a los amigos peruanos porqué no se difunde esto en las escuelas». indicó.

«Deben decir a sus niños: nosotros pertenecemos a un país que humilló a Hitler», decía eduardo Galeano para quien el fútbol es una fuente de dignidad colectiva, porque,. tiene relación con lo mejor del alma humana.

RPP Noticias


Venezuela

Las frases que nos deja Eduardo Galeano

Este lunes falleció el escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano a los 74 años de edad, autor de grandes lecturas de repercusión latinoamericana como “Las venas abiertas de América Latina” (1971), “Patas arriba: El mundo al revés” (1998), “El fútbol a sol y sombra” (1995), “Espejos” (2008), y otros.

En dos ocasiones, en 1975 y 1978, Galeano obtuvo el premio Casa de las Américas. En 1989, recibió en los Estados Unidos el American Book Award por Memoria del fuego. En 1999, Galeano fue el primer escritor galardonado por la Fundación Lannan (Santa Fe, USA) con el premio a la libertad cultural.

Sus obras han sido traducidas a más de veinte lenguas. A lo largo de su extensa carrera, nos regaló infinitas frases que quedarán inmortalizadas, aquí algunas:

-«Arránqueme, Señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme».

-«Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos».

-«Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo».

-«El código moral del fin del milenio no condena la injusticia, sino el fracaso».

-«La historia de América Latina es la historia del despojo de los recursos naturales».

-«Hay un único lugar donde ayer y hoy se encuentran y se reconocen y se abrazan. Ese lugar es mañana».

-«Mirá pibe. Si Beethoven hubiera nacido en Tacuarembó, hubiera llegado a ser director de la banda del pueblo».

-«La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo».

-«Yo creo que fuimos nacidos hijos de los días, porque cada día tiene una historia y nosotros somos las historias que vivimos…».

-«La palabra política se ha manoseado tanto que significa todo y no significa nada. Entonces desconfío mucho de la etiqueta política».

-«Me desprendo del abrazo, salgo a la calle. En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna. La luna tiene dos noches de edad. Yo, una».

-«No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta».

-«La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar».

-«La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo».

-“Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, ni socializan los medios de producción y de cambio… Pero quizá desencadenen la alegría de hacer y la traduzcan en actos”.

-«El mundo es una gran paradoja que gira en el universo. A este paso, de aquí a poco los propietarios del planeta prohibirán el hambre y la sed, para que no falten el pan ni el agua».

-«Al Norte y al Sur, al Este y al Oeste, el hombre serrucha, con delirante entusiasmo, la rama donde está sentado».

-“De cada día nace una historia porque estamos hechos de átomos, estamos hechos de historias”.

-”Yo escribo para quienes no pueden leerme. Los de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia, no saben leer o no tienen con qué”.

-”Sólo los tontos creen que el silencio es un vacío. No está vacío nunca. Y a veces la mejor manera de comunicarse es callando”.

-”La historia de América Latina es la historia del despojo de los recursos naturales”

Telesur

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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