Juglares chilenos: entre mapuches y españoles

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Contaban historias a cambio de dinero o comida, en pleno siglo XVII. Algunos terminaban como atracciones en fiestas de reyes y nobles, y el resto quedaba relegado a actuar sobre el asfalto, en plazas y espacios abiertos. Su virtuosismo con la retórica y algún instrumento los hizo inigualables.

Eran los juglares, y parecían extinguidos. Pero en 2000, Francisco Sánchez y Carolina González formaron Tryo Teatro Banda para montar autores chilenos, mezclando actuación, música y literatura. También  llevar sus obras fuera de las salas. “Me disgustaba ver tantas obras de autores o temas extranjeros, pues en las que había trabajado con Andrés del Bosque y Sebastián Vila experimenté que nuestra historia y cultura tienen temas de sobra para contar”, dice Sánchez.

En 2007 estrenaron Cautiverio feliz (sic), las memorias del capitán español Francisco Ñúñez de Pineda y Bascuñán, secuestrado en 1629 por un cacique mapuche tras una batalla, y liberado 9 meses después. Luego, en Pedro de Valdivia: la gesta inconclusa, reapareció el conquistador español en sus primeros años en suelo chileno, y La Araucana narró las aventuras de Alonso de Ercilla en 1558 en la Guerra de Arauco. Le siguieron Kay Kay y Xeng Xeng Vilu, las dos serpientes que dieron origen al pueblo mapuche; La Tirana, la historia de la mayor fiesta religiosa en Chile, y  la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767, en La expulsión de los jesuitas, una de las obras más vistas en 2014.

Hasta el 7 de junio, en el GAM, rescatan otro hecho histórico clave: ¡Parlamento!, su primer unipersonal, protagonizado por Sánchez y dirigido por Andrés del Bosque. Primero debutó en Almagro, España, en octubre, y ahora vuelve con el ciclo Teatro Hoy. Su eje es el Parlamento de Quilín, del 6 de enero de 1641, cuando el gobernador Marqués de Baydes y el cacique Lincopichón llegaron a un acuerdo fronterizo para poner fin a la Guerra de Arauco.

“Muchas veces se nos ha dicho que nuestras obras son la mejor clase de historia. Pero no son una clase, sino una obra artística donde el tema dramatúrgico viene de la historiografía, y uno, como artista, tiene la licencia poética para contar y opinar”, dice Sánchez, quien al inicio aparece como un juglar de esos que ya no se ven, tomando la palabra en la Conferencia de los Pájaros. “El escribe sobre la cartografía una partitura desesperada que invita a conversar, a que nos comuniquemos desde la esencia de un mundo oral”, cuenta Andrés del Bosque. “Se presenta de inmediato la trampa del papel escrito, del contrato fraudulento, del espíritu de la ley engañosa hecha para la apropiación indebida de territorios. Un escenario de papel”, agrega.

“En un país como Chile, donde se nos enseña que los indígenas eran y son salvajes, y por eso estamos donde estamos, el bufón viene a poner en duda que esto sea realmente así. Es un ser molestoso que pone el mundo al revés, para indignación de algunos”, remata Sánchez.

La Tercera

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