Libreros de Montevideo: una pasión intacta y oficio en extinción en Uruguay

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Libreros en Montevideo: pasión intacta, oficio en extinción

¿Está extinta la profesión de librero en Uruguay? ¿Las nuevas tecnologías opacan el uso y la importancia del libro?

No cabe duda que el librero de todas las épocas ha sido un personaje orientador y promotor de la lectura. Una persona que, de algún modo, hace las veces de interlocución entre aquellos que escriben y los lectores.

En pleno auge de tecnologías de información y comunicación (TIC´s), son vistos con normalidad variados fenómenos que atentan contra la literatura impresa y que, en especial, ponen en duda el futuro de las librerías. Pero novedades como los ebooks y aplicaciones para tablets no son los primeros fenómenos en la historia de la literatura en atentar de manera directa contra el futuro de los pliegues de páginas encuadernadas. Desde tiempos inmemorables, libros y librerías fueron amenazados por diferentes motivos, sea por consecuencias negativas de la masificación o por aspectos meramente políticos. El sentimiento de un futuro incierto para libros y libreros siempre estuvo latente.

Pese a ello, hoy en día Montevideo cuenta con numerosas librerías que sobreviven a la modernización tecnológica y cultural. Con un mayor protagonismo los domingos por la mañana, la calle Tristán Narvaja es, sin dudas, la avenida que más librerías alberga. En no más de 10 cuadras, se halla una disponibilidad literaria valorizada por propios y extranjeros que se acercan por el pintoresco símbolo que es la feria. Ante lo dicho y en el marco del pasado Día del Libro, LA REPÚBLICA salió a recorrer esa zona de Montevideo para advertir cómo sobrevive el negocio y qué tan vigente está hoy en día la figura del librero.

La idea de que “hoy existen más vendedores de libros que libreros” se instaló como factor común de la recorrida. No obstante, en las 10 cuadras que abarca la zona literaria, parece que hay valores y costumbres sostenidas en el tiempo. A pocos metros de la calle Tristán Narvaja se encuentra la librería de María Luisa. Rodeada de una variedad innumerable de libros y géneros literarios, su comercio encarna un ambiente pacífico y forma parte de la zona a la que define como “interesante”.
Según relató, “en la cuadra se formaron varios libreros que cultivaron el gusto por la lectura y el empuje emprendedor”. “Mientras estudiaba, trabajaba en el libro y así me fui adaptando. Después vino la pasión por la lectura y los gustos”, contó, en tanto expresó su “admiración intacta por la zona”, pese a que “últimamente se ha venido a menos”.

Vocación y oficio

Como se mencionó, esta zona de Montevideo es una de las pocas que rescata el oficio del librero. Y en ese sentido, allí se marca una línea divisoria entre la venta asociada a la vocación y la venta meramente comercial. “Recorrer los domingos la feria es muy interesante. Todavía se pueden encontrar algunos libreros, sobre todo por los alrededores de la calle Paysandú. Uno se arrima, mira los puestitos, y solamente conversando se puede dar cuenta si en realidad es un librero o no”, explicó María Luisa. ¿Qué hace a la diferencia? Según ella, “uno lo percibe en la persona, viendo cómo toma el libro, oyendo la sugerencia cuando uno viene buscando un tema determinado; advirtiendo la búsqueda de ese tema dentro del libro sin el uso de una computadora”. Para María Luisa, “todo está un poco en la memoria del librero, en ese training, en las recomendaciones y obviamente en la pasión, donde se marca la diferencia”.

“Oídos bien despiertos”

Si bien el oficio de librero tiene mucho del gusto por la tarea, muchos protagonistas del ámbito señalan que la labor debió adecuarse a los tiempos que corren. En la Librería del Cordón, atendida por Norma, tal adaptación se resume en la necesidad de “tener los oídos bien despiertos”.

Abarcando un amplio abanico de géneros literarios, la Librería del Cordón presenta un modelo clásico de organización y abarca literatura de todos los tiempos. Si presumir de esa la amplia oferta, la encargada del local destaca la importancia de “estar atento para escuchar al cliente”.

“Hay que aplicar un poco de psicología, estudiar los gustos, la trayectoria de la persona. Saber si el que viene es lector o no. Si no lo fue nunca o lo fue y hubo un lapso de tiempo en que no y luego retoma”, se explayó, previo a sentenciar que “la obligación como librero, no como vendedor de libros, es prestar mucha atención al cliente”.

Para Norma, con más de 40 años en el rubro, quien se acerca a preguntar “termina siendo un amigo porque cuenta detalles íntimos que no se los cuenta a cualquiera”, y “además, uno le va modelando los gustos literarios”. “Hay quienes empiezan por la novelita más simple, y terminan optando por leer cosas con determinada profundidad. Uno recomienda así, siempre respetando al cliente”, sentenció.

Según la librera, “muchos de los vendedores de libros actuales encontraron, quizás, una forma más fácil de trabajar” que es la de “no darle importancia a la formación, tanto sea del cliente como de los aportantes”, dijo, “sin querer caer en la crítica”.

Tradiciones extintas

En otro sentido, Norma se refirió también a tradiciones que poco a poco fueron desapareciendo en el ámbito de las librerías. Según expresó, una de las más visibles es la no concurrencia de corredores, aspecto que “dificulta y perjudica de manera directa la tarea de los libreros”. “Los corredores eran los que venían de las distintas distribuidoras y como se estaban formando, entablaban un intercambio con el librero, que le trasmitía experiencia y gustos que aparentemente eran de la mayoría, sin descuidar la minoría”. A eso, “le tomaban el gusto ellos mismos y se veían obligados a leer, y así se iban formando. En cambio, hoy en día nunca llega tu opinión a la distribuidora”, criticó.

Norma lamenta que “prácticamente no haya corredores” porque de ese modo no hay vínculo ni “feedback”. Tal como afirmó, “hoy son pocos, y ya no tienen el compromiso. “A algunos les da igual tener una almacén, o vender zapatos, antes que dedicarse a los libros”, sentenció.
“Ahora, un click y ya está”

A pasos de 18 de julio se encuentra la librería Napolibros, que cuenta con una ventaja con respecto a las demás: una mayor concentración de público en las cercanías. Manteniendo un minucioso orden, su encargado dijo a LA REPÚBLICA que “lo que pasa es que ahora es muy sencillo vender libros”. “Computadora, un clic, y ya está. Increíblemente uno puede vender un libro sin haberlo leído. Y así lo venden”, opinó.

En esa línea, coincidió en que “en el negocio del librero, lo esencial es saber lo que necesita el cliente. Y para eso tenés que leer, no hay alternativa”. “Leo suplementos, revistas y cuanta cosa haya para obtener información sobre los libros y cuestiones literarias. Hoy en día hay tipos que saben qué es lo que venden, pero difícilmente les llega a importar lo que el cliente quiere. Prefieren la venta antes que la sugerencia”, condenó.

Con estas palabras, Nápoli sumó argumentos a la presunta discordancia entre libreros y vendedores de libros. En sus palabras, las diferencias estarían en las “intenciones” respecto a la venta. “Lo primordial es conversar con el cliente, tenés que hablar. Cosa que a mucha gente no le agrada, porque a veces piensan que lo querés joder. Hablando, más o menos llegamos a saber aproximadamente lo que quiere, y alrededor de eso, se formula la sugerencia. Que nunca es más de dos libros, porque puede que el que busca se maree y no te compre ni una ni otra”, especificó.

Sobre esto último, ahondó en que “ahora, el problema es que mucha gente no habla, no conversa”. Esta nueva tendencia en materia de compras y de búsqueda es, a juicio del librero, “lo que la hace difícil”. “Es todo un proceso de conocimiento con la persona, y hay mucha gente que no lo hace porque tiene timidez, a raíz del desconocimiento de lo que vende”, afirmó.

Librería con personalidad

De esta manera, el oficio del librero está en peligro de extinción, pero cuenta con amantes de la tarea que lo mantienen vivo. Así se garantiza la oportunidad de encontrar un lugar a medida en el mundo de los libros, donde la clave, según Nápoli “es una sola”. “La clave es leer. Cuanto más leas, más posibilidad tenés de entender correctamente lo que estás vendiendo. Es una lástima que ya se haya terminado la época en que las editoriales te daban libros para leer a cambio de una opinión de si se podía vender, o si te interesaba o no… A la corta o a la larga, es imposible que la librería no tenga algo de tu personalidad”, concluyó.

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