Los olvidados de la guerra

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Así lo entiende el historiador francés Luc Capdevila, quien esta semana brindó una serie de charlas en Asunción. Asegura que el Chaco indígena fue íntegramente trastornado por la guerra, a tal punto que desaparecieron comunidades. También destaca el aporte de nativos como baqueanos y guías para la fundación de fortines, movilización de tropas y hallazgo de desertores. Aún así son los grandes olvidados de esta historia.

–Ud. estudió bastante sobre la Guerra del Chaco y la presencia de los indígenas en el campo de batalla. ¿Cómo comenzó en este tema?   

Yo como historiador y Nicolás Richard, como antropólogo, nos interesaba el tema de la Guerra del Chaco y al abordarlo nos dimos cuenta de que el conflicto ocurrió en territorio indígena, pero nunca se hablaba de ellos, eran los olvidados de la historia. Y así tomamos la decisión de formar un grupo de investigación para trabajar el tema. ¿Qué ocurrió con los indígenas durante el conflicto? A partir del momento en que tocamos el enfoque sobre los indígenas a ver si teníamos la misma visión de la guerra, la visión tradicional sobre una guerra internacional… Pero la visión cambia porque nos parece que la Guerra del Chaco fue al mismo tiempo una guerra convencional y  un proceso de colonización. Esa es la visión que tienen los indígenas. Entonces, trabajamos los archivos -historiadores y antropólogos- para rescatar los valores indígenas. Estamos ahora en la capacidad de ver más o menos lo que ocurrió para los indígenas de todo el Chaco durante la guerra.

–¿Hubo una desaparición de tribus, de comunidades con la guerra, o fue un caso de reacomodo?

–Creo que no hubo desaparición realmente. La Guerra del Chaco no fue una guerra contra los indios, lo cual ocurrió en la Patagonia, por ejemplo en Tierra del Fuego (Argentina). Fue una guerra contra Bolivia o contra el Paraguay. Sí hubo una mortalidad muy fuerte, pero sobre todo mortalidad a causa de las enfermedades. Hay que recordar que se dio una epidemia de viruela y de gripe fortísima y hubo –no etnias– comunidades que desaparecieron con las enfermedades en el Alto Paraguay y en la zona del Pilcomayo, por ejemplo.

–Fue un impacto muy grande…

–Para las comunidades el impacto fue muy grande. Imagínese que fue un cambio total para los indígenas, que tuvieron que cambiar de lugar. Antes se encontraban en un sitio que era suyo, pero después de la guerra se encontraron en un lugar que era del Paraguay o de Bolivia, del Estado con presencia del Ejército. Tuvieron que trasladarse, sus vidas cambiaron y cuando entraron en las misiones toda su organización social y cultura cambiaron. Cambiaron de nombre también, pues los nombres eran diferentes antes y después de la guerra.

-¿Puede dar ejemplos?

-Antes de la Guerra se hablaba de chulupíes, los aschluslays y después de la guerra se habla de los nivaclé. Antes de la guerra se habla de moros y después son los ayoreos. Antes, de los chamacocos y después de los ishires. Fue un cambio total.

–Incluso, antes de la guerra ellos dominaban ese territorio y nadie pasaba por allí, como en la época de la Conquista…

–Exactamente. Por eso la idea es trabajar sobre la Guerra del Chaco como uno de los últimos acontecimientos que marca la conquista del territorio amerindio en América. Al final en el siglo XIX ocurre en La Patagonia, en Tierra del Fuego, en Chile, también en Estados Unidos en el Far West y en el Chaco participan de esa coyuntura. Por tanto, se dice que es uno de los últimos momentos en que  se acaba la conquista en realidad.

–Se dio una conquista de hecho, no impuesta…

–Exacto, una conquista de hecho.

–Ud. desarrolla en el libro «Mala Guerra» que los  Gobiernos de Bolivia y  Paraguay se valieron de los indígenas para las fundaciones, ingresar a los territorios… ¿Participaron activamente los indígenas de esta guerra?

–Los indígenas fueron plenamente actores del acontecimiento. Lo que pasa es que no era posible entrar al Chaco al principio sin los indígenas, sin las guías, sin los baqueanos. Los militares siempre trabajan con los indígenas para explorar el lugar y también eso está muy bien hecho en el lado boliviano, donde el ejército tenía un papel de preparar también la colonización del Chaco. Los oficiales bolivianos que se encargan de esto buscan a los indígenas, porque donde hay indígenas siempre hay posibilidades de vivir, donde hay indígenas hay agua, donde hay indígenas existe la posibilidad de pensar en una explotación agropecuaria, etc. Por ejemplo, cuando se implantaron los fortines se hicieron cerca de las tolderías porque en las tolderías había agua, baqueanos, posibilidad de reclutar auxiliares, mujeres…

–Se menciona el caso del contagio de enfermedades que influyeron sobre la población indígena…

–Encontramos muchos datos en los archivos de la Sanidad Militar. Por dos razones. Primero porque para los militares, los médicos, con los indígenas hay un riesgo grande de transmisión de enfermedades que se encontraban en el Chaco y, en particular, la viruela. Hay una epidemia muy fuerte de viruela al principio de la guerra y entonces los médicos, el ejército paraguayo vigilan esas enfermedades y vacunan a todos los soldados y también vacunan a los indígenas. También se trata en los archivos el tema de las relaciones posibles entre los soldados y las mujeres indígenas y la posibilidad de transmisión de enfermedades venéreas. Eso hace parte de las preocupaciones de los médicos. Además había otro factor, el de la propaganda en que se denuncia que los soldados bolivianos transmitían a los indígenas vicios, malas costumbres, como el de mascar coca, según los documentos que encontramos.

–¿Fue decisiva la presencia de indígenas en el frente, ya sea con el ejército boliviano o paraguayo?

–Decisivo no, pero importante sí porque observamos por ejemplo que cuando empieza la guerra la geopolítica militar casi corresponde a la geopolítica amerindia. Es decir, se encuentran fortines en el lado paraguayo en el país chamacoco, en el país lengua, en el país maka. Y por el lado boliviano se encuentran fortines en el país chulupí, en territorio moro e izoceños. Es decir, los militares avanzan con la ayuda de los indígenas, avanzan con los ojos, con la cultura del Chaco que tenían los indígenas.

-¿Hubo reclutamientos?

-Después se da un reclutamiento durante la guerra, que se hace de manera diferente en Bolivia y en Paraguay. Por el lado del Paraguay hay que ver que los militares paraguayos trabajan dentro del frente, con los misioneros y hay reclutamiento de auxiliares, organiza milicias con los maka, con los tomárâho y al final de la guerra con los izoceños, encargados por ejemplo de hacer operaciones de guerrilla o también para buscar a los desertores. Hay un tipo de policía militar organizado por unidad indígena para buscar los desertores que se escondieron en los pueblos indígenas.

–¿Y en  el lado boliviano cómo se da?

–Por el lado boliviano el ejército de ese país ya tiene una cultura del reclutamiento de los indígenas que empezó en el siglo XIX. La cultura militar en Bolivia, la jerarquía para construir la nación hizo que organizara un servicio militar con los indígenas de la sierra, pero también en las zonas bajas. Cuando empieza la guerra el ejército boliviano trata de reclutar y de incorporar a los indígenas en el ejército, también con la idea de nacionalizarlos.

–Cosa que no ocurría en el lado paraguayo donde los indígenas no se sentían paraguayos…

–Exacto.

–Leí en su libro que tras la guerra hubo como un desbande de  comunidades porque tuvieron que ir a trabajar a  obrajes, puertos y en las industrias…

–A partir del momento que avanza la colonización, los territorios indígenas, cambian de perfil y las comunidades tienen que entrar en las misiones o viven en los polos de colonización donde hay trabajo para las plantaciones de azúcar, por ejemplo. También en las estancias o en las empresas forestales. Cambia la geografía indígena muchísimo y eso ha llegado  hasta nuestros días.

ABC Color

20 mil indígenas participaron en la Guerra del Chaco

No tenían noción de Patria, mucho menos noción de a donde se dirigían. Pero una investigación del historiador Pablo Michel arroja el dato de que cerca de 20 mil “indios”, indígenas u originarios, defendieron la integridad del territorio nacional en la Guerra del Chaco, esto a horas nomás de cumplirse un nuevo recordatorio del día en que cesó el fuego entre ambos países (14 de junio).

“La coyuntura actual nos llevó a indagar sobre este tema, la participación de los indígenas en el acontecer nacional”, explica Michel. Según narra, la investigación lo condujo a determinar que el “indio”, previo a la contienda con Paraguay, no había participado en confrontamientos bélicos ni formaba parte del ejército pues no era considerado ciudadano, era simplemente un pongo. Y nada más.

“Es a partir de las misiones alemanas, en la década del 20 del siglo pasado, durante la presidencia de Hernando Siles, que el hombre originario empieza de a poco a tomar un papel activo dentro de los Regimientos, pues antes sólo se limitaba a acompañar a las mulas y a la carga de víveres”, explica el historiador.

El objetivo de la incorporación del “indio” en el ejército era civilizatorio, según los estudios de Michel. El ejército boliviano tenía que servir, además de constituirse en la institución militar, para educar a los indígenas en una época en que los servicios de instrucción no podían llegar a cumplir con éxito aquella tarea, y entonces se le delegó esta dura faena a las Fuerzas Armadas. “Había mucha reticencia en la incorporación de los ‘indios’ a los Regimientos, no sólo por oposición de las mismas comunidades autóctonas, sino también entre los terratenientes que veían en aquella fricción la pérdida de su mano de obra”.

Según dice Michel, una vez que estalla la guerra (1932), durante el gobierno de Daniel Salamanca, ésta en un principio no tomó en cuenta al indígena. En una segunda fase, el “indio” es raptado “como ganado” para cubrir aquellos huecos que empezaban a dejar las bajas del lado boliviano. “En una tercera etapa, se sucede un cambio muy interesante, pues los ‘indios’, por voluntad propia, se incorporan al ejército llevados incluso por sus padres. Y no sólo eso, llevan ganado o algunos víveres durante la guerra; los indígenas desde aquel momento empiezan a tener un sentido de pertenencia gracias a la contienda”, explica el investigador, “en la trinchera empieza a surgir un sentimiento de bolivianidad y también surgen los primeros héroes indígenas, como el sargento Valentín Condori”.

El historiador también explica que el hombre quechua habría resultado ser un guerrero con cualidades militares excepcionales, no tanto así los indígenas del oriente o los aymaras. “Hans Kundt (General alemán del ejército boliviano) decía que el soldado indígena boliviano era un soldado que se adaptaba a todo, que era un gran luchador. Lo ubicaba después de los soldados alemanes”, a decir de Michel.

Cuando el ejército paraguayo, una vez finalizada la guerra, inició su campaña de retirada, el Teniente Coronel José Félix Estigarribia, al ver los cuerpos fallecientes de los soldados indígenas bolivianos, pronunció una frase que bien podría resumir lo asegurado por Kundt. “Bolivia no tiene suficiente bronce para hacer monumentos a los soldados de este origen”.

 

Periódico Digital de Investigación sobre Bolivia

Para leer online está disponible el libro «Mala Guerra: Los indígenas en la guerra del Chaco (1932-1935)» de Nicolás Richard (Compilador)

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