Relatos de la guerra de la Sed

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La literatura boliviana de la Guerra del Chaco

Por Jorge Siles Salinas – En 1969 publiqué, con el auspicio de la Universidad Católica Boliviana, la primera edición de La literatura boliviana de la Guerra del Chaco. Aunque han transcurrido más de 40 años desde entonces, creo que el análisis y las conclusiones contenidas en ese breve libro de crítica literaria mantienen su vigencia. No tengo noticia de publicaciones hechas en Bolivia o Paraguay que aborden el mismo tema. Recogí en ese escrito los principales testimonios que me fue dado encontrar de escritores bolivianos sobre sus experiencias a lo largo de la tragedia de los años 1932 a 1935 en la estéril planicie del Chaco durante la absurda contienda librada entre Bolivia y Paraguay. Al menos un fruto valedero dejó ese conflicto insensato: una muy importante producción literaria. Al apreciar su valía, me propuse indagar cuáles fueron los grandes temas de inspiración y los puntos de convergencia que se dieron entre los diversos autores que se ocuparon de esa aventura.

En dos notas que sirven de epílogo al libro Sangre de mestizos, de Augusto Céspedes, publicadas en el diario La Nación, de Santiago de Chile, en junio de 1935, el autor resalta dos rasgos característicos de la guerra, vista desde el lado boliviano apenas llegado el momento del armisticio: 1) la insensatez imperdonable de esa lucha desencadenada por gobiernos carentes de todo sentido de la realidad histórica, geográfica y humana de su desenvolvimiento. 2) el heroísmo de los soldados de ambos países, llevado a extremos difíciles de concebir.

En cuanto a lo primero, valdrá la pena reproducir unas líneas de uno de los artículos recogidos en el periódico mencionado: “El sol del Chaco, incendiario y brutal, caldea la arena y hace hervir los sesos. Producía éste la insolación de los soldados en las áridas jornadas del infierno incoloro que descubre su malignidad en la apariencia de los árboles atormentados, estrangulados en actitudes de dolor tetánico, inexplicablemente adheridos, misteriosamente existentes sobre esa tierra inflamable como la pólvora”. Esa es la geografía del Chaco, y a ella fueron llevados los soldados de ambos pueblos hermanos para destruirse mutuamente, en un territorio carente de toda riqueza, inhóspito e inhabitable; por ello, ese prolongadísimo esfuerzo de guerra, entre naciones que no tenían motivos para odiarse, sólo admite los calificativos de desatinado o disparatado, desde la perspectiva de la historia, y arroja una condenación implacable sobre quienes no fueron capaces de detenerla. Particularmente grave fue el hecho de que nuestros gobernantes del año 1932 no tuvieron en consideración ni el dato geográfico fundamental de que el Chaco es un territorio a cuyas condiciones naturales estaba habituado el soldado paraguayo, en una planicie tórrida donde los soldados del altiplano boliviano se veían expuestos a los rigores de esa naturaleza desconocida y distinta, ni tampoco consideraron la condición histórica del pueblo paraguayo, heredero de la épica tradición de su guerra contra la alianza de Brasil, Argentina y Uruguay, de 1864 a 1870.

Sin duda, los libros que alcanzan mayor trascendencia en nuestra copiosa literatura sobre la Guerra son Sangre de mestizos, Aluvión de fuego, Laguna H.3, y Prisionero de guerra. Pienso que deben destacarse algunos de los elementos cruciales que fueron tenidos en cuenta por quienes escribieron las obras claves de nuestra literatura chaqueña. Esos puntos podrían resumirse del modo siguiente:

1.Los autores bolivianos de los que me ocupé en el libro de 1969 presentan rasgos distintivos que hacen de su obra un ciclo literario consistente.

2.La mayoría de ellos fueron testigos de los episodios de la guerra. Al término del conflicto, ya desde el año 35, se apresuraron a publicar sus manuscritos en países vecinos al nuestro, particularmente en Chile y Argentina. Como movidos por una necesidad vital de transmitir sus experiencias personales, se dieron prisa a publicar sus impresiones en forma de cuentos o novelas en los años inmediatos, desde el 35 al 39. Algunos de los libros fueron la obra única de sus autores. Entretanto, los más señalados e ilustres escritores de Bolivia de las generaciones anteriores guardaron un extraño silencio, sin querer consagrar obras propias al suceso épico y trascendental que se desenvolvía en los lejanos territorios de una zona desconocida e impenetrable que nos separaba del Paraguay.

3.Los criterios que se recogen por lo común en los escritos de los autores comentados coinciden en hablar con horror del escenario trágico en que la Guerra se desenvolvió. Ello lleva a tales autores a reconocer el carácter incuestionablemente absurdo de la empresa guerrera en que se vieron envueltos. Coinciden también en sostener que el mayor causante de las aflicciones padecidas por nuestros soldados fue el ambiente geográfico, hostil a toda forma de vida humana que allí les rodeaba. Esto hace concebir al paraguayo adversario no como un verdadero enemigo sino como una víctima semejante.

Es claro que las novelas de la Guerra del Chaco forman un ciclo literario, en el sentido que se asigna a este concepto cuando se habla del conjunto de obras narrativas que giran en torno a un período histórico preciso o a una serie encadenada de acontecimientos. Así como la Guerra Civil de España o la Revolución Francesa o la Guerra de Secesión en los Estados Unidos han originado una variada producción novelística inspirada en esos grandes sucesos, que han configurado el rumbo de la historia, así también, en nuestra particular circunstancia, reducidas las proporciones en que nuestras biografías nacionales se desenvuelven, la contienda que libraron Bolivia y Paraguay, desde 1932 a 1935, no ha dejado de suscitar un movimiento interpretativo, en uno y otro país, tanto en la literatura puramente histórica como en la de ficción, que ha venido a iluminar uno de los momentos más dramáticos y memorables de su existencia.

Nueva Crónica

Escritores paraguayos y bolivianos reunidos en una nueva edición de relatos sobre la Guerra del Chaco

Una nueva edición del libro “Seis cuentos bolivianos y seis cuentos paraguayos de la Guerra del Chaco” se pondrá a consideración de los lectores el próximo martes 9 del corriente mes, a las 18:00, en recordación del “Día de la Paz del Chaco”. El acto tendrá lugar en la Sala de Sesiones del Congreso. “Este valioso texto que presentamos, es una muestra de la insobornable voluntad del pueblo boliviano y del pueblo paraguayo de solidificar la amistad, la cooperación, la fraternidad, hoy y siempre. Al gozar de las inspiraciones de doce sobresalientes escritores, nos unimos al ideal de una paz duradera, garante y guía del desarrollo integral de Bolivia y Paraguay”, afirma el senador Blas Antonio Llano Ramos, presidente del Congreso, con relación a esta reedición presentada por el Centro Cultural de la República El Cabildo, brazo cultural del Congreso de la Nación, el Ministerio de Defensa y la Editorial Servilibro.

“Una vez más vamos a honrar la paz y la vida. Esta vez, mediante doce relatos literarios, doce visiones y sentimientos acerca de un acontecimiento que conmovió a dos pueblos hermanos. Lo hacemos en la certeza de

LIBRO Seis-cuentos-bolivianos-seis-cuentos-paraguayos-de-la-guerra-del-chaco-Biiblioteca-centenario-2que es esta memoria de hechos y del corazón la que nos permitirá continuar construyendo y valorando la paz”, manifestó en relación a la obra, Margarita Morselli, directora general del Cabildo.

En esta oportunidad, la presentación estará a cargo de la Dra. Mary Monte de López Moreira. El acceso es de carácter libre y gratuito.

La guerra de la sed

Entre 1932 y 1935 una contienda cruel enfrentó a dos pueblos: el boliviano y el paraguayo que, pese a sus diferencias étnicas, lingüísticas, sociales y culturales, cuentan con numerosas semejanzas y coincidencias. Carente de sentido, como todas las guerras, el conflicto por la posesión de la región del Chaco tuvo además un enemigo común para los dos ejércitos: la inhóspita, salvaje e implacable naturaleza que, con su infernal calor, falta de agua y sobreabundancia de insectos y víboras venenosas, aportó su cuota al saldo de miles de muertes con que concluyeron aquellas sanguinarias jornadas.

El libro reúne cuentos de la autoría de Augusto Roa Bastos, Augusto Céspedes, Hugo Rodríguez Alcalá, Víctor Varas Rey, Vicente Lamas  y Alberto Ostrías Gutiérrez. Así también contiene relatos que pertenecen a: Teresa Lamas Carísimo, Armando Montenegro, José Villarejo, Gastón Pacheco, Osvaldo González Real y Raúl Leytón.

Este compendio de relatos fue ideado y organizado cuando Mariano Baptista Gamucio y Carlos Villagra Marsal coincidieron en Santiago de Chile, desempeñando los cargos de, cónsul general de Bolivia y embajador del Paraguay, respectivamente. “En mérito de ello, valga el heredado de nuestros padres y el de los de nuestras esposas: los cuatro fueron combatientes de la Guerra chaqueña”, sostuvieron en el escrito que ambos plasmaron en febrero de 2000.

Centro Cultural de la República

Escritor argentino lanza novela inspirada en la Guerra del Chaco

La guerra del Chaco, absurdo enfrentamiento entre Paraguay y Bolivia, es una llaga en la historia sudamericana que oficialmente recién acaba de concluir con el definitivo acuerdo fronterizo.

La Memoria Final de la Comisión Mixta Demarcadora de Límites Boliviana/Paraguay fue recibida por los presidentes Evo Morales y Fernando Lugo el 27 de abril en Buenos Aires, setenta años después de aquella guerra que desangró a ambos países, alentados por versiones de riquezas petroleras y apetencias externas.

El argentino Guadi Calvo reconstruye aquella guerra esencialmente a través de dos personajes, un soldado boliviano que abandonará las sierras y por primera vez se calzará botas para ir al combate, y un aviador paraguayo, derribado detrás de las líneas enemigas y cuyas certezas sobre la «causa nacional» comenzarán a diluirse durante el relato.

«La guerra en esos lugares debe ser doblemente triste», piensa un sargento boliviano, mientras avanza entre páramos y poblados paupérrimos hacia el frente de combate, donde durante tres años miles de hombres sufrieron de hambre y sed en trincheras convertidas en sepulturas.

La novela de Guadi Calvo incluye documentación de épocas sobre el conflicto que estalló el 10 de mayo de 1933 y terminó,laguerradelased por agotamiento, el 12 de junio de 1935, rescatada de agencias y diarios latinoamericanos y estadounidenses.

Precisamente, uno de los aportes de la novela de Guadi Calvo, es el alegado del senador norteamericano Huey Long, denunciando que «la Standard Oil ha iniciado esta guerra que extiende desde Luisiana hasta el Chaco Boral».

La novela de Calvo «no es sobre la guerra, sino sobre los hombres en guerra», afirma desde el prólogo el nicaragüense Sergio Ramírez, ex vicepresidente de su país, novelista y también protagonista de una guerra que duró décadas en su país contra la dictadura.

Bolivia movilizó 200 mil hombres, de los cuales murieron 50 mil. Paraguay otros 150 mil y sufrió 40 mil bajas. «Muchos de esos hombres nunca supieron bien por qué luchaban, como el soldado Quispe en esta novela», afirma Ramírez. Aquella guerra ingresó en la historia y en la literatura a través del relato «Hijo del hombre» del paraguayo Augusto Roa Bastos, que conoció de una excelente versión cinematográfica en 1961, dirigida por el argentino Lucas Demare, con el español Paco Rabal y la argentina Olga Zubarry.

Ahora, Guadi Calvo ofrece una nueva lectura descarnada de aquella guerra, desde los pies descalzos de los soldados reclutados en las montañas y desde las torturas de los prisioneros. Desde la sed y el hambre. Desde las estacas, los mosquitos y la fiebre. Desde la mirada de los de los abajo, sacudidos por los aviones junker y los fusiles máuser.

Última hora

«Hijo de hombre» de Augusto Roa Bastos, según su autor

HIJO DE HOMBRE, en su versión original, fue publicada en Buenos Aires en. 1960. Con esta novela se iniciaba una trilogía narrativa inspirada en la vida y en la historia (le la sociedad paraguaya. Hijo de hombre, Yo El Supremo y El Fiscal (esta última actualmente en curso) se han ido elaborando lentamente, amasados en los zumos de la realidad paraguaya, en las extrañas y trágicas peripecias de su vida histórica y social: esa realidad que delira y que nos echa al rostro ráfagas de su enorme historia, según la sintió y describió Rafael Barrett a comienzos del siglo.

En la literatura del Paraguay; las particularidades de su cultura bilingüe, única en su especie en América Latina, constriñe a los escritores paraguayos, en el momento de escribir en castellano, a oír los sonidos de un discurso oral informulado aún pero presente ya en la vertiente emocional y mítica del guaraní. Este discurso, este texto no escrito, subyace en el universo lingüístico bivalente hispano-guaraní, escindido entre la escritura y la oralidad. Es un texto en el que el escritor no piensa pero que lo piensa a él. Así, esta presencia lingüística del guaraní se impone desde la interioridad misma del mundo afectivo de los paraguayos. Plasma su expresión coloquial cotidiana así corno la expresión simbólica de su noción del inundo, de sus mitos sociales, de sus experiencias de vida individuales y colectivas.

En su conjunto, mis obras de ficción están compuestas en la matriz de este texto primero, de este texto oral guaraní, que los signos de la escritura en castellano tienen tanta dificultad en captar y expresar que las formas y las influencias culturales y literarias venidas de afuera no han conseguido borrar.

HIJO DE HOMBRE, la primera novela de la trilogía mencionada, me permitió precisamente profundizar esta experiencia de búsqueda en el intento de lograr la fusión o imbricación de los dos hemisferios lingüísticos de la cultura paraguaya en la expresión de la lengua literaria de sus narradores y poetas; dos universos lingüísticos de tan diferente estructura y funcionalidad. Traté de hacerlo a través de las formas  de la experiencia simbólica y semántica que permitieran esta síntesis más allá o por lo menos en una dirección diferente de la simple mezcla de léxico y sintaxis del JOPARA del castellano paraguayo hablado, fórmula que utilicé sin éxito en mis primeros libros.

La tentativa ensayada en HIJO DE HOMBRE por el camino de una aglutinación semántica tampoco me satisfizo del todo. Así, después de veinte años, me encontré retocando y corrigiendo el texto narrativo de Hijo de hombre, animado por las experiencias realizadas en dos novelas posteriores, CONTRAVIDA (inédita aún) y YO EL SUPREMO. Corregir- y variar un texto ya publicado me pareció urca aventara estimulante. Un texto -me dije pensando en los grandes ejemplos de esta práctica transgresiva- no cristaliza de una vez para siempre ni vegeta con el sueño de las plantas. Un texto, si es vivo, vive Y se modifica. Lo varía y reinventa el lector- en cada lectura. Si hay creación, ésta es su ética. También el autor -corno lector- puede variar- el texto indefinidamente sin hacerle perder su naturaleza originaria sirvo, por- el contrario, enriqueciéndola con sutiles modificaciones. Si hay una imaginación verdaderamente libre y creativa, ésta es la poética de las variaciones. Esto hace posible la aventura de las metamorfosis de los libros éditos o inéditos en busca de su identidad, exactamente, corno lo hace el hombre a lo largo de su vida; ese misterioso ajuste de dos abstracciones: el fondo y la forma. Pero la forma no es sino el fondo que remonta a la superficie, decía. Víctor Hugo. Y esto sucede a veces -casi siempre- muy lentamente.

Además -me dije mistificando un poco la realidad de las cosas-, si una, sola vez muere el hombre, el autor quiere que su libro renazca muchas veces. Comprendí que ésa no era urna idea descartable ni errónea. Desde Shakespeare a Borges, desde la versión de los códices mayas y aztecas a los cuentos y relatos de la tradición popular y universal, desde las escritoras anónimas del Medioevo a los textos orales de las culturas indígenas y mestizas; desde, digamos, François Villon a Emiliano R. Fernández, el mayor poeta paraguayo bilingüe, la letra se subordina al espíritu, la escritura a la oralidad. Esta poética de las variaciones que subvierte y anima los «textos establecidos» forma los palimpsestos que desesperan a los críticos sesudos pero que encantan a los lectores ingenuos.

El anciano Macario, uno de los habitantes de HIJO DE HOMBRE, bajo la aparente obsesionada fijeza de sus relatos, varía constantemente las voces y los sueños de la memoria colectiva encarnados en ese diminuto cuerpo esquelético y espectral que puede caber cuando lo entierran -es decir cuando sobreviene su segundo nacimiento- en el ataúd de una criatura.

Durante más de veinte años, durante toda mi vida, he imitado sin saberlo al viejo Macario y siento que todo autor; hasta el menos ilustre y capaz y justamente por ello mismo, debe proceder a la ética y a la poética de las variaciones. Lo hace de todos modos, aunque no se lo proponga, de un  libro a otro, de tal modo que la última versión es exactamente, en  la vuelta completa del círculo, la negación de la primera.

** Así, esta versión de HIJO DE HOMBRE es una obra enteramente nueva sin dejar de ser la misma con respecto al original en cuanto mantiene esencialmente su fidelidad al contexto originario de cuya realidad no es más que una de las posibles fábulas que la palabra portadora de mitos puede inventar:

AUGUSTO ROA BASTOS- Toulouse, 1982

Portal Guaraní

 

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