«Coreografiar es evidenciar las sutilezas del movimiento cotidiano»

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En el salón de espejos y piso de madera se escuchan golpes graves cuando cae un bailarín, como si quisiera atravesar el suelo para no detener el movimiento. En el centro hay arena y un péndulo puntiagudo de metal que delimita un nuevo espacio, mientras dibuja un círculo con su movimiento. Los bailarines giran a su alrededor, lo esquivan, lo encierran, al tiempo que los guía la música de percusiones que suena desde un iPod. Al final del ensayo se detienen. Hay nuevas preguntas: ¿qué dicen los dos elementos juntos? ¿Cómo acondicionan sus movimientos? Discuten entre ellos sin dejar de moverse. Se tiran al piso, se estiran, se preguntan con gestos, para ellos el lenguaje del cuerpo es más fuerte que las palabras. Se les une Sabrina Castillo, su coreógrafa, una de las principales figuras de la danza contemporánea en el país y una filósofa del movimiento, rama en la que posee un doctorado. Ella propone más preguntas. Es un proceso de creación en colaboración, el mismo que utilizan para todas las coreografías de Momentum, la compañía en residencia de Artes Landívar, que Castillo fundó hace 27 años.

En su oficina, aún se escuchan los pasos y los saltos hondos en el suelo. Esta es la música de sus días, las infinitas “posibilidades de investigación, reflexión y experimentación que abre la danza contemporánea”, como ella le llama. Estas exploraciones las ha realizado a lo largo de toda su carrera, que comenzó hace casi 30 años. En trabajos conjuntos con músicos como Alux Nahual, Joaquín Orellana y Básico 3, y una constante innovación en el material de sus obras. Conversamos con Sabrina acerca de la próxima presentación de Momentum, su propia faceta como bailarina y sus últimos cuestionamientos sobre esa magia que ella llama movimiento.

La nueva obra de Momentum¸ Debajo de la piel, es una continua exploración del espacio y elementos como el péndulo y la arena, ¿cuál fue el proceso creativo para concebirla?
Me interesa que las obras surjan de explorar e improvisar. En esta, iniciamos trabajando en un círculo en el piso que limitaba los espacios del mundo de la obra. Improvisamos con encuentros en los que había cohesión, sincronía, repulsión, interferencias y acercamientos. Todo esto se tradujo en trayectorias circulares. Después, integramos el péndulo que ocupaba un nuevo espacio, obligando a los bailarines a irse a otro. Esta obra me recuerda el pasar del tiempo. En la arena quedan marcados los pies, el viento, las manos, y estas marcas pueden fácilmente desaparecer. Me parece que esta imagen nos pregunta ¿qué recordamos de lo que vemos? ¿Qué recordamos de los recuerdos? Esta obra es una experiencia para ver mucho movimiento y preguntarse sobre las dinámicas del espacio y el tiempo, y nos provoca sensaciones que se cuelan debajo de la piel.

En obras anteriores, utilizas el humor y la palabra como complemento del movimiento. ¿Cómo juegas con estos elementos, por qué los incluyes?
Me interesa mucho el sentido del humor; sobre todo, me gusta encontrarlo mientras experimentamos. Es decir, no pienso en generar comedia, sino me topo de frente con el humor al coincidir relaciones de movimiento que resultan extrañas. Cuando uso palabras o coros, como lo hice antes, me enfoco en los ritmos que se crean. A veces lo pienso más como una composición de sonidos y es algo con lo que continúo experimentado.

¿Hay alguna diferencia entre los bailarines de 1988 y los actuales?
Los bailarines actuales de danza contemporánea en general tienen más interés por las acrobacias. Se ha avanzado mucho también en áreas como la biomecánica y la somática, permitiendo, aprendizajes más eficientes y sanos para el cuerpo. Pero, si en algo se caracterizan los bailarines de todos los tiempos, es en, como dice Merce Cunningham, tener apetito por el movimiento.

Además de ser coreógrafa, haces también investigaciones en el Centro de Danza e Investigación del Movimiento de la Universidad Rafael Landívar. ¿Cuáles son los últimos cuestionamientos sobre el movimiento en los que trabajas?
Me interesa la danza como un proceso de escucha. Observé que utilizaba mucho la expresión “escuchar la obra”, en vez de solo verla. Siento a veces que somos como arqueólogos que estamos buscando, desenterrando, descubriendo algo que aún no es evidente, pero que, como dice Martin Heidegger, crea un mundo: “El mundo de la obra”. Me interesa sobre todo investigar el proceso creativo y lo que vivimos los bailarines y yo en él. Ese proceso de iniciar desde un punto de partida, crear y escuchar relaciones espacio-temporales que se convierten en una coreografía.

Tu trabajo me recuerda a la compañía Rosas, de la bailarina belga Anne Teresa De Keersmaeker ¿La consideras un referente en tu trabajo?
Pues me siento halagada que me digas esto. Conocí el trabajo de Anne en 1999 y me pareció fascinante. A ella le interesa mucho la repetición y las sutiles relaciones que se hacen al hacer pequeños cambios en el tiempo, en las direcciones del cuerpo y en el fraseo del movimiento. Creo que eso es llegar a la esencia de lo que es el movimiento. Hacer evidente en la coreografía las sutilezas del movimiento cotidiano. Eso es lo más importante de la danza contemporánea para mí”.

ASISTA
Debajo de la piel, la más reciente obra de Momentum, se presentará en el teatro Dick Smith del IGA (Ruta 1 4-05, zona 4), con el apoyo de la URL y la Fundación Paiz. Funciones: jueves, viernes y sábado, del 9 al 18 de julio, a las 8 p.m. Admisión: Q60 y Q30 (estudiantes con carné y adultos mayores).

 

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