Cabrerita, gran pintor uruguayo representado en las tablas

La biografía escénica, cuando está bien hecha, suele ser tan seductora para los artistas que trabajan en ella como para el público.

En el caso de Cabrerita, que todos los viernes de agosto se está dando a las 21 horas en el Teatro Circular, hay varios factores que determinan su eficacia estética y su capacidad de diversión. Por un lado, el pilar que sostiene al texto dramático, que es la peripecia vital del pintor uruguayo Javiel Raúl Cabrera (1919—1992), quien pasó más de un cuarto de siglo en hospitales psiquiátricos, probablemente por esquizofrenia.

La vida de este pintor, famoso por sus retratos de niñas, a los que infundió luminosidad y poesía, tiene ya en sí un componente dramático, trágico, muy marcado, que al ser llevado a escena con cuidado y criterio, sustenta de por sí parte de este buen espectáculo. Una infancia marcada por la desprotección desembocó en una adolescencia inquieta, en la que el artista trabajaba febrilmente, regalando luego sus hermosas acuarelas por las mesas de los grandes cafés céntricos, como el Sorocabana de la Plaza Cagancha. Allí era una presencia singular entre los nombres de la generación del 45, y su biografía se multiplicó en anécdotas, en las que fantasía y realidad parecen confundir sus fronteras.

Esos y otros aspectos, llevados al formato del monólogo, dan pie para una performance intensa, que pasa por momentos diversos y a la vez que retrata al personaje, pinta también mucho de su época, un Uruguay perfectamente reconocible por muchos de los espectadores. Ese carácter torturado de Cabrerita está bien explotado por el actor Carlos Rodríguez, quien una década atrás recibía el Premio Florencio 2005 a Mejor Actor por su desempeño. Pero por detrás de la interpretación del actor está Eduardo Cervieri, autor del texto y de la puesta en escena, que en su momento ganó el Florencio al Mejor Texto de Autor Nacional. En una década de andar, la obra ha recorrido el mundo, y ahora regresa al público que la vio surgir.

El País

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