Ixcanul o el deseo a un lado y el otro del volcán

En Contexto
Por resolución de Naciones Unidas del 4 de diciembre de 2000, el 18 de diciembre ha sido proclamado como el Día Internacional del Migrante. En la resolución se expresa que tal declaración se hace teniendo en cuenta el número elevado y cada vez mayor de migrantes que existe en el mundo y considerando la necesidad de asegurar el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos los migrantes.

Ixcanul, la ópera prima de Bustamente ha sido premiada en gran cantidad de festivales internacionales. María vive con su familia en una pobre y árida zona rural al norte de Guatemala, frente al volcán que los separa del sueño estadounidense, de la vida en un lugar con luz todo el día, donde hasta las calles están iluminadas. Un lugar con automóviles, pero sin un aroma particular como el del café que inunda la comarca.
María llega a la edad en que los padres pueden comprometerla en matrimonio. Ella tiene una relación casi casta con Pepe, un peón del lugar, pero los padres la van a casar con el capataz de esta tierra. En un espacio semi feudal, donde la familia ocupa una casa que les es cedida por el patrón –ausente- a través de su delegado, en la que pueden sembrar el café y obtener parte del resultado de la cosecha, a la vez que trabajar como peones en la recolección. El casamiento con el capataz les garantiza que ellos podrán quedarse en la casa para siempre.
El Pepe tiene decido irse. Se sienta frente al volcán y mira con sus ojos volando del otro lado y más allá. “Al otro lado del volcán queda EEUU”, dice, “en el medio está México, pero eso no es importante” agrega. La única salida de la pobreza, de la condición de iletrado, de la hiper explotación laboral está en el norte. María quiere que la lleve, él no promete nada. Entre ellos circula la tensión del deseo sexual, la castidad de María, la ansiedad de Pedro y una cierta lógica del intercambio: si ella se entrega a él, tal vez esté dispuesto a llevarla al norte dorado.
Ante la inminencia del casamiento y la partida de Pepe, María decide entregarse a él, con la convicción de que de ese modo el no podría negarse a comenzar juntos el viaje al norte. Eso no ocurre y como es de esperar María queda embarazada.
La pobreza, el temor a perder el trabajo y la casa, la imposibilidad de alimentar a un niño, el Estado que además de ausente discrimina a la familia, las creencias y las tradiciones, pero también la posibilidad de un aborto que permita resolver la situación y las víboras que nadie puede espantar y impiden trabajar el terreno asignado, son parte de una trama que tiene al volcán como horizonte y como barrera.
Plásticamente la película presenta una paleta que rescata todo lo que el escenario natural provee. Bustamente logra construir los personajes con gran profundidad, conocimiento del deseo, los choques entre la modernidad y lo tradicional, el uso del ocio y la esperanza vacua del viaje al norte en un país que no parece tener respuesta para ningún joven y menos si es indio y campesino.
Ni estigmatizante ni misógina, Ixcanul asume un punto de vista cercano, muy cercano, a los personajes. En esa suerte de encuentro íntimo del espectador con María y su madre por sobre todo, permite una acercamiento casi etnográfico, una aproximación comprensiva a la historia y la cultura de estos mayas guatemaltecos, donde se intersectan la modernidad tardía, los modos pre capitalistas, el Estado excluyente y delictivo, las tradiciones orales y los mandatos familiares. Bustamante busca con su cámara conocer. No juzga, no pontifica, no hace a nadie ni bueno ni malo. Ixcanul es una muestra interesante del valor de la ficción para proponer conocimiento. Su director da un gran paso en ese sentido.

Especial de NodalCultura en el Festival Intenacional de Cine de Mar del Plata

Ixcanul, la crudeza mágica del cine guatemalteco

Es miércoles por la mañana y un nutrido grupo de periodistas hace la fila para entrar a ver Ixcanul, la aclamada ópera prima del director guatemalteco Jayro Bustamante. La emoción es evidente ante el morbo que ha despertado una película de la cual ya he perdido la cuenta de los premios que ha ganado en distintos festivales alrededor del mundo. Luego de unos minutos de espera el maestro de ceremonias anuncia que los protagonistas están en la sala y que Bustamante dará unas palabras previas a la proyección. El director aclara que ante las repetidas interrogantes que le han hecho al respecto prefiere decir desde el principio que no se trata de un trabajo etnográfico sobre el pueblo maya, él simplemente quiere contarnos una historia.

Cul22 1B1 300x224 Ixcanul, la crudeza mágica del cine guatemalteco cultura Luego de los respectivos aplausos, la proyección no se hace esperar aunque luego de un par de minutos es interrumpida y el maestro de ceremonias recomienda a los inoportunos fotógrafos que por favor dejen de usar sus cámaras. Ahora sí, estamos listos para sumergirnos en la película.

La historia nos sitúa en medio de una celebración para pedir la mano de una mujer que apenas empieza a atravesar los resbaladizos caminos de la adolescencia en una finca cafetalera en las faldas del volcán de Pacaya, el volcán es testigo mudo de una serie de conmovedores acontecimientos que arrugan hasta al corazón más rudo. Es en medio de esta coyuntura que María, la protagonista conoce a Pepe y las cosas empiezan a cambiar de rumbo.

Bustamante nos presenta una historia en apariencia sencilla. En un maravilloso recorrido de inducción le muestra al espectador que la historia de una joven K’aqchikel puede encontrar eco en cualquier parte del mundo. Y es que el machismo, la discriminación racial y de género, la pobreza, la exclusión, la migración y el tráfico de niños no son características exclusivas de la Guatemala profunda, sino más bien son una realidad que golpea a la humanidad y se repite una y otra vez en Palestina, Nigeria o Suecia.

La actuación de los personajes protagonistas de la historia sobrepasa las expectativas de cualquiera. Bustamante consigue de ellos la erupción precisa para que las escenas obtengan la dosis necesaria para despertar en el espectador la más variada amalgama de emociones. La naturalidad con que María Mercedes Coroy y María Telón interpretan a sus personajes (María y Juana) hacen pensar que Bustamante tiene el olfato bastante agudo para la selección de sus colaboradores. Bustamante refiere al respecto que estas excepcionales actuaciones son producto de un profundo proceso de interacción, intimidad y confianza por el cual atravesó todo el equipo de producción antes y durante la filmación. Incluso me atrevería a decir que gracias a esos círculos de fuego y confianza ahora se les ve más como una familia que como a cualquier otra cosa.

Los planos que ofrece la película son sobresalientes y aunque Bustamante haya justificado el buen trabajo diciendo que prácticamente cualquier lugar en donde se pusiese la cámara se iba a lograr una buena toma, no está demás valorar el trabajo del director de fotografía, Luis Armando Arteaga.

La forma en que la cámara nos acerca a los personajes y a la historia rompe las fronteras entre la pantalla y el espectador y nos hace sentir parte de la historia, testigos presenciales de los acontecimientos. Con respecto al detalle de la escenografía y el vestuario la máxima minimalista de menos es más puede contemplarse a plenitud.

La banda sonora de la película es simplemente fenomenal, no hay mejor dupla para el acompañamiento musical que Los Internacionales Conejos y Fidel Funes y su Marimba Orquesta.

Algo que se aprecia en la película es la honestidad de un cineasta que deja de lado las pretensiones. La película está basada en una historia real y la mayoría de sus diálogos son en K’aqchikel. Debe reconocerse que Bustamante es un excelente contador de historias aunque hay una parte de esa película de 100 minutos de duración que me parece una insinuación al tedio, pero qué sé yo, quizá no estuve tan receptivo o las quisquillosas pantallas iluminadas de los celulares en esa sala oscura me distrajeron.

La película llega a las salas de cine del país a partir de hoy. Ojalá y así como se les ha visto a muchos enajenados emocionarse por el estreno de Transformers o Rápido y Furioso, los amantes del buen cine en Guatemala sepan corresponder a las circunstancias de este momento histórico y abarroten las salas que presentan sin temor a equivocarme la película que acercará más que nunca a la cinematografía guatemalteca a recibir el Oscar.

La Hora

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