México: Fernando del Paso ganó el Premio Cervantes

El escritor mexicano Fernando del Paso ganó el XXX Premio Miguel de Cervantes. Es el galardón literario más importante del español con el cual se rinde homenaje al conjunto de la obra de un autor.

Según el jurado, el premio se concendió «por su aportación al desarrollo de la novela aunando tradición y modernidad, como hizo Cervantes en su momento. Sus novelas llenas de riesgos recrean episodios fundamentales de la historia de México, haciéndolos fundamentales».

Según la académica Inés Fernández Ordóñez, presidenta del jurado, el escritor mexicano desarrolló una literatura que «asume riesgos y es innovadora. Su obra forma parte de la historia de la literatura latinoamericana». El premio, dotado con 125.000 euros, se entregará en un acto especial el 23 de abril de 2016, en la Universidad de Alcalá de Henares.

Fernando del Paso (Ciudad de México, 1 de abril, de 1935) es narrador, ensayista, poeta y dramaturgo de títulos emblemáticos como José Trigo (Premio Pablo Xavier Villaurrutia, 1966), Palinuro de México (Premio Rómulo Gallegos, 1982) y Noticias del Imperio (Premio Mazatlán de Literatura, 1988).

Entre los ensayos figuran El coloquio de invierno (con Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez), 1992; Yo soy hombre de letras: discurso de ingreso. Respuesta de Miguel León-Portilla, 1996; y Viaje alrededor del Quijote, 2004.

Del Paso es el sexto mexicano en recibir el premio, tras Octavio Paz (1981), Carlos Fuentes (1987), Sergio Pitol (2005), José Emilio Pacheco (2009) y Elena Poniatowska (2013). Lo que significa que es el cuarto mexicano en 10 años.

Publicado en Jornada on line


Semblanza: La venganza de la mano que escribe

Antes que la fascinación por el ritmo y el sonido del lenguaje, Fernando del Paso fue un niño que miraba fascinado las tiras cómicas de los diarios y tuvo el sueño de expresarse a través del dibujo. “El dibujar es una venganza de mi mano izquierda al acto de escribir”, afirma del Paso al referirse a sus incursiones en la pintura.

Zurdo para dibujar y diestro para escribir, del Paso quiso forjarse una carrera como pintor pero su fracaso fue rotundo. Ya bien entrado en otra faceta, muchos años después, mientras trabajaba en Londres como redactor y locutor para la BBC en español, comenzó por casualidad a hacer garabatos a pluma durante los intervalos entre transmisiones y resurgió su interés por el dibujo. Descubrió el soporte de la tinta china y así fue que continuó su carrera como dibujante, al margen de su faceta como escritor.

El propio autor ha explicado ambos modos de expresarse: “la literatura es mi quehacer más organizado. La plástica es una liberación muy personal… escribir me angustia terriblemente, me cuesta un trabajo espantoso. Dibujar no; me hace incluso más sociable. Puedo dibujar al mismo tiempo que converso con mi familia. Escribir es todo un trauma; debo estar aislado, me pongo de mal humor y tomo mucho café antes de decidirme a hacerlo”.

Estudió en el bachillerato ciencias químicas y algunas materias de economía. Quiso ser médico por una inspiración romántica, pero cambio de parecer por su terror a la sangre y los malos olores; además, porque “conocí a la que ahora es mi mujer y quise casarme. Y no se puede estudiar medicina y estar casado”.

A los 18 años conoció a José de la Colina y al colombiano Antonio Montaño, que lo orientaron en sus primeras lecturas. Encontró en El rayo que no cesa de Miguel Hernández “un mundo insospechado, que además yo tenía dentro”. Fue en esa época que del Paso escribió, como un “ejercicio de versificación” sus Sonetos de lo diario, que Juan José Arreola publicaría en la mítica colección de El Unicornio.

En esa época, del Paso obtuvo los andamiajes de su propia realidad literaria, que abreva de la estructura, personajes y ritmos de autores en lengua inglesa como William Faulkner, Christian Wolfe, James Joyce o Lewis Carroll; pero que se nutre también de la tradición de su propia lengua, lo mismo de la atmósfera misteriosa de Juan Rulfo que de la exuberancia rumbosa de José Lezama Lima.

En 1966 publicó José Trigo (por la que recibió el Premio Xavier Villaurrutia de ese año), una novela que narra la vida de un disidente ferrocarrilero que da nombre al libro, en un formato de nueve capítulos con otros tantos “capítulos espejo” y un “capítulo puente”, que enlaza la historia y sus personajes. En esa primera novela ya brillan los elementos que caracterizan la obra de Fernando del Paso: su interés por el humor y el ambiente popular, el trasfondo histórico, la preocupación por el lenguaje, la complejidad de la estructura y la intertextualidad…

Una década después, del Paso entregó su siguiente novela, Palinuro de México (Premio Rómulo Gallegos 1982), un mosaico de historias cuyo centro son las andanzas de Palinuro (nombre del timonel de la nave de La Eneida de Virgilio), un estudiante de medicina que vive en la Plaza de Santo Domingo con Estefanía, la prima con quien sostiene una relación amorosa.

La dinastía de Palinuro inicia en 1918 a orillas del río Danubio y su propia vida transcurre durante los días anteriores al movimiento estudiantil. Con un tono lúdico, con juegos de palabras y aliteraciones, imágenes surrealistas y referencias de todo tipo (históricas, sociales, artísticas), del Paso elabora una sinfonía de personajes que se agrupan en el término de novela pero que abarcan la medicina, la ciencia, la política, la crítica social y el erotismo.

José Agustín escribió sobre Palinuro de México: “Precedido apenas por Rulfo, Revueltas, Fuentes y Yáñez, la novela de del Paso es el juego con humor, la desmitificación total y regocijante de temas como el sexo, la escatología, la erudición y la política. La parte correspondiente al movimiento estudiantil es lo más profundo, más gozoso y más efectivo que se ha escrito acerca del 68. El universo de Palinuro rebasa a sus personajes y abarca algo que está muy cercano a la construcción de una nueva sensibilidad. La riqueza del lenguaje enfatiza una nueva actitud hacia la vida”.

Pasarían otros 10 años para que en otra ciudad, París, Fernando del Paso terminara su siguiente novela. “La libertad del silencio es un deber moral del escritor: callarse cuando no tiene nada que decir”, diría el escritor al ser cuestionado sobre ese periodo en que se abstuvo de publicar.

En 1988 apareció Noticias del imperio, un cuadro histórico que narra la trágica aventura mexicana de Maximiliano y Carlota de Habsburgo. En un país de pocos lectores, esa novela, con sus casi 700 páginas, se convirtió ese año en el libro más solicitado en los anaqueles de las librerías. Noticias del Imperio narra el melodrama histórico de Francia y México en tres pistas: el monólogo interno de Carlota inmersa en su locura; la crónica histórica, irónica y crítica que entreteje las vidas de Benito Juárez con la de los emperadores; los sucesos históricos que conducen las ambiciones mexicanas de nación independiente y las del imperio francés en decadencia.

En 1995, a los 60 años y tras recuperarse de un infarto, Fernando del Paso incursionó en el género policiaco conLinda 67. “Mis primeras tres novelas son una especie de óperas, luego Linda 67 es una sonata, porque mi mayor aspiración es lograr una pieza bien compuesta, con armonía y equilibrada”, declaraba del Paso al presentar ese, su último libro de ficción.

Recientemente, en 2011, publicó Bajo la sombra de la Historia, volumen I, una antología de ensayos e indagaciones históricas donde rastrea los orígenes del islam y el judaísmo para reflexionar en torno a la utilización de la fe en nuestras sociedades.

Como artista gráfico, ha presentado su obra en galerías de Nueva York, París y México. En 2002 publicó el libro de poesía Castillos en el aire, que incluye más de 30 grabados de su autoría.

Publicado en El Correo del Libro

México se fue a la barranca y es necesario sacarlo de allí, señala Fernando del Paso

Por Juan Carlos G. Partida

El escritor Fernando del Paso (DF, 1935) jamás teme a los colores. Así lo demostró ante el público que llenó el paraninfo de la Universidad de Guadalajara (UdeG), con rombos rojos en los calcetines negros, sus bostonianos de un colorado intenso, los tirantes debajo de la chaqueta de rayas, cuadros policromáticos y su única formalidad: corbata ancha en gris con tono rata.

Nunca he sido valiente que digamos, pero es necesario, y ustedes lo harán, reconocer que se requiere un poco de valor, aunque sea un poquito, para usar el saco que me puse hoy, dijo en su discurso al recibir el jueves por la tarde la presea Corazón de León, máximo reconocimiento que confiere la Federación de Estudiantes Universitarios.

El novelista también tuvo valor para, después de dos años y medio de terapia de lenguaje luego de un infarto cerebral que lo dejó sin habla y con problemas de locomoción ya que aún necesita usar silla de ruedas, leer su discurso de cinco hojas ante cientos de estudiantes y autoridades universitarias.

“Tras una larga e intensiva terapia lingüística, gracias a mi terapeuta Celia Rodríguez, me obligué a leer en voz alta toda Noticias del Imperio en sesiones de dos horas a la semana. Tardé dos años, que se cumplieron hace dos semanas. Resultó paradójico y muy hermoso que yo diera mi voz a ese libro y que éste, 28 años después, me la devolviera”, relató.

Valor para volver a un país inestable

¿Yo corazón de león? ¡Valiente cosa! Los únicos corazones de león de quienes me han llegado noticia en mi vida son Ricardo I, rey de Inglaterra, quien expuso su vida y su reino en un intento de rescatar Jerusalén de las manos de los impíos. Y los que han salido de esta Universidad de Guadalajara, dijo el escritor en su discurso.

Hizo un breve recorrido autobiográfico del valor que necesitó para dejar México a los 30 años e irse con su esposa Socorro a la Universidad de Iowa, por la tercera parte del sueldo que yo ganaba en la agencia de publicidad estadunidense Young and Rubicam, con tal de tener más tiempo para desarrollar mi vocación y mi pasión que era la de escribir.

También de su posterior viaje a Europa para residir 14 años en Londres, al lado de su familia y con un contrato provisional de tres meses sin garantía de ser renovado, o sea renovable cuatro veces al año, durante toda mi estancia allí.

Publicado en La Jornada

La exuberante brevedad: entrevista con Fernando del Paso

Por Carlos Rojas Urrutia
Los temas de sus libros, que corresponden cada uno a una etapa distinta de su vida, ¿son elecciones que usted realizó o fueron temas que lo encontraron en esos momentos específicos?

José Trigo es una lección a priori. En José Trigo me encontré de repente con el tema de los cristeros, ya que Guadalupe de Anda escribió tanto un buen libro sobre los ferrocarriles, como otro magnífico sobre los cristeros, y fue de Anda una de las fuentes principales de José Trigo. De pronto mis personajes se transformaron en su juventud en cristeros.
Palinuro de México es una especie de autobiografía recreada: pero yo no soy Palinuro. Refleja el gran interés que tuve y tengo en la medicina, así como una parte importante de mi juventud en los años 50 en esa zona de la Ciudad de México dónde se levantaba la Escuela Nacional de Medicina, además de mi paso por las agencias de publicidad donde fui copywriter.
Al tema de Noticias del Imperio lo encontré desde que era yo muy niño. El tema de Carlota me apasionó desde que supe, muy niño, que habíamos tenido un emperador austriaco y una emperatriz belga que se había vuelto loca y que así vivió sesenta años.
¿Cuáles son los puntos en común y las grandes diferencias que encuentra en los Fernando del Paso que escribieron José Trigo, Palinuro de México y Noticias del Imperio?

Los puntos en común yo diría que son la postura del escritor ante los misterios del lenguaje y su intento por descubrirlos y dominarlos. El interés por la historia se manifiesta en los tres, si bien en José Trigo nada más se asoma y en Noticias de Imperio se consuma. Las diferencias son que en José Trigo el lenguaje es mi obsesión, enPalinuro lo son las imágenes y en Noticias del Imperio ambas cosas, pero atenuadas.
Un escritor como usted, que ha trascendido la prueba de la permanencia de su obra, ¿cómo considera que su trabajo abona a una tradición literaria específica de autores mexicanos o de otras latitudes?

Yo pienso que sólo el tiempo puede contestar a esa y otras preguntas. Lo que más desea un escritor es trascender, llegar a las nuevas generaciones y parece que eso ya ha sucedido al menos con Noticias del Imperio.

Los libros que más nos tocan permanecen con nosotros por su estructura, pero también por ese elemento intuitivo que da origen a la creación artística y que un escritor plasma en un momento específico. ¿Cómo fue el proceso narrativo que lo llevó a concebir Palinuro de México?

Para escribir Palinuro de México tuve necesidad de ejercer una estricta disciplina y dejar que mi consciencia y memoria fluyeran como un río, de la misma manera que lo hice en Noticas del Imperio a través de Carlota.

Diversión, lo ha explicado usted, en su acepción más antigua es desviarse para olvidarse de los problemas cotidianos; dejar a un lado la pesadez del camino. Su obra, compuesta como una serie de divertimentos en ese sentido profundo del término, ¿cómo sirve para explicar nuestra realidad actual?

Pues no sé si sirve para explicar esta realidad pero cuando menos pienso que en efecto nos divierte un poco de ella, nos aleja un poco, nos protege. El ser humano no podría soportar todo el tiempo los problemas y las amenazas que se ciernen sobre él constantemente sin permitirse un divertimento.

Ha declarado usted que el acto de escribir y publicar cada una de sus novelas, lo dejó “vacío, cansado, exhausto”… ¿Cuál es el hueco que llena la revisión y publicación de los ensayos que conforman Bajo la sombra de la historia?

Una curiosidad muy antigua sobre las tres principales religiones monoteístas que son el Cristianismo, el Judaísmo y el Islam, y su inmenso poder. Yo soy ateo desde los doce años y no me explico cómo la gente puede creer en un Dios misericordioso siendo el mundo tan cruel.

En el panorama de las letras actuales, ¿considera que tiene sucesores en cuanto a estilo, concepción de la realidad literaria o continuidad de la tradición a la que se adscribe?

Es la crítica y mis sucedáneos los que tienen que decidir sobre ese tema. Claro que me encantaría tener escuela, pero no considero que sea indispensable para la calidad de los narradores futuros.

Como le sucedió a George Steiner, ¿le sucede que sueña con libros que ya no ha de escribir?
No.

Publicado en Publimetro
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