Mundo gótico: el trabajo de lo incomprendido

Más allá de su oscura vestimenta, integrantes de esta corriente defienden la forma de expresar sus creaciones

Pensar en la casa de un gótico inevitablemente remite a asociaciones predecibles: lúgubres pasillos, cortinas de terciopelo y adornos cadavéricos; no obstante, aquel jueves por la noche, la casa de Daniel Drack, fotógrafo, publicista, escritor y uno de los promotores culturales más importantes de la escena gótica en el país, era digno ejemplo de una estética poco común pero armoniosa. Sus muebles y las fotografías en blanco y negro colgadas en sus muros dejaban ver una clara devoción por el arte.

Si bien el movimiento gótico mexicano es conocido en su mayoría por los eventos sociales que se realizan en extravagantes bares y por la parafernalia de sus vestimentas, había escuchado a cuenta voces —más allá de lo dicho en El Chopo y lo compartido por compañeros outsiders— que había un sector divergente en la Ciudad de México dedicado a la divulgación artística y cultural seria. En entrevista, Daniel Drack me contó más al respecto.

Para comprender la ideología con la que el movimiento gótico trabaja, primero se debe contextualizar la mente del artista. En este caso, retomando las palabras escritas por Drack en su libro Escena Gótica Mexicana, el gótico es la persona que percibe la violencia, la tristeza y el hastío del mundo sin poder disociarlos de sí mismo. La soledad es su compañera permanente, por lo que ve en la expresión artística un único escape.

“Trabajamos en lo que no es evidente. En lo incomprendido. No ignoramos la tragedia. Reconocemos su presencia y la transformamos. Alguien debe encargarse de lo que se encuentra en las sombras”, afirma Daniel Drack. “Por ejemplo, la muerte”, continúa, “¿quiénes se atreven a asumirla conscientemente? Los seres humanos omiten tajantemente temas que puedan perturbar la rutina diaria y llevarlos a la reflexión”.

Queriendo aportar algo más que sólo música al movimiento —además de fiestas y conciertos de rock— en 1995 se crea La Orden del Cister, asociación civil de la que Drack es director y que se encarga de promocionar, difundir y distribuir creaciones artísticas independientes, en su mayoría obras de corte gótico. En la actualidad, la agrupación lleva 20 años de trayectoria y más de 500 eventos presentados en foros, museos, universidades, casas culturales, centros de reunión, televisión, radio y escenarios citadinos.

Entre los trabajos que ha realizado el colectivo, destaca la exhibición Darkness of Mexico, que engloba distintas concepciones del proceso de la muerte y que ha llamado la atención de museos de Rumania, España y Japón; de igual modo, tienen una muestra, Catrina, que se está presentando como parte de la celebración de los 100 años de la Facultad de Química de la UNAM.

La noche siguiente, viernes, fui invitada a presenciar el estilo de vida alternativo en la colonia Roma, en el número 39 de la avenida Cuauhtémoc. Oscuros, lolitas y rockeros por igual convergían en el club nocturno Dada X para celebrar la cuarta reunión en honor a un nuevo movimiento llamado Ultragótico, creado como una alternativa a la imagen actual que se tiene de ellos que pretende no sólo exteriorizar los sentimientos propios de la escena, sino encaminarlos hacia un movimiento artístico fundamentado. Un libro en proceso con nombre homónimo relatará su historia.

El prefijo ultra no pretende alardear de superioridad, más bien se refiere a la idea de “ir más allá”. Los integrantes de este nuevo movimiento, Ultragótico, quieren recobrar espacios artísticos, impulsar propuestas y dar voz al pensamiento inteligente y cultivado de la escena. El evento de esa noche era ejemplo de ello.

Una bailarina atraía todas las miradas. Karla Esquivel, miembro del grupo de danza artística marcial Musas de Ares, hacía vibrar el escenario al compás de la electricidad. Ella no necesitaba zapatillas de puntas ni orquesta que la dirigiera: su cuerpo expresaba el alcance estético que posee la liberación. Su clara formación en danza clásica contrastaba con la rudeza de la espada que portaba en sus manos. Camaleónica, hacía suyas tanto la delicadeza como la fuerza.

En entrevista, Karla platicó que su formación comenzó con el ballet, pero conforme fue avanzando en la danza, insertó a su repertorio conocimientos de esgrima antigua (armas blancas de antes del siglo XVII), cuyas coreografías se basan en los manuales que quedan de la Edad Media y el Renacimiento. Es gracias a este acercamiento alternativo con las artes marciales que comenzó su formación en el espectáculo underground.

“Los sentimientos que se expresan al bailar dentro de este movimiento son más oscuros y nos son fáciles de expresar en sociedad, como la tristeza, la melancolía o la rabia. La danza, sin importar la escena a la que pertenezca,  es pasión, pero también dolor: es dejar ahí  cuerpo y  alma”, comentó la bailarina.

El último día de mi travesía tuvo lugar el sábado siguiente. El Real Under, ubicado en Cuauhtémoc no. 80, celebraba la reunión anual del grupo de Facebook Goth México, en el que sus integrantes comparten todo tipo de cosas: anécdotas, historias de bandas, y en general, sus propios puntos de vista sobre la escena. La fiesta comenzaría en la noche, pero a partir de las cuatro de la tarde las puertas estaban abiertas para cualquier persona que gustara de pasar al bazar montado al interior de la casona-bar.

Christian Hyde, psicólogo y organizador del evento, recalcó la importancia de que existan espacios alternativos para albergar todas las expresiones artísticas que muchas veces son ignoradas por el ojo común. Gente que hace teatro, performance, música, o que escribe es bienvenida.

“No hay que dejar a un lado el entretenimiento. La música y las celebraciones son necesarias, pero no se debe tener una visión superficial de ellas; hay que pensar de qué manera nos enriquecen. Lugares como el Real Under otorgan momentos donde puedes ser tú mismo y conocer personas a profundidad. Muchas veces aquí nacen proyectos. Más que fiestas, estos recintos forman historias”, respondió Hyde al preguntarle si los centros nocturnos con temática gótica ofrecían algo más que diversión.

Algunos espacios donde se puede disfrutar de las expresiones de la escena son el Museo Universitario del Chopo, ubicado cerca del metro Buenavista; el Instituto Goethe y el café Bizarro en la Roma; Uta Donceles y El Scary Witches en el centro de la ciudad; la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; foros abiertos en la Zona Rosa, y programas culturales en Canal Once y  Canal 22, al igual que en festivales como la Feria del Libro del Zócalo capitalino.

Conciertos, flamenco, fotografías, poesía… Aún había mucho que conocer, pero debía irme. De igual modo, tanto bailarines, literatos o simplemente miembros de la escena gótica que estaban dentro del recinto, en pocas horas tendrían que retornan a la rutina diaria. Volverían a ser oficinistas, maestros… El Sol alumbraría las calles de nuevo y todos se verían expuestos otro día más a las posibilidades indescifrables que ofrece la vida.

Publicado en El Universal
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