El Palacio de Santa Catalina en Puerto Rico, Patrimonio de la humanidad según UNESCO, recupera su diseño original de 1845

Quien ahora tiene  acceso a la  Escalera de Estado en el Palacio de Santa Catalina  es testigo de una obra histórica que por décadas estuvo cubierta por más de  40 capas de pintura.

La majestuosidad de la conocida cúpula de la Fortaleza vuelve a estar a la vista luego de un año y medio de trabajo de investigación y restauración que devolvió al espacio una imagen  fiel al diseño original de 1845.

Con la dirección del arquitecto conservacionista  Pablo Ojeda,  un equipo de alrededor de 30 personas intervino en el proyecto que, entre tantos descubrimientos, logró rescatar el “pan de oro” utilizado en las ornamentaciones arquitectónicas.

“Fue un proyecto que tuvo varias etapas: la primera fue de investigación y en esa etapa fue importante la intervención de la Universidad Politécnica, Facultad de Arquitectura en su Programa de Conservación, dirigido por la arquitecta Claudia Rosa, donde ellos hicieron, no solamente en la cúpula, sino en el resto de la Fortaleza, una investigación sobre los colores, porque lo que teníamos en ese momento era un espacio pintado con pintura acrílica de un tono, no había ninguna referencia histórica”, expuso Ojeda de la aportación que tuvieron principalmente las estudiantes universitarias Evelyn Villalobos y Dianalexia Ortiz.

El deterioro de la cúpula, construida en 1845 por la corona española, llegó a representar una amenaza de seguridad pública, pues se trata de un espacio de uso, que presentaba grietas, riesgos de desprendimiento, pérdida de elementos ornamentales a causa de la humedad y daños en las estructura de madera debido al comején.

En el proceso “duro” de decapar y en el que las estudiantes tuvieron una destacada participación, se fueron revelando la pigmentación original de la obra y las láminas de oro de 23 kilates que, de acuerdo con el arquitecto, eran de uso común para la época del neoclasicismo pero “lo extraordinario es que haya sido (utilizado) en el Puerto Rico de 1845”.

El trabajo se realizó con el apoyo de un andamio de una altura de 60 pies desde donde se intervinieron las esculturas (escudos, trofeos y otras referencias de la milicia española) y posteriormente se utilizaron pigmentos de Marruecos, España e Italia, así como oro alemán “y no es porque suene una extravagancia, sino porque se quiere que dure”, apuntó el arquitecto sobre la importancia que tuvo el uso de materiales nobles en la restauración.

“A los estudiantes, tengo que decir que les tocó el trabajo más duro y era decapar, porque la idea era que pareciese un fresco antiguo recuperado, nunca repinte”, detalló Ojeda, cuya labor armonizó con el proyecto de restauración de puertas y ventanas a cargo del arquitecto José R. Coleman, ya que además se le devolvió a la cúpula una ventana “y por ahí debería respirar” para evitar futuros problemas de humedad.

La restauración de la cúpula se originó con una inversión $303,063.71 provenientes de fondos estatales y $4,720.91  de fondos privados del Patronato de Santa Catalina, de acuerdo al informe brindado por Ileana P. Báez Bravo, subsecretaria de prensa de Fortaleza.

Siendo la Fortaleza un Patrimonio de la Humanidad reconocido por la Unesco, el  arquitecto Santiago Gala, especialista principal en Propiedad Histórica de la Oficina Estatal de Conservación Histórica tuvo a cargo la supervisión de ambas labores.

Puertas y ventanas.

La urgencia por proteger distintas puertas y ventanas de la Mansión Ejecutiva contra huracanes motivó también las restauración de éstas. La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) aprobó en el 2012 una propuesta de la Oficina del Gobernador para reparar y reemplazar las ventanas y puertas en avanzado deterioro con una asignación federal de 75% y una estatal de pareo de 25%.

Al momento, la inversión ha sido de $821,716.16, de los cuales $616,289.62 corresponden a fondos federales y $205,426.54 de fondos estatales, de acuerdo con el informe de Fortaleza.

El arquitecto Coleman tiene a cargo esta fase del proyecto, así como de la revitalización de la pintura de la estructura, ya que se encontraron áreas con componentes de plomo.

“Tuvimos que entrar a las ventanas que estaban bien deterioradas y ver  cómo se protegían para el futuro. Principalmente a  las áreas que se están protegiendo se les añadió una segunda capa de puertas o de ventanas para que eso sirviera como una tormentera. Pero el reto fue cómo hacías eso sin cambiar el aspecto del edificio”, indicó Coleman, quien trabajó sobre  madera original,  capá blanco.

Publicado por El Nuevo Día