Entregaron en Cuba el premio literario Casa de las Américas, uno de los más importantes para autores de la región

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El jurado del Premio Literario Casa de las Américas 2016 anunció este jueves en La Habana cuáles son los ganadores en los diversos apartados que concursaron en la 57 edición de la prestigiosa cita cultural.

En esta edición del evento el escaño de Cuento lo ganó: Ni una sola voz en el cielo, del argentino Ariel Urquiza, «por el demostrado talento narrativo, en historias que van desde Buenos Aires hasta México D.F., teniendo en cuenta el habla y las atmósferas de cada lugar (…)», justificó el jurado.

De las 221 obras que compitieron en ese apartado fue la de Urquiza la que mayor impresión causó en los especialistas encargados de otorgar los lauros, destinados a fomentar y promover la creatividad en nuestra área geográfica.

El premio Casa al mejor Ensayo de tema artístico-literario se le otorgó al ecuatoriano Diego Falconí, con Las cenizas al texto. Literaturas andinas de las disidencias sexuales en el siglo XX.

De acuerdo con el jurado, la citada obra ensayística ganó el premio «por la relevancia de su contribución a las discusiones teóricas sobre sexualidad y poder y por su particularización de estas discusiones en la lúcida lectura de los textos literarios», expusieron.

En la competencia por el premio de Teatro triunfó entre las 130 obras en concurso Si esto es una tragedia yo soy una bicicleta, de Legna Rodríguez Iglesias (Cuba) mientras que recibieron menciones sus coterráneos Laura Liz Gil Echenique y Rogelio Orizondo por Subasta y Yellow Dream Rd, respectivamente.

A continuación, la lista de los ganadores del resto de categorías entre las más de 400 obras en concurso este año en el Premio Literario Casa de las Américas 2016:

– Premio de Estudios sobre Culturas Originarias de América: Mingas de la palabra. Textualidades oralitegráficas y visiones de cabeza en las oralituras y literaturas indígenas contemporáneas, de Miguel Rocha Vivas (Colombia).

– Literatura brasileña: Devotos e Devassos. Representação dos padres e beatas na literatura anticlerical brasileira, de Cristian Santos.

– Literatura Caribeña en francés o creol: Le Bataillon créole (Guerre de 1914-1918), de Raphaûl Confiant (Martinica) con mención a Guadeloupe ouvre ses ailes froisseés, poesía, de Ernest Pepin (Guadalupe).

– Premios Honoríficos:

* Premio de poesía José Lezama Lima: Verdad posible, de Eduardo Langagne (México)

* Premio de ensayo Ezequiel Martínez Estrada: Cuando lo nuevo conquistó América. Prensa, moda y literatura en el siglo XIX, de Víctor Goldgel (Argentina)

* Premio de narrativa José María Arguedas: Las cenizas del cóndor, de Fernando Butazzoni (Uruguay).

Publicado en Radio Habana Cuba

El libro con el que el ecuatoriano Diego Falconí Trávez ganó el Premio Casa de las Américas 2016, en la categoría ensayo, es el resultado de la reescritura de un proyecto anterior. Es su tesis doctoral ‘traducida’ de un lenguaje ‘riguroso, pero árido’, hacia uno más ‘legible, con propuestas más interesantes’, dice el escritor, quien hace 9 años empezó a desarrollar su trabajo de posgrado, lo finalizó en 2013 y, en 2014, decidió reestructurarlo para luego enviarlo al concurso literario que se celebra en La Habana, Cuba.

Un jurado integrado por Sandra Lorenzano, de Argentina-México; Julio Ramos, de Puerto Rico; y Mayerín Bello, de Cuba; acordó por unanimidad otorgar el premio a Falconí Trávez por su libro De las cenizas al texto. Literaturas andinas de las disidencias sexuales en el siglo XX. De la obra, el jurado dijo que destaca “la originalidad e intensidad crítica de su aproximación queer a la cultura literaria de la región andina, por la relevancia de su contribución a las discusiones teóricas sobre sexualidad y poder, y por su particularización de estas discusiones en la lúcida lectura de los textos literarios. (…) Se destaca, asimismo, la calidad de la prosa y de un estilo donde conviven el rigor teórico y el juego desautomatizador de categorías, enfoques y autores pertinentes para su aproximación ensayística”.

Esta obra, que no tiene un carácter filológico, sino más bien es un trabajo estrictamente teórico, aborda como casos de estudio las narrativas de 5 escritores latinoamericanos: los ecuatorianos Pablo Palacio y Adalberto Ortiz; el colombiano Fernando Vallejo; el peruano Jaime Bayly; y la boliviana Julieta Paredes.

“Escogí aquellos (autores) que me permitían, de algún modo, problematizar algo que me interesa mucho: la identidad andina. Sabemos que en nuestro territorio existe un Pacto Andino, sabemos, además, que hay una definición andina muy fuerte desde la geografía y la historia, pero me parece que una de las cosas tristes que han pasado en los últimos años es que  la andinidad se ha evaporado”, dice Falconí, y añade que  a diferencia de otras construcciones territoriales e históricas como Europa, el Pacto Andino no ha “funcionado muy bien y por eso los políticos van creando nuevas formas de asociación como la Unasur. Nos hemos olvidado que lo andino es fundamental para entender nuestra matriz cultural”.

En ese sentido, lo que Falconí ha pretendido en cada capítulo de su libro es problematizar sobre lo “andino”, hacer que esa matriz andina forjada en el siglo XX, desde la academia o la política, aterrice en los estudios de género y sexualidad. Y para ello usa, por ejemplo, a Jaime Bayly, en quien ve una contradicción del sujeto mestizo.

“Hay una cosa que nos han enseñado en la academia y es que lo mestizo es un discurso, pero me preocupa que nos olvidemos que lo mestizo también es una experiencia. Es decir, que se lo vive en el cuerpo, y Bayly es un escritor que vive una contradicción de su mestizaje cultural en Perú. Parecería que el mestizaje fuera una cosa etérea, que está fuera del cuerpo, pero no es así, se inserta dentro uno. Actualizar este debate dentro de los estudios de  género me parecía importante”, dice Falconí, quien, desde otras lecturas, también estudió el trabajo del esmeraldeño Adalberto Ortiz.

“La construcción de lo andino, que ha sido muy cuzcocéntrica, construida desde ese gran pasado indígena, se olvida que hay diferentes maneras de ser andinos: los mestizos somos andinos, los  afrodescendientes como Ortiz  son andinos y los amazónicos también.  Y encontré en Ortiz, por ejemplo, que tiene una propuesta muy cercana a lo que serían los estudios queer, mucho antes de que esta propuesta salga, por lo que sería un protoqueer. Incluso no sería necesario etiquetarlo con esa categoría, pero es importante cotejar cómo esa característica también andina se contrapone a los discursos globales de sexualidad”, señala Falconí, quien además de ser doctor en Literatura Comparada, es abogado y autor del libro Las entrañas del sujeto jurídico (un diálogo entre la literatura y el derecho).

Ecuador y su historia con el Premio Casa de las Américas

Otros de los escritores ecuatorianos que han ganado este reconocimiento son Jorge Enrique Adoum, en 1960, en la categoría poesía, por Dios trajo la sombra; Raúl Pérez Torres, en 1980, por su libro de cuentos En la noche y en la niebla; Julio Pazos Barrera, en 1982, por el poemario Levantamiento del país con textos libres; y Manuel Medina Castro, en 1968, por el ensayo Estados Unidos y América Latina, siglo XIX. También han recibido menciones de honor en este concurso Cristian Avecillas por Todos los cadáveres soy yo, en 2008; y Alfonso Cuesta, en 1962, por la novela Los hijos.

Desde 2000 la Casa de las Américas otorga premios de carácter honorífico a libros relevantes, en los géneros de poesía, ensayo y narrativa, de autores del continente y, entre los ecuatorianos que han sido galardonados con esta distinción,  están  el cuencano Francisco Proaño Arandi, en 2010, por Tratado del amor clandestino (Premio de Narrativa José María Arguedas) y el guayaquileño Humberto Vinueza, en 2012, por Obra cierta. Antología poética(Premio de Poesía José Lezama Lima).

Publicado en El Telégrafo

El argentino Ariel Urquiza ganó el Premio Casa de las Américas por un libro de cuentos

El escritor argentino Ariel Urquiza ganó hoy el premio literario Casa de las Américas en la categoría cuentos por su libro inédito Ni una sola voz en el cielo, que reúne relatos sobre diversas problemáticas de América latina. El jurado, integrado por Pedro Juan Gutiérrez (Cuba), Santiago Gamboa (Comlombia), Ana Quiroga (Argentina), Eduardo Lalo (Puerto Rico) y Ramiro Sanchiz (Uruguay), destacó el «talento narrativo», el «virtuosismo en los diálogos y argumentos que abordan algunos de los problemas más acuciantes» de la región.

En diálogo con La Nación, el autor (nacido en Tres Arroyos en 1972) se declaró feliz de haber obtenido el premio: «Ganar el Casa de las Américas es una alegría inmensa. Se trata de un premio muy reconocido en toda Latinoamérica, que han ganado escritores como Pablo Ramos y Samanta Schweblin. Tengo escrita una novela, Ya pueden encender las luces, que fue finalista del premio Cambaceres de la Biblioteca Nacional, pero aún no fue publicada. Espero que este premio me ayude a difundir mi obra».

En Ni una sola voz en el cielo, Urquiza aborda el problema del narcotráfico. «Los personajes son, en su mayoría, sicarios. Pero en mis cuentos no todo es violencia. Hay también lugar para la interioridad de los personajes, que continuamente están cuestionándose la realidad en la que se encuentran inmersos. Los mismos personajes aparecen en diferentes cuentos y van formando una trama más amplia, similar a la de una novela. Cuando empecé a escribir los relatos, la problemática del narcotráfico no estaba tan instalada en la Argentina. Al menos en los medios. Hoy ya nadie dudaría de que las historias ambientadas en la Argentina, sin bien son ficciones, no se distancian demasiado de la realidad. Es un problema mucho más complejo de lo que puede parecer en principio. Involucra a los adictos, a las familias de los adictos, a los adolescentes que son captados y convertidos en sicarios con la promesa de tenerlo todo. También se relaciona con la trata de personas, con las mujeres que son absorbidas por los carteles y privadas de su libertad; con la corrupción policial y del Estado y con la falsificación de medicamentos. El narcotráfico de una manera u otra incide en la vida de todos».

Instalado en Buenos Aires desde hace más de 25 años, el escritor es también traductor de inglés y corrector. Además, estudió periodismo pero no ha ejercido. Urquiza escribe en un blog (arielurquiza.blogspot.com), donde sube material propio y de otros autores. «La idea del blog es difundir cuentos que me han marcado. La mayoría son cuentos de escritores consagrados, pero algunos pertenecen a jóvenes», explica el autor, ferviente admirador de Rulfo, Onetti, Arlt, Chejov, Faulkner, Hemingway, Flaubert y Borges. Algunos de sus cuentos fueron publicados en antologías y en la actualidad Urquiza escribe su segunda novela.

Entre los ganadores de la edición 2016 del premio Casa de las Américas también figura el argentino Víctor Goldgeld, que fue distinguido con una mención honorífica en el rubro ensayo por su obra Cuando lo nuevo conquistó América, publicado en el país por Siglo XXI.

Publicado en La Nación

Premio Casa 2016: prueba viva de la impronta literaria de América

Aún quedan vestigios de los escalofríos y palpitaciones que causa año tras año el Premio Literario Casa de las Américas, un ente integrador de las letras de nuestro continente.

Desde el pasado 18 de enero en que el director del Centro de Investigaciones Literarias de la institución que da nombre al premio presentó a cada uno de los 20 jueces del certamen, se marcó el inicio de la edición 57 de un encuentro con lo más auténtico de nuestras letras y tradiciones.

Como ya es habitual, el jurado se desplazó a la central provincia de Cienfuegos a examinar las más de 400 obras en concurso, siempre en el emblemático Hotel Jagua, cuna de uno de los lauros literarios más unificadores de este hemisferio pluricultural y diverso.

En la referida etapa inicial se enumeraron además la cantidad de obras que concursaron en las distintas categorías de la cita cultural, como las más de 130 que pujaron en la sección de Teatro, 40 en Ensayo y 221 en Cuento, este último uno de los más codiciados escaños.

Pero sin lugar a dudas el clímax del evento tuvo lugar hace unos días cuando el público se estremeció con las palabras del ex presidente y actual Senador uruguayo José Mujica, el cual ofreció un conversatorio en la icónica Sala Ernesto Guevara del centro que durante casi seis décadas ha organizado el Premio Casa.

Los vítores inundaron el atestado recinto como saluda a «Pepe», cariñoso apodo que se ha ganado entre sus seguidores uno de los más carismáticos y humildes líderes de la historia reciente de nuestra masa continental.

Con su habitual modestia, el ex mandatario suramericano retomó en esta capital el ideario del apóstol cubano José Martí para disertar sobre temas imprescindibles de nuestro tiempo, como el consumismo y dependencia material que hoy día aqueja al ser humano.

Instó además a los países más pobres a ser cada vez más unidos, ya que a su entender estos no tienen otra alternativa que unirse como única vía de supervivencia ante el incesante hostigamiento de las principales potencias económicas y políticas del planeta, siempre al acecho y en busca de nuevas vías de intromisión, dijo.

Estas y otras frases permitieron que el conversatorio ofrecido por José Alberto Mujica Cordano, nombre completo del querido dirigente del Uruguay, alcanzara las altísimas expectativas que generó desde hace varias semanas cuando se realizó el anuncio oficial de su visita al país antillano.

Además de la visita de Mujica, también se llevó elogios la exposición Los mundos de Quino, un homenaje al destacado caricaturista hispano-argentino Joaquín Salvador Lavado, la cual se inauguró en La Habana como parte de la agenda del 57 Premio Casa de las Américas.

Conocidos por todos simplemente como «Quino», el artista de 83 años es considerado un estandarte del humor gráfico del continente y en esta ocasión la citada institución preparó un modesto agasajo a sus casi 60 años de trayectoria artística.

En la capitalina Galería Latinoamericana se exhibieron diversas reproducciones de varios de los más relevantes personajes e historietas del creador de la mítica niña Mafalda.

A estas actividades se unieron profundos debates con los miembros del prestigioso jurado confeccionado para la ocasión, entre ellos el denominado Expectativas y realidades de las dramaturgias latinoamericanas así como uno dedicado a la intelectualidad indígena y los retos que esta enfrenta en la actualidad, entre otros.

Por último, pero no menos importante, fue el resultado de los premios, que en esta ocasión recayeron en nombres pujantes dentro del panorama literario continental, siempre con la objetividad y confianza depositada en los 22 jueces que fungieron como auditor de los más de 400 textos concursantes.

En este apartado destacan Ni una sola voz en el cielo, del argentino Ariel Urquiza (Cuento); De las cenizas al texto del ecuatoriano Diego Falconí Trávez (Ensayo) y Si esto es una tragedia yo soy una bicicleta, de la cubana Legna Rodríguez Iglesias (Teatro), entre muchas otras obras laureadas.

Así llegó el punto y final del Premio Casa 2016 -o mejor dicho, punto suspensivo- porque aquellos que este año palpitaron con cada sentida palabra, frase o letra publicada durante los 10 días que duró el evento, descansan tranquilos sabiendo que el próximo año toda esta vorágine literaria regresará a la capital cubana.

Publicado en Prensa Latina

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