Entrevista exclusiva al cineasta mexicano Joshua Gil: «El pueblo no se queda callado, no es tonto como cree la clase dirigente»

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Por Daniel Cholakian – NodalCultura

Joshua Gil conversa con entusiasmo, y al tiempo que contesta, pregunta. Es difícil evitar que la entrevista se convierta en una charla y se rompa la relación entrevistador entrevistado. Al tiempo que hablar de la situación política en México, su país, pregunta y establece relaciones con lo que ocurre en la región.

Un año atrás presentó “La maldad” en el Festival Internacional de cine de Berlín y obtuvo un gran reconocimiento. Durante el año 2015 la película recorrió lo mejor del circuito de festivales internacionales con el mismo nivel de aprobación, y fue presentada en unas pocas funciones especiales en México. Sobre el interés que podría despertar la película para ser estrenada en salas del circuito comercial, Gil sostiene que “entendemos que va a tener mucho interés por la cuestión política que plantea en la coyuntura que está viviendo mi país.”

Entrevistado por NodalCultura en el marco del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata a donde viajó para presentar el film, Gil logró dar una profunda comprensión a su idea de la maldad, que además del título del film, es el centro de su análisis del presente mexicano

Hay un vínculo entre las potentes escenas del comienzo y del final que más allá de las acciones y relaciones personales, propone una mirada política que excede lo del momento y es parte de un sistema injusto que incluye a este mundo rural profundo empobrecido ¿Cuál es tu idea a propósito de lo político en la película?

El tema de la desigualdad social en México es algo que tengo muy presente en mi vida diaria. Siempre ha sido uno de mis temas. Creo que es algo que se ha venido agravando con el tiempo y más ahora que regresa el partido dominante, el PRI. Por eso desde un principio consideré que la injusticia tenía que estar incluida en el trabajo, tenía que ser parte del discurso y del día a día de los personajes. La desigualdad social se marca incluso como el bien y el mal, la ciudad y el campo, el hombre bueno y el hombre malo. Por eso hice siempre presente la austeridad. Esta austeridad en la que los mexicanos estamos acostumbrados a subsistir. Nosotros no podemos decir que hemos tenido una época de esplendor económico. Nosotros somos una república muy joven por así decirlo. En el último siglo, después de la revolución de 1910, es muy poco el nivel de desarrollo que hemos podido tener. Siempre hemos estado muy austeros. Creo que desigualdad es lo que muy probablemente venga a impulsar el cambio,  no sé cómo será, pero la desigualdad social será el motor que va a impulsar el cambio.

Pensando la película en relación con el cine mexicano, La maldad se inscribe en un lugar diferente a lo tradicional. Está construido como un falso documental, no se inscribe en el melodrama, en el relato social urbano, en el intimismo burgués y mucho menos en el narco relato ¿Cómo ves la película en ese contexto?

Para mí lo importante era que la película tuviera una voz que fuera fuerte y consistente. Estéticamente pensaba que tenía que estar separada de lo que yo había conocido como cine mexicano. Era necesario que fuera una película que tratara de retomar el camino del documental y de lo político. Lo complicado para mí era juntar dos conceptos abstractos y complejos que son la poética de la imagen y lo político. Eso es lo que le da la fortaleza a la película. Donde amarra todo es en que los personajes están compartiendo un espacio que se está derrumbando. Tú no lo ves como un terremoto, pero sabes que está temblando. México es una olla de presión

Cuando haces una película en México hay escuelas: La vieja escuela es cuando retomas a directores como Ripstein, Reygadas, que son como instituciones. Su obra está estructurada, la conoces estéticamente. Muchos nuevos directores deciden seguir los pasos de ellos. Yo soy de la idea de que hay muchas historias que contar en México. Mucha gente dice “es que prácticamente ya está todo contado” y yo lo que creo que es que muchas veces las formas en la que están contadas son redundantes. Después de ver un par de películas mexicanas, incluso en este discurso contemplativo, suelen ser parecidas. Incluso se tornan predecibles y eso es lo que yo no quería con La Maldad. Quería que no sea predecible en ninguno de sus momentos. Justamente en esa exploración me encontré con referentes que me gustaron mucho, como Bresson y el maestro Bela Tarr. Tenía la sensación de que lo que quería que fuera la película era una fuerza estética y con un sólido discurso de la verdad ante la razón política. Con ello darle voz a las personas que en México en 2012 estaban muy triste, disconformes y preocupados por lo que estaba pasando en el país en medio de las elecciones.

Hay en La maldad una mirada que está obligada a cargar de sentido aquello contemplado. El espectador no puede permanecer indiferente ante estos escenarios. Desde la primera escena de la película se advierte que no hay una banalización estética de lo real. ¿Cuándo pensaste esa primera secuencia?

La primera secuencia tenía que ser un pequeño instructivo acerca de como quería que se siente el espectador en la butaca. Te voy a sacar de tu contexto y aquí vas a olvidar el tiempo. Aquí vamos a manejar otro tiempo y otro tipo de sonido. Esta historia te tiene que sacar de tu contexto y ponerte en otro lugar. Quien sobrevive al primer plano secuencia, regularmente disfruta mucho la película. La escena nace del concepto de que el fuego genera un cambio radical, que puede ser bueno o malo, eso es ambiguo. Prepara la tierra para la cosecha y anuncia al espectador que hay algo que está por venir. Pero no es previsible, tiene un crescendo, parece que se apaga, pero luego reinicia y está allí la vacilación, la duda sobre lo que vendrá. Es un tiempo en que puedes ver como pasas de la oscuridad de la noche al alba, y inicia una historia, un día, la historia de los campesinos. Por ello lo ideal para esta escena era que tuviera el ritmo y los elementos tanto sonoros como de imagen para que los espectadores entendieran el tono general de la película. Era como afinar el instrumento para dar inicio a la orquesta.

Esa es una escena real de como los campesinos preparan la tierra para cosechar la caña de azúcar. Yo desde pequeño vi ese proceso y para mí era algo cercano al infierno, me daba miedo. Uno de los motivos por los cuales hacen esta quema es porque adentro hay animales ponzoñosos, víboras, arañas y los campesinos no pueden trabajar tranquilos. Cuando arman la quema los animales se escapan. Cuando mi padre me explicó que de ese modo expulsaban a los animales, entonces apareció la idea que el fuego no es malo, porque en ese caso está limpiando, liberando. Ese fue un concepto nuevo para mí. Desde allí está esa idea y cuando vi la escena me gustó como aparecía el tiempo.  Fue muy natural que escogiera esa escena para abrir la película, aunque originalmente tenía otra escena pensada en el guion.

Hay allí una idea sobre que el cambio viene, aunque no sabes de dónde y cómo viene

Al final de cuentas la gente está buscando limpiarse. México está buscando limpiarse de esto que le está haciendo mucho daño. Yo no sé cómo va a ser, pero tengo la idea de que va a suceder tarde o temprano. Hemos aguantado ya muchos años de este simulacro de democracia. Ya lo tienen bien estudiado los partidos políticos. Es el sistema político, no solamente el PRI. El PAN también está en la misma. Cuando se vota por la alternancia, llega  Fox al poder y nos damos cuenta que no era tan bonito como nos habían dicho. Fue un desastre y pasamos nuevamente al PRI. El pueblo opina, el pueblo no se queda callado, no es tonto como cree la clase dirigente. Hay pequeñas revueltas que están ocurriendo, una de ellas aparece en la película, son pequeñas muestras de poder del pueblo. Pequeñas muestras con las que se va revelando de lo que puede ser capaz el pueblo enfadado. Creo que nosotros somos tolerantes hasta cierto punto. Y lo que va a explotar, va a explotar en manos de los jóvenes. Y también en los ancianos. Porque ambos sienten desesperanza. El anciano porque solo espera la muerte y el joven porque no sabe que esperar.

Fuera de México, en general, lo que se lee de tu país es básicamente la violencia. Parece que México fuera un país con un PBI brillante, una situación socio económica acomodada, pero que lamentablemente sufre una violencia que viene de otro lado. Como si no hubiera relación entre esta violencia y el sistema político económico. Los medios de corte liberal conservador del mundo suelen alabar la economía mexicana y contar la violencia como si corriera por otro carril ¿cómo analizas esta mirada sobre tu país?

La cuestión de la alabanza es algo sistemático, medio comprado por el partido de gobierno de turno. Tienen muy bien organizado esa compra venta de tiempo aire y de fe, por así decirlo. Generan fe a través de las notas. Invierten en que el mundo opine de México. El mexicano que salga al mundo a preguntar cuál es percepción se dará cuenta que la misma es de abundancia, de progreso, de una verdadera república. Cuando realmente el asunto con México es que el número de pobres aumenta cada año y son millones. Creo que los 120 millones de habitantes, 60 están en la ruina. Pero en la ruina, ruina. No pensemos en una clase media empobrecida. No. Sin posibilidad de empleo, sin acceso al ingreso regular. Y si esto fuera poco, lo que se conocía como la clase media está siendo exterminada, como decimos nosotros. Mientras tanto los ricos siguen siendo los mismos. Son los que controlan el país. En ese contexto es muy curioso porque tenemos el hombre más rico del mundo, Carlos Slim. Junto con él hay unas 10 familias que son las que controlan México. De ahí mi interés de que en la película aparezcan escenas que sirven para dar a conocer otro tipo de México. Pienso que la violencia que se está generando es una muestra de la tristeza, de la desigualdad de nuestro país que se está desbordando y que necesita algo tan elemental como comer. En México una vida humana cuesta alrededor de tres mil pesos mexicanos (algo menos de 200 dólares). Eso es lo que tú puedes llegar pagarle a un sicario por ir a matar a una persona. Y se da por bien pagado.

Volviendo a la escena del fuego. La idea de la maldad y el fuego son profundas más cercano a lo divino que a lo político ¿Cuánto en la mirada política de la película de este orden metafísico de la maldad?

Creo que es el punto, la médula del porque la película se titula así, siento que va dedicada a esta última escena en la que el presidente de México en turno, en ese momento Calderón, grita; “Viva México, Viva México!” y por abajo el pueblo insultándolo. Pareciera que simplemente son unos gritos pero lo que se está viviendo  inmediatamente se escucha al fondo algo que detona como una explosión y la gente corre, grita y hay movimiento. Es un preámbulo, algo que está a punto de suceder. Me gustaría llevar al pueblo Mexicano unos instantes de sensibilización ante todas las personas que están hartas y que probablemente en algún momento digan hasta acá, golpeen la mesa y se levanten. Que puede ser el fuego en todo esto, preparándose el terreno, el fuego prepara el terreno para lo que venga.

Cuando termina la película, en ese plano que es sonoro, queda en negro. Esos gritos me traían al presente Tlatelolco, el fraude en las elecciones de 1988, las movilizaciones por los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

Un Mexicano me decía, cuando dan tu película en el extranjero nadie va a saber que eso es una escena del 16 de septiembre. Me parece perfecto que no sepan que es, porque él evento, es un evento político el día que quieran, cuando quieran, como quieran. Estamos hablando de una sucesión presidencial, de un momento de fiesta nacional, lo importante es que las corrientes están partidas, alguien está arriba gritando “Viva México” y abajo estamos nosotros protestando, insultando.  Así de violento se ha tornado ya. Va a ir creciendo esto.

La película tiene un trabajo sobre el tiempo que no apela al espectador tanto como al tiempo de los personajes. ¿Cómo fue el trabajo ya que parece construido en el propio rodaje y no como resultado en la edición?

En la introducción de la escena como te decía, pienso decirle al espectador que en el cine se maneja otro tiempo y tú como director tienes esa gran posibilidad. Como decía el maestro Tarkovsky; el cine se trata de esculpir el tiempo a gusto y finalmente eso es lo que te va a hacer saber contar una historia. En La Maldad los tiempos son, y quería que fuese así, impredecibles. ¿Qué te dice Hollywood? Quiero arrancar con una secuencia que diga; Ta ta ta, el coche sube baja, entra el helicóptero, tres muertos en un minuto y todo pasa así, porque quieren atrapar al espectador, quieren que se quede sentado, todo con artilugios. Apostarle a otro tipo de tiempo era importante para que haya esta sensación de que algo se está moviendo dentro de la película, la sensación de que algo iba a suceder

La película utiliza el registro de documental ¿Cuánto le aporta a tu interés narrativo este registro?

Me gusta mucho hacer uso de la mirada documental.  Tuve oportunidad de estudiar con Patricio Guzmán, es uno de los grandes maestros que la vida me ha dado, recuerdo una frase que me decía sobre filmar lo invisible, pues lo que vemos en cámara no es suficiente, hay que pensar más allá. Yo sigo pensando que la mirada documental es la herramienta más útil para contar ese tipo de historias. Porque su motivo es la verdad Ese tipo de historia que están buscando contar algo que en su mayor parte real, tenía que ser de alguna manera documental, docuficcionada.

En la parte en la que escojo hacer ficción, decidí escoger pequeñas capsulas de tiempo y de emociones que tenían que sumarle, como para aderezar un poco la historia, para que el espectador se mantenga en esta suerte de atractivo sobre si puede o no predecir que es lo que está pasando. O cosas hermosas que de momento te regala la naturaleza como una lluvia, como los truenos, que puestos en contexto hacen a darle más complejidad a la lectura del discurso.

En relación con ello, recuerdo particularmente un plano de un valle, con una montaña al fondo, donde aparece algo verdadero en el sentido más íntimo y profunco de la vida de esos Mexicanos y que podría ser de todos los habitantes del mundo rural andino. Algo que tiene que ver con su inscripción en una historia mucho más larga incluso la de ellos mismos. Allí la naturaleza  adquiere un profundo sentido político en términos de historia de desigualdades.

Tengo la sensación todo el tiempo de que las decisiones de los humanos nos repercuten en todo lo que es la naturaleza, su ambiente y quise demostrarlo, hacerlo más visible en La Maldad. Y si te fijas cuando el personaje toma la decisión de traicionar a su amigo el cielo cambia, llueve, hay relámpagos, empieza el viento a correr, el sonido se torna mucho más intenso, todo se transforma y el día siguiente después de la traición, amanecen las nubes en la tierra, la tierra nublada, la neblina, hay una tristeza, los vidrios empiezan a transpirar agua como una metáfora de las lágrimas del personaje porque está sufriendo y realmente pienso que en la realidad así es también. Que las decisiones de las personas afectan todos los planos. Todo está conectado y esta conexión de manera natural la tienen personajes con sus animales. Es una conexión que quiero demostrar. Porque estás conectado de una u otra manera emocionalmente. Fijate que en el momento en que el personaje uno desaparece en el medio de las nubes, el personaje dos está sentado en el metro como diciendo ya no tengo donde a ir. Cuando los dos se han dejado, ambos están perdidos. Están perdido, los dos están perdidos, los dos se han dejado ya. En se momento lo que pueda pasar simplemente ya es como una cereza y el final ya está cantado.

El espectador ya sabe que el gran ganador fue la maldad.

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