Boicot académico a medios que impulsan la destitución de Dilma en Brasil

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Académicos brasileños decidieron rechazar requisitorias de los medios brasileños comprometidos con el plan de Golpe institucional para desplazar a la presidenta Dilma Rousseff. “No coopero más con ningún medio que esté en campaña abierta contra las instituciones democráticas”, anunció el sociólogo y ensayista Joao Feres Júnior.

En una nota en el portal Carta Maior, este académico dijo que está difundiendo su postura entre colegas, intelectuales y profesionales, y que tiene noticia de que otros tomaron la misma iniciativa, incluso sin consultarse.

Los medios de comunicación convencionales de Brasil son el instrumento principal en la ofensiva en marcha para destituir a la presidenta Rousseff, atacada implacablemente durante su primer gobierno pero con más fuerza aún desde que se encaminó a la reelección.

La cruzada es encabezada por la red Globo, que tiene la posición dominante en el país, con cientos de medios entre canales de televisión, diarios, radios, revistas, portales y blogs de internet. Otros medios ligados a la oligarquía local y a intereses internacionales le hacen acompañamiento.

Una de las estrategias es potenciar permanentemente las denuncias de corrupción contra el Gobierno y sus funcionarios en el caso conocido como “Lava jato”, en la empresa petrolera Petrobras, y ocultar sistemáticamente las que aparecen contra representantes de la oposición conservadora.

Jueces cómplices de estas maniobras suelen lanzar versiones sobre investigaciones contra el Gobierno a través de estos medios. Luego se toman de los artículos para adoptar medidas “procesales”.

Altos directivos de Globo anunciaron públicamente su adhesión expresa y concurrencia a marchas convocadas para pedir la destitución de la Presidenta, sometida ahora a un proceso de acusación para llevarla a juicio político (impeachment), que será votado en días próximos por la Cámara de Diputados.

En ese contexto, Joao Féres Junior, graduado en Ciencias Sociales y magister en Filosofía en Brasil, y doctor y magister en Ciencias Sociales en la Universidad de Nueva York, anunció en una nota que a comienzos de abril tomó la decisión de no cooperar más con los medios golpistas.

Relató que informó de esta postura en Facebook, para “pedirles a mis amigos, y particularmente a los académicos, que interrumpan la colaboración con los grandes medios”.

Días después fue contactado por un periodista de Estadao para que comentara un programa de la Universidad de Sao Paulo, ante lo cual “decliné diciéndole que no coopero con un medio que ataca a la democracia”.

Poco después recibió un mensaje electrónico de un periodista del sitio G1, de Globo, con un pedido similar, y respondió igual.

A la vez, supo que el cientista político y profesor Reginaldo Nasser rehusó por su cuenta participar de un programa de Globonews para hablar de los atentados en Bélgica. También Nasser escribió en Facebook: “No doy entrevistas a un canal que además de no hacer periodismo incita a la población al odio en un momento grave como este”.

En suma, se puso en marcha una campaña pública para boicotear a los medios comprometidos con el Golpe “blando”.

En su nota, el académico expresa que el conservadurismo de los grandes órganos noticiosos brasileños “viene de varias décadas”, pero a pesar de esta postura liberal, pro mercado, contraria a los movimientos sociales “hubo a lo largo del proceso de democratización bastante espacio en los grandes medios para el debate de ideas, con la participación activa y frecuente de intelectuales”.

La situación comenzó a cambiar con la llegada de Luiz Lula da Silva al gobierno, en la elección presidencial de 2002. Algunos periodistas de postura democrática, abierta, algunos otros de izquierda o centro-izquierda, fueron desplazados progresivamente por conservadores. Sin embargo, prosigue, algunos intelectuales mantenían la actitud de colaboración, con la esperanza de llegar a los lectores, aún estando rodeados por noticias falsas y columnistas reaccionarios.

Pero, advierte, “nada de eso es ya posible”, porque dada “la radicalización política absurda en la que los grandes medios se embarcaron, ya no hay espacio para posiciones estratégicas. La única cosa que queda es la vergüenza”.

“Repito más claramente: colaborar con los grandes medios reaccionarios en estos días es motivo de vergüenza. Quien así lo haga estará colaborando con el ataque a la democracia encabezado por estos medios”, insiste.

Y enumera a continuación: “Veja, Época e Isto  É, O Globo, Estadao, adoptan la postura franca de barrer todo lo que no sea reaccionario de sus páginas de cobertura política”.

En cuanto al diario Folha de S. Paulo, sostiene, cuenta con un pequeño grupo de intelectuales de izquierda, “bien minoritario, pero que cumple una función importante para el diario”, cual es la de aparentar pluralismo, postura que suele reivindicar su “defensor de los lectores”.

Sin embargo, advierte, “no hay más razones para que el pequeño ejército de académicos que presta el servicio de reportar los resultados de sus investigaciones y opiniones para artículos y reportajes de grandes medios, ni los pocos académicos columnistas de diarios como Folha, continúen esa colaboración voluntaria”.

Es que no hay que propiciar “un simulacro de debate público”, porque lo que está en curso es “una guerra política en la cual los grandes medios ya dieron pruebas de sobra de que están dispuestos a jugar con las instituciones democráticas que construimos con la lucha de generaciones de brasileños”.

“Por eso hago este llamamiento: BOICOT A LOS MEDIOS”, dice el académico, y agrega que no debe olvidarse la suspensión de suscripciones y compras de diarios y revistas “en casa y en los lugares de trabajo”.

 

Publicado en La cultura nuestra

Boicote a grande mídia!

Há quinze dias tomei a decisão de não mais cooperar com qualquer meio de comunicação que estivesse em campanha aberta contra as instituições democráticas de nosso país. Fiz então um post no Facebook conclamando todos meus face-amigos, e particularmente os acadêmicos, a interromper a colaboração com a grande mídia. Dias depois, fui procurado por jornalista do Estadão por telefone para comentar o programa de ação afirmativa da USP. Neguei o convite dizendo não cooperar com um meio que ataca a democracia brasileira. Logo em seguida recebi e-mail de jornalista do site G1, da Globo, fazendo convite similar. Também neguei, usando o mesmo argumento.

No mesmo dia o amigo Reginaldo Nasser, provavelmente sem sequer ter visto meu chamamento, recusou convite para participar de programa da Globonews e postou sua resposta no Facebook: “Não dou entrevista para um canal que além de não fazer jornalismo incita a população ao ódio num grave momento como esse”. Achei a ideia muito boa, e postei minha troca de e-mails com a jornalista da G1. O post viralizou na web e em poucas horas tínhamos uma campanha pública pelo boicote da mídia.

O conservadorismo das editorias dos grandes órgãos noticiosos brasileiros vem de várias décadas, mas é preciso dizer que, apesar deste viés (liberal, pró-mercado, anti-movimentos sociais), houve ao longo do processo de democratização bastante espaço na grande mídia para o debate de ideias, com a participação ativa e frequente de intelectuais. Essa esfera pública plural foi, contudo, se fechando, particularmente a partir da primeira vitória de Lula, na eleição presidencial de 2002.

Aos poucos, os grandes jornais foram substituindo seus colunistas e articulistas progressistas por conservadores, alguns com biografias abertamente ligadas ao principal partido da oposição, PSDB, ou por publicistas vitriolicamente reacionários, como Rodrigo Constantino, Reinaldo Azevedo, Diego Escosteguy, Kim Kataguiri e um rol imenso de outras figuras da mesma estirpe.

Mesmo com o gradual avanço da mídia em direção ao reacionarismo, alguns intelectuais ainda insistiam em colaborar com estes órgãos, quando instados. O motivo era mais propriamente a defesa estratégica de posições progressistas. Pensavam assim: “ainda que a barra esteja pesada neste jornal; ainda que meu texto seja publicado cercado por artigos de gente desqualificada e maliciosa; ainda assim, talvez consiga atingir alguns leitores, expondo-os a informações e pontos de vista que os façam pensar mais criticamente.

Nada mais disso é possível. Com a radicalização política absurda em que nossa grande mídia embarcou não há espaço para posições estratégicas. A única coisa que resta é a vergonha. Repito mais claramente: colaborar com a grande mídia reacionária nos dias de hoje é motivo de vergonha. Quem ainda faz isso está compactuando com o ataque à democracia encetado por estes meios.

Não há inocentes úteis.

Veja, Época e Isto É, O Globo, Estadão adotam a postura franca de banir tudo que não seja reacionário de suas páginas de cobertura política. Tais mídias, e seus respectivos sites noticiosos, são um amontoado de reportagens, colunas de opinião, e editoriais militantemente oposicionistas, com imagens, títulos e manchetes cuidadosamente editados para produzir o maior efeito no leitor.

A Folha de S. Paulo é diferente, pois conta com um pequeno time de intelectuais de esquerda, bem minoritário, mas que cumpre uma função importante para o jornal: permite que seus editores, ombudsman e demais jornalistas defensores da agenda patronal digam que a Folha é plural pois reproduz várias perspectivas e opiniões. Fazem papel de tolken leftists.

Não há mais razão para o pequeno exército de acadêmicos que presta o serviço de reportar seus resultados de pesquisa e opiniões para artigos e reportagens da grande mídia, nem para os poucos acadêmicos colunistas de jornais como a Folha, continuarem essa colaboração voluntária. Não há mais sequer um simulacro de debate público. O que há é uma guerra política na qual a grande mídia já deu provas de sobra que está disposta a jogar as instituições democráticas que criamos com a luta de gerações de brasileiros na lata do lixo.

Por isso faço o chamamento: BOICOTE A MÍDIA.

E, de quebra, cancele todas assinaturas de jornais e revistas que tiver em casa ou em seu local de trabalho.

Publicado en Carta Maior
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