Déficit de lectura en Costa Rica

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La Encuesta Nacional de Cultura (ENC) ha confirmado que los ticos no leen ni muestra interés por la lectura como una actividad social y cultural que realizan habitualmente.

Dunia Solano, quien fuera Presidenta de la Cámara Costarricense del Libro y es propietaria de la principal distribuidora de libros ticos en el país, resiente esa realidad: “en Costa Rica la gente no lee por voluntad propia y la educación ha demostrado una y otra vez su fallo en la creación de un hábito de lectura”.

En redes sociales la realidad se grita todos los días: la gran mayoría no abre los contenidos y solamente se guía por los títulos. La pereza por leer, por ahondar en detalles es común y de eso los medios sensacionalistas han construido un capital. La carencia del hábito de la lectura genera un problema de comprensión de la realidad que le permite a los más poderosos manipular a la gente, explican los especialistas de la teoría del lenguaje.

Según consultados por este medio el problema usualmente inicia y termina en la falta de éxito del sistema educativo para promover la lectura ante la competencia de lo audiovisual, principalmente de la televisión.

Durante la administración de Leonardo Garnier, en el gobierno anterior, se hicieron leves cambios curriculares que pasaron por liberar de toda obligatoriedad a las lecturas de Español, pero según educadores consultados la reforma tiene un problema a nivel docente: el educador no domina todos los libros y no profundiza en ellos.

Otro tema educativo es la evaluación de los aprendizajes: “históricamente evaluar una lectura es preguntarle al estudiante por los personajes, la trama, el espacio y otros detalles que se aprenden en un supuesto análisis literario que traen los libros de texto o consiguen en Internet”, expresa el padre de familia Ricardo Fuentes.

La crítica del padre coincide con la de docentes consultados: “los esfuerzos por enseñar a leer han fracasado, porque la lectura no se enseña, se estimula, se practica y se acompaña de la escritura”.

Más allá de la educación y sus fallos, la falta de lectura también tiene otras realidades.

Este viernes 22 de abril el Presidente de la República, desde las 9 am, en el Teatro Nacional, estará leyendo al unísono con otros espacios como la Biblioteca Nacional o el Centro Cultural Español, páginas de “El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” para conmemorar el día del libro.

Pero según varios entrevistados que tienen años de experiencia en la dinámica de la lectura y el libro, ya no basta con actos simbólicos para promover la lectura. Se trata de comprender que es un problema nacional que nadie quiere enfrentar, quizás porque quienes son los llamados a hacerlo tampoco tienen muy claro el hábito y el gusto por ella.

Durante años se han realizado esfuerzos desde el Ministerio de Educación Pública, desde el Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ) y desde entidades privadas, pero todos aislados. En ocasiones han existido hasta dos comisiones nacionales de lectura que terminaron por desaparecer sin ningún resultado.

Incluso, en canales del Estado como el 13 o el 15 muchos programas intentan promover la lectura, pero su alcance se queda en quienes ya de por sí lo tiene: los estudiantes universitarios o los profesionales y académicos de ese nivel educativo. Sin desdeñar esos esfuerzos valiosos, especialistas reiteran que el gran problema nace de la carencia en la televisión comercial, de mayor alcance -rating-, de programas que promuevan el hábito.

Programas como Buen día o Giros -mañaneros-, los noticieros de todos los canales, o incluso aquellos llamados positivos como “Más que noticias” o “Informe 11”, evidencian el desinterés por los libros y la lectura. Son programas chabacanos como “Combate” o de chismes como “Intrusos de la farándula” o “De boca en boca” quienes atraen más rating en la televisión comercial, lo que a su vez permite darse cuenta de la desidia de profundida en el costarricense promedio.

En el 2014 lo datos eran contundentes, la encuesta de cultura (ENC) realizada a 7.242 personas en 2.792 viviendas de todo el país ofreció datos de lectura del costarricense bastante pobres: del 49,6% que han leído algún libro, el 25% lo han hecho con un solo libro, el 40,4% lo han hecho entre 2 y 4 libros, mientras el restante 35,5% leen 5 o más libros al año, dividido en un 19,8% los que leen entre 5 y 9 libros y un 14,7% los de 10 o más. Esos datos se reiteraban de la anterior encuesta que indicaba datos similares.

Pero aún si consideráramos que los costarricenses dicen la verdad en las encuestas sobre los libros que al menos empiezan a leer, hay datos más tristes para la lectura de literatura nacional. “La única manera de vender libros nacionales es darlos en consignación, y ni aún así los quieren las librerías, que ahora son en realidad bazares”, expresa Solano con claridad.

Cualquier profesor de Español de colegio público sabe que de cada grupo de 30 estudiantes, con suerte entre 3 y 5 leen completo el libro escogido por ellos mismos (antes era obligatorio), pero hay grupos donde ni el mismo docente lee los libros y prefiere compartir los llamados “resúmenes” de los libros.

“El resumen es una aberración y rompe con todos los objetivos de la educación del lenguaje”, expresó un profesor que no quiso identificarse. “Hay sitios en Internet como el “Rincón del Vago” y otros donde bajan los resúmenes y los medio leen para un examen; cuando uno no pone en el examen preguntas del resumen todos suenan y te obligan a repetir el examen por supuestos problemas en el diseño de la evaluación que hacemos como docentes”, amplía.

La ENC dejó el dato de que casi el 31% de los lectores, dicen haber leído el último año (2013) algún libro de autor o autora costarricense, otra vez el porcentaje de cábala que asocia a una población cercana a los 250.000 ticos. Menos de la mitad, un 43,8%, de ese 31%, indicó que leyó lo nacional por razones de estudio o trabajo. Un dato revelador, triste, es que el 72% de los jóvenes entre 12 y 17 años se acercaron a un libro tico por obligación (trabajo o estudio), no por gusto propio.

Lo anterior confirma aquello de que solo los libros incluidos en la lista de lecturas del Ministerio de Educación tienen la esperanza de ser leídos ampliamente, o al menos comprados más. Sin embargo, el libro pasa por otros problemas serios: en Costa Rica si es con fines educativos puede fotocopiarse. “Entonces la gran mayoría de los libros se fotocopian, incluso a veces para ahorrarse mil colones o menos”, explica Dunia Solano. “Hay librerías donde el negocio principal es vender las fotocopias, uno llega a ver qué pasó con los libros y los devuelven, uno de ellos sirvió para ser fotocopiado, es triste”, amplía.

Las editoriales costarricenses han visto cómo esta realidad las ha obligado a bajar sus tirajes de 2000 ejemplares antes, ahora en el mejor de los casos a 300 copias, que en muchos casos pueden durar hasta 3 años para ser vendidas, y normalmente es el vendedor quien debe empujar esas ventas en sus círculos.

El mejor evento para los productores y vendedores de libros es la Feria Internacional del Libro, que en muchos casos significa la venta para salvarse. No obstante, le feria costarricense en los últimos años ha sido una incertidumbre de fechas.

Editores como Óscar Castillo y promotoras de lectura como Evelyn Ugalde han sido claros con Culturacr.net en que los cambios de fechas en los años anteriores genera ansiedad e inseguridad, “porque organizar una participación en una feria como esa requiere disponer de personal y recursos ocasionales que no siempre se tienen”, en palabras de Dunia Solano.

Para este año la feria estaba prevista para agosto pero luego fue pasada para setiembre. Ahora se habla de que podría ser movida para noviembre. En el pensamiento de los productores del libro esto ejemplifica no solamente un problema de organización ministerial, sino además la poca importancia y seriedad que se le da al libro. La feria es organizada en conjunto entre el Ministerio de Cultura y Juventud, quien dispone el espacio de la antigua Aduana, junto a la Cámara Costarricense del Libro.

Todo el cuadro deja claro que falta mucho más que cambios leves para que la lectura, y los beneficios que crea, sean un tema de interés nacional, de prioridad nacional.

Publicado en Cultura CR
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