Snack Tía Ñola: un lugar para el teatro boliviano

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Un pequeño local de expendio de comidas, situado en la calle Ñuflo de Chávez # 88 es, desde hace unos meses, el lugar donde se han presentado una veintena de obras teatrales, y poco a poco se ha ido convirtiendo en un referente en Santa Cruz, y también en Bolivia, de las artes escénicas nacionales.

Snack Tía Ñola se llama el local, y es propiedad de Róger Vargas. Fue su hijo, Ariel, actor desde hace 12 años, quien siguiendo un sueño que tenía desde siempre de tener una sala, armó el 22 de mayo del año pasado una pequeña obra en el piso del lugar. Después se trasladaron al patio del edificio donde está situado el snack, y cuando vieron que todo se encaminaba bien tomaron uno de los cuartos de ese edificio y lo convirtieron en una sala para 45 personas, en la que se ha podido ver obras de directores y actores con mucha experiencia, como Carlos Ureña y Alejandro Molina, así como también jóvenes que están iniciando su carrera teatral.

Espacio diferente
“Mucha gente aún se sorprende cuando viene a buscar una sala de teatro y se topa con esto”, contó Ariel. “Los actores y directores que han traído obras han sabido adecuarse a los ambientes que tenemos, y algunos deciden presentarse en el mismo snack, otros en nuestra sala”, dijo Vargas, graduado de la primera promoción de la Escuela Nacional de Teatro de Santa Cruz.

La buena respuesta que han tenido de parte del público los ha animado a avanzar más, y ahora alquilarán otras habitaciones, una de ellas será una sala de cine, otra servirá como residencia para actores, que vendrán a dar talleres a Santa Cruz; y también habilitarán una sala más, para ofrecer obras simultáneas en una misma noche.

“Creo que lo que vemos acá es un teatro diferente a lo que se hace habitualmente en Santa Cruz, es algo más íntimo”, dijo Ariel, que destaca el interés que ha suscitado el snack Tía Ñola, ya que tiene programadas fechas hasta el 27 de noviembre de este año.

“El circuito de teatro de Santa Cruz se reduce a veces a nosotros mismos. La mayoría del público son otros actores y los familiares de los actores que actúan. El snack, de alguna forma, ha ayudado a generar otro tipo de público, porque tiene otra dinámica”, recalcó Vargas.
Asimismo, destaca que desde el inicio recibió mucha colaboración de la gente del teatro de Santa Cruz para levantar la sala. Alguien le cedió las luminarias, otro le prestó las cortinas, y así se fue armando.

Circuito
Vargas también mencionó que su sala ha servido como detonador de una movida teatral cruceña, ya que varias de las obras que se presentaron por primera vez ahí, luego han seguido su camino por otros centros culturales de la ciudad, incluso de otros departamentos de Bolivia.

Este es un emprendimiento independiente que ha sabido capitalizarse gracias a la pasión por el teatro

Publicado en El Deber
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