Escritos sobre literatura, arte y política

Este macizo volumen publicado recientemente y ordenado en siete secciones a partir de relatos orales de  la cultura Kawésqar como “el murciélago”, “el huemul”, “el canelo”, “la nutria”, “el erizo marino”, “el ciruelillo” y “el Martín pescador”, como elementos de ese profundo respeto hacia la naturaleza, su sabiduría y equilibrio, pero también de lo minoritario, del margen, Diamela Eltit (Santiago, 1947) dispone esta selección de textos publicados, inéditos y dispersos, pero que “a la vez, recogen instantes concretos de actos de escritura y de lectura”, afirma su autora, y en los que vuelve sobre escritores, discursos o problemáticas ya presentes en su obra. “Las lecturas literarias, teóricas, sociales que emprendo” – anota Eltit en la Presentación del libro – “me permiten pensar y repensar, rebatir, admirar. Después de todo (y, quizás, a pesar de todo), sigo considerando la escritura y la literatura como adicción y riesgo”.

De esta forma, los textos contenidos en “Réplicas”, renuevan su mirada lucida y crítica con la forma del ensayo sobre temas como el sistema económico y social en que vivimos, la tradición literaria nacional, el arte, la política y el cuerpo como territorio, “el cuerpo transcurre como mano de obra, objeto libidinal, campo de batalla, zona religiosa, riesgo epidémico”, anota Eltit.

No es novedad que Diamela Eltit desde hace varios años se sitúa en la vereda de los escritores que amplía su radio de acción anclado en la literatura para reflexionar sobre su época, sobre los riesgos del neoliberalismo desatado, sobre una sociedad desigual en temas de género y los cantos de sirena del consumo desatado.

La escritura de Diamela Eltit se detiene en el análisis para diseccionar (pero también para acariciar con el lenguaje) a personajes como Gabriela Mistral, Clarice Lispector, Carlos Droguett, Marta Brunet, James Joyce, Samuel Beckett, Nicanor Parra (quien “consolidó lo que hoy  se podría señalar como una presencia performática fundada en una precisión científica. Su opción por una determinada teatralidad de sí fue crucial para la construcción del personaje vivo que hoy se representa y se celebra”); Pedro Lemebel y las Yeguas del Apocalipsis (“Las Yeguas, con recursos festivos, directos, transportaron la irreverencia para señalar un cuerpo que estaba afuera, excluido de la realidad que se avecinaba, ausente de reconocimiento como no fuera el chiste cruel o el recurso humillante y populista más usado por los comediantes locales”), y otros que pasan por el microscopio de la autora de “Mano de obra” (2002) que desmenuza obras y autores con una mirada que va más allá de la literatura, dando cuenta de los vínculos y filiaciones de esos registros con su época.

Pero Diamela Eltit no solo habita el castillo de la literatura. A ella también le interesa la polis, comprender asuntos de la contingencia política, sus fenómenos y sus contradicciones. Así, en la sección “El erizo marino”, reflexiona sobre la figura de Camila Vallejos y la construcción y trascendencia de su liderazgo en el movimiento estudiantil; el caso Karadima; la candidatura presidencial de Roxana Miranda (“Mientras el país más poderoso del continente, Brasil, escogió a un obrero metalúrgico – Lula – como su presidente; o Bolivia a Evo Morales, un aymará dirigente cocalero como jefe de Estado, el nombre de Roxana Miranda es tachado y censurado porque está fuera de las élites y del espacio letrado. Y mientras los discursos políticos no consideren la candidatura de Miranda, no hay que creer ni un tantito en las voces que hablan como papagayos de la democratización de la política y de la participación de la ciudadanía”); o el niño conocido como “El Cisarro” (“Mientras los derechos de los niños  se erigen como centro en un mundo que se desea humanista, la ley se deja caer sobre el (otro) niño para ficharlo y penalizarlo lo más precozmente posible, a ese (otro) niño que no compra, sino que roba y rompe el pacto que cautela la propiedad privada. Pero ese (otro) niño a su vez es saltado “a cámara armada” permanentemente por la televisión y los discursos públicos que lo usan y lo exhiben para sembrar el pánico social, subir el rating y satisfacer, en plenitud, a los auspiciadores”); o la profunda decadencia de la otrora Concertación, la que “no pudo o, quizás, no quiso romper las relaciones hipercontaminadas que ha mantenido con la derecha. Se puede pensar que la Concertación nunca consiguió, en lo medular, despegarse de su cuerpo siamés porque ese cuerpo siamés (alianza-concertación) fue producido por la dictadura misma como un tentáculo póstumo para garantizar, a largo plazo, una arquitectura política que permitiera el curso más fluido para los capitales”.

De esta forma, “Réplicas” aporta una mirada fresca, lucida y que viene a ratificar lo que ya sabíamos: Diamela Eltit es una intelectual con todas sus letras, y en el más amplio sentido del término: una mujer que estudia y reflexiona de forma crítica sobre la realidad y su tiempo, elaborando ideas y planteando nuevas miradas con su obra, interviniendo con ella en los asuntos públicos y literarios de su tiempo, realizando “resistencia” a los discursos oficiales a través de su pensamiento.

Publicado en UCHILE
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