La «amenaza roja» en la historia de Chile

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Como bien nos dice Marcelo Casals, su empeño por historiar el anti comunismo solamente en la elección presidencial del 64 quedó pronto superado por la más simple evidencia: si en Chile ya había habido una proscripción formal de los comunistas apenas 16 años antes (incluso, hubo otras anteriores, aunque menos específicas) era lógico partir mucho más atrás -en el siglo XIX- seguir con la Ley del 48 y de ahí remontarse al 64. Y así lo hizo con probado oficio el autor.

Marcelo Casals Araya, “La creación de la amenaza roja. Del surgimiento del anticomunismo en Chile a la ‘campaña del terror’ de 1964”, LOM, Santiago, 2016, 556 páginas.

Han pasado más de 50 años desde la campaña presidencial que relata el autor y, en vísperas de la elección de este 2017, el Partido Comunista de Chile se encuentra enfrentado a una situación similar.

De modo parecido a cómo sucedió en 1964, lo horquillan hoy, en primer lugar, su socio democristiano (¿queda algo, en realidad, de afecto societario entre ambos partidos?); paralelamente, lo presiona la izquierda que está a su izquierda (un Frente nunca tan amplio como para incluir a los comunistas sin duras condiciones, para ellos, probablemente inaceptables); lo señala como responsable de muchos de los males del fracaso Bachelet, una derecha siempre atenta a usar contra los comunistas, ¡cómo no! la tarjeta roja.

Por esa notable actualidad, el libro de Casals es muy atractivo y además -cosa secundaria, obviamente- muy útil.

El autor ha trabajado en serio, muy en serio. Sus fuentes son amplísimas y la información está consignada con rigor y detalle. Y, como el tema es vibrante, la lectura fluye sin problemas.

Como bien nos dice Casals, su empeño por historiar el anti comunismo solamente en la elección presidencial del 64 quedó pronto superado por la más simple evidencia: si en Chile ya había habido una proscripción formal de los comunistas apenas 16 años antes (incluso, hubo otras anteriores, aunque menos específicas) era lógico partir mucho más atrás -en el siglo XIX- seguir con la Ley del 48 y de ahí remontarse al 64. Y así lo hizo con probado oficio el autor.

Por eso, la prensa, la folletería y las discusiones parlamentarias, le permitieron reconstruir y valorar una idea fuerza -“la amenaza roja”- e intentar explicar a sus colegas -y también al lector general- el cómo y el porqué del anticomunismo.

¿Lo logró?

Sólo en parte, porque quien lea esta obra se preguntará inevitablemente si es posible explicar el anti comunismo sin darle al propio comunismo criollo un tratamiento tan extenso y detallado en las fuentes como lo recibieron sus adversarios. Querrá saber el lector: ¿qué decían los comunistas chilenos, qué escribían, qué lenguaje utilizaban como para que se los considerara y tratara del modo que se lo hizo? ¿Cómo defendieron Hungría 56, o qué impacto tuvieron las revelaciones des estalinizadoras de Nikita de ese mismo año? ¿Por qué tan poco de El Siglo (estoy revisándolo al detalle desde 1946 en adelante, por estos días) y de Principios? ¿Hubo temor de mostrar la crudeza de los conceptos y de los propósitos del PC?

Bueno, es que es un libro sobre sus adversarios, se podrá contestar. Sí, pero para pelear hacen falta dos. Y bien lo saben los promotores de la lucha de clases.

Publicado en El Mostrador
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