Cholets: la identidad aymara

Gabriela Alanoca Catacora /La Paz
La identidad arquitectónica aymara  fue contada en un documental que repasa la vida del creador de los «cholets”, el arquitecto Freddy Mamani. El filme fue presentado en el Festival de Cine de Arquitectura de Rotterdam, Holanda, el pasado 4 de octubre, con gran aceptación del público extranjero.
«La idea de los ‘cholets’ surge como una forma de recuperar la identidad aymara, utilizando los colores de los textiles ‘awayus’ y la  iconografía tiwanacota”, explica el arquitecto, quien señaló que el documental que relata su vida será estrenado en el país   el 16 de marzo de  2018, en homenaje  al aniversario de la ciudad de El Alto.
El documental titulado Cholet: La obra de Freddy Mamani, tiene  una duración de 85 minutos y refleja  la vida de este reconocido arquitecto oriundo de  la comunidad Catavi, municipio Sica Sica, provincia Aroma, quien a sus 42 años realizó más de 100 construcciones con esta temática.
 En ese sentido, el filme fue realizado en  2016 con un presupuesto que no sobrepasó los 5.000 dólares, para mostrar al mundo los «cholets”, término originado por la combinación de las palabras cholo (como se denomina a la población mestiza ) y chalet.
De esta manera, el documental mostró la ciudad de El Alto, el municipio de Tiwanaku, la comunidad  Catavi y las obras arquitectónicas, que en esta urbe poseen las características de tener hasta siete pisos,  colores vivos y diseños surrealistas basados en la cultura tiwanacota.
«Los ‘cholets’ son conocidos a través de continuas presentaciones que realizo. Sin embargo, este documental mostró la identidad arquitectónica aymara en los Países Bajos, donde hubo un gran aceptación del público”, comentó el arquitecto.
El documental fue dirigido por el director brasileño Isaac Niemand, quien dijo estar fascinado por las innovadoras edificaciones y la  representación del contexto social, económico y político, mostrado  en el Latin American Design (LAD Fest) llevado a cabo  en Lima, Perú, el año pasado.
«Yo tenía ya formada una idea a través de las fotos, pero la sensación de entrar a sus obras fue estupenda. Pasar del ambiente marrón y sin color de las calles de El Alto a entrar en unos de sus salones  fue como entrar en un jardín psicodélico en medio del desierto”, precisa Niemand en una entrevista que otorgó a El País.
Al respecto, el arquitecto Freddy Mamani explica que realizar este estilo de edificaciones genera diferentes posiciones. Sin embargo, resalta que cada vez son más las personas que desean estas construcciones.
Las edificaciones demoran en su construcción entre uno y  dos años, y cuestan entre 200 mil y 500 mil dólares.
Publicado en PáginaSiete
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