Teatro Cervantes: primer teatro accesible de Argentina

Por Lucía Cholakian Herrera para NodalCultura

El Teatro Nacional Cervantes está ubicado en el corazón de la Ciudad de Buenos Aires, y bajo la dirección de Alejandro Tantanian ha puesto énfasis en la gestión de los públicos y emprendido búsquedas para trazar nuevas relaciones con la comunidad teatral. 

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¿Qué es un teatro accesible, inclusivo? En estas épocas, donde la demanda por inclusión se hace cada vez más presente, el Teatro Nacional Cervantes presenta un proyecto que materializa y garantiza el acceso de todas y todos a las salas.

El Programa TNA Accesible consiste en una premisa sencilla: que todas las comunidades puedan acceder a una función teatral. No se trata de rampas y de funciones «especiales»: se trata de que cualquier persona, independientemente de las capacidades que tenga, pueda aprehender el contenido de las obras, comprender los guiños y chistes, conmoverse con las tramas narrativas. ¿Cómo se logra?

Cuando la gestión de Alejandro Tantanian emprendió este camino, los ejes fueron tres: comunicación y contenidos, recursos humanos especializados y trabajo con la estructura del edificio. Este trabajo, que conllevó equipos interdisciplinarios, capacitaciones, relevamientos y pruebas; transformó al Teatro Nacional Cervantes en el primer teatro accesible de la Argentina. «En menos de dos años generamos un programa inclusivo. Todas las comunidades pueden estar aquí y formar parte de este teatro público», explicó el director en la presentación.

Según las capacidades de cada integrante del público, por lo tanto, se desarrollaron distintos recursos de accesibilidad: «visitas táctiles», que consisten en habilitar el contacto táctil con la escenografía y vestuarios para componer el universo que se propone sobre la escena; perros guía permitidos dentro del Teatro, lenguaje de señas en las funciones; traducción al braille de las gacetillas, contenidos de redes y sitios web; y programas de mano subtitulados y/o en lenguaje de señas son algunas de las propuestas que ya se están implementando. «Este proyecto es un gran sí», reflexionó Viviana Azucena, «queremos funciones que nos encuentren a todos».

En este período de aplicación del programa se montaron ya obras con casi 400 espectadores con todos los recursos de accesibilidad, entre ellas «Un domingo en familia», de Juan Pablo Gómez y «El hombre que perdió su sombra» de Eleonora Comelli y Johanna Wilhem y «En lo alto para siempre» de Camila Fabbri y Eugenia Pérez Tomas.

Sonia Jarolavsky, del área de Gestión de Públicos -la encargada de desarrollar esta idea y llevarla a cabo-, enfatizó en la importancia de la inclusión para la sala nacional. Al comienzo de su gestión, explicó, la meta fue integras a las y los jóvenes a las obras, lo cual se vio reflejado también en la renovación estética del Cervantes en los últimos años. Luego, la apuesta fue incluir a las comunidades LGBTTIQ+ y fue entonces cuando se montaron dos obras de Copi en 2018. Ahora, el desafío es crear ámbitos verdaderamente inclusivos y desde una perspectiva integral: «ojalá en el futuro no nos sorprenda estar en una obra con recursos de accesibilidad», agregó Azucena.

¿El futuro? Seguir creciendo en estas políticas, consolidarlas y crear protocolos para que puedan extenderse a otras políticas culturales y a otros teatros del país. Con la colaboración del British Council, aliado fundamental por el carácter inclusivo de las políticas culturales británicas, el sueño se vuelve real: una misma obra es compartida por personas diversas, con distintas historias y contextos; accesible para quienes menos tienen y más tienen, para quienes pueden algunas cosas y otras no. Una vuelta de tuerca en esta democracia de la inclusión, de la participación: de la conciencia de que la cultura es un derecho y el Estado es responsable de garantizarla.

Para más información, visitar la página web del Teatro Nacional Cervantes

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