Bola de nieve, cubano universal

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¡Qué clase de hombre fue Bola de Nieve!

Por Enrique Núñez Rodríguez

En los primeros años que siguieron al triunfo de la Revolución tuvieron lugar en Cuba cambios muy profundos que eran noticia cotidiana en los diarios y, dolorosamente, los homosexuales de algunos sectores, principalmente el de la cultura, fueron víctimas de las arbitrariedades e injusticias de algunos personeros. A pesar de eso, Bola, que no ocultaba su homosexualidad, mantenía su fe en las medidas del nuevo gobierno, ya había superado una etapa de luchas internas, de traumas, frente a los prejuicios sociales que lo asediaban, sin por ello dejar de ser un artista muy querido y respetado.

A veces afirmaba: «A mi me gusta que digan de mi: ¡Qué clase de artista es Bola de Nieve, lástima que sea homosexual!, y no que digan: ¡Qué homosexual es Bola de Nieve, lástima que sea artista!».

Si mal no recuerdo, por la época que surgieron las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) hacia las que fueron enviados numerosos homosexuales, un día en que almorzaba junto con el cantante y actor Ramón Veloz (padre), llegó Bola. Conversamos a cerca de tal cuestión y de otros aspectos. De pronto le dije: Te haría una pregunta si no te fueras a poner bravo. «¿Qué pregunta»?. Le advertí que era dura, delicada. «Eres mi amigo y ninguna pregunta tuya me va a ofender. Si no me gusta, no te la contesto». Decidí hacérsela: ¿Cómo es posible que tú, siendo homosexual, seas revolucionario?. Sonriéndose, me contestó enseguida: «Debe ser porque a mí me gusta todo lo masculino y esta Revolución es muy macha». Según él, era una Revolución muy macha, pues se acababan de intervenir empresas norteamericanas en Cuba, como la Esso, la Stándar Oíl… Me dio esa respuesta, que para mí resultó única, y al recordarla siempre pienso: ¡Qué clase de hombre fue Bola de Nieve!

Yo lo había conocido en 1949, cuando me contrataron en la CMQ, que acababa de inaugurar su nuevo edificio en L y 23. Escribía programas para la emisora de ese circuito y un día, al entrar en el vestíbulo, me encontré con Bola de Nieve. Le extendí una mano y le expresé: «Hace tiempo deseaba conocerlo, lo admiro y respeto mucho». Él se comportó muy amable y, a partir de ese momento, se inició una amistad que dura más allá de la muerte.

Entonces solo tenía la impresión del artista. Después lo traté, incluso vivimos en el mismo edificio de apartamentos en 27, entre N y O, y hablábamos con frecuencia. Era un ser humano de tremendas dimensiones, con una gran sensibilidad, un excelente amigo y un excelente conversador, ya que fue sumamente culto. Hacía derroche de una ironía finísima y siempre que uno dialogaba con él sacaba algún provecho de sus opiniones, sobre todo con respecto a la música y el ambiente artístico, temas de los que era un conocedor de primera y un crítico extraordinario.

Recuerdo que en ese edificio coincidimos una mañana, después del desayuno, en el horario de partida hacia el trabajo. Posiblemente él iría para algún ensayo y le comentaba a un amigo sus desvelos durante las noches a causa de la existencia de un vecino que con el sonido de las teclas de su maquinita de escribir no lo dejaba dormir. Me acerqué y le dije: «Bola, el de la maquinita soy yo». Se rió muchísimo y lo contó muchas veces, por ignorar que era yo quien precisamente escribía hasta altas horas de la madrugada, en una etapa en que redactaba a diario los libretos de tres programas radiales.

Indiscutiblemente, Bola de Nieve estuvo entre la gente que yo quise, es un artista irrepetible y se encuentra en el grupo de nuestros grandes. Junto con Alicia Alonso, Ernesto Lecuona, Gonzalo Roig, Rita Montaner, Benny Moré…

Cadena Habana


Bola de Nieve, “Yo soy la canción que canto”

Por: Mirna Guerra.

La villa habanera de Guanabacoa ha sido conocida por ser la cuna de ilustres músicos cubanos entre los que destacan el gran pianista Ernesto Lecuona Casado, probablemente el más internacional de los creadores hispanoamericanos de la primera mitad del siglo XX, la gran cantante Rita Montaner “La Única”, el pianista concertista José Echániz, el destacado compositor Juan Arrondo, el cantautor Carlos Puebla y el inigualable cantante, pianista y compositor Ignacio Villa Fernández a quien todos hemos conocido como el gran “Bola de Nieve” y que recordamos en el 105 aniversario de su nacimiento.

Bola de Nieve nació el 11 de septiembre de 1911 en el seno de una familia humilde, hijo de Inés Fernández y Domingo Villa. De pequeño se inició en el estudio de la música aunque su sueño era ser Dr. en Pedagogía, Filosofía y Letras. Cursó estudios de pedagogía en la Escuela Normal para Maestros, optando por la música como medio económico para su subsistencia. Sus primeros trabajos como pianista los realizó acompañando las películas silentes que se proyectaban en los cines de su ciudad natal.

El despegue de su carrera artística llegó cuando comenzó a trabajar como pianista acompañante de Rita Montaner, con la que trabajó durante dieciocho años y con quien viajó a México en 1933 donde triunfaron. Juntos se presentaron también en los escenarios más prestigiosos de Hispanoamérica y los Estados Unidos. Tras su exitosa gira con Rita actuó como solista por las más importantes ciudades de América y Europa alcanzando una gran popularidad como intérprete y compositor por su estilo peculiar lleno de gracia, carisma personal y esencia de cubanía.

Compartió escenario con muchas de las celebridades artísticas del momento, como el gran maestro Ernesto Lecuona, la cantante cubana Esther Borja, la argentina Libertad Lamarque, el mexicano Pedro Vargas, la española Conchita Piquer, los norteamericanos Teddy Wilson, Art Dayton, Paul Robertson y Lena Horne, entre otros. Tuvo su propio programa radial El Gran Show de Bola de Nieve donde además de cantar compartía con invitados internacionales de renombre.

Bola de Nieve poseía un variado repertorio, interpretó canciones tanto de su inspiración, como de destacados compositores como Eliseo Grenet, Ernesto Lecuona, Adolfo Guzmán, Chabuca Granda, María Grever, Vicente Garrido, Agustín Lara, así como sonados temas del cancionero internacional como Be Careful It’s My Heart o La vie en rose, que en su voz cobraban un matiz especial, puramente intimista y personal. Cultivó con éxito la canción afrocubana de las que destacan sus interpretaciones de los Motivos de Son con textos del poeta Nicolás Guillén.

Sobre el origen de su nombre artístico Ignacio Villa confesó a modo de anécdota en una entrevista realizada para el programa de radio Pablo & Sus Amigos en abril de 1958 en Lima, Perú, que nunca tuvo la intención de llamarse así, realmente le incomodaba pues en el colegio le llamaban de este modo con motivo de burla porque existía un personaje de cine en su juventud que tenía ese nombre. Cuando comenzó de pianista con Rita Montaner, esta le puso el nombre de Bola de Nieve en el cartel de presentación de un programa de teatro en México, desde ese momento quedó rebautizado con el sobrenombre artístico que para Bola fue uno de los mayores favores que la cantante le hizo nunca.

Bola de Nieve no poseía una técnica vocal depurada pero sí una voz inconfundible, sólo él sabía dar ese toque especial de vivir e interpretar la música “…Si hubiera tenido voz hubiera cantado en serio, me hubiera gustado cantar ópera, pero tengo voz de manguero de vendedor de duraznos, de ciruelas. Entonces me resigné a vender ciruelas en el escenario sentado al piano. El público me lo ha permitido y me lo ha perdonado…”. Para él era esencial estar identificado con la obra que fuese a interpretar, por ello decía “…cuando no siento profundamente una canción, prefiero no cantarla”. “Siempre he dicho que yo no canto, sino que expreso lo que las canciones, pregones o poemas musicalizados tienen dentro. Cultivo la expresión más que la impresión. No me interesa impresionar. Lo que me interesa es tocar la sensibilidad del que escucha…”.

El 2 de octubre de 1971 el gran Bola de Nieve dijo adiós en la Ciudad de México. Músico versátil, admirado y respetado por todos los artistas e intelectuales que le conocieron. Bola de Nieve ha sido uno de las figuras más geniales que ha dado la cultura cubana; un artista que poseía el talento necesario para tocar los corazones de todo el mundo.

Discografía
1933: No dejes que te olvide (México).
1940: Tú me has de querer (RCA Victor).
1941: Señorita Chi Chi y Pampa (RCA Victor, de Argentina).
1947: Chivo que rompe tambó, Drume, negrita, El dulcero, Mesié Julián (Coda, de Cuba).
1955: No puedo ser feliz, Qué dirías de mí, Ya no me quieres, Se equivocó la paloma, No me platiques, Si me pudieras querer, Drume, negrita, Mesié Julián, (LP, RCA Víctor; México).
1956: Yambambó, Ay, amor y otros diez temas (RCA Victor, de México).
1957: Bola de Nieve con su piano (Montilla, de España).
1960: Este sí es Bola (Sonotone, de Cuba).

A partir de 1964, la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM), de Cuba, concibe álbumes de Bola de Nieve. En muchos casos, se trata de reproducciones de registros ya editados y compilaciones post mórtem. Sobresale el disco Bola canta a Bola, con obras del propio Ignacio Villa.

Cuba Llama

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