Luis de Lión, el poeta que puso palabras al mundo

Primero fue el viento, Luego fue Luis de Lión

Por Jenner Santos (para Nodal Cultura)

«Llegó como jugando, brincando por todas partes, sacudiéndoles los pantalones tierrosos a los hombres cansados, aburridos, asueñados; rascándoles la panza a los patojos; metiéndose debajo de las naguas de las mujeres, lamiéndoles las canillas chorriadas, estacudas. -Ve que aire más baboso – dijo una. Bastó conque le dijeran eso y como quien se enoja por puras simplezas, abrió la trampa y… Ya no se oyó nada. Ni el mismo viento. Como si el ruido fuera el silencio.»

Todas las palabras son inventadas, el mundo como lo conocemos se forma a partir de las interpretaciones físicas, mentales y emocionales que provienen de las distintas realidades a las que nos enfrentamos, luego las entendemos, les damos un valor y las nombramos. Posiblemente Descartes haya dado la explicación más simple de este principio; su “pienso luego existo” fue la palanca necesaria para desatascar a la ciencia de esa enorme tiniebla de la Edad media y el oscurantismo religioso, el pienso se convirtió en un punto de partida, el grado cero en el plano cartesiano de la realidad desde el cual podemos construir cada centímetro de nuestro propio mundo a través de la palabra, la traducción de lo que pensamos, de lo que vemos, de lo que escuchamos, de lo que somos es darle un nombre y un valor a todo lo que consumimos, y entonces aquello que no se nombra, solo no existe. 

Sin embargo, muchas veces el mundo se extiende y se complejiza más allá de nosotros, basta solo con recordar la última vez que nos sentimos asombrados para saber que existen cosas fuera de nuestro entendimiento, y que es posible imaginar que al igual que nuestra mente es capaz de navegar por miles senderos reales o imaginarios, así existen realidades que no se nos presentan, muchas que yacen agazapadas en las cabezas desconocidas de los que transitan nuestro mismo tiempo, un tiempo despiadado que nos niega la palabra y la existencia. 

[…Y murió la primera generación de juanes y nació otra. Y murió esta generación y murió otra. Y así por años de años hasta que entre los de las últimas, de repente nací yo, juan sin mayúscula, juan sin apellido, juan sin apodo, porque a saber cómo nací,de qué madre, de qué padre, quién sabe si caí del cielo como se desprende una flor o si salí de la tierra como brota una estrella porque lo único que recuerdo es que caminaba por las calles del pueblo y que simplemente me decían juan. Y caminaba y crecía, pasaba de patojo a hombre, pero comiendo de mi pan pasadoayer, no durmiendo en este lugar la noche siguiente y luego develando en otro lugar la noche pasada, y respirando porque tenía que vivir, viviendo porque tenía que morir, sí, muriendoviviendo, viviendomuriendo; pero nunca hablando, nunca pensando, nunca soñando porque a todo esto yo no tenía derecho. Era juan sin historia…]

Tal vez esa sea la importancia de la literatura. Literatura como la de Luis de Lión nos abre las puertas de un cielo que los procesos de invisibilización han tratado de manchar con la mentira y el falso orgullo nacionalista; sus libros nos acercan a las voces que resisten a través del viento y la palabra, que se niegan a ser asesinados por el tiempo y la desigualdad. Primero fue el viento, luego fue Luis de Lión, primero existió el mundo y luego él lo nombró. El inventor de la palabra que rompe un mito cínico de los deseos y ambiciones de aquellos que quieren que la verdadera historia no se cuente “porque da vergüenza”. El “juan sin historia” en el pueblo de los juanes que pensó en recuperar la memoria histórica y puso un chivo de madera en la mano de Juan Tata y desde entonces ya no fue juan simplemente, juan sin historia se convirtió en juan tiempo y El tiempo principia en Xibalabá.

Solo a través de Luis de Lión conoceremos el principio del tiempo, solo con su palabra podremos saber el camino de la puerta del cielo que se esconde en San Juan, pararnos a la orilla de un cerro, ver los zopilotes volar y pensar en su relación con la muerte y la crueldad del tiempo y la guerra. 

[…Corría. El sudor le bajaba en la cara a manera de pequeños ríos. Paró un momento. Las piernas le temblaban. Jadeaba. Pero la Angustia lo impulsó a seguir. Ya faltaba poco. Ya se veían las luces de los ranchos. Cambió el ritmo y avanzó a pasos largos y presurosos. Estaba cansado. Pero la angustia lo aguijoneó nuevamente y mejor corrió. Un esfuerzo más…otro poco…otro…

-¡Alto, amigo!

Un hombre armado le salió al paso. Quiso salir corriendo, pero lo detuvo el tono agresivo de otro hombre salido de la sombra: 

-¡No huya porque se muere! ¿Quién vive? No pudo contestar. No sabía qué contestar…]

[…A los pocos días, una espiral de zopilotes, caracol de luto, descendía del cielo, penetraba entre el monte y se posaba sobre un aplastado rancho, para iniciar el festín de la carne podrida de una mujer joven y un niño, unidos por el cordón umbilical…]

Faulkner dijo que sería agradable poder deshilacharse en el tiempo, recorrer esas vidas donde no existe el viento ni el sonido, donde los cansados gestos se repiten hasta el cansancio, haciendo eco de viejos acordes de instrumentos sin cuerdas tocados sin manos, pero Faulkner no conoció a Luis de Lión, de haberlo hecho habría confirmado que el deshilacharse en el tiempo es posible, habría dicho que el miedo y el orgullo no se inventan por su ausencia sino que existen a pesar y fuera de nosotros en lo que no se dice, que las emociones habitan seres que se desintegran como partículas de papel consumidas por el fuego, porque solo en Luis de Lión existe la posibilidad de conocer esas entrañas del mundo que se nos ha negado, de hacer volar pequeñas lámparas y entender el papel de la belleza de aquello que no nos atrevemos a nombrar pero que existe en el incendio de la memoria y de las letras.

[…porque
cada clavel es una chispa,
ésta manifestación
es un incendio.

porque
el fuego
se alimenta
con las cláusulas de un libro
con el viento de una huelga
o
con la llama de una flor…]

Luis de Lión fue secuestrado y desaparecido el 15 de mayo de 1,984 por elementos de inteligencia del ejército guatemalteco. 36 años después de su desaparición su palabra sigue vigente, porque todas las palabras son inventadas pero Luis de Lión se hizo inmortal a través de ella y de nosotros. 

-¡¿Quién vive?! 

¡Luis de Lión!

«[…Empezó a doblarse, a meterse en sí mismo y a salirse, a salirse y a meterse, a mirarse en los que lo miraban y a no mirarse al mirarse, a carcomerse por dentro a torrentes, a derrumbes. Iba despacio por la calle y rápido por su alma. Era y no era. Estaba y no estaba. Había perdido la tierra y ahora se sentía menos en paz espejo fragmentado por la piedra de su soledad., su terrible soledad en medio de la multitud -niños, mujeres, perros, gatos, patos, chumpipes, gallinas, pollitos- que lo miraba, que lo señalaba, se reía de él con lágrimas, con silencio…]

 […Entonces pensó que por qué no les había hablado. Lo pensó pero no lo dijo con palabras. No pudo. Trató pero no pudo. Solo podía pensar…]

[…Y estaba solo…]

[…Pero del otro lado solo estaban sus huesos, solo su calavera recién muerta, con algunos pedazos de carne todavía, pero muy mínimos, apenas retacitos podridos.

[Ya no pudo pensar…]

[…Entonces, esa noche, primero fue el viento…]»

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