Hugo Francisco Rivella, poeta argentino, una voz latinoamericana

Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura

Hugo Rivella es uno de los poetas vivos argentinos más interesantes y más reconocidos en el mundo.

Es un poeta sumamente vivo. Está permanentemente activo, escribiendo sobre ahora, sobre el instante y la historia. Porque su ahora es eso, una poesía dialéctica que hace dialogar al hecho diario con la Historia.

Dueño de una voz portentosa, con la que parece haber nacido para ser poeta, Hugo Rivella nació un tiempo atrás en la localidad de Rosario de la Frontera, en la provincia de Salta, pero hace cerca de cincuenta años que vive en la ciudad de Córdoba. Seguramente es acento, ese decir que mixtura voces provincianas, le da a su modo de  recitar una magia particular.

Sobre la relación entre aquella infancia y lo que el tiempo hizo de este hombre, escribió:

La infancia ronda como un duende

Sixta Corbalán,
cuando yo era un pedazo de esta jungla que soy,
me llenaba los días con las aventuras del Tigre y del Zorro,
de Pedro Urdimales,
del Duende sombrerudo de la siesta.
Hacía mate cocido en un tarro de dulce de durazno
y cuidaba la tortilla en el rescoldo como a una flor de harina.
Yo iba creciendoo frente al fuego,
leyendo la ceniza,
iniciado en la alquimia de adivinar la sangre.

Colgaba de sus manos una estrella de miedo.

La ciudad se me vino encima.
Me arrinconó entre ascensores y toboganes.
Me ahogó las venas con dolor y cemento.
Me tiró una roca de mar.
Hizo un tajo en el cielo por donde vomitaba dios sus mandamientos.

Sixta Corbalán surce las medias que debe ponerse al otro día.

Del libro Zona de otros días

….

Su obra ha sido premiada en todo el mundo y es particularmente reconocido en América Latina. Hace un año, en febrero de 2017, fue elegido como uno de los finalistas del Premio Internacional de Poesía ‘Pilar Fernández Labrador’, otorgado por la Asociación Mujeres en Igualdad de Salamanca. Antes, había recibido el Primer Premio de los Juegos Florales Centroamericanos y de Panamá (Quetzaltenango, Guatemala, 1985), el Premio Internacional Jaime Gil de Biedma  (Nava de la Asunción, España, 2010), el Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen (México, 2011), el Primer Premio Internacional Poesía Paralelo Cero (Ecuador, 2015) y el Premio Nacional de Poesía Provincia de Córdoba (Argentina, 2016).

Su actitud poética es política. Pronuncia a viva voz en un auditorio universitario una larga elegía dedicada a Hugo Chávez o escribe en su página de facebook un poema urgente sobre una medida política reciente. Es hombre de una larga mirada latinoamericana. Con nuestra región tiene una relación de sentido dialéctica: absorbió su estirpe y sus palabras, y cuando escribe la carga de sentido con su poesía.

Rivella declaró alguna vez que “la poesía es el dato más absoluto de la verdad”. Leyendo su obra se encontrará una gran cantidad de piezas en las que la poesía es su propio objeto. Hablar escribiendo, darle sentido desde la forma.

Que el poema sea el ruido,
las cadenas que el reo arrastra camino del cadalso,
la culpa que lo muele hasta tartamudearlo, el gusano en  tripas,
el flaquear de las piernas como en un precipicio y el minuto,
el segundo que le queda a la cuerda de un reloj que agoniza,
los ojos aterrados de mirar para adentro y de saberse solo como Dios con sus culpas.

Tal vez piense en la llaga que tiene su osadura.

Que el poema sea el pueblo, sus mujeres, sus niños,
los remiendos del siglo en los cuerpos morenos, los puños como rosas colosales y limpias y el ojo que lo salva del frío y la pendiente.

Fragmento de “El poema posible”

La Poesía es una casa abandonada
en donde se han refugiado
los caballos y la lluvia,
un niño con una pelota de trapo y una mujer embarazada.

Fragmento de “Caballos en la lluvia”

….

Sin dudas para él, y está patente en su obra, la palabra construye la Historia, la escribe, la inscribe en la memoria, la entiende. La palabra dice y ordena, repone, reconstruye, repara. Esto se advierte claramente en su largo poema sobre el 24 de marzo de 1976, día del último y más sangriento golpe de estado en su país.

….

La Palabra y los Días. El golpe a la ternura. La violencia en la cruz con Cristos lastimados. El golpe sobre el rostro de una Patria caída con los ojos abiertos de lágrimas que hieren.

24 de marzo: mazazo sobre el pueblo. Mazazo. Yunque. Golpe.

Abismo derramado sobre el hombre para que la memoria sea apenas eso, sombra, miedo, impunidad. Y en la ronda del fuego el amor se queme como un bonzo. Arda como la pira, como los leños que quemaron el nombre de Juana de Arco.

Arda como los libros quemados en la plaza creyendo que únicamente en ellos andaba la palabra, sin saber que la Palabra y los Días sostienen a los hombres como sostiene el vuelo la distancia,”aunque la muerte persiga poner inmóvil al Tiempo”

24 de Marzo. La Palabra y los Dïas.

El golpe fue a la simple mirada de la niña que cruzaba la vida con la risa en las manos.

Fue al obrero en la fábrica en donde se forjaba como un hierro labrado el destino del pobre.

Fue al estudiante en donde los colibríes dibujaron la rosa de los vientos, y el sueño de pensar una Patria más justa, le guiaba los pasos. Transparentes.

Fue a las madres calladas con el sol bajo el brazo y la luna descalza en la cuna del hijo.

Fue al mar en donde caían como pétalos grises los cuerpos lacerados de tantos inocentes.

Fue a la Primavera. Al Otoño. A Las Cuatro Estaciones de una música rota.

La Palabra y Los Días: 24 de Marzo (fragmento)

….

Activo en las redes sociales, Hugo Rivella de pronto envía un mensaje (el medio poco importa, facebook, correo electrónico, mensajería por teléfono) y así irrumpe con poesía en un día cualquiera de nuestra vida (siempre su tono amable y afectuoso nos los alegran): “Compadre, acabo de escribir este texto. Una reflexión poética entre tanto marasmo. Si quieres lo puedes publicar. 

Hugo”.

NI ILUMINADA NI ENCENDIDA: ARDIENDO

Ni iluminada ni encendida, ardiendo, así habrá de estar la Palabra del poeta.

Despiadada en la esencia, luminosa en el Ser.

Dame a beber cicuta para que mi muerte sea una niña dormida, y mi cuerpo, “ese mueble en desuso”, la corona de espinas que tiene el Rey del Odio.

Hay tiempos de cosecha, porque mucho antes hubo tiempo de siembra, y también porque antes, el tiempo, fue semilla.

¿Y la semilla, entonces?

Cada uno de nosotros es una semilla, y cada uno de nosotros somos un corazón en donde la semilla suelta policromías: Esta sed. Este abismo. Este adentro. Este siglo.

Esta piedra. Esta rosa. Este ojo. Esta boca.

Ni iluminada, ni encendida: ardiendo, así habrá de ser la Palabra que me acerque a un hermano.

A la mujer descalza.

A la sombra del pez.

Al sonido del mar que se desboca en una caracola.

A la Patria golpeada por un verdugo que se aferra a lo legal y desprecia lo legítimo.

Recuerdo las palabras de Agustina Pedraza, anónima mujer de un barrio empobrecido de esta Córdoba ciega:

-Yo, me acerco a la gente con una sonrisa, con una oreja y con un hombro- decía.

Con una sonrisa, aunque sea pobre y desdentada, para comunicarme; con una oreja, para escucharla y con un hombro para que se apoye en mí.

La Palabra de Agustina Pedraza, ardía.

Ni iluminada, ni encendida, ardiendo, así habrá de ser la Palabra en estos tiempos.

Para poder hablar con mis hermanos.

Para aprender, pero también para enseñar.

Para ser uno, aunque seamos distintos.

Yo sé que hay huellas equivocadas en el camino que anduvimos.

Que hubo lobos hambrientos y palomas. Que hubo chispas y escarcha…pero también hubo fuego, luciérnagas y equilibristas. Madres y Abuelas golpeando la memoria. Hombres y mujeres encontrando su identidad para poder ser a toda vida.

Pluralidad de voces para encontrar la mía. Soñadores y locos de remate.

Hoy mi Patria necesita de todos.

Nos necesitamos.

Una grieta sin fondo me separa del hambre.

De las voces calladas.

Del ojo que no mira nada más que su ombligo.

Del que no quiere oír, o justifica todo.

Del que miente y repite la mentira hasta el siempre, con saña, sin escrúpulos

De la mano del Buitre que sobrevuela y grazna lo mismo que un ángel carroñero.

Del que todavía muestra a los vientos un papel en blanco como signo de pureza.

Mi corazón se arrastra por el barro pero tiene la mirada puesta en el cielo.

Ni iluminada, ni encendida: ardiendo será la Palabra del poeta.

Eso es la Poesía.

Texto del libro de Hugo Francisco Rivella: La Palabra y los Días,  Los Ocultados 3 de enero de 2016-

En marzo viajará a Ecuador para participar de la presentación de un libro que se publicará por los diez años del Festival de Poesía Paralelo Cero, del que ya es una figura destacada. A poco de cumplir 70 años, Hugo Rivella es, sin dudas, uno de los poetas más interesantes de Argentina, una de las voces latinoamericanas más íntegras y más integradas.

 

 

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