A 90 años del Manifiesto Antropófago

Tupi, or not tupi, that is the question, anunciaba el poeta brasilero Oswald de Andrade hace 90 años. El Manifiesto Antropófago se publicó en mayo de 1928, año que anunciaba como el año 374 de la Deglución del Obispo Sardinha.

Hibridización, libertad, asunción de la palabra propia, expulsión de todo régimen de orden autoritario, de todo mandato divino. La Antropofagia es la puerta al futuro.

Lo que era una práctica considerada salvaje por la cultura europea occidental, el canibalismo, era retomada, reivindicada, propuesta como herramienta simbólica y cultural para la construcción de un Brasil emancipado. Emancipado de la tradición monárquica, de las iglesias mesiánicas, de las lenguas colonialistas.

Atravesado por el marxismo, el psicoanálisis freudiano, el futurismo y el surrealismo, de Andrade propone deglutir las tradiciones culturales europeas con el cuerpo brasilero, para dar lugar a una cultura propia, a una independencia real y novedosa.

Nuestra independencia aún no ha sido proclamada. Frase típica de D. Juan VI: – Hijo mío ¡pon esa corona en tu cabeza, antes que algún aventurero lo haga!31 Expulsamos la dinastía. Es necesario expulsar el espíritu de Bragança, las ordenaciones y el rapé de María da Fonte.

Devorar la ciencia, el derecho, la catequesis. Recuperar el cuerpo, la naturaleza, la danza, el fuego. Dejarse atravesar por el orden para desvestirlo, travestirlo y superarlo. El indígena superando dialécticamente el orden colonial con sus propias prácticas.

Antes de que los portugueses descubrieran al Brasil, Brasil había descubierto la felicidad.

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