Guatemala: La folklorización de lo originario

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Por Sandra Xinico

Vestirnos ha sido un proceso cuya evolución ha ido más allá de solamente cubrirnos y/o abrigarnos. Culturalmente hemos utilizado la ropa como un canal para trasmitir nuestras creencias y simbologías convirtiéndose en un recinto para resguardarlas y así legarlas a las próximas generaciones. Esto hace necesario que observemos la ropa con otra mirada no únicamente estética sino histórica y en el caso de Guatemala significa abrir la mente para comprender la diversidad, riqueza y resistencia cultural que los pueblos mantienen para que estas prendas milenarias persistan hasta hoy a pesar del racismo, el genocidio y la homogenización cultural.

El papel de la educación y del Estado son fundamentales para esto, ya que la educación debe desmitificar y eliminar las falsedades que la “historia oficial” ha creado alrededor de los trajes mayas y el Estado debe promover la interculturalidad que fomente el respeto hacia las diferentes culturas y no permitir su folklorización a través de la explotación cultural y económica de nuestras prendas. Este respeto impediría que se sigan cercenando nuestros trajes para servir como adornos en un cojín o en una bolsa de “marca” o de “diseñador” así como reconocer el arte y a las y los grandes artistas (mujeres y hombres indígenas) que los crean no para una “artesanía” o para el concurso de belleza que hipócritamente muestra la multiculturalidad del país en el extranjero exotizando nuestras ropas y promoviendo el racismo, ya que los trajes indígenas se ven mejor cuando no son los indígenas quienes los portan; ¿acaso no, más de alguna vez ha visto en el internet o en el televisor imágenes de muchachonas altas, flacas y blancas portando prendas exóticas y coloridas, cuyo origen desconocemos pero que dicen representan a un nuestro país?.

Quizá no recuerde cuántas veces, pero no se le olvida que hasta “bonito” hicieron ver internacionalmente la ropa de los “inditos” y que hasta sexi le pareció, no importando con ello si desvirtuaron a la mujer y/o al hombre que crearon estos trajes, así como tampoco nos resulta importante la cosificación de todas nosotras (como mujeres) en este tipo de concursos que en el caso de “Miss Universo” como mujeres indígenas, ni existimos. ¿Le disgusta esto? Pues también a nosotras que somos de los pueblos nos disgusta que nuestros cuerpos sean mercantilizados y que nuestros trajes sean folklorizados y explotados económicamente, nos disgusta que bajo la “buena fe del extranjero, criollo y/o ladino” se deforme nuestra raíz reflejando con ello el desinterés por investigar y conocer realmente la historia de los pueblos, aquellos pueblos que permanecen, aquellos pueblos que crean los trajes de los que hablamos, sí, los mismos que la “Miss” muestra internacionalmente y que no los vive ni siente.

¿De esto se tratará la multiculturalidad que queremos hacer ver internacionalmente como país? Una “multiculturalidad” que pasa de atuendos completamente descontextualizados hasta combinaciones retorcidas al estilo “Nefertiti-maya”. Más de alguien argumentará que no son concursos de historia o conocimiento de los pueblos, pero esto debería estar implícito al involucrar dentro de este tipo de espectáculo prendas que componen los trajes mayas y cuyos portadores merecen respeto. ¿Alguna vez nos hemos preguntado cómo los pueblos nos sentimos al respecto y si estamos de acuerdo con esto?

Porto en mi cotidianidad un traje maya y me he congelado frente a la computadora al observar el güipil que identifica a mi cultura y a mi comunidad, convertido en un vestido y aparentemente en un disfraz y no puedo dejar de preguntarme si la “Miss” sabrá ¿a qué cultura pertenece la ropa que porta o por lo menos a qué comunidad, qué idioma hablan y cómo lo elaboraron? ¿Sabrá que se llama po’t en mi idioma y que no es una blusa (cómo a veces erróneamente le llaman) y mucho menos un vestido? ¿Reconocerá que existen más de 30 culturas mayas diferentes?

Y los pueblos qué haremos al respecto ¿seguiremos viendo desfilar nuestra historia (milenaria) convertida en taparrabos? ¿Como sociedad y/o como país seguiremos apoyando este tipo de multiculturalidad al estilo “Miss Guatemala” o “Miss Universo? Por mi parte empiezo con no quedarme callada.

Publicado en La Hora
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