10 años del Festival de Cartagena

935

Comenzó el Festival Internacional de Música de Cartagena

Viaje. Ese es el concepto que define al Festival Internacional de Música de Cartagena 2016, que dio inicio el pasado 8 de enero a su décima edición.

Tras recorrer desde 2007 por lo mejor de la música de Europa y de América, el Festival llega Hacia Tierra Firme, que es el título de la presente edición. Ya se lo había explicado su director, el italiano Antonio Miscenà, a la revista SEMANA: “la esencia es el encuentro de dos culturas musicales, de dos almas, la europea y la americana”.

Y el músico catalán Jordi Savall interpretó esta idea a la perfección. Él es uno de los invitados más importantes de la décima edición, pues es célebre por tocar la viola de gamba, por dirigir los grupos Hespèrion XXI y La Capella Reial de Catalunya y por estudiar a fondo las tradiciones musicales antiguas: ha producido más de 230 discos de música medieval, renacentista, barroca y del clasicismo.

Su presentación estuvo a la altura de lo que el público esperaba. Savall interpretó Cristóbal Colón Paraísos Perdidos en el Teatro Adolfo Mejía a las 7:00 de la noche. Este concierto, a través de la música, viajó por varios episodios de la historia: la presencia árabe en el sur de España, la vida de Cristóbal Colón y de los Reyes Católicos, la expulsión de los judíos y de los musulmanes, la reconquista de Andalucía y el descubrimiento de América.

Un viaje por el mundo. Un viaje por la tradición judía, árabe, cristiana, española, indígena. En suma, un viaje por el nuevo mundo.

Un recorrido en el que se interpretó la viola de gamba, la guitarra, la tiorba, el arpa, el laúd árabe, la flauta, la chirimía, el tambor, entre otros. En el que se escucharon cantos en árabe, textos recitados en hebreo y náhuatl, lengua nativa de origen mexicano. Y en el que la música se complementó con la poesía, la dramaturgia y la mitología.

La hora de la música sacra

A las cuatro de la tarde, en la Capilla del Hotel Santa Clara, se presentó otro de los invitados más esperados: el italiano Rinaldo Alessandrini, director del grupo Concerto Italiano, reconocido por interpretar música sacra, renacentista y barroca.

El italiano no solo se presentó con su grupo. También dirigió al Coro Filarmónico Juvenil y a la Orquesta Filarmónica Juvenil de Cámara de Bogotá.

Interpretaron dos obras sacras: Gloria de Antonio Vivaldi y Misa de San Ignacio de Domenico Zipoli. La primera, creada en Europa. La segunda, Zipoli la compuso cuando integró una misión jesuita en América.

Así, el concepto que define esta edición comienza a coger fuerza. No hay que olvidar que una de las novedades de este año es que varios conciertos tendrán una parte dedicada a la música europea y otra a la americana para ver cómo se complementan estas dos tradiciones, cómo se han definido entre sí a lo largo de la historia.

Desde su primer día, el Festival ratificó cuáles son sus intenciones, cuál va a ser su sello. El viaje continua.

Publicado en Semana

 

Julia Salvi recuerda el primer Festival Internacional de Música de Cartagena con nostalgia y, también, con la gran satisfacción de un sueño cumplido.

El proyecto, creado por la Fundación Salvi, ha promovido desde el año 2006 el trabajo interinstitucional como una manera de fortalecer los proyectos musicales que se realizan en Colombia, no solo con muestras artísticas y organización de importantes conciertos, sino con programas educativos, becas y actividades de apoyo para la industria musical local y nacional.

Este año, la entidad celebra con orgullo una idea que ha influenciado de manera positiva la vida cultural del país, con propuestas musicales de largo aliento, y que hoy se encuentra a la altura de los grandes festivales de música del mundo.

¿Cómo recuerda el primer Festival de Música de Cartagena? 

Como una experiencia conmovedora y de mucha responsabilidad. Nunca había hecho un festival antes, esto era algo nuevo para mí y cuando uno hace algo que no conoce y que no ha hecho antes, cada paso se convierte en un momento especial. Por eso y por la inocencia con la que uno hace las cosas, las reacciones vienen después con una mirada de asombro, donde dice uno ‘¡Dios mío, qué responsabilidad tan grande!’ Eso fue para mí maravilloso, además, porque la respuesta superó todas las expectativas.

¿Desde sus inicios, el festival ha tenido buen respaldo del público? 

Sí. Logramos hacerlo con la voluntad de la ciudad, con las personas que nos conocían y nos tenían confianza en las cosas que estábamos haciendo, y con un público que deseaba con ansias un proyecto en una ciudad donde no era de esperarse que pudiera ser el escenario perfecto”.

¿De dónde nació la idea de hacer un festival como este? 

De la misma Cartagena. De sus espacios, de caminar por sus calles, de conocer los lugares y de todo el potencial que históricamente tiene y del que quedan recuerdos vivos de esa historia. Eso transmite la misma sensación que transmiten los pueblos de Europa donde nacieron festivales similares a este  Festival.

¿Cómo ha sido la evolución del Festival desde el primero hasta ahora con la edición número diez? 

Buscamos la cultura del mundo europeo que se encuentra con nuestra propia cultura, con nuestra propia evolución y la evolución de los programas en los que el país ha estado trabajando y que era importante tener en cuenta para hacer un empalme con esos músicos maravillosos que tienen un proceso, una historia y una tradición que nosotros apenas estamos construyendo. Estos diez años nos han servido para propiciar ese encuentro y para mostrar hoy, en esta edición, las cosas que hemos construido desde múltiples aspectos.

¿Cómo el Festival ha logrado influenciar la vida cultural del país y en particular la de Cartagena? 

Creo que ha tenido una gran influencia en los jóvenes que hoy en día hacen parte de las orquestas juveniles, porque cuando ellos viven la experiencia con grandes músicos y descubren las habilidades y capacidades que ellos mismos tienen, pueden proyectarse de una manera más clara y esforzarse para hacer parte de esas orquestas juveniles.

¿Se han cumplido los objetivos? ¿Cuáles son sus grandes retos? 

Creo que sí se han cumplido los objetivos. Solo falta por hacer un continuo de enseñanza de cómo se hacen las cosas, de cómo se cuida una ciudad, de cómo se construyen espacios de conciertos, de cómo se planea una educación. Es un continuo seguir. Tenemos una sociedad que aún está en proceso de aprendizaje.

En detalle

“Siempre se pensó que el Festival  fuera académico porque sabíamos que, de alguna forma, había unos vacíos, sobre todo, en la experiencia vivida sobre cómo, dónde y de qué manera me sitúo yo como músico delante de los demás músicos internacionales“.

“Al principio el festival fue una gran curiosidad y los amantes de la música lo recibieron con gran complacencia porque se sorprendieron con la calidad del evento y con los espacios que la ciudad ofrece para los encuentros musicales. Hemos ganado un público maravilloso de todos los estratos y de todos los rincones a donde llevamos la música”.

“La relación con el arte es fundamental, nuestros jóvenes deben conocer y acercarse al trabajo de nuestros grandes artistas plásticos. Así como tienen un proceso de aprendizaje musical, tienen también la oportunidad de descubrir quiénes son los artistas  del país”.

También podría gustarte