Historia breve de la Revolución Mexicana

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El volumen Historia breve de la Revolución Mexicana, estudio publicado por los historiadores Pedro Salmerón y Felipe Ávila, se propone “reactualizar de una manera accesible y legible, el significado de ese movimiento armado, desde una visión positiva de la violencia popular”.

El trabajo de Ávila y Salmerón se presenta “como una respuesta a aquellas propuestas historiográficas revisionistas que, por un lado, descalifican y niegan (valga la expresión), el carácter revolucionario de la Revolución Mexicana; y otras, que explican ese movimiento armando más bien como una crítica militante de izquierda, en contra del estado priísmo, pero que al final tienen como principal protagonista a ese mismo estado”.

De acuerdo con los autores, quienes junto con el historiador Horacio Crespo presentaron el libro en la 37 edición de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, el volumen “demuestra desde una visión global que el Villismo y el Zapatismo sí tenían un proyecto de nación, y que era distinto al proyecto constitucionalista que fue el que triunfó, y que además, el proyecto que tenían, lo aplicaron en la vida práctica”.

A lo que aspiramos con este libro, comentaron los investigadores, es hacer accesible a todo aquel interesado en el proceso revolucionario, “una nueva interpretación del significado de lo que fue la Revolución Mexicana”.

Publicado por La Jornada

Historia breve de la Revolución Mexicana

Hace varios años vengo discutiendo con mi colega Felipe Ávila Espinosa una versión general sintética de la Revolución Mexicana, accesible al público amplio, lo más amena posible y que incorporase no sólo las más recientes interpretaciones de los especialistas sobre el tema, sino también nuestra propia versión, no poco polémica, que sostiene que existió un proyecto de revolución social, encabezado por Emiliano Zapata y Francisco Villa. Finalmente lo conseguimos y terminamos el proyecto.

Pensamos que el estallido de la revolución fue inesperado para aquellos que no querían verla, porque, bajo la aparente eficacia y estabilidad del régimen porfirista, se agitaban poderosas corrientes de rebeldía y muchos mexicanos se organizaban para cambiar el país, de tal modo que bajo aquella calma ficticia que enmarcó los festejos del centenario de la Independencia, había, en realidad, un país que no aguantaba más la ausencia de libertades y la miseria. Así, aunque casi nadie de quienes presenciaron los festejos centenarios se habría atrevido a pensar que ese régimen, que parecía más sólido que nunca en su apoteosis conmemorativa, sería barrido en pocos meses, eso fue lo que pasó.

Ahora sabemos que lo que se inició en 1910 fue una revolución social, pero ¿por qué se dio ésta?, ¿cuáles fueron sus causas?, ¿cuáles sus actores?, ¿era inevitable?; de manera más general, ¿cuáles son las circunstancias que permiten que ocurra una revolución?, ¿cómo es que el descontento popular, presente en todas las épocas de la historia, desemboca a veces en una revolución?, ¿cómo y qué tipo de revolución fue la que estalló en México a fines de 1910? Esas son las preguntas que intentamos responder.

Consideramos que la Revolución Mexicana influyó y determinó en buena medida la evolución del país a lo largo del siglo XX, no sólo en la configuración del capitalismo con el Estado como pivote de la acumulación y del desarrollo económico, y no sólo a través de un Estado corporativo que tuvo la capacidad de organizar, controlar y subordinar a las organizaciones populares a cambio de ofrecerles la solución desde arriba de algunas de sus demandas, lo que le permitió construir, excepcionalmente en el llamado tercer mundo, un Estado excepcionalmente estable y longevo que se legitimaba en buena medida en el uso histórico de esa revolución, cuyos triunfadores y usufructuarios habían aplastado el proyecto popular de auténtica revolución social.

Pero la revolución no sólo fue utilizada por el Estado para legitimarse: las organizaciones populares la han tenido de referente y símbolo que orienta sus luchas. La forma predominante de hacer política a lo largo del siglo XX fue la política de masas establecida por la revolución, la de la movilización y la lucha callejera, en los centros de trabajo, en los ejidos y escuelas, a través de actores colectivos, ya sea que estos actores colectivos fueran aliados y subordinados al Estado corporativo y clientelar o fueran organizaciones independientes u opositoras. La organización y la movilización popular logró algunas de las transformaciones más importantes a lo largo del siglo XX: las reformas cardenistas, el movimiento magisterial y médico de los años 60, el movimiento estudiantil de 1968, el sindicalismo independiente de los 70, la reconstitución del movimiento campesino y urbano popular de los 80, la insurgencia cívica electoral del neocardenismo de 1988, y la movilización popular que en enero de 1994 impidió que el Ejército Mexicano masacrara a los rebeldes indígenas chiapanecos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, por mencionar sólo algunas de las luchas populares que siguieron a la revolución. Sería pretencioso y erróneo atribuir a la influencia de la revolución que se hayan dado esos acontecimientos, que tuvieron sus propias causas, demandas, estrategias de lucha y liderazgos. Pero sería igualmente erróneo negar que la Revolución Mexicana fue el origen de esa forma de hacer política de los sectores populares y de sus organizaciones.

Pero además, y eso es lo que queremos subrayar aquí: en muchas de esas movilizaciones y luchas estuvo presente el significado que ha tenido para los sectores populares la revolución. Ante la ofensiva neoliberal de las últimas décadas, que ha ido desmantelando el Estado construido por la revolución, no ha sido casual que la resistencia popular esgrima como símbolos de la resistencia a Villa y Zapata. Así, la revolución sigue siendo un referente básico de la cultura política y de la movilización y lucha de los sectores populares mexicanos. Y ya no del Estado, que quiere descalificarla. Por eso la recuperamos, por eso, sobre todo, procuramos comprenderla y hacerla comprensible.

(Felipe Ávila y Pedro Salmerón, Historia breve de la Revolución Mexicana, México, Siglo XXI, 2015, 316 pp.)

Publicado por La Jornada

 

 

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