Colombia: esculpir en el tiempo

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“La amistad lo lleva a uno a compartir los lugares y las cosas, con la complicidad de ver surgir ideas y de andar por territorios donde se juntan palabras, dudas, músicas, atmósferas…”. Luis Fernando Peláez no podría haber respondido de mejor forma qué tiene en común con Hugo Zapata, gran amigo suyo. Nacieron el mismo año, son artistas y arquitectos y, aunque trabajan la escultura, lo hacen de formas muy distintas.

La obra de Zapata es pesada, literalmente. Para mover sus esculturas se requiere de una máquina o de un ser humano con fuerza sobrenatural. La de Peláez es mucho más liviana, incluso frágil. Quienes han visto algunas de estas, como las maletas y puertas intervenidas y resignificadas –en el caso de Peláez– y las pizarras, lutitas y basaltos moldeados por Zapata, lo saben. Están separadas por su materia y unidas por las inquietudes que manejan: tiempo, espacio, memoria… Y por su más reciente exposición, ‘Memoria del Tiempo’, en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Peláez dice que en su trabajo hay una pregunta sobre el tiempo que no es cerrada y que “viaja sin fronteras”. Los objetos que interviene – puertas de madera o maletas– hablan de ello: la puerta es un lugar de tránsito y las maletas son “navegantes”, compañeras infaltables de los viajes. Trabajadas con resina, transmiten la profundidad del mar o recrean la neblina. Cada personaje u objeto que ubica en el espacio es producto de una decisión para la cual se toma el tiempo necesario. Peláez no tiene afán.

Son ‘disparadores’ de la memoria, que “hablan de grandes migraciones, pequeños desplazamientos, zonas perdidas y anhelos de infancia. Todo eso compone gran parte de lo que somos. No es explicable pero a lo mejor puede ser visible”.

Zapata también habla sobre el tiempo, exalta los tiempos geológicos presentes en las rocas, su material favorito para expresarse. “La piedra es noble y se deja manejar. Muchas piedras que trabajo traen una carga formal que apenas puedo intervenir”, dice el artista, quien al igual que Peláez trabaja con ayudantes para elaborar las piezas. A diferencia de los artistas a quienes les cuesta desprenderse de la obra, él sabe cuándo está terminada: “cuando ya no me deja hacerle nada más”.

Ana María Escallón los invitó a exponer en este museo, que además del público general recibe a estudiantes de arte y de otras carreras. Al respecto, ambos artistas –que además fueron docentes durante años– no pueden ocultar su emoción porque muchos estudiantes vean su trabajo escultórico. Una obra que se ha mantenido constante, que es poesía sin texto y que sin duda se ha nutrido por las palabras, por los libros, porque los dos son lectores asiduos.

Decía el escritor Milan Kundera en La insoportable levedad del ser, que en el siglo VI a.C. Parménides se planteó que el mundo se podía dividir en opuestos: luz, oscuridad, calor, frío, entre otros. Que la levedad era positiva y el peso negativo. “Solo una cosa es segura: la contradicción entre peso y levedad es la más misteriosa y equívoca de todas las contradicciones”. En ‘Memoria del tiempo’, sucede lo contrario, peso y levedad no son antagónicos, sino complementarios.

‘Paisajes y lunas’

Zapata también exhibe en Sextante (Cra. 14 N° 75-29), en Bogotá, trabajos de la serie ‘Lunas’, lutitas talladas en que cada una es un pequeño universo condensado. Están ubicadas en una sala totalmente blanca, que invita a recorrerla con toda la parsimonia posible.

Dice el poeta William Ospina, amigo y conocedor de la obra de Hugo Zapata, que «las piedras de Zapata son soles y lunas y planetas sin nombre, son estanques y flores, son estratos de la orografía y altas antorchas para iluminar otros confines del mundo».

El artista también presenta otros trabajos recientes, de la serie ‘Paisajes’, en los que a través de técnicas digitales e impresión sobre Super board, un material que se utiliza para construcción, recrea ese pasado prehistórico, de millones de años atrás. O paisajes de lugares imaginados, tal vez inexistentes, pero que están hechos para ser contemplados.

A diferencia de la sala en donde están las ‘lunas’, unos bancos invitan al espectador a sentarse y a observar, inmóvil, las texturas que creó Zapata. Aunque son piezas bidimensionales, conservan el peso de la piedra pues, al ser el ‘lienzo’ el Super board, su peso es considerable.

El uso de este material no es fortuito. Esas placas de cemente, cuya superficie tiene una textura particular, es aquel que le permitió a Zapata crear esos paisajes, en donde se ven cavernas, figuras antropomorfas y de otro tipo, de acuerdo con la interpretación e imaginación del espectador.

¿Dónde y cuándo?

Hasta el 27 de mayo. Museo de Artes Visuales de la U. Jorge Tadeo. Cra. 4ª N° 22-61, Bogotá. Tel.: 242-7030. Gratis.

MARÍA ALEJANDRA TORO VESGA
Cultura y Entretenimiento
El Retiro (Antioquia)*.
*Por invitación de Galería Sextante

Publicado en El Tiempo
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